CAPITULO V.
LA HOYA DEL ALTO RODANO.
El camino de la «Cabeza-Negra.»—El canton de Valais.—El Valle del
Dranza y Martigny.—El Ródano.
El trayecto que média entre el valle de Chamonix y el del alto Ródano es en extremo interesante, si no bajo su aspecto social (curioso pero subalterno), bajo el punto de vista geológico y topográfico. Allí el viajero se encuentra totalmente rodeado de los magníficos cuadros de la naturaleza alpestre, de tal manera análogos, aunque multiformes, que no se percibe muy fácilmente la transicion al pasar del país monárquico de Saboya á la republicana Suiza.
Caballeros en dos robustas y pacientes mulas y guiados por un excelente muletero, hombre sencillo, inteligente, locuaz, benévolo y muy conocedor del país y de sus tradiciones,—como son casi todos los guias saboyardos,—emprendímos la marcha de Chamonix á Vevey, tomando el camino de la Cabeza-Negra. Es este el ménos elevado y grandioso, pero mas seguro que el del «Cuello-de-Balme», páramo encumbrado donde las borrascas son frecuentes, casi repentinas y temibles en todo caso. La via, que es solo de herradura, gira durante un trayecto de 9 ó 10 kilómetros por el valle del Arve, remontándolo. Poco á poco se va estrechando entre las altas montañas; algunas aldeas, como la muy graciosa de Argentière, se destacan en la planicie y van quedando atras. El lindo valle de Chamonix sigue su curso ascendente, regado por el Arve, hasta el pié de las montañas de Balme. El viajero, torciendo hácia el N. O., comienza á trepar las faldas pedregosas, áridas y tristes y los boquerones abruptos que médian, en la serranía del «Brevent» y las Agujas-Rojas, entre la hoya del Arve y la del Trient, tributarios del Ródano en sentido opuesto.
La vegetacion artificial, las rústicas praderas y los graciosos chalets ó casas de campo alpinas, han desaparecido. Todo á los ojos del viajero es salvaje y solemne. Allí se camina por el fondo de gargantas profundas, ó por encima de faldas muy arrugadas, que se van eslabonando en tortuosos giros, conduciendo al viandante de sorpresa en sorpresa. Donde quiera se alzan peñascos colosales como de una sola pieza, de oscura tinta y medroso aspecto, ora desgarrados en sus flancos por los derrumbes, ora desnudos como torres ó bastiones de fortalezas titánicas, ó cubiertos de malezas y bosques de abetos diezmados por los huracanes.
Poco despues se llega al punto culminante de esas gargantas solitarias, determinándose la opuesta direccion de los sistemas hidrográficos. La hoya del Agua-Negra, riachuelo atormentado que mas abajo reune sus aguas á las del Trient, se abre allí con toda su salvaje hermosura de paisajes, encerrada entre la serranía del Brevent, que va á terminar en Balme, y la que, arrancando en ella del nevado de las Agujas-Rojas, se dirige hácia el norte para terminar en el valle del Ródano, presentando en su curso los bellos nevados del Buet y del grupo de montañas llamado Diente ó Muela-del-Mediodía. El riachuelo del Agua-Negra (L'eau-noire) desciende atropellado y espumoso por un lecho profundo, entrecortado por grandes peñascos de granito y bancos de esquisto arcilloso negro que le dan su turbio color. Donde quiera se multiplican los mas románticos grupos de colinas, faldas arrugadas, ramblas hondísimas y cavernosas y empinados peñascos, en medio de los cuales, al estruendo de numerosas cascadas, á la sombra de bosques vírgenes de abetos y en el fondo de lindas praderas en miniatura, demoran algunas pobres aldeas en las mas pintorescas situaciones.
He ahi la Valorsina, aldea que vive arrullada por los rumores de la Agua-Negra, que recibe el tributo del Barberina, torrente que á corta distancia del camino ostenta los íris de una bellísima cascada de 100 metros de altura. En breve comienza el territorio del canton suizo de los Valles (Valais). La via remonta desfiladeros espantosos, orillando el cerro estupendo de la Gran-Gradería (Le Gros-Perron), base del pico que tiene el nombre de «Cabeza-Negra.» El camino, abierto á pico en la inmensa roca sobre el borde de abismos que amedrentan, pasando hasta por un socavon tallado laboriosamente, hace mucho honor á los Suizos, que manifiestan sumo interes por las vias de comunicacion. Al volver un recodo del desfiladero se encuentra la union de las estrechas gargantas ú hoyas del Agua-Negra y del Trient, riachuelo que desciende del extremo setentrional de los nevados que forman la cadena del Monte-Blanco.
Dos horas despues, cuando se ha salvado el cuello de Forclaz (á 1,516 metros de altura), el viajero pierde de vista esa gran cadena de nevados que queda atras, al sur; los bosques de abetos desaparecen de la via totalmente; las áridas gargantas, los peñascos, abismos y torrentes profundos se alejan; el panorama que se ofrece á los ojos del viandante es enteramente distinto del que ha contemplado con recogimiento: es risueño, apacible y grandioso al mismo tiempo.
La Saboya ha terminado, y el país suizo, lleno de encanto y majestad, desarrolla sus contrastes de ricos y complicados valles y montañas colosales y abruptas. Es el canton vallesino el que allí cautiva las miradas.
El canton de los Valles ó Valais está comprendido entre dos grandes cadenas de los Alpes: la que al sur continúa la del Monte-Blanco y, partiendo límites entre Italia y Suiza, va á bifurcarse en las alturas que médian entre Gries, Fibia, y Mutthorn, separando allí á los cantones del Tesino, los Grisones y los Valles, y la que al norte se desprende del nudo colosal de montañas llamado Diechterhorn, donde tiene sus fuentes el Ródano, y con el nombre general de «Alpes Berneses» va á terminar con una de sus ramificaciones en los contrafuertes de los Diablerets, cerca del lago Leman, entre los cantones de Valles y Vaud. La vasta hoya intermediaria de esas grandes cadenas es la del alto Ródano, que abarca en su totalidad al Canton de que me ocupo. Su territorio es de una hidrografía y orografía tan bifurcadas ó complejas, que en realidad es un conjunto de 41 valles mas ó ménos considerables, surcados por rios todos convergentes hácia el valle central del Ródano. Esa multiplicacion de contrafuertes, valles y rios casi paralelos entre sí y perpendiculares á la línea del Ródano, haciendo juego con las estupendas montañas que sirven de elemento generador del sistema orográfico, le da al canton de Valais, visto desde las alturas, el aspecto mas variado, interesante y pintoresco. Ese canton, que es el tercero de la Confederacion por su extension territorial, numera unos 90,800 habitantes y mide una longitud de 178 kilómetros, de oriente á poniente, por una latitud de 17 kilómetros, de sur á norte.
El Valais es relativamente uno de los cantones pobres de la Confederacion, y bajo un aspecto el ménos afortunado. Exclusivamente agrícola como es, carece de industria y de comercio propio; si bien su desarrollo económico va siendo ya notable, á virtud del ferrocarril que, partiendo de las orillas del lago Leman y remontando el curso del Ródano, llega ya hasta Sion (la capital del Canton) y será continuado hasta salir á la alta Italia por la via del Simplon. No muy tarde se podrá ir de Paris á Milan en ferrocarril, al traves de todas las montañas de Suiza (el Jura, los Alpes, etc.) y de las de la alta Italia. Las viñas ó la produccion de vinos, suaves en lo general, constituyen la base de la agricultura vallesina, y en segundo lugar los cereales, las legumbres y frutas, algunos granos y las modestas crias de ganado vacuno.
El canton de los Valles es, por desgracia, el país clásico del coto y el idiotismo, enfermedades horribles, sobre todo la segunda, que tienen allí los mas aflictivos caracteres. Acaso esa espantosa calamidad (porque en el mundo todo es una cadena de compensaciones) es la causa principal de las virtudes que distinguen á los Vallesinos. El sentimiento de caridad y fraternidad es allí profundo, y el espíritu de dulce y benévola hospitalidad es proverbial y comun. El triste espectáculo de los idiotas (cretins) séres que, si fuese permitida una frase grosera y que puede parecer impía, podrían ser designados con el nombre muy exacto de huevos movidos de la especie humana; ese espectáculo, digo, es profundamente doloroso para el observador filántropo. Esos séres nacidos para la inaccion, fetos hasta la hora de la muerte, en quienes todas las facultades del alma y del corazon parecen ausentes ó en eterno sueño, como si Dios les hubiese negado su inefable soplo, y en cuyas masas inertes el sol mismo parece ser impotente para producir una emocion, han provocado naturalmente una tierna solicitud muy propia para perpetuar las mas dulces inclinaciones. La necesidad de asistir y cuidar á esas criaturas sin vida, como bienaventuradas, y la humildad de carácter que el coto y el idiotismo han inspirado á los pacíficos habitantes del Valais, han alimentado allí las ideas piadosas, las costumbres benévolas, las tradiciones llenas de poesía religiosa, la sencillez en los gustos, la modestia en todas las aspiraciones, y cierta tendencia al ascetismo y la beatitud contemplativa, que dan á las poblaciones una fisonomía particular.
Donde quiera se ven en los caminos públicos, á cortas distancias, dos objetos que llaman mucho la atencion, revelando la índole de los Vallesinos: nichos de piedra establecidos á la vera del camino, conteniendo pequeños altares con Cristos y estatuas de la Vírgen ó de santos, cuajados de votos ó reliquias y guirnaldas de flores y muy venerados por los paisanos; y al lado del nicho sagrado, ó por lo ménos de una cruz, una fuente bien conservada ó una canal de abeto al aire libre, que lanza sobre algun receptáculo de piedra ó madera un hermoso chorro de agua cristalina y deliciosa. El nicho ó la cruz revela el sentimiento profundamente religioso de aquellas gentes; la fuente indica la prevision caritativa, en beneficio del viandante y sus caballerías.
Hasta hace poco tiempo las gentes de los campos alimentaban ciertas preocupaciones groseras que les eran muy nocivas. Creian, por ejemplo, que el nacimiento de un idiota en la familia era una verdadera felicidad, una muestra de la proteccion divina, puesto que el idiota alejaba del hogar muchas calamidades y nacia condenado á purgar con su miserable estupidez é inaccion los pecados de toda la familia. Así, los paisanos léjos de procurar la extirpacion de la enfermedad la sostenian. Hoy esas preocupaciones ó han desaparecido totalmente en algunos lugares, ó en otros se han debilitado tanto que en breve estarán extinguidas. El tráfico con los extranjeros y los demas habitantes de Suiza, el desarrollo dado á la enseñanza primaria y las vias de comunicacion, los esfuerzos hechos por la autoridad pública y las sociedades filantrópicas á fin de extirpar las dos enfermedades, y el despertamiento moral que se va produciendo en esas poblaciones, á virtud de las instituciones democráticas que rigen al Canton y exigen el concurso activo de todos los ciudadanos, van combatiendo con muy buen suceso aquellas calamidades. Ellas son de orígen complejo, puesto que las causas no solo existen en la exposicion de los lugares á los vientos frios de los nevados, la naturaleza de las aguas y del aire atmosférico y un vicio tradicional ó hereditario en la constitucion orgánica, sino tambien en el desaseo, la vida sedentaria y las preocupaciones.
La historia del canton de Valais (cuyo último dominador extranjero fué Napoleon) es poco interesante, aunque las luchas de sus partidos han sido bien tormentosas y sangrientas, á causa de la tenacidad de los anteriores obispos y señores feudales en mantener sus privilegios, monopolios y tiranía, excluyendo al pueblo del bienestar y del gobierno. La constitucion enteramente democrática del Canton data de 1839, y no obstante la reaccion aristocrática de 1844, pasajera, el país continúa regido por instituciones liberales y hombres amigos de la democracia. Agregaré que las lenguas que se hablan en el Canton son la francesa y alemana, bastante alteradas ó convertidas en dialectos ó patués.
* * * * *
Al descender del cuello de Forclaz hácia la llanura de Martigny, el espectáculo que se domina con la vista es tan grandioso como pintoresco. Al frente se ven las complicadas serranías de los Alpes berneses, cubiertas de abetos ó praderas en sus faldas, ó mostrando algunos flancos y picachos desnudos, y en cuyas mas altas eminencias brillan como coronas de diamante los nevados de «Diablerets, Arbelt, Strubel, etc.» En el fondo se ve el valle del Ródano, violentamente truncado en ángulo recto, y los valles convergentes del «Dranza»,—rio que desciende de la cadena suizo-italiana y desemboca en el Ródano cerca de Martigny,—y del Trient, que sale de entre su laberinto de montañas salvajes á engrosar el mismo Ródano un poco mas abajo de la confluencia del Dranza. Por último, al derredor y bajo el paso mismo del viajero, se desarrolla una vasta complicacion de faldas muy accidentadas que ofrecen tres órdenes superpuestos de vegetacion y de paisajes: arriba, en las crestas de los cerros, espesos bosques vírgenes de abetos y pinos, cuya tinta oscura tiene una severidad casi solemne; en el centro descienden, en cien planos inclinados, estrechas hondonadas, vallecitos risueños y lucientes planicies entrecortadas, bosques de avellanos silvestres, hayas y otros árboles de las alturas inferiores, é innumerables huertos y plantaciones de nogales, castaños, cerezos, perales y otros muchos árboles frutales, cultivados entre sementeras de heno, lino, papas y legumbres variadas, árboles que, ora sombrean el camino alineados en calles interminables de tupidas bóvedas, ora se muestran dispersos en mil grupos irregulares, dando á la campiña la mas pintoresca variedad en las formas y las tintas de la vegetacion.—Abajo, en fin, se extienden los viñedos tapizando vastas extensiones, tanto en las colinas y faldas mas vecinas á los valles como en estos mismos, salpicados de villas y aldeas del mas gracioso y original aspecto.
Despues de atravesar la pequeña villa (bourg) de «Martigny», de poco mas de 1,000 vecinos, situada al pié de una montaña y de las ruinas soberbias de un antiquísimo castillo feudal, la via gira enteramente por la llanura del valle del Dranza. Al cabo de veinte minutos el viajero va á reposarse en «Martigny-la ciudad» de los ardores del sol y las fatigas de una marcha de diez horas hecha á discrecion de la mazorral mula. Esa pequeña ciudad, la segunda localidad del Canton, cuenta apénas unos 1,100 vecinos. Se halla situada al pié de la serranía que separa los valles del Ródano y el Dranza y casi en la confluencia de los dos rios, en el centro de una alegre, fértil y bien cultivada llanura. No obstante la originalidad que se nota en la estructura de sus casas y los puentes vecinos, la ciudad de por sí no ofrece interes ninguno, sino como centro del movimiento agrícola del bajo Valais.
Dos horas despues tomamos un tren del ferrocarril, recientemente inaugurado entónces, que conduce á las márgenes del Leman. La campiña es notablemente variada. Dominado y estrechado el valle por los contrafuertes de las dos opuestas serranías, que bajan casi hasta tocarse en San-Mauricio por los estribos del grupo del Mediodía y el de Morcles, donde quiera se ofrece el bello contraste de los inmensos murallones alpestres, de severo aspecto y vegetacion sombría; los grandes derrumbes que surcan las faldas de los cerros; el curso atropellado del Ródano, cuyas cenicientas aguas desbordan sobre la llanura pedregosa, produciendo pequeñas ciénagas, y las alegres plantaciones de todo género en cuyo fondo se destacan numerosas aldeas, no sin gracia en su aspecto, pero desnudas de interes. La bella cascada de Pissevache, producida por el torrente ó riachuelo de Sallenche, que se despeña con estrépito entre gargantas salvajes, llama la atencion por sus formas caprichosas. Mide la caída 64 metros de elevacion, y su espectáculo es de muy agradable efecto sobre la llanura.
San-Mauricio, villa antiquísima y de aspecto enteramente feudal, con 1,250 habitantes, es la única localidad que llama la atencion en todo el trayecto de Martigny al puerto de Boveret en el lago Leman.
Algunos excursionistas muy aficionados á ciertas antiguallas suelen detenerse allí para ver algunas curiosidades de poco valor. En ese punto el ferrocarril se bifurca, con el Ródano de por medio: la línea de la ribera izquierda va á terminar en Boveret; la de la márgen derecha, que es muy reciente, sigue su curso por Bex, Aigle y Villeneuve, costea la ribera setentrional del Leman, por Verey, y sigue por Losana en direccion á varios cantones de la Suiza central y occidental. Un vapor nos condujo, en momentos en que una recia tempestad amenazaba en el lago, de Boveret á Vevey, ciudad interesante y curiosa del canton ó Estado de Vaud.
* * * * *