CAPITULO IV.
BRUSELAS.
La sociedad belga bajo el punto de vista político.—Estructura general de Brusélas.—El periodismo y la librería.—Fisonomía moral de Brusélas;—su poblacion.—Monumentos civiles;—la casa municipal,—varios palacios.—Monumentos religiosos.—Museos, bibliotecas y estatuas públicas.—Jardines científicos.
Talvez no hay en el mundo pueblo ninguno que haya ofrecido en tan poco tiempo, como el belga, pruebas tan perentorias de la eficacia de la libertad ó del régimen que funda la prosperidad social en el imperio de la paz y de la opinion libre. Los extraordinarios progresos que ha hecho en medio siglo la América republicana se deben no solo á las instituciones, sino tambien á las inmigraciones, las ventajas del suelo, la novedad del país y el concurso que la Europa proletaria y oprimida le ofrecia, solicitando con avidez el Nuevo-Mundo.
En Bélgica los elementos han sido muy distintos: ese libre, honrado, sensato y laborioso pueblo no cuenta mas que treinta años de vida independiente y gobierno constitucional, y en tan corto tiempo ha hecho prodigios. Y sinembargo, tenia contra sí, en el interior, la division de su poblacion en dos ó tres razas, y la tradicion de muchas dominaciones extranjeras, que podian haber debilitado en el trascurso de tantos siglos el sentimiento nacional ó de independencia y libertad; y en lo exterior, el resentimiento de la Holanda, las pretensiones de la corte romana, y las contrarias influencias de Francia y Austria.
Pero el pueblo belga nutria un profundo espíritu de libertad y un alto sentimiento de dignidad que le hicieron comprender desde el primer dia sus verdaderos intereses. Por eso no solo ha resistido á seducciones deslumbradoreas por un lado, y por otro á todo consejo reaccionario, sino que, mostrándose prudente y animado de una voluntad firme, ha sobrepujado á todos los Estados del continente en la práctica fiel de las instituciones liberales y parlamentarias. Ello es que la Bélgica es un modelo en casi todas las manifestaciones actuales del progreso. Ella ha sabido aprovechar su feliz neutralidad, consagrándose á perfeccionar sus instituciones, en tanto que las demas naciones parecian preocuparse casi únicamente con las intrigas y el antagonismo de la ambicion política.
En Bélgica han encontrado asilo todas las ideas perseguidas ó sujetas á discusion; se ha mantenido la mas saludable actividad en la vida política,—sea en el parlamento y las corporaciones provinciales y municipales, sea en la prensa y las asociaciones privadas, sea en las elecciones y peticiones y en las grandes fiestas nacionales;—y el resultado de esa actividad política se manifiesta en la actitud de los partidos, en la importancia de sus debates ó luchas pacíficas, y en la estabilidad que ha adquirido la constitucion nacional, fundada en la libre manifestacion de todas las opiniones, en el respeto por todos los derechos, en la energía de las costumbres políticas y civiles. El pueblo belga está ya bien educado en la vida progresista, y su educacion, fruto de la práctica de la libertad, es la mas sólida y gloriosa, puesto que se la debe á sí mismo. Allí el rey no es mas que el símbolo popular de la permanencia del gobierno; Leopoldo y sus hijos son verdaderos ciudadanos; la fuerza de la autoridad reposa toda en la ley y la opinion; el país tiene confianza en sus mandatarios y representantes porque la tiene en sí mismo; las razas se han confundido en el amor comun á la independencia y la gloria nacional; la alianza entre el pueblo y la dinastía tiene su garantía en la libertad, y la nacion ha logrado poner en armonía dos elementos que siempre han sido inconciliables en Europa: la democracia y la monarquía hereditaria.
* * * * *
Ninguna ciudad revela mejor en Bélgica esa alianza de lo pasado con el progreso moderno, que la bella, elegante y animada Brusélas, donde todo hace ver simultáneamente las viejas tradiciones y las esperanzas y reformas del tiempo presente, la justaposicion de dos razas y dos civilizaciones distintas. Brusélas, capital al mismo tiempo de la provincia de Brabante, ocupa una posicion pintoresca, demorando á orillas de un riachuelo, sobre el ancho lomo, las faldas y el pié de una colina notablemente elevada, en el centro de una llanura. Algunas colinas cierran el horizonte por un lado, y el vasto panorama que rodea la ciudad no carece de interes y hermosura. El orígen de Brusélas data del fin del siglo VI, muy humilde por cierto, pero su verdadera importancia no comenzó sino en el XII. Rodeada en otro tiempo par murallas y fortificaciones, el espíritu moderno las ha demolido para reemplazarlas con una cintura de boulevards ó magníficas calles de alamedas, estaciones de ferrocarriles, jardines públicos y privados, elegantes casas de campo, fábricas y arrabales considerables.
La ciudad está naturalmente dividida en dos partes por la configuracion del suelo en que demora: la parte baja y antigua, que tiene su centro en la Gran-Plaza y su admirable Hôtel de Ville ó Palacio municipal; y la parte alta y nueva, que se extiende sobre la planicie de la colina, y tiene su magnífico centro aristocrático y monumental en el Parque, que es el «jardin de las Tullerías» de Brusélas. Abajo vereis, si contemplais, la ciudad desde la Plaza del Congreso, un enjambre de calles y callejuelas formando laberintos, y monumentos y edificios de las mas diversas formas, que resumen por decirlo asíla historia de Brusélas hasta principios del presente siglo. Allí se alzan en confusion, sobre los techos de las viejas casas, las torres góticas de interesantes iglesias, la masa imponente del precioso Palacio municipal, las fachadas de grandes casas de estilo moderno y los techos de cristal de algunos edificios públicos. Allí circulan sin cesar los ómnibus y coches de alquiler, los carros llenos de mercancías, y hormiguea una poblacion activa y de buen carácter (sin contar la gran masa flotante de extranjeros ó transeuntes). Allí se encuentran casi todos los hoteles, las librerías, las imprentas, las fábricas y el gran movimiento del comercio y de los negocios de todo género.
Arriba no hallareis en la ciudad, cotada por los boulevards de Waterloo, del Regente, del Observatorio y del Jardin Botánico, sino palacios y edificios magníficos, sea al derredor del Parque, sea orillando la hermosísima Calle Real, sea recorriendo el espléndido barrio de Leopoldo, enteramente nuevo y aristocrático, llamado el West-End de Brusélas por comparacion al de Lóndres. Esa parte privilegiada de rusélas parece reservada á las clases altas, la ciencia y las bellas artes, á los hoteles donde se alojan los más ricos viajeros, y á los palacios donde residen los miembros de la familia real, los ministerios y los ministros extranjeros y donde tienen sus sesiones las cámaras legislativas. Allí, las calles tiradas á cordel y cortadas en ángulos rectos, las estatuas monumentales, los edificios de hermosas fachadas, los museos de todo género, las bibliotecas, el Observatorio astronómico, los preciosos jardines Botánico y Zoológico, en fin, cuanto manifiesta los progresos recientes, la vida política, intelectual y artística, la elegancia y el comfort, sin perjuicio de la sencillez.
Si del aspecto físico de Brusélas pasamos á observar la fisonomía moral de su poblacion (como he tenido ocasion de observarlo en dos años distintos), encontraremos tambien el contraste de dos tipos muy diferentes que coinciden con las dos grandes formas de la ciudad. En efecto, abajo está la poblacion brabantino-flamenca, y no se oye entre la muchedumbre y aún la clase média sino el acento áspero del flamenco modificado, que llaman el dialecto de Brusélas, ó se habla muy poco frances relativamente. Allí las costumbres conservan en todo los rasgos mas notables de la vieja sociedad semi-holandesa, y el tipo de las gentes tiene esa redondez de formas, esa frescura y robustez y esa sencillez mesurada que distinguen al holandes, aunque bastante modificadas.
En la parte superior de la ciudad, al contrario, nada hace recordar las tradiciones flamencas: allí todo es frances, todo hace recordar á Paris, todo tiene un aire singular de elegancia y buen gusto, de cultura y refinamiento en la vida social. En los conciertos del Parque, en los grupos que vagan por las anchas y sombrías alamedas, en los hoteles y cafés, en los jardines científicos, en los museos y bibliotecas y en todos los lugares de reunion, no se habla mas que frances, no se ven sino manifestaciones de las costumbres francesas ó extranjeras. Ese contraste de situacion ó de fisonomía social le da mucho interes á Brusélas, sea bajo del punto de vista de lo curioso y pintoresco, sea bajo el del fenómeno de la armonía que producen las buenas instituciones entre razas y civilizaciones distintas.
Brusélas, ciudad muy visitada por extranjeros, particularmente alemanes, ingleses y franceses, tiene una poblacion considerable relativamente a la de todo el país. La de la ciudad propiamente dicha no baja de 174.000 habitantes, que se eleva á mas de 284,000 computando la de los suburbios ó arrabales que casi se confunden con Brusélas. Esta capital es el gran centro del liberalismo belga, y no hay esfuerzo necesario en servicio del progreso que no se haga allí, espontáneamente y por la simple iniciativa individual. A esta se debe entre otras cosas la excelente «Universidad libre,» fundada allí en 1884 por los jefes del partido liberal, con el fin de hacer saludable competencia á la Universidad jesuítica de Malínas trasladada á Lováina.
Uno de los objetos que mas llaman la atencion en Brusélas es el vasto y fecundo movimiento de su prensa libre. Es increíble el número de imprentas y librerías que hay en esa ciudad, al servicio de todas las lenguas, de todos los espíritus, de todas las formas literarias, de todos los partidos, de todas las manifestaciones de la vida intelectual de Europa. En Brusélas no solo se publican muchos periódicos diarios, revistas, libros y folletos nacionales, sino que buscan seguro asilo innumerables escritores que carecen de libre publicidad en su patria. Los partidos franceses, italianos, rusos, alemanes y austríacos tienen allí, con mas ó ménos persistencia, órganos de libre accion moral; lo que hace que el periodismo belga tenga en Europa una importancia muy considerable. El libro ó folleto que no tiene cabida en las prensas de Paris, San-Petersburgo, Viena ó Madrid, encuentra segura proteccion en Brusélas para salir á luz y penetrar en todas partes. El jesuita y el republicano encuentran allí la misma hospitalidad para sostener su respectiva causa; y por mas que algunos reaccionarios empedernidos, ó algunos graves meticulosos, pretendan limitar ó perturbar la libertad de la prensa, la nacion siente que esta preciosa garantía hace parte integrante de su existencia. No hay obra interesante que se publique en Europa, en cualquiera de los mas notables idiomas, que no sea traducida ó reproducida en Brusélas á muy bajo precio. Por eso el número de libros que salen anualmente de las prensas de Brusélas es inmenso.
¿No es muy interesante el espectáculo de un pequeño pueblo que, favorecido por su libertad, se ha hecho el órgano comun de publicidad de todos los pueblos europeos? Por desgracia este saludable ejemplo es muy poco imitado por naciones que se jactan de ser superiores á Bélgica. Sinembargo, creo que el papel que ha desempeñado Brusélas en el movimiento tipográfico de Europa tiene sus inconvenientes para el pueblo belga, bajo el punto de vista literario. El hábito de producir ó reproducir las ideas de todos los demas pueblos, ha creado cierto cosmopolitismo de estilo y tendencias que no puede ménos que impedir la formacion de una literatura verdaderamente nacional. Ello es que en Bélgica, si se exceptúan las producciones de muy raros pensadores, y las que tienden á reconstituir una especie de nacionalidad flamenca literaria (de que luego trataré), no hay mas literatura que la francesa, como no hay mas teatro que el frances. Si en la política, en las bellas artes y en los intereses económicos Brusélas tiene vida propia y muy notable, en literatura no es, en rigor, sino un apéndice de Paris.
* * * * *
No quiero fastidiar al lector con minuciosas descripciones de monumentos, museos y otros objetos análogos, respecto de Brusélas, despues de lo que llevo dicho acerca de Ambéres. Me limitaré á mencionar los objetos mas notables que hacen honor en la capital belga al arte y á la ciencia.
En clase de monumentos civiles Brusélas contiene algunos que no carecen de mérito, entre los cuales son notables: el Palacio de la nacion, donde se reune el Parlamento, agradable por su singular sencillez y excelente distribucion para su objeto; y el del Príncipe de Orange, donde tienen lugar las exhibiciones de pinturas y esculturas. Pero el tesoro de Brusélas es su admirable Palacio Municipal, obra soberana en su género. Es un trapecio de 80 metros de longitud y 16 de anchura, aislado sobre la Gran-Plaza, cuyas mejores obras, las de estilo gótico, datan del siglo XV. Su fachada de esa época es de gran mérito, pero la verdadera maravilla es la torre, que mide cerca de 114 metros de altura y embelesa por su prodigioso atrevimiento, la singular ligereza de sus formas y calados y la armonía elegante que reina en todos sus adornos y su construccion.
Entre los monumentos religiosos no citaré sino la bella iglesia ó catedral de Santa-Gudula y San-Miguel, que es uno de los mas bellos edificios religiosos de Bélgica, sencillo, pero sin la grandiosidad de otros análogos. Fué construido del siglo XIII al XVI, por lo cual sus diversas partes corresponden á estilos diferentes, aunque sin carecer de cierta armonía.
Brusélas es rica por sus museos de varias clases y sus bibliotecas, como es una de las primeras ciudades europeas por sus jardines botánico y zoológico. Aparte de la multitud de cuadros y objetos de arte interesantes que se encuentran en las iglesias, en los palacios y en otros edificios públicos, concentran la atencion del viajero el Palacio de la industria y el Museo nacional. El primero de estos edificios, bonito monumento construido en 1829 á expensas de la ciudad, es el equivalente del «Conservatorio de artes y oficios» de Paris. Allí están reunidos en vastos salones de varios pisos todos los objetos que manifiestan el progreso de la industria nacional, particularmente notable en la metalurgia y los tejidos. En el piso bajo del palacio se halla la Biblioteca real, rica y muy apreciable por su rara abundancia de manuscritos, preciosos en gran parte. No baja su número de 19,000, el de los libros impresos excede de 200,000, y el establecimiento se enriquece sin cesar, gracias á la liberal proteccion del Gobierno.
El Museo, edificio situado á muy corta distancia, contiene tres coleciones: en la parte superior, la vasta galería de pinturas, compuesta de unos 700 cuadros; en la parte baja, los museos de historia natural y mineralogía. La galería, aunque muy estimable por su variedad y el mérito de muchos de sus cuadros, no contiene sino un corto número de obras maestras del arte nacional, pues las mejores se hallan en las iglesias y catedrales belgas y en los museos de Ambéres y Gante. El museo de historia natural es muy rico, muy bello y uno de los mejor acondicionados que he visitado en Europa.
El viajero que se detiene en Brusélas no debe dejar de visitar el palacio del duque de «Aremberg», abierto siempre á los extranjeros con exquisita condescendencia. Allí se encuentran, en la biblioteca del duque, mil preciosidades de tipografía, escultura y antigüedades, y en una galería, cerca de 150 cuadros, casi todos de gran mérito, muchos de ellos delicadas miniaturas del arte flamenco y holandes.
Despues de eso, echad una ojeada á la Plaza-Real, donde se ostenta la magnífica estatua ecuestre de Godofredo de Bouillon; al elegante y suntuoso Parque, cerca del cual se ve la noble estatua consagrada al general frances Belliard, en memoria del reconocimiento de la independencia belga; á la pequeña Plaza del Congreso, donde se alza la soberbia columna de la Constitucion, desde la cual se contempla un magnífico panorama, y á la «Plaza de los mártires», en la parte baja de la ciudad, donde está el sencillo y muy curioso monumento consagrado á la memoria de los patriotas que sucumbieron en 1830 peleando por la independencia y la libertad. Todos esos monumentos hacen mucho honor á los Belgas: un pueblo que sabe mantener el culto de los grandes recuerdos patrióticos no será esclavo jamas.
Para completar la visita de Brusélas, dirigíos hácia el Jardin Botánico, y luego, á las cinco de la tarde, al Zoológico. Ambos deben su existencia a la iniciativa individual, si bien el primero es particularmente protegido por el Estado. El Jardin Botánico, muy felizmente situado en un área desigual de cuatro y media hectaras, al pié de un boulevard, tiene la ventaja de que todo el mundo puede admirar desde el camellon el conjunto gracioso de aquel templo de Flora. Sus inmensos invernáculos son de los mejores de Europa, y es en medio de sus bosquecillos que se ven las gentes mas elegantes de la ciudad, admirando los primores de la naturaleza ayudada por la ciencia y el arte.
El jardin Zoológico, que pertenece á una compañia de accionistas, es uno de los mas pintorescos de Europa, pero como apénas data de 1851 no tiene aún la abundancia de animales de cada especie que luego alcanzará. En el centro de sus graciosos bosquecillos se encuentra una plazuela dominada por un templete y rodeada de cafés ó cantinas, donde se reune por las tardes una numerosa concurrencia de extranjeros y gentes de la ciudad, asistiendo á conciertos musicales. Nada mas delicioso que uno de esos conciertos del arte humano al aire libre, en medio de los conciertos de la naturaleza formados por las mil voces de soprano y contralto, de tenor, barítono y bajo, que lanzan al viento los huéspedes aprisionados allí para representar el reino animal del mundo entero.
Así como se oyen en gritos, silbidos y gorgeos las voces de todos esos idiomas misteriosos que hablan los animales de toda especie, del mismo modo se percibe en los corrillos y grupos humanos del jardin el acento de todas las lenguas europeas. Se habla de todo alegremente: los bruseleses hacen sus comentos locales; los viajeros se narran mutuamente sus aventuras y excursiones recientes; los artistas, los políticos y los literatos departen sobre los ramos que cultivan; las mujeres conversan sobre modas, flores y otras bagatelas agradables; la música completa la seduccion del interesante espectáculo; y el viajero se aleja luego de Brusélas llevando las mas gratas impresiones de esa capital hospitalaria, elegante, animada, liberal y progresista.
* * * * *