CAPITULO VII.

VAUD Y NEUCHATEL.

Losana y sus cercanías.—Sus monumentos é institutos.—De Losana á Iverdun.—Iverdun.—El lago de Neuchâtel.—El Canton.—Su historia.—Sus instituciones y productos.—El régimen comunal.—La ciudad de Neuchâtel.—Un panorama suizo.

El sol de la tarde brillaba con melancólica hermosura sobre las crestas de las montañas jurásicas y el lago y las campiñas riberanas, cuando nos embarcamos en el vapor Aigle y nos dirigimos hácia el puerto de Ouchy, costeando la ribera setentrional. Las brisas rizaban las ondas del lago, resplandeciente y lleno de murmullos deliciosos, como agitaban las guirnaldas de tupidos sarmientos en los viñedos de la costa; y en el fondo de ellos, á 100 metros de distancia, vimos destacarse cinco ó seis pueblecitos ó aldeas llenos de gracia en sus pormenores, y como descendiendo de sus suaves colinas en pintoresco desórden, para bañar en el lago los festones y las terrazas de sus alegres casitas. Cada uno de esos pueblecitos parece el original de uno de esos pesebres ó nacimientos tan populares en las sociedades españolas en el mes de Navidad.

Ouchy, pequeño caserío de la ribera, sombreado por hermosas arboledas y rodeado de quintas elegantes, jardines y parques, es el puerto de Losana. Allí mismo, ó á muy corta distancia, existió la antigua Lausanium, destruida en el año de 563 por el choque violento de las aguas del lago, producido por la caída de una montaña en la ribera opuesta. Los habitantes, aterrados, buscaron el sitio mas alto de la comarca vecina y en él fundaron á Losana, con increíble capricho, á tres kilómetros de distancia de Ouchy. Un ómnibus nos condujo inmediatamente á esa ciudad, por un amplio camino, que en realidad es una inmensa calle orillada por quintas suntuosas y terrazas, parques de espeso follaje y jardines cargados de perfumes.

La ciudad, cortada en el fondo por dos arroyos que se juntan en profundas ramblas, demora sobre tres colinas y sus faldas interiores y estrechos vallecitos intermedios. Así sus formas son tan irregulares y complicadas que llegan hasta la extravagancia. Sus calles, casi todas estrechas, oscuras, tortuosas y muy pendientes, forman un laberinto de cuestas que obligan á subir ó bajar en todo caso. No ha mucho la comunicacion entre las calles de las tres colinas era muy lenta y penosa; pero luego el magnífico puente Pichard (que reposa sobre una doble arcada y mide 180 metros de longitud, de una colina á otra), algunas calles que faldean esas colinas y los hermosos caminos de ruedas y paseos exteriores, han mejorado mucho la ciudad y facilitado el movimiento de las gentes y de los carruajes.

Nada mas extraño que el contraste que ofrecen los primorosos contornos de Losana (donde todo respira alegría y el horizonte se abre en derredor lleno de encantos), contornos que son enjambres de jardines y elegantes quintas, y el aspecto interior de la ciudad, feo y repelente en lo general, á pesar de algunos graciosos edificios modernos. Losana se compone de tres partes muy distintas, que revelan su orígen ó la época de su fundacion: la una, la mas alta, es la Cité ó Ciudad propiamente dicha, donde se establecieron en la edad media el obispo y los canónigos. Allí se hallan la Catedral, el antiguo palacio episcopal y el castillo fuerte de los viejos tiempos, ya desmantelado y trasformado. El aislamiento del pequeño mundo clerical era tan completo, que una muralla separaba la ciudad ó fortaleza eclesiástica del barrio aristocrático y el mercantil ó plebeyo. En aquellos tiempos en que la iglesia era militante y cada obispo un soberano mas ó ménos poderoso, el templo tenia por lo común el aspecto ó la posicion de una fortaleza, y cada canónigo tenia el aire de un combatiente.

Los nobles edificaron sus residencias sobre la colina de Bourg (la Villa), miéntras que los negociantes y plebeyos, los verdaderos ciudadanos, se establecieron en la ladera de San-Lorenzo y las honduras pantanosas de la Palud, formando el arrabal ó faubourg, es decir la falsa-villa. De ese modo, como dice un autor muy entendido en la materia, regían simultáneamente en la triple ciudad tres derechos: el canónico en la ciudad; el germánico en la villa noble; y el derecho popular ó revolucionario, preludio de la democracia, en los arrabales de la vecindad ó burgosía, organizados en numerosas cofradías, según las industrias, y regidos por las libertades conquistadas palmo á palmo en la lucha tenaz contra los señores feudales, y no pocas veces contra el alto clero tambien.

La reunion de las tres partes de Losana no se efectuó sino en 1481, y poco despues la ciudad entera se constituyó segun los principios de todas las ciudades libres de Suiza, gobernada por un gran consejo y aliada con Berna y Friburgo. Mas tarde la muralla divisoria desapareció enteramente, y así como la reforma religiosa niveló el derecho de las conciencias, nobles y plebeyas, las revoluciones políticas pusieron al pueblo en posesion de su soberanía.

En Suiza, país tan visitado por los excursionistas europeos, se encuentra á cada paso algun sitio que conserva el recuerdo de uno ó mas personajes célebres. Asi, el hermoso hotel Gibbon en que nos hospedamos, y cuya situacion es muy feliz para contemplar el panorama del Leman, ocupa el lugar de un antiguo jardin donde el ilustre historiador inglés de aquel nombre escribió, según afirman, en 1787, las últimas páginas de su bella «Historia de la decadencia y ruina del imperio romano». Voltaire se encantaba con su residencia en Losana, y allí se reunieron con frecuencia muchos hombres ilustres, tales como Fox, Mercier, Raynal, Servan, Brissot y Zímmermann. El extraordinario Byron, el bardo atrevido inspirado por la terrible musa del resentimiento y del orgullo herido, escribió, según cuentan, en dos dias, detenido en Ouchy, su magnífico poema del «Prisionero de Chillón.»

Si el tránsito por las calles interiores dé la ciudad es desigual y desapacible, á causa, de las subidas y bajadas, la tristeza de las callejuelas tortuosas y el aspecto poco agradable de la generalidad de los edificios, muy al contrario, el espectáculo que se domina desde los puntos culminantes de las colinas es encantador, sea que se abarque con la vista la extension del lago y de las montañas que lo rodean, coronadas á lo léjos de nevados, sea que se torne la mirada en derredor de la ciudad misma, por su risueño término, ó en direccion á los graciosos montes del Jorat. Todo ese país circunvecino forma un admirable paisaje, comprendido entre aquellos montes y el lago, repletos de viñedos y otras plantaciones y salpicado en todas partes de jardines y parques, huertos de simétrica verdura, quintas que reposan sobre elegantes terrazas, é innumerables casitas campestres que parecen desgranadas de los pueblos vecinos.

Losana tiene pocos monumentos importantes como obras históricas y de arte superior, pero no carece de todo interés bajo ese aspecto. Una gradería de 300 escalones de piedra, pendiente casi como una escala, conduce del centro de la ciudad á la cima ó pequeña alti-planicie donde tienen su asiento la Catedral, el Colegio académico (especie de Universidad cantonal), el viejo Castillo, resto de construcciones feudales, donde reside el Consejo de Estado, y las «Casas cantonales», donde se reune el Gran Consejo y funciona el Tribunal del Estado. Amigo como soy de las comparaciones y de buscar la significacion de los contrastes, confieso que me sentí encantado al recorrer esa pequeña alti-planicie, en cuyos edificios veia la prueba del progreso humano y de los triunfos de la democracia.

En efecto, la historia entera de los pueblos parece concretarse en la coexistencia actual de aquellos edificios. La catedral, símbolo del cristianismo, subsiste allí despues de nueve siglos, y representa la renovacion de las sociedades y la inmortalidad de los principios esenciales del cristianismo, puesto que, habiendo sido en sus primeros siglos catedral católico-romana, el pueblo la convirtió en catedral reformada, sin mas operacion que la de suprimir las imágenes y algunos símbolos. El templo queda siempre venerable, porque representa la libertad de la conciencia humana en su culto de adoracion al Ser Supremo, El castillo feudal, fundado para sostener la dominacion despótica sobre los pueblos, es hoy el asilo de otro poder, de un Consejo que ejerce la autoridad basada en la ley, inspirada por el derecho común, limitada por el deber y la opinion. Los bastiones y las otras obras de la antigua fortaleza clerical, donde un tiempo reinara la autoridad que se llamaba infalible y monopolizaba el saber, han desaparecido para dar lugar al Colegio académico, símbolo de la libre discusion y de la universalidad de la luz intelectual. En fin, ese pueblo que en un tiempo se viera reducido a sus pantanos del fondo de Losana, ha luchado sin tregua, y al fin, escalando la colina «sagrada», ha plantado en la cima su bandera y edificado su palacio, donde legisla el Gran Consejo en nombre de la soberanía, la libertad y la igualdad del pueblo.

La catedral es considerada con razón como una de las mas hermosas de Suiza, lo que no es mucho decir, sinembargo, porque ese país no brilla, en la generalidad de sus ciudades, por los monumentos de arquitectura superior. Sus mejores monumentos son sus montañas y sus lagos, donde el Suizo se manifiesta pastor y fabricante, libre, independiente, laborioso, honrado y sencillo. Aquella catedral, fundada en el año 1,000, construida en el siglo XIII y reconstruida en parte a principios del XVI, ofrece en sus formas y adornos el contraste de varios estilos de arquitectura gótica, Su mayor elevacion es de 60 metros, por 93 de longitud, y su forma es la de cruz latina, tan usada en las catedrales de la edad média. En una de sus torres (la que esta completa) contiene los archivos del Estado, y en el interior del templo se encuentran no pocas bellezas de escultura y algunas curiosidades históricas. Desde lo alto de la terraza (á 47 met. de altura sobre el suelo del templo) dominada por el beffroi ó torre-atalaya, se contempla uno de los mas bellos panoramas de Suiza.

En la parte baja de la ciudad se encuentra la Casa municipal, y no léjos de ella el Hospital cantonal, edificios importantes pero sin interés artístico. Losana es notable por sus numerosos institutos de enseñanza, beneficencia, etc., y entre los primeros es muy digno de atencion el mencionado Colegio académico. Este contiene cerca de 50,000 volúmenes en dos bibliotecas (la una cantonal y la otra de los estudiantes), un excelente gabinete de física, el museo cantonal (bien provisto y ordenado), la escuela normal, etc. Como se ve, la pintoresca Losana, cuyos habitantes muy simpáticos se distinguen por su moralidad y amabilidad, es bien digna de ser la capital de uno de los mas prósperos y estimables Estados de la Confederacion, que puede figurar como un modelo en Europa.

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De Losana a Iverdun el ferrocarril recientemente construido toca en cuatro ó cinco pequeñas localidades ó estaciones que carecen de todo interés; pero gira por en medio de campiñas pintorescas y risueñas (cortando los montes del Jorat) cuyo aspecto hace muy gratas las pocas horas del trayecto. Es un país accidentado por multitud de pequeñas colinas y suaves ondulaciones, que determinan una sucesion caprichosa de llanuritas y vallecitos llenos de lozanía, poblados de huertos, diversas plantaciones y bosques productivos, en cuyo fondo se destacan muy graciosamente las casas campestres del estilo peculiar de Suiza.

Se echa de ver que el bienestar reina en esas campiñas, al reparar la dulce y contenta fisonomía de los campesinos, la pulcritud y propiedad de sus vestidos, la belleza candorosa de las mujeres, la robustez algo rubicunda de los niños, el órden y holgura de las habitaciones, y el esmero con que son cultivadas las tierras. Y esas gentes, realmente sencillas, nada tienen de rústicas sinembargo: saben leer, escribir y calcular, en lo general, comprenden sus derechos y deberes civiles y políticos, y tienen esa conciencia de su personalidad que les viene de la libertad, del trabajo independiente y de las prácticas sencillas y austeras de la religion reformada. En el seno de esas poblaciones laboriosas el sacerdote es un hermano, un verdadero pastor, porque no domina ni explota las conciencias, tiene instruccion sólida, vive modestamente, sin aspiraciones políticas, ni á ser canónigo ni obispo, es padre de familia, y como tal sus intereses están en perfecta armonía con los de los ciudadanos.

Iverdun demora sobre la márgen derecha y una pequeña isla del Orbe, á muy corta distancia de la desembocadura de ese pequeño rio en el lago de Neuchâtel y al extremo de una fértil y bien cultivada llanura. Esa ciudad ha adquirido notable incremento de pocos años acá, a causa del ferrocarril que la comunica con Losana, Morges y Ginebra, que se acaba de ligar con otro que de allí gira por Neuchâtel en direccion á Solera y Basilea. Como la ensenada que forma el Orbe es el puerto de los vapores y las barcas de remolque ó vela que navegan el lago, el movimiento comercial de Iverdun es considerable. Compónese la ciudad de tres grandes calles paralelas, en su parte principal, y solo es notable en cuanto á su estructura por las formas extrañas y el color amarillento de las casas, y un antiguo castillo feudal flanqueado en sus cuatro esquinas por torreones de severo aspecto.

Iverdun esta rodeada de hermosas arboleda y paseos, y así tan pequeña como es (con solo 3.800 habitantes) se distingue por la posesion de una biblioteca pública, un colegio, un hospital, varias escuelas y casas de educacion y varios institutos de beneficencia y economía. En Suiza no hay una ciudad, por pequeña que sea, que no posea—como las mejores pruebas de civilizacion, fraternidad é interes por la cosa pública—estos elementos: una ó mas bibliotecas públicas, museo mas ó ménos surtido y ordenado, caja de ahorros, colegio, numerosas escuelas, hospital y hospicio. En vista de esto es fácil comprender por qué el pueblo suizo es uno de los mas honrados, libres é instruidos que se conocen, relativamente á la estrechez de su territorio, lleno de obstáculos, inhabitable en mucha parte y encerrado entre montañas en el centro de Europa.

Iverdun conserva piadosamente la memoria del célebre Pestalozzi, fundador del método de enseñanza primaria mas popular y fecundo: hombre pobrísimo (como casi todos los grandes benefactores) cuya vida fué una serie de actos de abnegacion en obsequio de la infancia ignorante y desvalida. Fué en esa humilde ciudad donde Pestalozzi ensayó y probó durante muchos años la excelencia de su método; y todavía subsiste allí una casa de educacion dirigida por uno de sus discípulos.

En Iverdun nos embarcamos á bordo de un bonito vapor para surcar el lago hasta Neuchâtel. Sus ondas de color verde claro son bellísimas, aunque no comparables con las del Leman. La ribera del lado derecho ó N. E. es triste y desapacible, y en sus rocas abruptas y elevadas, de estratificacion caliza, que las ondas golpean con violencia, se ve casi reinar la soledad, porque los puertos son rarísimos y la poblacion escasa. Pero del lado S. O. el aspecto de la ribera y las colinas y montañas circunvecinas es pintoresco y animado. Por allí gira el ferrocarril de Neuchâtel, cuya construccion ha exigido en muchos trechos costosos trabajos de mina en las rocas, ó nivelaciones entre las ondas del lago. Desde sus playas cascajosas el terreno se levanta en planos inclinados y muy ondulosos, enteramente cubiertos de viñedos; pequeñas y graciosas poblaciones lo salpican[17] situadas sobre la ribera, y luego, elevándose en una sucesion de colinas mas ó ménos empinadas y rocallosas, va á confundirse con las montañas del Jura, cuyos mas bajos estribos y contrafuertes bajan hasta el lago mismo arrojando por sus hondas ramblas algunos arroyos. Esas montañas tienen un aspecto infinitamente ménos majestuoso que las alpinas, siendo mas bien risueñas por sus menudas formas y vegetacion variada.

[17] La mas notable es la villa de Grandson, perteneciente á Vaud, que tiene 1,500 habitantes.

El lago de Neuchâtel (en aleman Neuenburger-See) da riberas á cuatro cantones circunvecinos: Vaud, Neuchâtel, Berna y Friburgo; mide 27 kilómetros de longitud de sur á norte, por 6 de anchura, y contiene de área 242 kilómetros cuadrados. Su profundidad es considerable, pero no excede de 150 metros; y es muy notable por sus frecuentes y violentas borrascas, bastante peligrosas para la navegacion porque son casi siempre repentinas y los puertos carecen de abrigo.

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Antes de hablar de la ciudad de Neuchâtel, una de las mas graciosas de Suiza (aunque casi todas demoran á orillas de lagos ó de rios, en situacion muy pintoresca), resumiré las mas importantes nociones relativas al Canton ó Estado. El territorio neuchâtelés se extiende en su region baja sobre las dos terceras partes de la ribera occidental del lago, y siguiendo la orilla izquierda del rio Thiele, que es el desaguadero de aquel, abarca una pequeña porcion de la ribera tambien occidental del vecino lago de Biena (Bienne), que es en cierto modo la reproduccion reducida del de Neuchâtel. De resto, el Canton se extiende sobre las tres cadenas paralelas del Jura, y aunque contiene algunos estrechos valles intermedios es esencialmente montañoso. Parte límites al O. con Francia, al S. con el canton de Vaud, al N. con el de Berna, y al E. tiene el lago de por medio respecto del canton de Friburgo. Su mayor longitud es de 43 kilómetros, su mayor latitud de 20, y contiene en su área 7,678 kilómetros cuadrados. La poblacion del Canton alcanzó en 1860 á 87,847 habitantes, incluyendo unos 15,000 suizos de otros cantones y mas de 3,000 extranjeros, la mayor parte franceses. La igualdad de lengua y religion (francesa y reformada) hace que Neuchâtel, Vaud y Ginebra formen un grupo de pueblos completamente análogos. En todos tres domina plenamente en las instituciones el radicalismo democrático, la industria es homogénea en tres de los ramos principales (fabricacion de relojes, produccion vinícola y corte de maderas), y las costumbres y el carácter y espíritu de los habitantes los hacen muy análogos. En realidad se pudiera definir á los Ginebrinos, Vaudenses y Neuchâteleses, llamándolos: Franceses serios. Si la religion reformada les ha inspirado el espíritu de independencia personal y creencia razonada y profunda, la república democrática los ha fortalecido en el amor á la libertad y el horror por el tutelaje oficial.

La historia del canton de Neuchâtel (Castillo-nuevo, nombre derivado de su orígen feudal) es tambien análoga á la de Ginebra y Vaud, en cuanto á los Francos, el antiguo reino de la segunda Borgoña, las luchas con los condes de Saboya y los Berneses, etc. A virtud de enlaces de familia de los antiguos dominadores de Neuchâtel y Valengin, la casa francesa de Orleans-Longueville poseyó el país como suyo hasta el principio del siglo XVIII. Extinguida entónces esa familia, presentáronse muchos pretendientes, y entre estos el pueblo neuchatelés (ya que por entónces ninguno podia vivir sin señor) tuvo el acierto de escoger al mas lejano, y por lo mismo el ménos, temible: el rey de Prusia, Federico I. Esta dinastía dominó suavemente el principado hasta el principio del presente siglo, en que hubo de cederlo al imperio frances. Napoleon, que entre otras habilidades tenia la muy famosa de regalar Estados y pueblos como cajas de tomar rapé, dispuso del país (en 1805) para constituírle un patrimonio al mariscal Berthier. El tratado de 1814 le dió á Neuchâtel-Valengin un carácter mixto, haciéndolo entrar en la Confederacion helvética como Estado ó Canton libre, y devolviéndolo en su gobierno interior al rey de Prusia. Desde esa época hasta 1848 gozó de una constitucion bastante liberal y benéfica; pero el interes de la independencia arrastró al pueblo neuchâtelés á la revolucion general de ese año; no sin que ántes, en 1831, hubiese estallado una insurreccion que fué reprimida por los Prusianos.

El pueblo se dió en 48 una constitucion democrática ó radical, y aunque el rey de Prusia continuaba llamándose príncipe de Neuchâtel y reclamando sus pretendidos derechos (anulados por el mismo pueblo que se los concediera en 1707) la independencia del Canton era efectiva de hecho y tenia que serlo. En 1857 se suscitó una grave cuestion diplomática que amenazó producir la guerra entre Prusia y Suiza; pero las grandes potencias intervinieron, Francia ofreció su mediacion, y aunque el rey de Prusia conserva su vano título de «príncipe de Neuchâtel,» como otros se llaman «reyes de Jerusalem,» la absoluta autonomía del Canton, como Estado federal, quedó reconocida. El pueblo votó directamente la Constitucion en 1858, y esta rige en el país á satisfaccion de sus habitantes.

Conforme á ella el pueblo es soberano, y se gobierna por sí en los negocios comunales y por el sistema representativo en los generales del Canton, siguiendo reglas análogas á las de Ginebra y Vaud. Todos los ciudadanos son hábiles para los empleos públicos, están sujetos al servicio militar y soportan las contribuciones con igualdad proporcional. La Constitucion abolió las antiguas regalías de los señores feudales, sin perjudicar á los propietarios de tierras, así como los títulos, privilegios y distinciones nobiliarias. Todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y la Constitucion les garantiza la libertad absoluta de religion y culto, el derecho de peticion, asociacion, uso de armas y libre establecimiento en el Canton, la libertad de la prensa y la seguridad individual, con el domicilio, la correspondencia y la propiedad inviolables.

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El canton de Neuchâtel es esencialmente fabricante, en términos que su fabricacion es una de las mas valiosas del mundo, relativamente á su poblacion y territorio. En efecto, el Canton fabrica en sus tres centros principales, anualmente, cerca de 300,000 relojes de oro, plata, acero, etc., y un número muy considerable de péndulos, cronómetros y otros instrumentos análogos y de música, física y matemáticas. Tiene ademas numerosas fábricas de papel, telas de algodon impresas, cuchillería, artículos de hierro y cobre, encajes, guantes y otros objetos de bonetería. La sola industria de relojería (introducida en el país en el siglo XVII) ocupa á cerca de 11,000 obreros. La pequeña ciudad de Chaux-de-Fonds produce por sí sola mas de 250,000 relojes; el resto es fabricado en Locle y Neuchâtel.

En seguida de la fabricacion figuran en considerable valor los productos de las viñas (vinos blancos muy suaves y estimados), de la extraccion de maderas en los extensos bosques de las montañas (pinos, abetos, hayas y encinas), de la cria de ganados muy apreciables, en las praderas naturales, y del cultivo de cereales, árboles frutales, etc. El comercio es activo, y el Canton no solo tiene la navegacion de los lagos y buenas carreteras, sino que mantiene comunicaciones hácia Francia y los demas cantones por medio de cuatro ferrocarriles.

Los principales centros del Canton, como he indicado, son: Neuchâtel, la capital, que cuenta unos 10,300 habitantes,—ciudad donde tiene su foco el pequeño partido conservador ó aristocrático; Chaux-de-Fonds, con 14,500, (bonita ciudad que es el centro del radicalismo y de la prensa activa del Canton, y el que sostiene mas extensas relaciones con Francia), y Locle, que tiene 8,800 habitantes. Así, tres localidades nomas reunen el 38% de la poblacion cantonal, hecho que se produce en mayor ó menor proporcion en todos los Estados manufactureros ó fabricantes, donde es inevitable la concentracion de grandes masas de obreros, sobre todo cuando las tierras son escasas ó están en pocas manos. La altura de esas tres ciudades es muy diversa: así, la de Neuchâtel sobre el nivel del mar es de 480 metros en su parte mas alta; miéntras que Locle y Chaux-de-Fonds, situadas en la region montañosa, tienen respectivamente 921 y 1,000 metros de elevacion.

Locle fabrica principalmente relojes y encajes. Chaux-de-Fonds es una ciudad de considerable movimiento y que no pocas veces ha sido el asilo, como Ginebra, de franceses proscritos. Allí se oye sin cesar el ruido de mil martillos y todo es actividad en los talleres y forjas. Acaso sus mayores progresos y su rara perfeccion y prontitud en la fabricacion dependen principalmente de la division del trabajo, llevada allí hasta sus últimas consecuencias. Cada obrero trabaja en una sola operacion, mas ó ménos sencilla, de manera que un péndulo ó reloj representa el concurso de centenares de obreros. Estos trabajan en sus casas por tarea, con taller ú obrador propio, sin descuidar á sus familias y aprovechando el concurso de estas. Su independencia personal es tan evidente como su moralidad. Y sinembargo de esa independencia y division, como un reloj se compone de tan numerosas piezas, su complicacion misma establece la solidaridad ó comunidad de intereses de todos los obreros. Acaso uno de esos relojes es la mejor manifestacion de esa verdad profunda de la armonía de las cosas y las sociedades, que concilla y hace coexistir perfectamente la personalidad del hombre y la solidaridad social, donde quiera que la libertad permite y favorece la plena accion de esa ley de la naturaleza.

En efecto, de esa situacion resulta en Chaux-de-Fonds este hecho notable: que en todo caso una crísis comercial ó industrial afecta igualmente á todos los empresarios y obreros, haciendo comun la desgracia, lo mismo que en los años de prosperidad la ventaja es comun. De ese modo el capital no puede dar la ley al salario, ni viceversa, y sus relaciones son las del interes legítimo fundado en la libre competencia y la independencia y dignidad del trabajo.

Es aquí el caso de indicar un rasgo característico de muchos de los cantones, ó casi todo el pueblo suizo, que ofrece el medio de dulcificar la situacion del obrero en los tiempos de crísis. En Suiza la organizacion política ha seguido el movimiento lógico y natural de las leyes que presiden á la conglomeracion social,—muy al contrario de Francia y otras naciones donde el Estado, absorbiéndolo todo, ha hecho del distrito (que es la realidad) una ficcion puramente administrativa, y de la nacion una causa en vez de un efecto. En Suiza, el comun ó distrito es mas que la base fundamental de la sociedad política, es la sociedad misma. Los distritos, gozando de su autonomía primitiva y natural, se han aglomerado para fortalecerse, formando el Canton ó Estado, y no para limitar ó abdicar su vitalidad propia. Los cantones, despues de muchos años y aun siglos de plena soberanía, armonizando sus intereses bajo el punto de vista de la nacionalidad, se han confederado para estrechar y simplificar sus relaciones, asegurar cierta solidaridad y hacerse respetar como una potencia. Pero en realidad la vida del ciudadano suizo está en el distrito comunal. Es allí donde él se siente realmente soberano (en su parte respectiva), adherido á la sociedad por derechos, deberes é intereses, y miembro activo de una confraternidad.

Los derechos y deberes políticos que se refieren á la Confederacion son comunes en toda ella, sin distincion de domicilio; pero el suizo de Zuric, Berna ó Ginebra, aunque ligado al de Chaux-de-Fonds por esos vínculos, es realmente extraño á la comunidad neuchâtelesa, en tanto que no acepta el compromiso local. Allí el vecino comunal es mucho mas que el ciudadano confederado, porque los vecinos constituyen verdaderamente Una familia. Cada cual tiene el deber de la residencia ordinaria, de servir al distrito de cierto modo, contribuir constantemente para el fondo comun de socorros ó aseguros mutuos. Y cada cual tiene el derecho, en caso de enfermedad, invalidez, miseria ó falta de trabajo, de obtener la proteccion directa y eficaz de la comunidad. Así, cada uno de esos distritos es en rigor y por sí solo una república democrática, libre en su vida interior, al mismo tiempo que una asociacion de aseguros mutuos; sin que eso obste para que los ciudadanos se interesen vivamente por la prosperidad del Canton y la Confederacion.

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La ciudad de Neuchâtel, situada en la desembocadura del Seyon, demora en la falda de una montaña considerable y montuosa que es uno de los mas grandes contrafuertes de la cadena oriental del Jura, y se levanta en graciosos anfiteatros, despues de cubrir una angosta faja de terreno llano sobre la ribera del lago. Pocas ciudades he conocido en Europa tan pintorescas y llenas de capricho como Neuchâtel, que algunos comparan por su situacion á Nápoles. Ceñida en la ribera por lujosas arboledas, que al mirarse en las ondas sombrean las playas y terrazas, y coronada en la parte superior por las guirnaldas de sus lindos jardines y los tupidos festones de sarmientos, parece una ciudad de casas de baños y de recreo sembrada en el fondo de un jardin, rica en colorido y arrullada por los rumores del lago y las brisas generosas de las montañas que la dominan.

Y sinembargo, si se observan los rasgos particulares, recorriendo el interior, se encuentran dos tipos diferentes. En la parte llana, á lo largo de la ribera, hallais alegres puertos á donde llegan numerosos barquichuelos; en uno de aquellos humean las chimeneas de los vapores y se amontonan las barcas veleras y de remolque, repletas de mercancías. Allí veis calles espaciosas, limpias y bien niveladas, casas elegantes, bonitos hoteles, edificios monumentales, tiendas vistosas y cafés bulliciosos, en fin, la ciudad moderna y confortable. Si echais á andar hácia los arrabales, encontrareis las calzadas que sirven de carreteras y paseos, orilladas por bellísimas quintas en que el gusto artístico de la arquitectura hace juego con la magnificencia de los jardines y la gracia de los pequeños parques.

Si penetrais en la parte antigua, que arranca en la base misma de la montaña y se eleva en desiguales escalones, encontrareis calles de severo aspecto, callejuelas tortuosas y pendientes, construcciones de estilo semi-gótico, los talleres de la industria, fuentes tradicionales de extraña forma y coronadas por gigantes de piedra muy característicos, representando soldados del siglo XV armados hasta los dientes. En fin, en la cima de una colina rocallosa, el viejo castillo feudal, curioso monumento establecido en el siglo XIII por uno de los condes Bertoldos, y casi á su lado la catedral (la fortaleza del clero), edificio de estilo gótico del segundo período, fundado en el siglo X y reconstruido en el XII.

Aparte de esos monumentos curiosos, Neuchâtel tiene varios modernos que son bien estimables por su arquitectura y su objeto. Citaré entre estos la hermosa Casa municipal, el Hospital de la ciudad, el de Pourtalès (del nombre de su fundador), de servicio universal, el Templo-nuevo y el Gimnasio. Este contiene el colegio cantonal y un bellísimo museo particularmente curioso por sus colecciones suizas de historia natural, en que los animales figuran en la actitud de la vida y según sus costumbres. Esa pequeña ciudad (que ha producido artistas muy notables, como Calame, Moritz y Osterwald, especial en la construccion de panoramas en relieve) contiene colecciones particulares de pinturas que son muy estimables; y se hace notar ademas de lo que llevo indicado, por sus dos bibliotecas públicas, su escuela normal, su excelente caja de ahorros, las sociedades Bíblica y Filarmónica, y numerosas escuelas gratúitas y establecimientos de beneficencia y crédito.

Para tener idea completa de la hermosura de aquellas comarcas, nada mejor que la ascension á la cumbre de la montaña de Chaumont, que se eleva hasta 1,772 metros sobre el nivel del mar, ó sea 1,340 sobre el del lago. Una pequeña tartana tirada por una guapa yegua nos condujo por la excelente carretera que faldea el cerro caracoleando hasta la cumbre y se prolonga por el fondo de un valle hasta Chaux-de-Fonds. Hasta una altura muy considerable la carretera gira estrechándose poco á poco, por entre espesos bosques de abetos y pinos colosales, en cuyo fondo sombrío no se ve sino interminables columnatas de mástiles desnudos bajo la alta capa de verdura que los rayos del sol no pueden penetrar. De trecho en trecho se rasga la espesura del bosque, dejando columbrar por pequeños espacios el admirable panorama que se desarrolla al N. N.-E.; pero apénas se tiende la mirada para contemplarlo cuando el inmenso cortinaje de verdura vuelve á cerrarse, y en vez de los nevados y montañas, los lagos y lejanos valles y planicies entrevistos por un segundo, torna á rodearlo á uno la tupida floresta de pinos, abetos, hayas y pequeñas encinas. Hácia la cumbre el bosque disminuye y se aclara, y las pequeñas praderas de pasto natural se desarrollan como hermosas alfombras, salpicadas de lindas flores de mil matices y bosquecillos de avellanos enanos, y se aspiran con infinita delicia las brisas de las montañas, cargadas de aromas desconocidos.

La escena que se contempla desde el sitio mas encumbrado de Chaumont, llamado la Señal, es tan magnífica, tan vasta y soberanamente bella, que casi es imposible describirla. Al Occidente se alzan las cadenas del Jura, cubiertas de rica vegetacion y altas praderas, entrecortadas por risueños valles de esmerado cultivo, entre los cuales es perfectamente visible de un lado el de Ruz ó el Seyon. Al S., N. y E. se contempla el prodigioso almácigo de nevados y montañas colosales que se extiende desde el Monte-Blanco hasta el Titlis, es decir la mas espléndida region de los Alpes, casi todo el canton de Vaud y la parte inferior del de Berna que se llama el Oberland (país alto). Al N. y N.-E. se registra toda la region de planicies accidentadas y bajas montañas que ocupan los cantones de Berna, Solera, Argovia, Lucerna y Friburgo,—país del mas pintoresco y variado aspecto, que tiene el Aar como centro hidrográfico. Y en el fondo, al pié de la gran montaña, se admira la belleza serena de los lagos de Neuchâtel, Biena y Morat, cuyas riberas, pobladas de viñedos, aldeas y cortijos, tienen tintas de un verde melancólico, y en cuyas ondas, rizadas por el viento é incendiadas por el sol de la tarde, se alcanzan á ver como nubes flotantes los vapores, y como mariposas las blancas velas de las barcas que navegan allí.

Aquel panorama inmenso tiene todas las condiciones que constituyen la hermosura compleja, todos los contrastes posibles en la naturaleza europea: la grandeza y la pequeñez, la majestad imponente y el encanto, la fuerza y la suavidad, la luz esplendorosa y las sombras profundas, los colores alegres y las tintas melancólicas, la tristeza del invierno eterno de los hielos y el brillo de la vegetacion del verano, las maravillas de la mano de Dios y las pruebas del genio y la actividad del Hombre…. La Suiza entera parece desarrollar todas sus galas y todos sus horrores naturales en ese cuadro compuesto de millares de paisajes. Tal es la hermosura del espectáculo que la noche nos iba sorprendiendo en la cumbre de Chaumont, cuyo admirable mirador no se quisiera abandonar. Es tan dulce olvidarse á veces del mundo y entregar el alma y los sentidos á la sola contemplacion y el amor supremo de la naturaleza!…

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