CAPITULO IX.

EL CANTON DE BERNA.

De Friburgo á Berna.—Los artistas y artesanos viajeros.—Topografía del Cantón.—Historia de la república bernesa;—su poblacion é instituciones.—Producciones, industria y objetos mas notables.—La ciudad de Berna;—sus institutos y curiosidades.

El trayecto que media entre Friburgo y Berna, que se hace en ménos de cuatro horas, no ofrece bajo el punto de vista social nada que interese la curiosidad del viajero. Desde que se deja la primera de esas ciudades desaparece toda huella de la raza que puebla los cantones meridionales antes recorridos. La raza germánica, aunque no muy pura, impera sola y se manifiesta donde quiera: en las costumbres, las instituciones, la vida social y política, la estructura de las localidades y cuanto puede ser característico.

Lo que seduce al viajero en el tránsito de Friburgo á Berna es el encanto del panorama que le rodea, de una variedad deliciosa. Es tal la belleza de las campiñas, y su aspecto indica de tal modo el modesto bienestar de las poblaciones y el genio campestre ó agrícola que las domina, que el ojo no se cansa de admirar los sitios pintorescos y las ondas caprichosas de aquel mar de verdura extendido sobre enjambres de colinas, vallecitos profundos, planicies en miniatura y faldas de contornos risueños, dividiéndose en suaves planos inclinados que descienden en todas direcciones. En toda esa sucesion, de planicies, valles y colinas ó pequeñas montañas, cuyo conjunto parece formar un inmenso jardin ó parque inglés, alternan en la mas graciosa armonía limpios arroyos saltadores, perdiéndose en medio de rocas hundidas entre abismos de verdura; espesos bosques de abetos, hayas y encinas, á veces de tan admirable regularidad natural, que parecen como decoraciones de ópera en un teatro sin límites; lustrosas praderitas sobre cuyas alfombras hacen contraste en algunos puntos los terraplenes y puentes de un ferrocarril; alegres cortijos que se muestran á la vera del camino, casi invadidos por las bóvedas umbrías de los bosques de abetos; en fin, numerosas casas rústicas trepadas sobre las lomas, en medio de hortalizas, árboles frutales, plantaciones de cereales y rebaños de ganados diversos, redondos y lustrosos como las lindas lomas en que pacen. Todo eso tiene un encanto indefinible, un aspecto de dulce tranquilidad, de candor y bienestar que seduce ó halaga como una égloga viviente.

Si las ondulaciones del terreno producen una constante sucesion de subidas y bajadas, que le van procurando al viajero mil sorpresas agradables, las vueltas del camino contribuyen tambien á los cambios instantáneos de paisaje y horizonte. Unas veces la diligencia rueda suavemente por entre tupidos bosques, basílicas perfumadas de verde y blando tapiz y elegantísima techumbre, donde la mirada se siente como aprisionada entre artesonados de verdura aérea coronando interminables columnatas de color gris ó rojizo, como parecen los mástiles de los abetos y pinos; otras se desciende al fondo de un estrecho vallecito lleno de aromas y rumores salvajes, ó salpicado de chalets y sementeras, ó colmenas de abejas domesticadas, que le dan el aspecto de un huerto caprichoso y variado; otras, en fin, al trepar á una eminencia, sobre alguna de las mas altas montañas, ó al pasar por delante de una abra de los grupos ó cordones que las forman, se registra un vasto horizonte que abarca toda la Suiza central, y se ve á lo léjos, al S.S.-E., el grandioso anfiteatro de montañas graníticas y nevadas de los Alpes berneses.

En una de esas eminencias de la via, miéntras que la diligencia hacia un relevo, vímos pasar algunos jóvenes, modestamente ataviados, que viajaban á pié, cada cual con su maleta sobre la espalda y su baston en la mano. Creímos en el primer momento que aquellos viajeros de infantería serían meros amateurs de excursiones á pié, como hay tantos en Suiza, donde las bellezas del país y las facilidades de comunicacion convidan á esa clase de peregrinaciones, indispensables para el naturalista y las mas fructuosas y económicas para los estudiantes y turistas pobres y curiosos. Pero uno de los suizos que nos acompañaban en la diligencia nos dijo que los jóvenes viajeros pedestres no eran sino artistas ó artesanos peregrinos, que viajaban grátis conforme á una institucion particular que solo existe en Suiza y aun en algunos Estados alemanes.

La institucion es curiosa en efecto, porque manifiesta no solo la organizacion que tiene la industria en la mayor parte de los cantones suizos (todavía sometida en ciertos ramos al sistema de compañías ó gremios privilegiados), sino tambien el espíritu de fraternidad que predomina en las poblaciones confederadas. Cuando algun jóven ha obtenido su diploma que lo reconoce como miembro de alguno de los gremios de artistas ó artesanos, si no encuentra colocacion ventajosa en la ciudad de su domicilio, ó si quiere procurarse una mejor en otra parte, se echa á viajar á pié de ciudad en ciudad, y su diploma le da el derecho de obtener gratúitamente la hospitalidad y los auxilios necesarios en los lugares del tránsito, en las casas campestres de la via y en la ciudad misma donde se detiene á ejercer su industria, arte ú oficio, miéntras carece de colocacion. La explicacion que nos dieron de tan bella institucion (que según creo es obra de las costumbres tradicionales y no de las leyes) nos causó vivo placer, haciéndonos hasta cierto punto excusar el vicioso régimen de los gremios, en gracia de ese noble espíritu de fraternidad y hospitalidad.

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El canton ó Estado de Berna es bajo todos aspectos el mas importante y respetable de la Confederacion, no obstante que ocupa el octavo lugar en el órden ó rango histórico de los cantones, por la fecha de su ingreso á la confederacion primitiva. Su territorio, el mas extenso de la Suiza entera, es relativamente enorme, y su topografía sumamente variada y de muy bello aspecto. Divide casi toda la Confederacion en dos partes, la una al S.-O., casi totalmente compuesta de poblaciones de lengua, costumbres y tradiciones francesas, y la otra al N.-E., completamente germánica por sus elementos históricos y sociales. Al N. el territorio bernés parte límites en una extensa línea con Francia, penetrando por una punta al Franco-condado, en direccion al alto Saona, en medio de los departamentos franceses de Doubs y el Alto Rin. Del lado opuesto, hácia el S. y S-E., ese territorio arranca en la extensa línea de colosales nevados de los Alpes que separan las hoyas del Ródano, el Aar y el Reuss, y de este modo parte límites con los cantones de Vaud, Valles y Urí. Al E. y N. se extienden sobre las fronteras de Berna los cantones de Urí, Unterwalden, Lucerna, Argovia, Solera y Basilea, describiendo con sus contornos una línea sumamente irregular y angulosa; miéntras que al S., S.-O., O., N.-O, y N. toca sucesivamente con los cantones de Vaud, Friburgo y Neuchâtel y el territorio frances. El canton de Berna mide dentro de las fronteras unos 150 kilómetros de longitud, de S. á N., por cerca de 50 de anchura média, conteniendo 9,545 kilómetros cuadrados de superficie.

Extendiéndose desde las mas colosales alturas de los nevados de los Alpes suizos hasta las faldas occidentales de las montañas del Jura, el canton de Berna contiene en sí solo todos los elementos y todas las variedades de la geología, la topografía, la hidrografía, la flora y la fauna de Suiza,—sea en la admirable region de intrincados laberintos graníticos de los Alpes, sea en las bellas y benignas comarcas del centro (de planicies ondulosas, fértiles y pobladas), y las montañas calizas y de mas benigno clima que las alpinas, que componen la cadena del Jura. La parte meridional ó alpina se llama Oberland, miéntras que la setentrional ó jurásica tiene el nombre general de Leberberg.

Si la variedad topográfica favorece tanto en Berna la variedad de climas y producciones, la de su hidrografía le da no solo las condiciones mas grandiosas y pintorescas sino tambien considerables ventajas de navegacion. Así, por una parte cuenta con las aguas del Aar propiamente dicho y de varios afluentes importantes, como el Sarina, el Thiela, el Emmen y el Simmen, navegables en mucha parte por balsas y pequeños botes y canoas; y por otra se sirve de los bellos lagos navegables de Brienz y Thun, enteramente encerrados en el territorio bernés, y de los de Neuchâtel y Biena, en cuyas riberas tienen participacion otros cantones.

La agricultura propiamente dicha, la ganadería y el corte de maderas son los elementos principales de riqueza y prosperidad y de vida social en el canton de Berna. En las regiones montañosas el territorio está cubierto de inmensos bosques de abetos, hayas, pinos y otros árboles de construccion, que se explotan en vasta escala, aprovechando todas las corrientes considerables para hacer bajar hasta el Rin central las maderas del interior; pero esas florestas de inagotable fecundidad están donde quiera entrecortadas, á alturas mas ó ménos considerables, por extensas praderas naturales, donde pacen numerosísimos rebaños, principalmente vacunos, que son la base de una valiosa exportacion de ganados de raza muy afamada en Europa, y de quesos superiores cuyo valor monta á muchos millones. En las regiones bajas ó centrales la agricultura bernesa, muy esmerada pero insuficiente para el consumo interior, se divide en tres órdenes principales, perfectamente determinados por la naturaleza: en el fondo de los valles lacustres y fluviales de temperatura suave, medran y prosperan las viñas sobre las riberas; en las planicies y colinas demoran donde quiera enjambres de cortijos, que reunen el cultivo de todos los cereales, las plantas filamentosas de Europa, las legumbres, los árboles frutales, la cria de abejas, etc.; en fin, en las bajas montañas que surcan esas mismas planicies se explotan igualmente los bosques de abetos, encinas, hayas, etc., y se ven no pocos rebaños de ganado mayor y menor y hermosas yeguadas muy estimadas en Europa.

El Canton de Berna no es únicamente agrícola. Su comercio es considerable. Explota minas de fierro, plomo y cobre, algunas de hulla (en la region del Jura) y numerosas canteras de mármoles y piedras diversas. En cuanto á la fabricacion, consiste principalmente en tejidos de lino y algodon, sederías, cueros curtidos y labrados, destilacion de licores, artículos de fierro y cobre, relojería (en los distritos del Jura fronterizos del canton de Neuchâtel), sombreros finos de paja y preciosas esculturas en madera (juguetes, curiosidades, etc.) que constituyen la industria de los pastores artistas del Oberland. Es curioso observar á este propósito que las manos mas toscas al parecer, por ser las mas rústicas, son precisamente las que en Berna y otros cantones suizos fabrican los objetos artísticos mas delicados. Así, los rudos y candorosos pastores que han pasado el verano y principio del otoño sobre montañas encumbradas, fabricando quesos y guiando sus rebaños por en medio de precipicios y bosques salvajes, al aproximarse el invierno (hácia el mes de octubre) descienden de sus praderas y bosques á convertirse en artistas. Con sus manos callosas y rudas fabrican entónces, al derredor del hogar, unos, en Berna y otros cantones análogos, una infinidad de objetos primorosos de madera, cuerno, marfil, hueso, etc., que el viajero admira y solicita, por la gracia de su composicion, la originalidad de las formas, la delicadeza de ejecucion, la exactitud perfecta de imitacion de los animales, montañas, habitaciones, etc., etc.; y otros, en los cantones de San-Gall y Appenzell, ejecutan labores de otro género, produciendo esos admirables encajes, bordados y tejidos de mano que todas las mujeres de gusto solicitan en Europa como verdaderas obras de arte y de lujo.

¿Quién les enseña esa habilidad artística á los toscos y sencillos pastores de las montañas suizas? Nadie, al ménos en lo mas esencial. ¿De dónde les viene su inspiracion caprichosa y admirablemente fiel? La naturaleza y el hábito lo hacen todo. La constante contemplacion de los nevados, los abismos, las cascadas, los torrentes, los bosques solitarios y salvajes, los ganados de cria, los cuadrúpedos y pájaros silvestres, los sublimes ó risueños paisajes que rodean los chalets, y todas las obras de esa incomparable y fecundísima artista que llamanos Naturaleza;—esa contemplacion, digo, y el espectáculo del cielo, y las armonías de mil rumores preñados de misterio y poesía, no pueden ménos que inspirar al pastor de los Alpes, del Jura y otras montañas, ese genio artístico que le permite fabricar objetos cuya gracia y finura maravillan al viajero.

El canton de Berna, á pesar de ser tan montañoso, se distingue por sus numerosas y excelentes vias de comunicacion. No solo tiene buenas carreteras en todas direcciones, y en las montañas muy quebradas buenos caminos de herradura, sino que ademas de la navegacion á vapor en los lagos y el Aar, ha establecido ferrocarriles que mantienen comunicaciones fáciles y baratas respecto de Francia y casi todos los cantones limítrofes.

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La historia del Canton de Berna se confunde en sus rasgos mas notables con la de toda la Confederacion, en cuya balanza ha tenido siempre un peso muy considerable la política bernesa. En lo demas tiene analogía muy estrecha con la historia de Friburgo. El orígen de la república de Berna, como de casi todos los cantones, fué bien humilde. Hasta fines del siglo XII el país que hoy pertenece al Estado era un enjambre de dominios ó señoríos feudales, cuyos nobles propietarios vivian como bandidos, cometiendo depredaciones de todo género bajo la autoridad superior de las emperadores francos. El propósito de poner á las poblaciones á cubierto de esas violencias animó al duque Bertoldo V de Zahringen al fundar una pequeña ciudad fortificada, de constitucion libre, al derredor del castillo de Nydeck, sobre la bella península que determina en la planicie ondulosa el curso tortuoso del Aar. El duque, en una de sus cacerías, habia muerto un oso en aquel sitio, y en recuerdo del incidente le dió á la nueva ciudad el nombre de Bern, derivado de Boer que en aleman significa oso.

En su principio Berna estuvo reducida á la ciudad libre y un territorio muy pequeño en derredor, formando una colonia aislada y expuesta a muchos ataques; pero sus instituciones libres y su excelente posicion atrajeron inmigrantes numerosos; la ciudad se ligó con otros pueblos vecinos por medio de alianzas y pactos de fusion, y gracias á esto y á varias conquistas sucesivas, mas ó ménos audaces, al cabo de tres siglos (á partir de 1,191, época de la fundacion) el país vino á ser una República aristocrático-patricia muy poderosa, que hizo respetar su independencia y extendió su dominacion hasta los cantones de Vaud, Argovia y otros. Berna adquirió en esos tiempos gran reputacion militar, primero sola ó aliada á Friburgo y otros países, despues confederada con los cantones de la liga fundamental; y sostuvo constantemente luchas muy violentas y gloriosas para los Berneses, ya contra los emperadores de Alemania y los duques de Austria, ya contra las coaliciones de otros príncipes y señores feudales, algunas formidables.

Si en su orígen Berna fué una ciudad de gobierno comunal ó democrático, su engrandecimiento modificó tan notablemente su política, que el poder se halló al cabo concentrado en manos de unas pocas familias de patricios; en tanto que los paisanos se hallaban respecto de los nobles propietarios en una situacion análoga á la de los siervos de Rusia, Austria, Alemania, etc. La revolucion francesa y la invasion de 1798 cambiaron ese estado de cosas. Berna perdió conquistas muy importantes, por la independencia de Vaud, Argovia y otros países; las instituciones democráticas triunfaron en la Constitucion y las leyes; los paisanos quedaron emancipados, y la nobleza perdió sus títulos y privilegios.

Sinembargo, la reaccion recuperó el poder en 1814, apoyada por la coalicion europea; la Confederacion se reorganizó conforme á bases conservadoras, y la aristocracia bernesa, ya que no logró restaurar todo lo que habia perdido en cuanto á posesiones, volvió al poder y al goce de privilegios políticos muy importantes. Pero la segunda revolucion francesa hizo sentir tambien su contragolpe en Suiza. El pueblo se levantó y triunfó, y el 31 de Julio de 1831 quedó aceptada una constitucion que consagró el reinado de la democracia. Se reconoció la soberanía popular, el sistema representativo, la igualdad de todos los ciudadanos y la libertad de la prensa, los cultos, la industria, la peticion y asociacion, el tránsito, etc., y la garantía de la seguridad individual. Desde entónces el canton de Berna entró resueltamente en la via de la libertad y del progreso, y el triunfo del radicalismo sobre el Sonderbund completó para los Berneses la regeneracion política. Su Constitucion actual, que data de 1846, es mucho mas liberal que la de 1831, y tiene grandes analogías con las de los otros cantones radicales de cuyas instituciones he tratado anteriormente.

La inmensa mayoría de la poblacion de Berna se compone de protestantes reformados pertenecientes á la raza germánica. Así, en 1850 habia en el canton 458,301 habitantes, de los cuales 403,768 eran reformados, 54,045 católico-romanos y 488 judíos. En 1860 la poblacion se ha elevado al número total de 468,515. Un aumento tan pequeño en 10 años (10,214 individuos) en un Estado tan libre y próspero como el de Berna, no es explicable sino por la corriente constante de la emigracion, que busca en el Nuevo Mundo tierras ménos ingratas y de mas amplio porvenir que las de Suiza. En cuanto á la proporcion de las razas en el canton de Berna, la germánica absorbe las nueve décimas partes de la poblacion, poco mas ó ménos, hallándose concentradas en la region del Jura todas las poblaciones que corresponden al grupo frances ó franco-helvético. Se hablan, pues, las dos lenguas en el país, aunque en proporcion enormemente desigual, y el aleman es el idioma oficial, si bien es cierto que las gentes de buena educacion hablan indiferentemente aleman y frances, como lo exige la promiscuidad de esos idiomas en la literatura, la legislacion, el periodismo y las costumbres de la Confederacion. Sinembargo, no puede decirse en rigor que lo que hablan los Berneses en su gran mayoría es aleman, sino mas bien un dialecto de la opulenta y complicada lengua alemana, mucho mas análogo al que se habla en las comarcas del Danubio que al aleman castizo de las bajas regiones de Hanóver, Brémen y Berlin.

El canton de Berna ofrece, en mayor escala que ninguno otro de la Confederacion, la prueba evidente de lo que constituye el secreto de la prosperidad de las sociedades modernas: instruccion pública y vias de comunicacion. Por lo que hace á la primera, sus progresos son admirables, y el canton de Berna, como el de Ginebra, puede figurar en el mundo como un Estado modelo, digno rival de Prusia ó del Estado americano de Nueva-York. En efecto, los Berneses han comprendido la lógica de los deberes sociales, reconociendo que, si el interes de la instruccion primaria es altamente político y social, desde el momento en que la sociedad interviene en la materia, concediendo la enseñanza popular gratúita, es inevitable hacer obligatoria la instruccion, como lo son el servicio militar de todos los ciudadanos, el pago de las contribuciones, etc. La asistencia á las escuelas populares en cierta edad es, pues, obligatoria en el canton de Berna. Ya desde 1830 la comunion protestante por sí sola tenia en servicio 700 escuelas (hoy hay cerca de 800) en las cuales recibian instruccion anualmente 70,000 alumnos. En la actualidad, computadas las escuelas de las diversas comuniones religiosas, no hay en el Canton ménos de 900, con un total de alumnos que excede en mucho de la quinta parte de la poblacion de la República bernesa.

Si á estos hechos y á la existencia de tan numerosas y excelentes vias de comunicacion de todo género, se agrega que el Canton posee una bella universidad y multitud de colegios y escuelas superiores, unas literarias, otras profesionales, politécnicas ó normales, y si se tiene en cuenta el gran número de hospicios, hospitales y otros diversos establecimientos de beneficencia, que prestan los mas eficaces servicios, se vendrá en conocimiento de que la prosperidad y el grado tan notable de civilizacion que ha alcanzado el canton de Berna se debe á la feliz combinacion de las instituciones libres, la propagacion de la instruccion, las vias de comunicacion activa, la beneficencia y los institutos de economía ó prevision, que mantienen la moralidad en las costumbres, elevan la dignidad y la conciencia del pueblo, hacen efectiva la igualdad, en lo posible, socorren al desvalido y favorecen el desarrollo de la industria, el comercio y todos los elementos de riqueza y bienestar.

El sistema fiscal del canton de Berna es muy análogo al de Friburgo, y llama la atencion tambien por la curiosa institucion del aseguro forzoso de las casas, á cargo y en provecho del Estado. En 1836 las rentas alcanzaban á la suma de 3,912,390 francos (782,478 pesos) y los gastos anuales eran algo menores. Hoy las rentas y los gastos exceden ordinariamente de 900,000 pesos, suma bien reducida si se la compara con los beneficios ó ventajas de una excelente administracion que favorece todos los intereses.

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La capital del Canton y de la Confederacion es, sin disputa, la mas bella ciudad de Suiza, no obstante que carece de las ventajas de perspectiva pintoresca y poética que los lagos procuran á otras ciudades muy graciosas, tales como Ginebra, Losana, Neuchâtel, Lucerna, Zuric, etc. La posicion elevada de Berna, tan análoga á la de Friburgo, le ofrece al mismo tiempo los mas elegantes contornos en su estructura, y en derredor un panorama inmenso, variado y hermosísimo. Del lado N.-O. la planicie se extiende y ensancha indefinidamente en una vasta sucesion de campiñas alegres y esmeradamente cultivadas. Es de ese lado que se hallaban las fortificaciones de la ciudad hoy demolidas, donde se encuentra la estacion de los ferrocarriles que giran hácia Friburgo, Solera, Lucerna, Zuric y Thun, y á donde afluyen las carreteras principales. Por allí abundan los bellos jardines, las hermosas y elegantes quintas, los parques y verjeles.

Despues, el asiento de Berna se avanza rodeado por el Aar en forma de península, de manera que de cualquier punto de los bordes de la ciudad se ve en el fondo el precioso vallecito donde se atropellan en un lecho profundo las ondas azules del clarísimo rio, dominadas por muros de verdura. La altura de Berna sobre el nivel del Aar es de 76 metros, tomada en el Observatorio, miéntras que la del fondo del estrecho vallecito es de 507 metros sobre el nivel del mar. Si se tiende la vista en derredor, desde lo alto de la Catedral ó del Observatorio, no solo se registra la encantadora region de las planicies, que se extiende en todas direcciones, sino tambien, y esto es mas interesante por su majestad y hermosura, la cadena de nevados soberbios del Oberland, desde las alturas meridionales de Stockhorn (2.356 met.) hasta las orientales de Wetterhorn (3,718 met.), pasando por un cordon de colosos resplandecientes, tales como el Jungfrau, que mide 4,175 metros de elevacion, y el Finsteraarhorn todavía mas elevado. Ese espectáculo, contemplado así de léjos y de frente, es de una grandiosidad que embelesa y llena el alma de admiracion y recogimiento, y que, por el contraste que hace con las planicies de la hoya del Aar, completa uno de los mas sublimes panoramas que la Europa continental puede ofrecer. Sinembargo, hay algo superior á esas magnificencias, como pocos dias despues tuvimos ocasion de admirarlo desde la cima del monte Righi.

Lo primero que llama la atencion al recorrer las calles principales de Berna, elegantes, limpias y muy animadas en lo general, es la curiosa estructura de sus viejas arcadas en la gran via central y otras adyacentes. Casi todo lo que la ciudad tiene de mas curioso y característico se encuentra reunido en la parte central. Casi todas las calles giran paralelamente de oriente á poniente, en la direccion de la península, cortadas generalmente en ángulos rectos; y los edificios tienen todos mucha analogía en sus formas y el color pardo de sus piedras. Todas las calles están surcadas por cañerías cubiertas que proveen las fuentes públicas de aguas abundantes y puras, y esas fuentes tienen todas cierto carácter que las hace muy curiosas, por las figuras de caballeros antiguos y animales feroces que representan. La gran calle central es interesante bajos diversos aspectos: allí todas las casas reposan ó se avanzan sobre extensas y sombrías arcadas de mampostería ó bastiones muy macizos, de unos ocho piés de latitud y muy bajas, donde circula todo el mundo á cubierto del sol y de las lluvias. Es allí donde están aglomeradas las tiendas de comercio, exhibiendo en gracioso desórden todos los objetos mas notables de la industria bernesa. Como la calle misma sirve de mercado en ciertos dias, y allí se encuentran casi todos los hoteles ó fondas de la ciudad, se produce un movimiento social que abunda en interes, colorido y variedad.

En efecto, por una parte llama la atencion el cruzamiento de diligencias, ómnibus y sillas de posta que llegan á cada momento á derramar á las puertas de los hoteles y de la casa de Correos y Postas sus contingentes de viajeros de todos los países, correspondientes por lo mismo á los mas diversos tipos. Por otra, interesan mucho al extranjero los grupos de campesinos que estacionan á orillas de la calle y al derredor de las fuentes, vendiendo sus frutas y provisiones: gentes de fisonomías candorosas y amables, sobre todo las mujeres, ataviadas del modo mas original. Las campesinas en casi todo el Canton, y las mujeres de las clases subalternas en la capital, se hacen notar por un vestido que no carece de algunas analogías con los que se usan en Holanda, pero que en Suiza es infinitamente mas gracioso. Como los tipos mas elegantes y curiosos los vímos en Interlaken y Grindelwald, reservo la descripcion de esos vestidos nacionales para el capítulo siguiente.

Si el movimiento de las gentes que circulan en la calle es curioso en un sentido, el de las que hormiguean bajo las arcadas y visitan las tiendas no es ménos entretenido Allí se codean: el indolente y espiritual frances, haciendo comentarios que revelan su eterno buen humor; el inglés vestido como un dandy, grave, tieso, altivo, maravillado de todo lo que ve, pero muy reservado en sus manifestaciones el aleman de las ciudades, locuaz hasta el prodigio, armado de su enorme pipa de porcelana y tubo de madera por donde arroja torrentes de humo, descuidado, brusco y casi primitivo en sus maneras, pero bondadoso y amable hasta hacerse perdonar sus toscos modales; la bernesa elegante, de rubia y hermosa cabellera, pero de fisonomía poco expresiva y belleza muy dudosa; en fin, el negociante activo, negligente en el vestir y preocupado solo con sus compras ó ventas.

Cada tienda es en realidad un pequeño museo, desde la de relojes superiores, cronómetros é instrumentos de precision, ó de bonitas joyas de las fábricas nacionales, hasta la tienda que no contiene sino canastos de todas las formas y tintas imaginables, ó muñecas y juguetes de toda clase. En una de esas tiendas no encontrareis sino encajes y bordados primorosos de produccion nacional, ó sombreros muy finos y elegantes de paja blanca ó amarilla, ó canastillas de obras de arte. En otra vereis solamente estampas, grabados y mapas en relieve que os ofrecen la fiel reproduccion de todos los panoramas suizos, de todos los tipos y monumentos nacionales, y las vistas en fotografía, ó grabadas ó iluminadas con esmero, ó al óleo, de todos los paisajes interesantes, las ciudades, los lagos, las montañas, etc.; ó bien encontrareis inagotables surtidos de curiosidades artísticas del Oberland, tan graciosas, originales ó tentadoras, que el mas repleto bolsillo corre buen riesgo de quedar vacío en veinte minutos, si el viajero no sabe reprimir su entusiasmo por todas esas futilezas primorosas. En fin, si os interesan las ciencias naturales, hallareis tambien almacenes donde comprar las mas variadas colecciones de muestras de cristales, mármoles, etc., álbums de flores y plantas disecadas, cuadrúpedos y aves hábilmente preparados para los museos, y mil otros objetos que el viajero curioso se complace en recoger donde quiera.

Berna es una ciudad bastante considerable, al ménos en proporcion al país, y por su poblacion es la tercera capital de Suiza, despues de Ginebra y Basilea. En 1860 tenia Berna 29,010 habitantes, casi en su totalidad de raza germánica, de los cuales solo 1,500 eran católicos. Relativamente a sus proporciones es una capital muy rica en establecimientos públicos estimables, entre los cuales citaré la Universidad, el Liceo académico, el Gimnasio literario, la Escuela politécnica, la Escuela de sordo-mudos, el Observatorio astronómico, una hermosa Biblioteca de la ciudad con 40,000 volúmenes y 1,500 manuscritos, la Biblioteca medical (7,000 vol.), el Jardin de plantas, y un excelente museo mixto de historia natural, mineralogía y cuadros de pintura: todo eso por lo que hace á la instruccion pública, sin contar las escuelas primarias y algunas pensiones particulares.

Si atendemos á los institutos de beneficencia y de servicio oficial de la ciudad ó del gobierno cantonal, son muy notables: el Arsenal cantonal, con una hermosa coleccion de armas y armaduras antiguas, el Banco de préstamos, la Caja de aseguras contra incendios, la Casa de moneda, que acuña tambien para muchos otros cantones de la Confederacion, la Casa de reclusion ó de forzados, en que caben 400 detenidos y que es una de las mejores de Europa, en su género, la Casa criminal de detencion, el Granero público de la ciudad, la Fábrica de pólvora, cuyos productos son de los mejores de Europa, y en fin algunos bellos hospitales ricamente dotados.

Esa abundancia de establecimientos públicos excusa en cierto modo una extravagancia peculiar de los Berneses, que no carece de originalidad como símbolo del sentimiento nacional. Me refiero al Hoyo de los osos, encanto y orgullo de los ciudadanos de Berna. En esa ciudad tropieza uno con un par de osos de piedra á la vuelta de cada esquina, al pié de las fuentes públicas, de la estatua de Bertoldo V en la plaza de la catedral, y en cuantos lugares ofrecen ocasion para ostentar el símbolo tradicional, como en las puertas de la ciudad y las fachadas de los monumentos ó edificios oficiales. Pero los Berneses, cuyo nombre les da parentesco con los osos, no se han contentado con tributar culto al animal, en pintura ó escultura. La ciudad mantiene con sus rentas tres ó cuatro grandes osos negros, en una fosa circular situada en la márgen derecha del Aar, y la manutencion de los feroces brutos le cuesta no poco dinero al vecindario. Todas las tardes vecinos y forasteros corren á contemplar á los salvajes prisioneros, admirar sus gracias é inteligentes evoluciones de todo estilo, y obsequiarlos, según la predileccion de cada cual, con bizcochos y golosinas. Cada oso tiene su nombre y sus partidarios: los Berneses los admiran con deleite como maravillas, y el extranjero que se atreviese a burlarse de la institucion, ó á injuriar á un oso ó negarle sus méritos, sería mirado como enemigo del país y del honor nacional.

La industria de Berna es notable por su fabricacion de armas de fuego superiores, instrumentos de precision, máquinas y aparatos, sombreros finos de paja, papeles y cueros curtidos. En cuanto á sus monumentos, aparte de las curiosidades del Lauben (la calle de las Arcadas) lo mejor de la ciudad es: su bella y muy elegante catedral gótica, el espléndido palacio federal (donde funcionan los Poderes de la Confederacion), y el puente de Nydeck, sobre el Aar, obra de arte bien notable, de granito y gres, que costó 600,000 pesos. La catedral tiene todo su mérito en el exterior, ó mejor dicho, en la fachada y su torre única, de 62 metros de altura, de un gusto delicioso y muy seductor. Ese interesante monumento data del siglo XV y muestra las tendencias de trasformacion ó transicion hácia el Renacimiento que dominaron generalmente en la arquitectura gótica de ese tiempo. Como la catedral está destinada al culto reformado, carece en el interior de todo atractivo, y su desnudez no es disimulada sino por una serie de escudos heráldicos alusivos á la historia de Berna y un órgano monumental que casi rivaliza al de Friburgo.

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