CAPITULO III.
BADEN-BADEN.
El paso de la frontera.—Aspecto general de Báden-Báden.—El mundo á la moda y las ciudades de aguas medicinales.—Monumentos y curiosidades de Báden-Báden.—Sus cercanías.
Los campos de Alsacia respiraban alegría, brillantemente dorados por el sol de la mañana, cuando dejamos la casa que nos habla dado tan grata hospitalidad. Un char-à-bancs campestre, á falta de coche por el momento, nos llevaba; con una amable familia de excursionistas, al traves de los graciosos planos inclinados y las pequeñas planicies de los cantones que recorríamos, pasando por en medio de viñedos, plantaciones de lúpulo, extensos y tupidos trigales, bosquecillos y huertos de legumbres, al derredor de las aldeas ó los pequeños lugares de esa comarca enteramente agrícola. Poco despues tomamos el tren que se dirigia de Weissenbourg á Estrasburgo, y en breve volvímos á la gran ciudad alsaciana para salir de Francia y continuar nuestra excursion por la Alemania del Rin.
Un ómnibus debía conducirnos á Kehl, como al entrar á Francia. En la ribera izquierda del Rin se repitió la operacion anterior, de manera que pasamos el puente bajo la guardia de un gendarma badense, despues de consignar en el territorio frances pasaportes y equipajes. Como al entrar á Báden por la via de Suiza se nos habia tratado á todos los viajeros con liberalidad y confianza, no pude ménos que extrañar la diferencia respecto de Francia. Un compañero de ómnibus me explicó que el gobierno de Báden procedia de ese modo, haciendo tan notable distincion, no porque el espíritu inquisitorial respecto de los viajeros fuese propio de las instituciones y costumbres badenses, sino por via de compensacion ó represalia, en razón de lo que se hacia en Francia con los viajeros procedentes de Báden. Ademas, en agosto de 1859 estaba muy reciente la guerra de Italia, y esta habia suscitado profundas desconfianzas en Alemania, despertando recuerdos que irritaban el sentimiento nacional. Así, la observacion práctica me hacia ver el triste círculo vicioso de la política internacional, en que todos los hechos se enlazan de tal manera que cada Estado se cree condenado á ser suspicaz y desconfiado por la sola razón de que el vecino le da talvez el ejemplo. Una desconfianza engendra otra, y el resultado es que la política tiende á contrariar los felices resultados de esas creaciones de la civilizacion que, como la prensa, los ferrocarriles, los telégrafos, los bancos y la navegacion á vapor activa, conducen á suprimir las fronteras, en cuanto estas significan separacion y antagonismo de los pueblos.
En estas cosas meditaba yo, al volver á Kehl, cuando un penoso y al mismo tiempo risible incidente nos llamó la atencion hácia algunos de los viajeros que se hallaban en la estacion del ferrocarril. Tres de ellos estaban consagrados exclusivamente á reprimir los arranques inofensivos de un pobre loco, á quien acompañaban con destino á un establecimiento especial de Alemania. Según lo que nos refirió uno de los compañeros, el pobre jóven habia sufrido una desgracia de familia: su padre habia muerto en el lugar natal, en un departamento del nordeste de Francia, dejando muchas deudas que pagar, y sin comprobacion algunas acreencias importantes. Ello es que un acreedor habia caido sobre la herencia negativa, y el jóven huérfano, que tenia como 25 años, sufrió una doble amargura. Como pudo se fué luego á Paris «á pedir justicia al emperador», según decía, como si el emperador tuviese algo que ver con el asunto, y en Paris acabó de perder el juicio. En breve dió en la manía de que le habian arrebatado su herencia, que era nada ménos que el trono imperial de Francia, en su calidad de hijo primogénito de Napoleon II.
Cuando observamos al pobre loco, cuya fisonomía dulce y triste revelaba un carácter benigno, estaba empeñado en comprometer á varios viajeros á que le defendieran su causa, convocando á todos los reyes de Europa (inclusive el cura de la parroquia del demente) para que en Consejo supremo resolvieran que se le devolviese el trono que le pertenecia. Los viajeros oyentes, por no contrariarle, le decían que harían todas las diligencias posibles. Lo curioso es que los tres conductores del loco inofensivo llevaban tambien á su cargo otro furioso, á quien habian encerrado en una pieza de la estacion miéntras llegaba el momento de entrar al tren. Este segundo hablaba nada menos que de serios proyectos de asesinar al Anticristo, y mostraba los puños como un endemoniado, lanzando miradas lenas de cólera sombría. Las señoras le observaban de léjos con terror, y pedian con instancia que los locos tuviesen un wagon aparte. Una de ellas temia que los movimientos del «loco malo» hiciesen descarrilar el tren. En cuanto al «loco bueno», como llamaban al pretendido emperador para distinguirle del otro, dió la última prueba de benignidad, al entrar al wagon, alargando la mano derecha á los viajeros para que se la besasen respetuosamente. El tren partió, y la fresca lozanía de las llanuras badenses nos hizo olvidar en breve las tristes emociones que nos causaron los dos locos de tan distinto estilo. ¿Por qué no ser indulgentes con los locos enfermos, si á cada momento lo somos tanto con nosotros mismos, que por estar ó creernos sanos nos calificamos de cuerdos?
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La graciosa ciudad de Báden-Báden, que cuenta unos 6,000 habitantes y es la residencia de verano de la familia gran-ducal, demora en el fondo de un risueño y pintoresco vallecito, determinado por algunos bajos estribos de la Floresta-Negra. Situada á orillas del arroyo llamado Oosbacht y en plano inclinado sobre las faldas de algunos contrafuertes de las montañas, la ciudad interesa desde el primer momento, por el contraste que hace la sombría vegetacion de las alturas vecinas (compuesta de encinas y corpulentos abetos principalmente) con los viñedos, los árboles frutales, las hortalizas y las bellas alamedas del fondo del valle.
La parte principal de Báden-Báden se extiende sobre la márgen derecha del Oosbacht, y remonta hasta terminar al pié del Castillo-Nuevo, graciosa residencia de verano del gran-duque, rodeada de magníficos bosques artificiales y jardines. Si la ciudad carece de carácter verdaderamente aleman, es porque su tipo es el de todas las ciudades que sirven de punto de reunion á la sociedad elegante ó vagamunda de Europa en los meses de excursiones divertidas. Así, la calle principal es una especie de Prado, orillado por multitud de espléndidos hoteles, á donde afluyen sin cesar las gentes á la moda de todos los puntos de Europa.
Al lado izquierdo del arroyo se destacan vastas y hermosas arboledas, magníficas quintas y residencias suntuosas, y los edificios modernos que son los atractivos principales de Báden: la Casa de Conversacion y la Trinkhalle ó galería de las aguas medicinales que dan tanta celebridad á la pequeña ciudad promiscua. Despues se levantan en todas direcciones bellos cordones de montañas de romántico aspecto, sobre cuyas cimas, dominando los estrechos vallecitos intermediarios, se ostentan como soberbios miradores algunos castillos de opulentos personajes, y principalmente las imponentes ruinas del Castillo-Viejo.
Es recorriendo las alamedas que rodean la Casa de conversacion y la Trinkhalle que el excursionista curioso tiene alguna idea de lo que es en Europa esa parte de la sociedad que se llama «el mundo á la moda,» y del carácter particular de las ciudades de aguas medicinales. Allí todo está destinado á fascinar y aturdir al hombre inexperto y ansioso de impresiones nuevas; á hacer de la vida un torbellino de placeres efímeros y artificiales, una pesadilla de suntuosas miserias, en que la vanidad y la codicia, disfrazadas con las apariencias del vicio elegante, hacen los principales papeles. ¡Ay del que caiga en la tentacion y no sepa resistir á los impulsos de la vanidad ó del espíritu de imitacion!
En Alemania, donde hay tantos Estados literalmente microscópicos, tantos reyezuelos que para no vivir indigentes necesitan aguzar mucho el ingenio en punto á recursos fiscales; en Alemania, donde el orgullo tradicional de tantas dinastías de segundo, tercero y cuarto órden somete á los pueblos á la necesidad de dejarse explotar mas ó ménos para mantener el rango de los príncipes; en Alemania, digo, se ven instituciones y costumbres muy curiosas, que ningún otro país toleraría talvez. De los príncipes alemanes, algunos viven á expensas de los viajeros, gracias á los pasaportes, las propinas que es preciso pagar por visitar innumerables palacios, museos y otros edificios curiosas; y otros no tienen escrúpulo en especular con los vicios y la vanidad, poniendo en arrendamiento grandes garitos europeos que, por ser suntuosos y hasta cierto punto aristocráticos, no dejan de ser garitos públicos. Cuando no es un príncipe el empresario indirecto, el explotador de la mina es alguna ciudad. De ahí esas casas de juego permanente abiertas ante la Europa, que contribuyen tanto á hacer saludables las aguas medicinales de Báden-Báden, Wiesbáden, Homburgo y otras ciudades alemanas de la hoya del Rin. Confieso francamente que, cuando veo que hay en Europa gobiernos que especulan con loterías, casas de juego, bolsas y otras instituciones análogas, no comprendo la razón que tengan para perseguir á los bribones por medio de la policía y los tribunales[35].
[35] Es curioso observar que en Báden el juego les está prohibido á los ciudadanos del Estado, y solo está al alcance de los extranjeros. La policía es muy vigilante y severa respecto de aquellos, quienes se ven obligados, cuando tienen la tentacion de jugar, á pasar la frontera y aprovecharse de la hospitalidad de los garitos espléndidos de Wiesbáden ú Homburgo.
Pero ¿qué cosa es la sociedad que se reune en las ciudades de aguas? En esas ciudades, como en las de baños de mar, la evidente minoría se compone de los enfermos que necesitan un tratamiento hidroterápico. La inmensa mayoría, como he podido verlo en todas partes (en Alemania, en Bélgica, en Inglaterra y Holanda) se divide en dos partes: los simplemente ociosos, vanidosos y fatuos, inofensivos en general, y por lo comun insignificantes; y los caballeros y las damas de industria, familias excesivamente peligrosas é impertinentes. Una inspeccion detenida, durante tres dias, de las escenas sociales de Báden-Báden, me dió la medida del mundo de la moda en descubierto, es decir sin los ambajes con que se disfraza en las grandes capitales.
En Báden-Báden, como en las demas ciudades de la misma naturaleza, todas las seducciones del artificio y de la elegancia se unen á las de la topografía, la vegetacion, etc., para atesorar encantos que halaguen al viajero. Al penetrar bajo las bóvedas umbrías de las alamedas se cree uno en un inmenso bazar parisiense. Donde quiera se destacan entre filas regulares de corpulentos olmos, tilos y castaños, numerosas calles compuestas de casitas y tiendas repletas de todo lo que la industria puede producir mas elegante y rico en materia de joyas, sederías, cristalería, curiosidades artísticas, guantería y mil otros objetos de gusto y de uso indispensable en la sociedad lujosa, que el capricho de la moda se esfuerza por exagerar y variar hasta lo infinito. Por en medio de esas calles y arboledas hormiguea un enjambre de excursionistas que se renuevan sin cesar, entregados al culto de la novedad y en gran parte á la adoracion de sí mismos. Un vértigo de emulacion en el lujo parece dominar al mayor número; cada cual mira á los demas con la esperanza de que álguien le mire y admire. La aristocracia financiera de toda la Europa se pavonea con la pretension de rivalizar ó eclipsar al orgulloso lord inglés; el modesto y sencillo aleman casi olvida sus costumbres por no mostrarse inferior al extranjero; el parisiense, siempre de buen humor y no poco infatuado, se considera como un modelo; el caballero de industria, ambulante á caza de imbéciles de todas las naciones (porque los pillos no tienen nacionalidad) se da grandes airea de marqués ó de banquero; la cortesana de las primeras capitales, creyéndose á cubierto de revelaciones indiscretas, se habilita de princesa rusa, ó condesa italiana, ó viuda de lord ó de banquero, y sabe combinar las sonrisas de la seduccion con los desdenes altaneros de la gente aristocrática; ó bien, si el arte le repugna ó no le ofrece ventajas, ostenta con impudencia su tipo peculiar, llenando la calle con la cola de su traje y el ruido de sus atavíos suntuosos. El jóven novicio con pretensiones á elegante, ó aspirante á relaciones encumbradas (particularmente español ó hispano-colombiano), se muestra poseido del vértigo de la imitacion, haciendo á veces de sí mismo una caricatura; el estudiante en vacaciones observa las cosas al primer golpe de vista, hace sus comentarios epigramáticos y se burla de todo el mundo; y el bourgeois de buen sentido, que llega solo por curiosidad ó por descansar de sus fatigas del año, ve el espectáculo, tiembla al comprenderlo, y se aleja diciendo: «Singular misterio el de la vida de este mundo de la moda!»
En Báden-Báden las horas del dia se distribuyen necesariamente en tres órdenes de entretenimientos: por la mañana, desde muy temprano, la Trinkhalle (hermosa galería de columnas y frescos apreciables) es el punto de reunion; unos van á beber las aguas medicinales de las fuentes y pasearse para hacer ejercicio, y otros asisten como meros curiosos. Mas tarde, todo el mundo emprende agradables excursiones por los alderredores, sea en coche, por el vallecito del Oosbach y el del riachuelo importante llamado Mürg, visitando castillos y aldeas de la Floresta-Negra, sea á pié, en solicitud de los castillos Nuevo y Viejo ó de otros sitios interesantes. En fin, desde las cinco ó las seis de la tarde las gentes comienzan á afluir hácia la Casa de conversacion, inmenso y magnífico edificio que sirve al mismo tiempo de café, casa de juego, local de gabinetes de lectura y templo de Terpsícore, Talía y otras musas. En el centro del edificio se hallan en sesion permanente la roleta, la treinta y una, y el treinta y cuarenta, que le ha inspirado una de sus mas chistosas novelas al ingenioso escritor frances Edmundo About. Allí se juega con furor, se suelen hacer enormes ganancias en pocas horas, aunque por regla general los amateurs salen con los bolsillos limpios, y con deudas de ribete, y la vanidad y la codicia se ofrecen en su desnudez; siendo muy notable sobre todo el entusiasmo con que las mujeres solicitan los favores de la suerte. ¡Desgraciado el que se pique de galante al lado de aquellas jugadoras cubiertas de encajes, cuando la suerte les es adversa!
En otras partes del edificio encuentra el que no quiere jugar, ni ver jugar y rodar montones de oro, salones espaciosos para conversar, gabinetes de lectura muy bien surtidos y servidos, colecciones escogidas de grabados, álbums, libros de viajes, novelas y pinturas, un hermoso salon de conciertos y un bonito teatro para representaciones francesas y alemanas. La noche se pasa allí en una sucesion de muy diversas impresiones. Despues, cada cual se aleja dominado por ideas bien diferentes: unos, con una ilusion ménos respecto de la civilizacion europea y del espíritu del hombre; otros, satisfechos con poder decir luego en Paris ú otra ciudad: «He pasado el último verano en Báden, Wiesbáden, Aquisgran y Espá (Spa), y he cultivado íntimas relaciones con la condesa tal, la marquesita cual, el banquero fulano, el ministro mengano, la mariscala perenzeja, ó la actriz ó cantatriz menganeja….»
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Las cercanías de Báden-Báden son interesantes bajo todos aspectos. Sus hermosas carreteras, que giran por encima de ondulosas y altas colinas ó por el fondo de preciosos vallecitos; sus magníficos bosques de suntuosa vegetacion; sus numerosos castillos campestres admirablemente situados; sus deliciosas residencias de príncipes, como la de la Favorita, y sus pintorescas aldeas agrícolas y laboriosas de las riberas del Mürg, tienen mil atractivos para el excursionista. Prescindiré sinembargo del mayor número de esos objetos, y solo daré una breve idea del «Castillo-Viejo» y del valle del Mürg.
El paseo del Castillo-Viejo (Alle-Schloss), á pié ó en coche, es uno de los mas encantadores que puede ofrecer la Alemania rineana. La montaña se levanta casi repentinamente hasta una altura algo considerable, cubierta en todas sus partes por una magnífica floresta de encinas, abetos y otros árboles corpulentos, cuyo espeso follaje, protegiendo vastas alfombras de musgo, no permite la entrada de los rayos del sol. Una hermosa carretera faldea el cerro y por toda la floresta se cruzan numerosos senderos, por los cuales se puede subir mas pronto hasta la primera cima (á 345 metros sobre Báden, ó 545 sobre el nivel del mar), donde se encuentran las majestuosas ruinas, cuidadosamente conservadas, del Castillo que en siglos anteriores sirvió de residencia a los margraves ó señores de Báden. Por demas está decir que esa soberbia construccion fué destruida por los Franceses, en el siglo XVII, durante la guerra del Palatinado, lo mismo que el admirable Castillo de Heidelberg y otros muy notables.
Al llegar al sitio donde se hallan las ruinas nos apresuramos á subir hasta las roas elevadas murallas, ennegrecidas por el tiempo, que permanecen en pié. Era curioso el contraste que hacian esas ruinas imponentes y llenas de recuerdos históricos, con el movimiento de los carruajes que llegaban hasta el pié de los muros, de los criados del restaurador establecido en la desmantelada capilla, afanados por servir á todo el mundo, y de las gentes que llegaban, ostentando su lujo y elegancia, por en medio de las magníficas bóvedas umbrías de la floresta. El espectáculo que se ofreció á nuestra vista desde los vertiginosos miradores de las ruinas, era admirablemente bello. De un lado teníamos al pié el gracioso valle donde tiene su asiento Báden-Báden: de otro veíamos una parte de las lindas montañas de la Floresta-Negra, formando grupos de inmensas cúpulas de verdura severa y profunda; hácia el norte admirábamos el precioso valle del Mürg, salpicado de cortijos y aldeas; en fin, mirando hácia el poniente, contemplábamos con delicia las llanuras del Rin, los lejanos campos de Alsacia y la cinta azulosa de los Vosgas, distinguiendo mas ó ménos el Rin, la ciudad de Carlsruhe, Kehl, Rastadt y muchos lugares de la márgen derecha del rio. Pocos puntos de vista pueden ofrecer en Alemania un espectáculo tan hermoso y variado como el que se admira desde las ruinas del «Castillo Viejo.»
La mas interesante excursion que se puede hacer en las cercanías de Báden-Báden, para conocer sus mas bellos sitios, sus poblaciones rurales y algunos de sus preciosos castillos, exige un paseo circular de siete ú ocho horas, siguiendo las líneas de excelentes carreteras. Penetramos hácia las montañas, por la via de Lichtenthal, remontando el vallecito encantador del Oosbach; pasamos por encima del Pequeño-Staufenberg, al traves de magníficas florestas; visitamos el curioso palacio campestre (semi-castillo) de Eberstein (residencia en ciertos meses de la familia gran-ducal), muy bien situado y lleno de preciosidades artísticas; descendimos al valle del Mürg, y despues de recorrerlo hasta salir al valle del Rin, pasando por la hermosa residencia de la Favorita, volvímos á Báden-Báden por el pié de los contrafuertes mas avanzados hácia la llanura, tocando sucesivamente en las pequeñas aldeas y villas de Gernsbach, Ottenau, Gaggenau, Rothenfels, Kuppenheim, Haueneberstein y Oos.
Nada mas grato para el excursionista admirador al mismo tiempo de la naturaleza y de las obras humanas, y deseoso de adquirir alguna idea de las poblaciones rurales, que ese paseo en que las horas vuelan para el espíritu encantado, al traves de aquella sucesion de paisajes tan variados e-interesantes. Las excelentes carreteras que faldean las montañas, por en medio de tupidos bosques, algunas de las cuales son obras de arte dignas de atencion, hacen honor al pueblo y gobierno badenses, que muestran tan particular interes por las vias de comunicacion. Las florestas tienen allí una magnificencia que arrebata y deleita, y las residencias de los príncipes, liberalmente abiertas por ellos á la curiosidad de los viajeros, son notables por la gracia de sus pormenores ó por la frescura y belleza de sus parques y jardines.
Pero lo que allí interesa mas es el lindo valle del Mürg, riachuelo regular cuyas aguas no solo ponen en movimiento un enjambre de molinos, aserríos de tablas y fábricas importantes, y difunden la fertilidad en los campos, gracias á una inteligente irrigacion, sino que tambien dan salida á las innumerables balsas de trozas y tablas de pino, abeto, encina y haya, que descienden del fondo de las montañas hácia el Rin. En todo ese valle angosto y pintoresco reinan la actividad y el movimiento. Las fábricas, los molinos y aserríos no cesan de trabajar durante la mayor parte del año; las ondas del riachuelo están donde quiera cubiertas de balsas larguísimas, laboriosamente conducidas por dos ó tres hombres cada una; en todas partes se ocupan en diversas labores todas las gentes, manifestando con sus fisonomías, sus vestidos, su modo de hablar y su obligante obsequiosidad un carácter dulce y hospitalario, y una sencillez y pureza de costumbres que agradan y seducen fácilmente. Las localidades son graciosas, irregulares, como lo exigen los accidentes del terreno, y pintorescas; los cortijos indican mucho esmero en los cultivos; y la prodigiosa multitud de huertos llenos de árboles frutales, hortalizas y pequeños jardines, le da al valle el aspecto mas risueño, que contrasta enérgicamente con el de las montañas que lo encierran, pobladas de espesos bosques, ricos en maderas de construccion.
Allí, en medio de esos deliciosos paisajes, tan poco lejanos de Báden-Báden, olvida uno con encanto las miserias de vanidad y ostentacion; de imposturas fascinadoras y codicia que se disputan la admiracion y los montones de oro en el Salon de conversacion; la sociedad sofística de la ciudad parece mas absurda, y se comprende cuánto mas vale la vida honrada y tranquila de los habitantes del valle del Mürg, que la estéril agitacion de los que pueblan los hoteles de Báden-Báden.
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