CAPITULO XII.

LOS CUATRO-CANTONES.

Idea general topo-hidrográfica.—La ciudad de Lucerna.—Curiosidades. —Un contraste social.—Condiciones generales del canton de Lucerna.—El lago de los Cuatro-Cantones.—Su navegacion y aspecto interior.—Recuerdos de la independencia.

Casi en el centro del territorio suizo, en la region donde termina en cierto modo la zona montañosa y comienza la de las planicies ondulosas ó muy accidentadas, se produce una hoya relativamente considerable que, teniendo por centro hidrográfico al rio Reuss, ofrece á la vista del viajero el mas variado y acaso el mas bello panorama de ese país de maravillas naturales.

Esa hoya, de formas muy irregulares y cerrada por todos lados ménos al Norte, es determinada por los numerosos contrafuertes que los Alpes arrojan sobre las planicies en muy diversas direcciones, y su conjunto produce la yuxtaposicion de numerosos valles, bastante estrechos y profundos, que giran todos sobre el valle central del Reuss, rio que, naciendo en las alturas de la Furka, á corta distancia de las fuentes del Ródano, corre en direccion absolutamente opuesta y va, de Sur á Norte, á llevar sus aguas al Rin, confundidas con las del Aar y el Limmat. El sinus ó ensanche del Reuss en el fondo de una cuenca de inmensas rocas perpendiculares, es lo que constituye el lago de los Cuatro-Cantones (Vier-Waldstatter-See), el mas irregular y, sin disputa, el mas curioso de cuantos tiene Suiza.

Al derredor de esa cuenca lacustre y dentro de la hoya indicada se encuentran, en todo ó en parte, los cuatro cantones que le dan su nombre al lago: al O. el de Unterwalden; al S. el de Urí; al E. el de Schwyz, y al N. el de Luzern ó Lucerna,—rodeados por los de Berna, Glaris, Zug, Argovia, etc.

Así, los cuatro cantones forman el mas pintoresco enjambre de montañas empinadas y abruptas (algunas de ellas nevadas), angostos y risueños vallecitos, colinas y riachuelos, bosques, praderas y verjeles, que se amontonan ó alternan al derredor del lago múltiple y caprichoso, como las mil variadas formas de un vasto parque semi-salvaje y semi-artificial al derredor de un enorme estanque de granito en que murmuran ondas trasparentes y azules.

Si la topografía y la comunidad de intereses, de esfuerzos patrióticos, lengua, religion, raza y tradiciones, han creado una íntima confraternidad entre los cuatro ó mas bien cinco cantones mencionados, la conformacion de su admirable lago indica, con no ménos evidencia que la orografía, que aquellos pueblos nacieron destinados á la comunidad social.

En efecto, si se observa la extraña configuracion del conjunto del lago, la direccion opuesta de sus golfos y la de los cinco rios ó riachuelos principales que vierten sus aguas en la cuenca granítica comun, se reconoce fácilmente que en un tiempo muy lejano del actual no existió sino una serie de cinco ó seis lagos, ligados entre sí por los rios que los determinaban y tendiendo todos á confundirse en la cuenca del de Lucerna. Así, teniendo su caudal y cauce principales en el Reuss, el lago total (que debió formarse por la ruptura de diques naturales y el ensanche mas ó ménos lento de los cauces afluentes) recibe: al E., las aguas del Muotta, riachuelo central del canton de Schwyz; al O., sucesivamente el Isenthal, el Aa inferior ó del medio canton de Nidwalden, y el Aa superior, que, como he dicho, recoge las aguas del medio canton de Obwalden.

El lago en su totalidad tiene la forma irregular de una especie de cruz latina con el asta quebrada hácia abajo, pero tendida en sentido inverso. El pié quebrado es la pequeña cuenca correspondiente al valle de Altorf, llamada particularmente lago de Urí, y alimentada solo por las aguas del Reuss y el Isenthal. La parte central del cuerpo de la cruz es determinada por otra cuenca de muy distinta direccion, casi cerrada por dos estrechos, que tiene el nombre particular de lago de Buochs, y recibe en su extremo superior las aguas del Muotta, y hácia el N.-O. las del Aa inferior. Mas abajo se abre otra cuenca que, siendo uno de los rayos de una magnífica estrella de cuatro golfos, es al mismo tiempo el principio del cuerpo ó tronco de la gran cruz. Allí las aguas se dividen en cuatro receptáculos de formas bastante análogas: el de la derecha gira por el pié de la magnífica montaña de Rigi ó Righi, teniendo en su vértice á Küssnach; el de la izquierda, que es el otro brazo de la cruz, se dirige hácia el pié de la mole colosal del Pilatos, y se divide en dos golfos pequeños, uno de los cuales es el lago de Alpnach; en fin, el que determina la cabeza de la cruz toma su direccion hácia Lucerna, con el nombre particular de lago de Lucerna, se abre paso por en medio de bellísimas, colinas, dividiendo en dos partes la ciudad; y restablece el cauce del rio Reuss.

Esta imperfecta y pálida descripcion dará alguna idea del singular capricho ó la multiplicidad de formas del lago de los Cuatro-Cantones, el mas interesante de todos los de Suiza por su aspecto y la composicion geológica de las cuencas encadenadas que lo forman, y el mas poético tambien, á causa de los espectáculos que ofrece y de los recuerdos que hace evocar relativamente á la historia de la Confederacion, Considerado en su totalidad, el lago tiene una elevacion de 438 a 450 metros sobre el nivel del mar, y mide en su máximum 38,530 metros de longitud, 15,100 de anchura, y 360 de profundidad. La varia direccion de los valles ó las abras que se inclinan hácia la cuenca del lago determina las mas diversas y aun opuestas corrientes de vientos, lo que unido á la composicion abrupta y rocallosa de todo el lecho, produce las mas violentas borrascas, que se repiten con frecuencia y a veces súbitamente.

Lucerna es, sin duda, por su situacion y las campiñas primorosas que la rodean, una de las mas graciosas ciudades de Suiza, ó por lo ménos de las que demoran sobre márgenes lacustres. Asi, su conjunto ó aspecto general, sea que se le mire desde el lago, sea que se le contemple desde alguna eminencia, es admirablemente poético y risueño. Sinembargo, en su interior, aparte de algunos curiosos pormenores, Lucerna no corresponde á sus apariencias ni á la idea que su reputacion le hace concebir de antemano al viajero. La fachada no coincide en nada con é interior de la ciudad. Cuando llegábamos á bordo del vapor que nos condujo desde Alpenach eran las once de la mañana, y bajo un cielo lleno de esplendor brillaban bajo el rayo casi perpendicular del sol el lago y el rio, sus muelles y puentes, los grandes y bellos edificios modernos que dominan un ancho malecon en escuadra, los campanarios de la catedral y otras iglesias, y las numerosas torres feudales y bastiones de las murallas almenadas que rodean la ciudad. Ese conjunto era realmente seductor, y sus bellezas se completaban con la magnificencia del paisaje circunvecino, hacinamiento de lindas colinas ondulosas, cubiertas de huertos y jardines y salpicadas de quintas y casas campestres en pintoresca dispersion.

Pero al penetrar al interior de la ciudad, apénas detras de la primera fila de edificios que dominan el lago, todo cambió de aspecto. Allí encontramos donde quiera desaseo en las calles, vestidos tristes, descuidados y sin ningún carácter, calles tortuosas, feas y desapacibles, y casas de aspecto muy poco simpático. Por fortuna, si la mugre y la basura aumentan la tristeza de esas calles, el movimiento industrial y comercial les da alguna animacion de otro género. El viajero se detiene con curiosidad á observar las fuentes públicas de formas tradicionales y características (acaso las mas originales de cuantas se ven en Suiza), y los puentes echados sobre el Reuss para unir las dos partes de la ciudad, casi todos de madera, cubiertos, y adornados con las mas curiosos retablos. Cada país se manifesta en sus monumentos: Suiza, el país de las puras y abundantes aguas, ha prodigado en todas sus ciudades esas fuentes conmemorativas de las tradiciones nacionales, cuyas formas son tan características.

Lucerna no es notable por ninguna especialidad artística, industrial ó literaria, ni por sus monumentos ó edificios públicos. Sus singulares puentes de madera, tan característicos de Suiza, como las fuentes públicas de piedra coronadas por figuras de guerreros ó animales, por curiosos que sean no merecen en rigor el nombre de monumentos. El mas hermoso edificio de la ciudad, situado en la parte S.-O., á la izquierda del rio, es el antiguo colegio de los Jesuitas (hoy convertido en Liceo cantonal), y esa superioridad es una prueba mas de que en todas partes la Compañía de Jesus ha logrado el mejor lote. De los cuatro puentes de Lucerna los mas notables son: el de Hof, que mide 360 metros de longitud y atraviesa el vértice del lago, ofrece un admirable punto de vista sobre las montañas, y está adornado en su interior con 238 malos cuadros pintados al óleo que representan pasajes bíblicos; y el de Kapell, que domina el punto en que el lago se convierte en rio, mide 324 metros y contiene 154 cuadros de muy antigua fecha que representan sucesos de la historia de Suiza y la vida y milagros de los dos santos patronos de la ciudad, Por curiosos que sean esos puentes vetustos es de aplaudirse la resolucion de la ciudad de demolerlos para establecer malecones y muelles á lo largo de las márgenes del rio, y reemplazarlos con mas sólidas y elegantes construcciones.

De todas las curiosidades de Lucerna la que mas llama la atencion de los viajeros paseantes es el monumento consagrado, fuera de la ciudad, a la memoria de los soldados suizos que murieron al servicio de Luis XVI en la famosa jornada del 10 de agosto de 1792, peleando contra el pueblo de Paris. Consiste el monumento de un enorme león alegórico (de 9 metros de longitud y 6 en altura) esculpido en el fondo de una especie de gruta cavada en un gran peñasco. Una cascadita que salta por encima del león, cayendo en un estanque, una capilla cercana, una casita elegante dentro de la cual se hallan de venta mil curiosidades, y los pabellones de verdura que rodean el monumento, completan el gracioso cuadro. Allí encontramos a un guardián vestido con el uniforme de los suizos de Luis XVI, asegurando con mucho aplomo á tres señoras inglesas que él se habia batido como un león en la consabida jornada del 10 de agosto, escapando por milagro. Aunque el ilustre combatiente no manifestaba tener mas de sesenta años, ni se mostraba muy erudito en punto á geografía francesa, eso no impedia que un grave ciudadano de «la pérfida Albion» estuviese recogiendo con avidez las reminiscencias del suizo y anotándolas cuidadosamente en una cartera de viaje, como novedades de primer orden.

Si la credulidad candorosa del insular nos hizo sonreír, confieso que no pude comprender el orgullo con que los ciudadanos de Lucerna conservan ese extraño monumento, que á mis ojos no era sino un padrón de infamia, ó por lo menos una tristísima reminiscencia. En vez de consagrar monumentos á la memoria de la degradacion del noble y libre pueblo suizo, los ciudadanos de la Confederacion deberían hacer todo lo posible por condenar al olvido ese mercenarismo extravagante que desde hace tantos siglos ha hecho de la Suiza un semillero de soldados de las mas odiosas tiranías y de los mas corrompidos y corruptores gobiernos. Si en los últimos diez años se ha visto á los mercenarios suizos saqueando a Peruza, como soldados del Papa, y defendiendo con atrocidades la causa de los Borbones de Nápoles, debe recordarse tambien, en honor del radicalismo helvético, que las asambleas y el gobierno de la Confederacion han adoptado en esta época medidas enérgicas para poner término al mercenarismo. Gracias al incomparable Garibaldi y á Gialdini y otros generales italianos, los soldados suizos han desaparecido ya de la Italia meridional; y entre los grandes resultados de la revolucion italiana no será uno de los ménos apreciables la sustitucion del voluntario heróico y desinteresado (instrumento de emancipacion y símbolo de la fraternidad de los pueblos) en lugar del mercenario de otra época, instrumento de opresion y símbolo de la degradacion humana.

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Lucerna, ciudad esencialmente católica, tiene unos 11,500 habitantes, de los cuales en 1857 solo 317 eran protestantes. Gracias á la navegacion por vapor del lago, en relacion con la via que conduce á Italia por el San-Gotardo, y al reciente ferrocarril que la ha puesto en rápida comunicacion con Berna y los ferrocarriles del occidente y norte de Suiza, Lucerna comienza á tener notable importancia comercial, aunque acaso la perderá en parte cuando Italia y Suiza tengan comunicaciones directas y prontas. La industria de Lucerna se reduce á algunos tejidos de algodon, lino y cáñamo y de objetos de bonetería, y sus fábricas son muy subalternas. Produce tambien sombreros de paja y otros artículos de poca importancia. Por lo demas, Lucerna es fiel al pensamiento general (fruto de la emulacion que engendra el régimen de autonomía federal) que inspira á los Suizos tan cuidadoso interés por los establecimientos de instruccion y beneficencia. El aislamiento en que la naturaleza habia tenido á los pueblos suizos, ántes de las invenciones modernas de la industria en materia de comunicaciones, les habia hecho comprender que debían sacar toda su fuerza de ellos mismos. Por eso ha sido tan profundo y general en Suiza el sentimiento de fraternidad, que se manifiesta en los numerosos hospitales, hospicios y otros establecimientos análogos. En cuanto á los de enseñanza, la emulacion, por una parte, sostenida por la autonomía política y social de los cantones, y por otra el progreso de las ideas é instituciones democráticas despues de 1798, y de 1848 particularmente, han favorecido la multiplicacion de institutos destinados á propagar los conocimientos de todo género en la masa popular.

Haré notar aquí, á reserva de posteriores observaciones, ciertos contrastes curiosos que el viajero atento observa fácilmente en las ciudades de Suiza. En ningún país son tan oportunas las comparaciones como en Suiza, donde en un pequeño pero variadísimo territorio coexisten confederadas varias razas muy distintas, con religiones, prácticas, artes é instituciones muy diversas. Sin querer en manera alguna deducir reglas generales en favor ó en contra de ningúna religion, puedo afirmar que sin excepcion ninguna notable, he observado en todas las ciudades de Suiza un contraste evidente respecto del mercenarismo, el desaseo, la situacion de los establecimientos públicos y las costumbres é instruccion de las masas populares. Los cantones protestantes han suministrado un número insignificante á los déspotas, en calidad de mercenarios; la inmensa mayoría ó casi la totalidad de estos ha salido siempre de los cantones católicos. ¿Es que el protestantismo es favorable á la libertad y mantiene y estimula el sentimiento de la dignidad personal? Creo que sí, á juzgar por los hechos que he observado en muchos de los Estados europeos, correspondientes á distintas razas y religiones.

En cuanto al instinto ó el gusto por el aseo y la decencia, he visto en Suiza (y mas tarde haré notar lo mismo respecto de otros países) el contraste que ofrecen doce de las capitales de cantones que he visitado. En la serie de ciudades que visitamos desde Ginebra hasta Schaffhousen, pasando por Losana, Neuchâtel, Friburgo, Berna, Lucerna, Altorf, Zug y Zuric, y desde San-Gall hasta Basilea, hemos visto, no obstante la alternacion en que se hallan esas ciudades, por razón de sus creencias religiosas, esta diferencia: en Ginebra, Losana, Neuchâtel, Berna, Zuric, San-Gall, Basilea y Schaffhousen, ciudades protestantes, decencia, pulcritud y esmero en todas las cosas públicas; en Friburgo, Lucerna, Altorf y Zug, desaseo, incuria en las masas y las calles, ausencia ó escasez de gusto. El mismo contraste ofrecen las ciudades suizas en lo relativo a la instruccion popular, á la situacion de los establecimientos públicos y á las manifestaciones de actividad y progreso que se resumen en las costumbres, la industria y las instituciones, sean cuales fueren las razas sujetas á la observacion. En la region central de Suiza, dominando un territorio perfectamente homogéneo en su aspecto, sus producciones, etc., y favorecidas por una igual autonomía, he visto un cordón de ciudades, desde el lago Leman hasta el Rin, enlazadas en este orden: Ginebra, Losana, Neuchâtel, Friburgo, Berna, Lucerna, Zug, Zuric. De esas ciudades las tres primeras y la cuarta y octava son reformadas, y en ellas se encuentra: actividad industrial y comercial, culto por las artes, gran desarrollo de la instruccion, evidente liberalismo en las instituciones, pulcritud, esmero por las cosas públicas, costumbres apreciables y progresistas y solicitud en favor de la beneficencia, Al contrario, en las demas de las ciudades mencionadas, que son católicas y han mantenido numerosos institutos monásticos, todo concurre á manifestar una evidente inferioridad relativa, tendencias al quietismo, la incuria, la rutina y el desaseo. Puede ser que estos fenómenos tengan otra explicacion; pero hasta ahora creo que el materialismo de ciertas prácticas, el espíritu de obediencia pasiva y el ejemplo de holgazanería dado por las comunidades monásticas, explican en mucha parte las diferencias que se notan en el seno de razas que ocupan un territorio homogéneo.

La historia del canton de Lucerna, cuyo nombre, como es bien sabido, proviene del antiguo fanal (lucerna en italiano) que brillaba en una torre de la ciudad, construida en medio del Reuss y llamada Torre-del-agua (Wasserthurm),—esa historia, digo, es bien sencilla y se resume toda en la de la ciudad, como sucede con todos los cantones suizos. Un convento ó abadía fundado á fines del siglo VII, por un señor ó propietario feudal del país, fué el núcleo de la actual ciudad. Cedida en el siglo VIII por el rey franco Pepino el Breve a los abades de Murbach, uno de estos la vendió mas tarde, con otros distritos adyacentes, al emperador Rodolfo de Habsburg. En 1332 Lucerna, despues de sostener como vasalla varias luchas contra los tres cantones confederados que fueron el núcleo de la gran Confederacion, entró en alianza con ellos, luchó contra el Austria y aseguró su independencia. La dominacion de la ciudad de Lucerna sobre todo el canton fué absoluta y sus instituciones enteramente aristocráticas. La invasion francesa de 1798 modificó profundamente la situacion, pero la reaccion de 1815 restableció las antiguas instituciones. La causa democrática volvió á triunfar en 1831, para sufrir nuevos descalabros en 40 y 42, pero gracias á la revolucion radical de 48 que destruyó el Sonderbund, el Canton ha entrado en la via general trazada por el derecho público de la Confederacion.

Con todo, sus instituciones particulares están muy distantes aún de ser democráticas, aunque en apariencia la soberanía reside en el pueblo. El gobierno es ejercido por un Gran Consejo (cuerpo legislativo) de 100 diputados de larga duracion, de los cuales (por una extraña combinacion que no he hallado en ningún otro país) 80 son elegidos por los ciudadanos electores y 20 por los 80 diputados; y por un Pequeño-Consejo (Kleine-Rath) compuesto de 15 miembros encargados del Poder Ejecutivo, elegidos cada tres años por el Groose-Rath ó Gran Consejo. El Tribunal supremo se compone de 13 jueces elegidos por el mismo Consejo. El Canton está dividido en cinco circúitos ó Amts, que poseen consejos municipales y se subdividen en distritos comunales (Gemeinde) administrados por funcionarios únicos.

La poblacion del canton de Lucerna es exclusivamente alemana por la raza dominante y la lengua, y casi totalmente católica. En 1850 habia 132,843 habitantes, de los cuales solo 1,563 reformados. En 1860 la poblacion habia bajado á 130,965 individuos. La disminucion depende enteramente de la emigracion. El Canton mantiene el catolicismo romano como única religion del Estado. Cuenta en su suelo mas de 15,000 casas, tiene una área total de 1,540 kilómetros cuadrados, y mide en su mayor longitud 50 kilómetros y 41 en su mayor latitud. La mayor parte de su territorio se compone de fértiles y pintorescos valles surcados por afluentes del Aar, tales como el Reuss, el Marienthal, el Vigger, el Suren, el Winen, etc. Ademas de las aguas del lago de los Cuatro-Cantones, de que participa notablemente, y de unos tres ó cuatro laguitos microscópicos, encierra los de Sempach y Baldeg y una pequeña parte del de Halwyl, que son navegables. Los productos principales del Canton son agrícolas: granos, plantas filamentosas y crias de ganados; en su industria solo son notables algunos tejidos de algodon, lino y cáñamo y la fabricacion de cidra.

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La navegacion del lago de los Cuatro-Cantones, á bordo de uno de los numerosos vaporcitos que parten de Lucerna cada hora, en diversas direcciones, es una de las mas entretenidas. Desde que se atraviesa el centro de la estrella lacustre llamado Kreuztrichter, y se pasa por en medio de Woegis y Kirsiten, teniendo á la izquierda la costa del canton de Schwyz y á la derecha la del de Unterwalden, todo cambia de aspecto y adquiere el sello de la majestad y la hermosura agreste. Ya no se ven colinas ondulosas, alegres quintas ni verjeles, sino inmensas murallas de rocas formidables, perpendiculares, que parecen amenazar con desplomarse de repente y encajonan las ondas verdi-azules como en una taza profundísima de los mas extraños relieves y variadas tintas. Las pequeñas poblaciones aparecen al pié de las montañas ó trepadas sobre los peñascos, como formas de fantasía ó de capricho que se ciernen sobre los abismos.

Dos promontorios que se avanzan de los lados opuestos el uno hácia el otro, determinan un estrecho de poco mas de un kilómetro de anchura. El vapor penetra entónces en la hoya que llaman «lago de Buochs,» dejando atras la de Kreuztrichter, y la cuenca se desarrolla como un estanque inmenso, cerrando el horizonte por todos lados y llena de magnificencia. Al poniente descuellan en sus marcos rocallosos y de sombría vegetacion los distritos de Buochs y Beggenried; al este, Gersau, villa del canton de Schwyz cuya historia política es una de las curiosidades de Suiza. Donde quiera las montañas ofrecen los mas bellos contrastes, sea por sus formaciones geológicas, sea por su vegetacion. Verdes praderitas alternan con tupidos bosques de abetos corpulentos; ásperos derrumbes se nuestran al lado de rocas perpendiculares y estupendas que parecen de una sola pieza, y magníficas estratificaciones, mas ó ménos desnudas, unas horizontales y de capas delgadas, otras inclinadas en diversos sentidos y compuestas de poderosos bancos. Tal parece como si una legion de titanes hubiese edificado allí, para escalar el cielo, un enjambre de colosales fortificaciones de diversas formas, superponiendo las rocas como las capas de calicanto de una muralla, y que una tremenda conmocion del suelo hubiese luego desquiciado, destrozado y revuelto esas construcciones titánicas en mil moles discordantes y pavorosas. Donde quiera las ondas del lago se sacuden oprimidas por la cintura de montañas,—desnudas, ásperas y medrosas abajo, verdes en el centro, majestuosas en todas sus formas, y empinadas hasta dividirse en soberbios picos y cúpulas disformes, por encima de los cuales se ven reverberar los lejanos nevados de Unterwalden y Urí.

Gersau, como he dicho, es una curiosidad histórica. Allí descolló en otro tiempo la mas pequeña república democrática, independiente y soberana que haya existido jamas en el mundo. El paisaje que ofrece la humilde villa, asentada en su llanurita de aluvion y dominada por su linda iglesia, es tan risueño como raro en aquella cuenca de peñascos. Hoy cuenta unos 1,600 habitantes católicos. Sometida á diversas dominaciones hasta el siglo XIV, y luego hipotecada como una finca, se rescató en 1390, despues de haber hecho alianza con los tres cantones de la primitiva confederacion. Desde mediados del siglo XV, en plena posesion de todos sus derechos, Gersau fué una república soberana hasta el fin del siglo XVIII, «fuerte de unos 900 ciudadanos de todo sexo, edad y condicion, entre gobernantes y gobernados, ejército, marina» y demas adminículos de una nacion. Las guerras de la revolucion francesa y los sucesos posteriores trastornaron la pacífica nacionalidad de Gersau, y despues de sus esfuerzos infructuosos de 1814 y 1846 por recuperar su independencia, la microscópica república quedó anexada definitivamente al canton de Schwyz. Dejando la burla á un lado, confieso que nada me ha parecido tan sublime como la historia de ese pueblecito de pastores rústicos. Jamas en forma tan pequeña se vió representado principio tan grande y sagrado como el de la libertad y la soberanía de los pueblos.

Otro promontorio muy pronunciado, el de Treib, estrecha la cuenca del lago, en frente á la confluencia del Muotta y la aldea de Brunnen, y, dando una media vuelta, el vapor entra á la cuenca ó lago de Urí, de aspecto mucho mas grandioso aún que la de Buochs.—Brunnen es el puerto del canton de Schwyz por ese lado, miéntras que Art lo es en el extremo meridional del lago de Zug. El vapor nos condujo directamente á Flüelen, el puerto del canton de Urí, dejándonos ver de paso la eminencia de Grütli, mas adelante la curiosa Capilla de Guillermo Tell, y donde quiera, en las rocas tajadas, un enjambre de obeliscos y pirámides de aspecto basáltico y singulares tintas. Lo que se llama Grütli es una pradera rodeada de bosques, que corona una alta loma situada sobre la raíz del promontorio de Wylenstein. Allí se encuentra una casa solitaria que los muy curiosos visitan, y cerca de ella tres fuentes que pertenecen á la poética leyenda de la independencia ó de Guillermo Tell. Fué en ese sitio que se reunieron el 8 de diciembre da 1307, en ausencia de Guillermo que se hallaba preso, los tres famosos patriotas de los cantones de Urí, Schwyz y Unterwalden, que juraron ligarse para luchar contra la tiranía de Gessler ó la casa de Austria y fundar la independencia federativa.

La Capilla de Tell, objeto de alta y justa veneracion en el país, no por lo que ella es, sino por las tradiciones que hace evocar, es un templete abierto en forma de arcada, construido sobre una roca y casi al nivel del lago, y encuadrado en un marco de abetos y peñascos. Las ondas golpean las gradas que dan acceso al Tellenplatte, y á veces sus espumas van á desvanecerse al pié de los dos altares de piedra que adornan el interior. En los muros y el techo se ven frescos del mas macarrónico estilo, que representan varios pasajes de la historia de la emancipacion. Todos los años, en dia fijo, se dice allí una misa en conmemoracion de los hechos evocados; y se asegura que la capilla fué inaugurada por 114 individuos que conocieron en persona á Guillermo Tell. El motivo de la ereccion de ese monumento es una tradicion que recuerdo haber visto traducida en una estampa de colores, en cierto albergue de mi país, cuando tenia nueve años. Guillermo, prisionero de Gessler, á bordo de una barca, algunas horas despues de la terrible prueba de la manzana, logró, gracias á una súbita borrasca, que se le desliase para dirigir la embarcacion. Al pasar por el pié de la roca en que se encuentra la capilla, saltó á tierra, se escapó y fué á esperar á Gessler en el istmo que media entre Küssnach y el lago de Zug, al pié del monte Righi, donde logró darle muerte, libertando á su país y vengándose de las crueldades sufridas.

Algunos viajeros, al pasar por delante de los monumentos consagrados á la memoria de Guillermo Tell, se burlan de los Suizos y califican de fábula todo lo que se refiere á la leyenda heróica del libertador de los Tres-Cantones; y por mucho que se haya dicho en comprobacion, es general la opinion de que aquel personaje no existió. Los Suizos se ofenden mucho de eso, y tienen razón. Por mi parte, creo en Guillermo Tell como en la libertad, el patriotismo y la gloria. Ni el héroe tuvo en si nada de fabuloso, nada que no fuese natural y comprensible, ni hay razón para rechazar la autenticidad de una leyenda que es la de todos los pueblos libres, con diferencias de pormenores y estilo. De todos modos, un pueblo que sabe mantener el culto de semejantes epopeyas revela sólidas virtudes y es digno de la libertad.

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