CAPITULO VI.

EL CANTON DE VAUD.

Territorio y poblacion del Canton.—Su historia;—sus instituciones; —sus producciones;—sus institutos.—La ciudad de Vevey y su panorama.—Objetos interesantes y curiosos.

Si el lector ha acogido con benevolencia el plan que me he propuesto seguir al trazar los rasgos principales de los cantones suizos, en lo moral y material, me permitirá que antes de hablar de las tres ciudades principales de Vaud, que tuve ocasion de visitar, indique brevemente las condiciones características de esa pequeña pero muy interesante república confederada.

El territorio de Vaud (en aleman Waadtland ó Waadt), que es por su extension el cuarto en la Confederacion, pertenece en su mayor parte á la region intermedia ó de alti-planicies ondulosas del centro de Suiza. Limitado del lado meridional por la convexidad del lago Leman, su extremo superior arranca en el valle del alto Ródano, y el inferior toca en los límites de Ginebra, extendiéndose desde las alturas de los Alpes berneses, en la nevera de Diablerets, hasta las del Jura, en las cimas de Mont-d'Or y Dôle, de la frontera francesa. Ese territorio tiene los mas irregulares contornos, partiendo límites en el alto Ródano y los Alpes con los cantones de Valles y Berna, y en la planicie central, al E., N. O, y N., con el de Neuchâtel.

Aunque dentro del Canton existen en totalidad tres pequeños lagos, uno de ellos (el de Joux) de segundo órden, los mas interesantes para Vaud son los de Leman, Neuchâtel y Morat, en que tiene una parte muy considerable de riberas. Mide el territorio vaudense, en su mayor longitud, 100 kilómetros, de N. E. á S. O., encerrando una área de 3,850 kilómetros cuadrados. En su suelo, sumamente risueño y fértil y admirablemente cultivado, llama mucho la atencion la baja y pequeña cadena de montañas del Jorat. Esta, con sus graciosas inflexiones, determina no solo el sistema hidrográfico del Canton, sino tambien las mil ondulaciones pintorescas de los vallecitos y colinas, los planos inclinados y montuosos y las entrecortadas planicies de la parte central del país. Esa cadena, destinada por la naturaleza á mantener el equilibrio entre dos grandes sistemas hidrográficos, nace en Vevey casi sobre la orilla del lago, lo costea siguiendo la direccion E. O. hasta adelante de Losana, y luego se dirige al N. O., apartándose del Leman, hácia Sarraz, al pié de los primeros contrafuertes del Jura. De ese modo, el Jorat es el lazo de union trasversal entre los Alpes berneses y los montes jurásicos.

Bellísima por sus formas y vegetacion,—que ofrecen donde quiera los mas risueños paisajes,—la cadena del Jorat, cuya elevacion alcanza rara vez á 1,000 metros, es interesante por la demarcacion á que da lugar en la agricultura, y por la separacion que produce entre las aguas que vierten sobre el lago Leman, para ir al Mediterráneo, y las que tienden hácia la hoya del Aar para descender por el Rin al mar del Norte, en direccion absolutamente opuesta. El rio Venoge que, como sus tributarios, nace en las montañas del Jura y afluye al Leman, entre Morges y Ouchy, es el único centro hidrográfico de alguna consideracion que corresponde á la hoya del Ródano. Al lado opuesto de los montes de Jorat corren: el Orbe, cuyas aguas son la base principal del lago de Neuchâtel, y el Broya (Broye), que riega los cantones de Vaud y Friburgo, forma el pequeño lago de Morat y afluye luego al de Neuchâtel. El Sarina, centro hidrográfico de Friburgo, riega tambien una pequeña parte de Vaud en la region montañosa de los Alpes berneses.

Si en las extremidades del Canton, es decir en las montañas alpinas y jurásicas, la composicion geológica, la vegetacion, la agricultura, la ganadería, la industria y las costumbres tienen respectivamente las condiciones comunes á las altas regiones de Suiza, en la parte central, doble regazo de los montes del Jorat, todo tiene un aspecto que alegra la vista y seduce al viajero,—todo sigue las leyes físicas y económicas de las planicies secundarias. Allí se manifiesta la vida en todas partes, llena de poesía, frescura y lozanía.

El territorio está naturalmente dividido en tres regiones que tienen su aspecto y vegetacion particulares. En la montañosa, principalmente del lado del Jura, se ven ricos prados naturales, poblados de pastores, ganados, queserías y chalets, y de extensos y espesos bosques de pinos, hayas y abetos explotados para el comercio de maderas. En las faldas y planicies ondulosas del sistema jorático, innumerables plantaciones de tabaco, cereales, lino y cáñamo, plantas oleaginosas y medicinales, crias de excelentes caballos, y bellísimos bosques ó huertos de árboles frutales muy aprovechados, tales como la higuera, el almendro, el olivo, el castaño, el manzano y el nogal. Por último, sobre la ribera del Leman (y en parte sobre las de los lagos de Neuchâtel y Morat) se extiende una ancha faja de mas de 50 kilómetros de longitud, cuyo suelo se compone de colinas suaves y planos inclinados hácia el lago; faja enteramente cubierta de viñedos innumerables y salpicada de villas ó pequeñas ciudades, aldeas, caprichosos caseríos y graciosas quintas ó habitaciones campestres. Es sobre esa larga faja que demoran casi todos los centros de poblacion mas importantes, cuyos campanarios, casas y terrazas se miran en el límpido y azul espejo del Leman. La explotacion de bancos de sal gemma y fuentes saladas y de ricas minas de asfalto, mármoles, hierro, piedras importantes, azufre, hulla y otras sustancias, le da tambien al Canton, en notable proporcion, el carácter de minero[14].

[14] Se hace tambien en las montañas un considerable cultivo de genciana, sustancia que se destila y exporta en gran cantidad.

La poblacion de Vaud, que en 1837 era de 183,582 individuos, y en 1850 de 199,575, subió en 1860 á 213,606. Cerca de la vigésima parte se compone de ciudadanos de otros cantones y unos 3,500 extranjeros. La religion reformada ó calvinista es la que profesa la inmensa mayoría de los habitantes, en términos que solo cuatro pequeños distritos son principalmente católico-romanos, no excediendo su número de unos 7,000 en todo el Canton y de 400 el de los judíos. Si bien se hablan algunos dialectos en que entran mas ó ménos las lenguas francesa y alemana y algunas palabras de idiomas indígenas extinguidos, el frances es el idioma social y oficial de los Vaudenses. Sinembargo, no es difícil distinguir por el acento la diferencia entre un habitante del país y un frances.

La poblacion de Vaud se distingue por su moralidad, su amor á la paz y el trabajo, su carácter dulce y honrado, su espíritu de investigacion, independencia personal, fraternidad ilustrada y liberalismo democrático. Admira realmente la calma y sinceridad de conciencia con que el pueblo vaudense delibera y resuelve, reunido en comicios, sobre los intereses públicos, y el entusiasmo perseverante con que se sostienen allí, en todas las ciudades y villas, numerosas asociaciones científicas, literarias, industriales, patrióticas, etc., que gozan de plena libertad y ejercen fecunda accion sobre el progreso moral, intelectual y material. Los ferrocarriles y caminos, la navegacion de los lagos, las escuelas populares, los colegios, museos y bibliotecas, los institutos de caridad, beneficencia, crédito y economía, y cuantos pueden distinguir á una sociedad civilizada, son atendidos con gran solicitud por las autoridades y los ciudadanos, y no hay progreso que no encuentre acogida simpática entre los Vaudenses, dignos émulos de los Ginebrinos.

La historia de Vaud tiene mucha analogía con la de Ginebra: la misma sucesion de conquistas y dominaciones bajo los Romanos, los Bárbaros, los Francos y Burguiñones, los condes de Saboya, los obispos y condes del país, y los Franceses desde 1798 hasta 1814. Sinembargo, Vaud estuvo sometido en los últimos siglos (de 1536 á 1798) á la dominacion de Berna, que no llegó á pesar sobre Ginebra. La revolucion francesa independizó al país de Vaud respecto de Berna, haciéndolo figurar en diversas combinaciones de Napoleon. Así, de 1798 á 1803 fué primero República lemánica; despues hizo parte de la República rodánica (bajo la proteccion francesa), y al cabo fué Canton independiente confederado á Suiza. Su constitucion con este carácter data de 1803, ratificada luego por los tratados de 1815. Por lo demas, los Vaudenses han sido poco belicosos, como lo indica la ausencia de fortificaciones en sus principales ciudades, excepto en Losana (donde las han demolido) y en la pequeña ciudad interior de Romont.

La poblacion vaudense está muy esparcida en los campos y en pequeñas ciudades, aldeas y distritos, circunstancia que explica bien el esmero con que están cultivadas todas las campiñas, graciosamente salpicadas de casas de labor y alegres quintas.

El Canton está dividido en 19 circúitos político-judiciales, 60 círculos electorales con jueces de paz, y 388 distritos ó comunes con municipalidad, aparte de las aldeas que, por su pequeñez, carecen de personalidad política. Así, el término proporcional es de unos 500 habitantes por distrito.

Los centros político-sociales mas importantes del Canton son diez, de los cuales siete corresponden á la hoya del Ródano y tres á la del Aar ó el Rin. Los primeros son:

Losana, ciudad algo industrial, que cuenta cerca de 20,500 habitantes.

Vevey, centro muy fabril y comercial, con 5,500.

Morges, ciudad comercial, con 3,500.

Bex, situada en el valle del Ródano y notable por sus salinas, con 3,200.

Nyon, con 2,600, y Rolle con 1,400 en la ribera del Leman.

Villa-nueva, con 1,300, puerto importante del extremo oriental del lago y punto de escala para el comercio que toma la via que conduce de Ginebra á Milan por el Simplon.

En las comarcas interiores solo tienen importancia algunas pequeñas ciudades: Iverdun, con 3,800 habitantes, situada en el extremo meridional del lago de Neuchâtel, notable como punto de escala comercial y de la navegacion por vapor; Moudon, con 2,450 vecinos, una de las mas antiguas ciudades de Suiza, y Romont, plaza fortificada (con 1,250) muy frecuentada por los agricultores á causa de sus férias de ganado y caballos.

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El canton de Vaud estuvo en 1814 á punto de perder su autonomía, y para salvarla hubo de hacer el sacrificio de algunas libertades.

Hasta 1830 conservó su primera constitucion cantonal, pero la impulsion dada al movimiento liberal en Europa por la revolucion francesa de julio, provocó en Vaud una reforma democrática exigida por el pueblo en masa. Con todo, la reforma de 1831 pareció mas tarde insuficiente, y en 1845 una nueva revolucion hizo surgir la constitucion vigente hoy que es completamente democrático-republicana[15].

[15] En 1861 se ha votado una importante reforma constitucional mas avanzada aún en el sentido democrático.

Conforme á ella todos los hijos ó vecinos permanentes del Estado, de edad de 23 años, son ciudadanos y ejercen la soberanía en comicios ó asambleas, ó eligiendo sus representantes. El pueblo se ha reservado el poder constituyente y solo delega la autoridad legislativa, ejecutiva y judicial, en los negocios generales. En los distritos que tienen ménos de 600 habitantes, ejerce el poder administrativo y legislativo propio un Gran-Consejo, enteramente patriarcal y democrático, que se compone de todos los jefes de familia mayores de 25 años. En los distritos de mayor poblacion, la autoridad legislativa es confiada á un Consejo comunal de eleccion popular, compuesto de 25 á 100 vecinos; y la administracion y policía están a cargo de una municipalidad presidida por un sindico.

Los circúitos en que se divide el Estado son administrados por prefectos. El poder legislativo cantonal reside en un Gran Consejo, compuesto de 195 miembros elegidos popularmente por los círculos, el cual se reune en Losana dos veces por año en sesiones ordinarias, sin derecho á remuneracion. Los poderes de los representantes duran cuatro años. El Gran Consejo nombra los diputados á las Cámaras de la Confederacion y los altos funcionarios, entre estos los 9 miembros del Consejo de Estado, que ejerce el poder ejecutivo por períodos de seis años. Esos 9 consejeros deben salir del seno del Gran Consejo, y ellos nombran anualmente de entre sí el presidente ó jefe del gobierno. El órden judicial está bajo la dependencia del cuerpo legislativo. El Estado atiende á todas sus necesidades con un presupuesto anual de unos 550,000 pesos.

En Vaud están abolidas desde hace algunos años las penas de muerte, trabajos forzados en presidio, vergüenza pública y confiscacion. El sistema penitenciario es enteramente análogo al de Ginebra, y el bello panóptico de Losana es el primero que se ha fundado en Europa. Los vaudenses y demas residentes gozan de la mas amplia libertad de religion, publicidad, instruccion, locomocion, asociacion, etc. Excepto las vias de comunicacion y la enseñanza pública gratúita, que el Estado sostiene, las manifestaciones de la actividad social pertenecen á la iniciativa privada. Es tan grande el interes que allí se tiene por el progreso de la instruccion pública que casi no hay una ciudad que no tenga su biblioteca bien surtida, su museo y muchos institutos y colecciones importantes. Hay en el Estado cerca de 800 escuelas primarias, 10 colegios comunales y 22 escuelas secundarias, unas clásicas y otras politécnicas. Allí se mira con particular atencion la ciencia económica, y no ha muchos meses[16] que Losana reunió un congreso y un concurso de economistas europeos para combinar el mejor sistema de impuestos. Es muy pequeña en el Estado la minoría de los individuos que carecen de alguna instruccion.

[16] En 1861.

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De las localidades de Vaud en que tocamos, tres nos llamaron particularmente la atencion y á ellas reduciré algunas rápidas observaciones.

Vevey, donde desembarcamos al atravesar el Leman desde Boveret, es una ciudad tan graciosa por su estructura, su admirable situacion y sus bellos paisajes de las cercanías, como interesante por su movimiento social. Arrancando desde la ribera misma del lago, en cuyas ondas baña sus pequeños muelles, sus elegantes quintas, terrazas y jardines y los muros de muchas de sus casas, se extiende primero sobre un terreno llano de poca extension y luego trepa por en medio de viñedos y huertos hasta la colina que la domina, la cual sirve de asiento á la catedral de San-Quintin y varias obras de un antiguo castillo, limitados por una gran terraza que sombrean frondosos olmos y castaños. Al pié de los muros que sostienen la ciudad del lado del lago se balancean en las ondas numerosos barquichuelos barnizados con vivos colores, y de todas partes se levantan mil rumores llenos de poéticas armonías. El hotel mismo de las «Tres-Coronas» en que nos alojamos, extiende sus terrazas elegantes hasta el lago, repletas de flores y arbustos, entre otros el naranjo, el jazmin y el habano de hojas lanceoladas, plantas que crecen al aire libre y en plena tierra, como en los climas meridionales.

Vevey, rodeada de ondulosas colinas y lindas laderas, y en cuyas cercanías son numerosos los bellos puntos de vista y agradables paseos, ofrece uno de los mas encantadores panoramas que se pueden imaginar, sobre todo si se la contempla desde la terraza ó la encumbrada torre de San-Quintin, monumento gótico de estilo muy sencillo y severo. Al pié se desarrolla la ciudad como un jardin de los mas variados contornos y colores; despues se extiende el vasto lago, tranquilo y murmurante, lleno de luz y poesía y surcado por numerosos vapores, buques de vela y barcas y faluchos de remos, y limitado en su márgen meridional por la barrera abrupta, rocallosa y severa por su sombría vegetacion, que forman las montañas de Saboya ó de la antigua provincia de Chablais. En la ribera misma, al pié de esas montañas, se ven las pequeñas localidades de Meillerie y San-Gingolfo (donde comienza la nueva frontera de Francia), puertos dominados por los contrafuertes y las altas cimas del Diente-de-Oche y Chaumeny. Mas léjos se levanta el magnífico grupo nevado del Diente-del-Mediodía y detras y al S. E., en un inmenso horizonte de colosos de granito, las inextricables y estupendas montañas que forman las cadenas del Monte-Blanco y el San-Bernardo. Nada mas majestuoso en su género que esas montañas empinadas casi verticalmente sobre el lago, cubiertas de bosques seculares y sombríos, con algunas praderas naturales en las estrechas faldas, salpicadas de numerosísimos chalets ó casas de pastores que de léjos parecen microscópicas moradas de animales alpestres.

Si se torna la mirada á derecha é izquierda, sobre la costa misma de Vevey, se ve donde quiera un enjambre pintoresco de casas de campo y viñedos entrecortados por cercas de palos, y sostenidos en anchos anfiteatros de muchos escalones por pretiles ó muros de construccion sólida y sencilla que impiden los derrumbes del terreno. Aquello es una inmensa ola de sarmientos que las brisas encrespan, y cuyo verde claro hace el mas gracioso juego con el azul turquí resplandeciente del lago y las lejanas tintas oscuras de las montañas. Es imposible no sentirse profundamente seducido por los encantos de ese incomparable panorama, lleno de risueña poesía, de promesas de amor y dulce movilidad en su conjunto y sus pormenores. No es, pues, extraño que Vevey sea en Europa una de las residencias predilectas de los extranjeros que viajan en solicitud no de los placeres del juego, las vanidades del lujo y las emociones violentas, sino de la calma de la naturaleza, la dulzura del clima y los goces moderados y delicados. Baste decir que Vevey ha sido visitada con delicia por Voltaire y J. J. Rousseau, Byron y Víctor Hugo y mil viajeros eminentes.

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Aquella ciudad sorprende bajo el punto de vista social, no solo al hijo de las comarcas solitarias ó salvajes de Colombia sino tambien á los habitantes de las capitales europeas. En Europa, en lo general, una localidad de 5,000 habilantes es un átomo; y sinembargo, son muchas las ciudades de 25 á 30,000 vecinos que carecen de verdadera cultura. En Suiza, donde, á excepcion de las montañas, todo es pequeño, gracioso y esmerado, las pequeñeces valen mucho y los pormenores son todo. Es ciertamente admirable hallar en la modesta ciudad de Vevey, de poco mas de 5,500 habitantes, un gran número de institutos y todas las comodidades de la vida, que regularmente no se encuentran sino en las grandes ciudades muy avanzadas en civilizacion. Si las condiciones físicas del país han favorecido ese desarrollo, no puede negarse que la libertad individual y colectiva, la bondad de las instituciones y el espíritu de independeneia y dignidad que engendra el calvinismo, aliado á las generosas cualidades de la raza francesa, son las causas principales.

En efecto, Vevey contiene, entre otras cosas interesantes: dos bibliotecas, la una religiosa y popular y la otra de la ciudad, con 13,000 volúmenes; un número muy considerable de colegios, escuelas, hospitales, hospicios y otros institutos de enseñanza y beneficencia; varios pequeños museos ó colecciones científicas, literarias y artísticas; tres círculos, con gabinetes de lectura; muy buenos edificios para todos los servicios públicos; excelente alumbrado de gas, muelles y mercados; centenares de talleres y pequeñas fábricas, y una multitud de sociedades que atienden á los intereses literarios, religiosos, económicos, etc. Son muy notables entre ellas las de mosqueteros, arcabuceros y carabineros, que se ejercitan en el tiro,—instituciones esencialmente nacionales y muy interesantes por su carácter político-social en Suiza, donde cada ciudadano es un soldado en reserva y las montañas hacen vivir al cazador.

Vevey no solo es un centro de primer órden en el Estado, en la produccion y exportacion de vinos (blancos y muy suaves, del género Champaña), sino que es notable por la explotacion de mármoles y otros objetos minerales, la fabricacion de relojes, joyas y máquinas, el comercio de maderas y la cria de gusanos de seda. Asi, aunque por su poblacion es la segunda ciudad vaudense, es la primera por su industria y comercio.

Entre las asociaciones libres de Vevey hay una que, ademas de ser curiosa por las tradiciones y costumbres que mantiene, da la medida del interes que allí se toma por la agricultura, y de la fecundidad del espíritu de asociacion: hablo de la Abadía de los Viñadores, congregacion muy antigua de los cultivadores de viñas y propietarios mas interesados en ellas. Teniendo por divisa las palabras Ora y trabaja, su objeto no es otro que el de favorecer la prosperidad de las viñas y sus cultivadores. Así, todos los años envia comisionados á recorrer minuciosamente los viñedos del distrito, y en virtud de sus informes la congregacion discierne premios á los cultivadores que mas se distinguen y toma las medidas necesarias para mejorar el cultivo, ensanchar el comercio de vinos veveisinos y extirpar toda enfermedad ó mal que pueda atacar á los viñedos. No es ménos curiosa la Fiesta de los viñadores, que estos celebran cinco ó seis veces en cada siglo, en las épocas de grandes cosechas,—fiesta que, según nos contaron, ofrece las mas singulares escenas de costumbres, y tiene cierto carácter pagano que la hace muy original en la época presente.

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