CAPITULO XIII.

LOS PEQUEÑOS CANTONES.

Altorf.—El canton de Urí.—Los valles de Schwyz.—Goldau.—La ascencion del Rigi.—Escenas del Rigi-Kulm.—Panorama de la Suiza central.

La grandiosa montaña del Rigi no es solo interesante como punto de vista que domina un inmenso y admirable panorama: lo es tambien por la circunstancia muy particular de ser el centro de los pequeños cantones ó Estados independientes que sirvieron de núcleo á la Confederacion, y al mismo tiempo el centro de una encantadora region de lagos y montañas, que se agrupan con maravillosa variedad y armonía de formas y aspectos. En efecto, al N.-O. y O. del monte Rigi se extienden sobre las riberas del lago de los Cuatro-Cantones los territorios de Lucerna y Unterwalden, que acabo de describir rápidamente; al S., el canton de Urí; al E. el de Schwyz, que encierra el gracioso lago de Lauerz ó Lowerz y es riberano de los de Zug, Zuric y Vier-Waldstatter; al N.-E. y N., el canton de Zug, dueño de la mayor parte del lago del mismo nombre y de todo el de Egeri.

Es curioso observar que, con excepcion del canton de Lucerna, es al derredor del monte Rigi y sobre las riberas de esa serie de lagos que se hallan los mas pequeños y antiguos cantones de Suiza,—pequeños sobre todo por su poblacion y sus recursos,—los que han sido la cuna de la libre Confederacion Suiza, dándole hasta su nombre, y los que, al traves de todas las revoluciones y peripecias políticas, han mantenido con mas pureza y energía dos formas sociales que en casi todo el mundo han figurado como contradictorias despues del siglo VIII, á saber: el catolicismo romano y la república democrática. Ya se ha visto cual es la organizacion política y social de Obwalden y Nidwalden: ahora indicaré los rasgos principales de esa organizacion en los cantones de Urí, Schwyz y Zug, que me han llamado mucho la atencion no obstante la extrema rapidez con que recorrí algunas partes de sus territorios.

En Flüelen descendimos del vapor que nos habia llevado desde Lucerna del un extremo al otro del magnífico lago. Flüelen no tiene valor ninguno como localidad: es un miserable villorrio de 600 habitantes, cuya importancia consiste solo en la ventaja de ser el puerto comercial del canton de Urí y el extremo setentrional de la gran via que, remontando el valle del Reuss, va á buscar en Italia los lagos Maggiore y de Lugano, pasando por el célebre cuello de San-Gotardo, objeto de tantas atenciones estratégicas en los tiempos de guerras ó desconfianzas europeas. La hoya encerrada entre la formidable barrera oriental de montañas que pasando por el San Gotardo se dirige hácia las soberbias neveras del Mont-Rose, y la que por la Furka gira al occidente en direccion al grupo magnífico del Titlis, constituye la totalidad del canton de Urí, el primero de la Confederacion en el rango de antigüedad ó de cancillería. Esa hoya hermosísima, dominada por tan grandiosas montañas y neveras, tiene por centro hidrográfico el pequeño rio Reuss, al cual afluyen las aguas de seis ó siete riachuelos que bañan otros tantos valles casi paralelos entre sí, á uno y otro lado, trasversales ó perpendiculares al del Reuss. Es en esa serie de valles elevados que se halla distribuida la escasisíma poblacion de Urí, poblacion de rudos montañeses y pastores, libres, independientes, sencillos, candorosos y profundamente adheridos á su suelo ingrato y sus queridas tradiciones religiosas, sociales y políticas.

Un modesto coche de movimientos repulsivos nos condujo por el húmedo y melancólico valle, en cuarenta minutos, á la célebre ciudad de Altorf, capital del Canton, donde Guillermo Tell ganó la inmortalidad con la famosa proeza de la manzana y la flecha. La triste y pobrísima capital del Estado soberano de Urí demora en el fondo del valle, al pié de la amenazante mole de Grumberg, y teniendo de un lado el Reuss, de otro el Schachoenbach, su afluente, y al norte la cercana ribera del lago. El aspecto de las calles es triste y desolado, y donde quiera se ven ruinas que manifiestan cuánto ha tardado la ciudad en reponerse del terrible incendio que la devoró en 1799. Apesar del orgullo con que los vecinos señalan su bonita catedral (que no carece de algunos objetos interiores apreciables) y sus cuatro ó mas conventos, de los cuales tienen por muy interesante el de Capuchinos (que dicen es el mas antiguo de toda la Suiza); apesar de eso, digo, Altorf con sus 2,150 habitantes, su silencio y quietud y su miseria, no interesa al viajero sino por los recuerdos que despierta con sus fuentes conmemorativas del heroismo de Guillermo Tell, y su torre de curioso aspecto, que se alzan en la calle principal.

Una de esas fuentes está situada en el lugar donde el terrible Gessler hizo colocar al hijo de Guillermo para que este traspasase con su flecha la manzana puesta sobre la cabeza del inocente niño. La fuente está coronada por la estatua del heróico patriota con una bandera en la mano. A poco mas de cien pasos se halla la otra fuente con el grupo de Guillermo y su hijo. Guillermo, condenado á la terrible prueba, que podia costarle tan caro pero que le devolvia la libertad necesaria para servir á la patria, estrecha contra su corazon al fruto de su amor, muestra la alabarda debajo de un brazo, y alza la mirada con altivez, confiando en Dios y en la santidad de su causa. Mas allá está la torre de sencillas formas, pintada en su exterior con frescos que representan la historia de Guillermo. La calle estaba solitaria, y los tres monumentos nada valian á nuestros ojos como obras de arte, ni nos recordaban una epopeya que pudiera interesarnos personalmente. Y sinembargo nos sentímos profundamente conmovidos. Había tanta elocuencia en esos monumentos de tan vulgar ejecucion, tal candor en el culto que les tributan los humildes y pobres habitantes de Altorf, y tantos motivos para comprender el valor de esa sublime virtud que se llama el patriotismo!… Esa inmortalidad de un nombre y una leyenda al traves de tantos siglos, y esa elocuencia de dos toscas estatuas en el fondo de un pobre valle de Suiza,—inmortalidad comprendida y elocuencia bien sentida por dos almas viajeras nacidas en el corazon de los Andes,—¿no eran las mejores pruebas de que el patriotismo no es un delirio sino una gran virtud, una religion, y que la gloria no es una quimera, sino una eterna auréola de los grandes caractéres y de los pueblos libres?

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Las proporciones del canton de Urí son bien reducidas. Jamas Estado alguno ofreció mejor la prueba de que no era vana la promesa de Cristo: los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros. Urí, primer Estado de la Confederacion en el órden de admision, es el último por su riqueza ó producciones y su poblacion: esta apénas excede de 14,700 habitantes, todos católicos y que hablan la lengua alemana muy adulterada, lo mismo que los de Unterwalden, Schwyz y Zug. El humilde canton es sinembargo superior á otros diez cantones en cuanto á la extension territorial, pues mide una superficie de 1,092 kilómetros cuadrados, teniendo en su mayor longitud (de S. á N.) 25 kilómetros, y en su mayor anchura 43. El Canton es visiblemente pobre, apesar de sus numerosos valles, algunos bastante abrigados, y de contar con la via internacional de San-Gotardo. Sus producciones de alguna importancia se reducen á la cria y exportacion de ganados, fabricacion y exportacion de quesos, corte de maderas en las magníficas florestas de las montañas y cultivo de árboles frutales y papas ó patatas.

Por lo que hace á las instituciones y costumbres, bastará dar una idea general de los tres cantones que son objeto de este capítulo, y que tienen completa analogía en su historia, condicion social y económica y organizacion política, judicial y religiosa. Mas adelante, al hablar del canton de Schwyz, diré lo que me parece mas interesante. Desde ahora solo haré notar una circunstancia que es comun á los tres cantones. Nacidos, como Estados soberanos, de una liga heróica, espontánea y fraternal para conquistar la independencia respecto de la antigua casa de Austria, su suerte ha sido comun en todo tiempo, tanto en las contiendas interiores de la Confederacion como en el largo período de guerras á que dió lugar la revolucion francesa. A esa comunidad histórica y política y á la de raza, lengua, religion, costumbres, instituciones y producciones agrícolas, se agrega la de la topografía, cuya influencia ha sido muy notable. La doble circunstancia de estar esos cantones compuestos de series de valles que se bifurcan ó reunen en admirable armonía, no obstante su variedad y de ofrecer paso hácia la via del San-Gotardo (comercial y estratégica al mismo tiempo), ha provocado naturalmente la colision de ejércitos enemigos, en los tiempos de guerras europeas, sobre el teatro de los pequeños cantones del centro de Suiza. Así, el viajero no recorre ninguno de esos valles sin encontrar uno ó mas campos de batalla donde los Franceses lucharon con prodigiosa energía y audacia contra las fuerzas muy superiores de los generales rusos y austríacos. Al atravesar esos campos de batalla no puede uno ménos que admirar el contraste entre la humildad y el silencio de aquellos lindos valles solitarios y recónditos, y la grandeza de las cuestiones europeas que el genio de la revolucion y el de la guerra debatieron allí sobre un campo neutral. ¡Con cuánta majestad y aterradora solemnidad debieron resonar los ecos del cañon en el seno de aquellas concavidades de granito coronadas de hielo! ¡Cuán triste es pensar que la guerra, aparte de todas sus violencias, sus horrores y los ultrajes que infiere á la humanidad y la civilizacion, comete con frecuencia el gran crímen de escoger como teatro de sus barbaridades el suelo de algun pueblo pacífico, neutral, indefenso y humilde! Bastaría recordar que el hijo de Burdeos ó del Havre se ha batido terriblemente con el salvaje Cosaco de los desiertos mas lejanos, en el fondo de los valles de Suiza, para comprender todo lo que la guerra de ambiciones y conquistas tiene de inicuo y detestable.

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Volvímos á Flüelen, y en vez de embarcarnos de nuevo en un vapor para dirigirnos á Schwyz por Brunnen, tomamos una pequeña barca manejada por solo un remero. Este era el único medio de poder apreciar de cerca las magnificencias geológicas de la parte del Waldstatter llamada lago de Urí. En efecto, no recuerdo haber visto en ningún otro país de Europa, excepto sobre las orillas del Elba, en la admirable comarca llamada «Suiza sajona», estratificaciones rocallosas tan extrañas y grandiosas, tan sorprendentes por sus variadas formas y su aspecto romántico, tan originales, por decirlo así, como las que ofrecen las formidables paredes que circuyen el lago, sobre todo en la orilla oriental, en el trayecto que média entre Flüelen y Brunnen. La ligera barquilla, de muy tosca construccion, saltaba como un pez, cediendo á las fuertes ondulaciones del agua agitada por el viento del sur. En los primeros minutos no dejamos de tener miedo, porque los movimientos eran muy desordenados, el viento nos azotaba con fuerza y á veces saltaban sobre el fondo de la barca chispazos espumosos que nos mojaban. Ademas, sabíamos que en el lago las borrascas eran casi siempre repentinas y peligrosas para frágiles barcas. Pero nuestro batelero, hombre de fisonomía ruda pero honrada, y conversador como pocos (tanto mas cuanto que tenia que conversar por tres, porque no entendia jota de frances, inglés ni ménos español, y nosotros éramos incapaces de decirle mas de seis ú ocho palabras en aleman) nuestro batelero, digo, nos tranquilizó á fuerza de señas, haciéndonos comprender que no habría borrasca sino tres horas despues, y que la extrema agitacion de las ondas no dependia sino de la proximidad de las rocas y los ocultos arrecifes.

Por lo demas, era tal nuestro encanto á la vista de las maravillas naturales que nos rodeaban, que en breve nos faltó tiempo y espíritu para tener miedo. El lago estaba en aquellos momentos absolutamente desierto, y nosotros, á pesar de los aires nacionales que silbaba de tiempo en tiempo el humilde batelero, íbamos completamente entregados á la suprema delicia de la contemplacion de la naturaleza, á cuyo poema se mezclaban los silenciosos himnos del amor y los recuerdos de la patria,—esa dulce querida que no tiene sexo para sus adoradores. Tocamos en la roca donde Guillermo Tell puso el pié para escaparse de la barca de Gessler, y visitamos la capilla que apénas habíamos mirado de paso cuando íbamos á bordo del vapor. Cuarenta minutos despues llegábamos al puerto de Brunnen, y tomábamos un coche que debia llevarnos por la via de Schwyz á Goldau, al pié del monte Rigi.

Brunnen que, como he dicho, es el puerto del canton de Schwyz para sus relaciones comerciales del lado del lago de Waldstatter, es un pueblecito insignificante, situado en el límite del valle del Muotta (Muottathal), pero que no carece de interes bajo el punto de vista histórico. Fué en Brunnen donde, el 9 de diciembre de 1315, los delegados de los tres cantones primitivos contrajeron la alianza definitiva que fundó la base de la Confederacion; allí se reunian las dietas ó asambleas de diputados y jefes de Schwyz, Urí y Unterwalden para resolver sobre los negocios comunes de la Confederacion madre; y allí combatieron con furor, al fin del siglo pasado y principio del actual, los ejércitos de Francia y Austria que se disputaban la via del San-Gotardo.

El valle de Brunnen, regado por las aguas reunidas de los valles opuestos de Muotta y Lowerz, y limitado al norte por la serranía que tiene su núcleo en el Rigi, es muy gracioso, fértil y pintoresco. Donde quiera el viajero mira con delicia enjambres de huertos rodeados de húmedas praderas que tienen su límite en las montuosas faldas de las montañas; y echa de ver que en ese valle demora una poblacion de costumbres apacibles, contenta con su modesta condicion y fuertemente adherida á sus tradiciones y á los hábitos de libertad democrática y culto católico-romano.

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A una hora y cuarto de Brunnen, al pié de una cadena de montañas y dominando la confluencia de los valles de Muotta y Lowerz, demora Schwyz, capital del canton del mismo nombre, bonita ciudad de unos 5,500 habitantes, graciosamente asentada sobre las faldas ondulosas que descienden de la serranía de los Mythen. Su linda iglesia parroquial, sus edificios públicos de instruccion, beneficencia, etc., sus vecinas aldeas anexas, sus bellas campiñas que se desarrollan en planos inclinados, trepando hácia las montañas ó descendiendo hácia los valles, y los puntos de vista encantadores que ofrece su término, le dan un interes pintoresco y de color local que aumenta el valor histórico de la ciudad. Schwyz, en efecto, tiene el primer rango entre las ciudades de los cantones primitivos, por haber no solo tomado la iniciativa en la lucha de la independencia y en otras posteriores, bajo el principio federal, ostentando el valor, la tenacidad y el buen sentido de sus hijos, sino tambien por haberle dado su nombre á toda la Confederacion (Schweiz ó Schweizerland), nombre que se ha mantenido con preferencia al de Helvecia de orígen latino. Se puede decir que no ha ocurrido en ese país un grande acontecimiento político en que los ciudadanos-soldados de Schwyz no hayan hecho un papel muy importante, desde el tiempo de la primera liga hasta la que, bajo el nombre de Sonderbund, fué vencida por el radicalismo en 1848; luchando sucesivamente en Morgarten, Sempach y otras batallas, contra los Austríacos, en Grandson y Morat contra Cárlos el Temerario, en los combates de 1799 á 1801, contra las tropas de la Francia revolucionaria, y en los conflictos posteriores de la Confederacion que terminaron felizmente en 48.

El canton de Schwyz es el mas importante de los primitivos por su riqueza y poblacion. Cuenta unos 45,600 habitantes que ocupan una área total de 908 kilómetros cuadrados, y mide en su mayor longitud, del E. al O., 45 kilómetros, por 38 en su mayor anchura; partiendo límites con los cantones de Urí y Glaris, al S. y S.-E.; de San-Gall y Zuric, al E.; de Zug y Lucerna, al N., y de Unterwalden al O., con riberas en las lagos importantes de Lucerna, Zug y Zuric. Aunque el suelo del canton no es generalmente fértil y está cortado en todas direcciones por un cáos de montañas, su agricultura es muy esmerada, sus productos variados y de importancia, y posee alguna industria, que consiste en tejidos de seda y otros artículos, así como explota algunas turberas y canteras de cal. Sinembargo, su riqueza principal está en las crias de excelentes ganados, la valiosa fabricacion de quesos, la explotacion de sus florestas de abetos y el cultivo de frutas, legumbres, etc.

Un hecho muy notable llama la atencion en Schwyz y los tres cantones pequeños que lo rodean por varios lados y le son enteramente homogéneos: hablo de la prerogativa que se han reservado los distritos de elegir sus curas ó pastores, ventaja excepcional que la corte de Roma ha negado siempre á los pueblos católicos. En aquellos cantones el sacerdote encargado de administrar los intereses religiosos de la libre grey recibe su autoridad de los creyentes que depositan en él su confianza, y el obispo no hace otra cosa que confirmar la eleccion ó consagrarla. Es el derecho de patronato ejercido por su legítimo propietario, el pueblo creyente; ó es en cierto modo la reminiscencia de la primitiva iglesia. Creo que á esta singular ventaja debe atribuirse principalmente el fenómeno (que lo es hoy y no lo fué en un tiempo) de la coexistencia del catolicismo romano con la libertad y la república democrática pura en los cantones de que voy hablando El catolicismo, practicado como existió en los primeros siglos de la iglesia, es en efecto una religion esencialmente democrática, porque así es no solo la religion de las muchedumbres fraternizando, sino tambien la prueba de la libre voluntad de la grey en la aceptacion de sus pastores. El hábito de elegirlos libremente ha debido mantener vivo y persistente en Urí, Schwyz y Unterwalden el sentimiento democrático del derecho de todos y cada uno de los asociados, porque nada influye tan poderosamente sobre las ideas, costumbres é instituciones políticas de un pueblo como las prácticas y tradiciones religiosas. Son estas las que inician al hombre en la posesion de su conciencia, y el que tiene una conciencia libre, sana y digna en religion, no puede ménos que tenerla en asuntos de moral y política.

Otro fenómeno curioso que se nota en esos cantones correspondientes á las hoyas de los lagos de Zuric y los Cuatro-Cantones, es el del contraste de tradiciones políticas entre pueblos que en nada difieren en cuanto á raza, lengua y religion, y cuyas fronteras son en realidad imperceptibles, puesto que la topografía es homogénea. En efecto, se ven en contacto en esas dos hoyas lacustres siete ú ocho cantones cuyas instituciones han diferido y aun difieren mucho, como el espíritu de sus habitantes. En Lucerna han predominado la tendencia aristocrática muy exagerada y la centralizacion absoluta. En los medio-cantones de Unterwalden y en Urí, Schwyz y Zug, la república democrática pura, descentralizada en todos los distritos. En Glaris ha regido algo peor que el gobierno aristocrático: el de la teocracia mas retrógrada ó estancadora. Por último, en San-Gall (en otro tiempo dominado por abades y obispos) y en Zuric, ha predominado un espíritu liberal temperado: el de la república representativa, que hace emanar toda autoridad de la Asamblea legislativa elegida por el pueblo.

¿Cómo explicar tan notables diferencias entre poblaciones análogas que tienen casi la misma historia y ocupan un suelo casi comun? Se buscará la explicacion en el aislamiento secular de las unas y el contacto comercial de las otras con pueblos avanzados? Esa explicacion es la ménos admisible, porque no cuadra con los hechos, que son absolutamente contradictorios. Por mas que medito, no encuentro nada que se acerque tanto á la racional y mas general explicacion del fenómeno como la que se deduce de las tradiciones religiosas. En Lucerna ha dominado, como en Glaris, el catolicismo de mala ley, el aristocrático, que, faltando á las primeras tradiciones de la iglesia y á su espíritu de igualdad y fraternidad, ha hecho de las jerarquías un dogma y de la explotacion de las conciencias un sistema, prescindiendo de contar con la voluntad de los fieles, que es el símbolo de la libertad de la conciencia. En los cantones democráticos el catolicismo ha sido democrático, inofensivo, armonizando sus intereses con los de la sociedad. En Zuric, el protestantismo ha mantenido la nocion de la libertad personal, abriendo el camino á la república; pero no ha ido directamente hasta la democracia pura, porque los hábitos de individualismo que adquiere el protestante como creyente, no se amalgaman sino al cabo de mucho tiempo (ó en circunstancias excepcionales, como en los Estados Unidos) con los hábitos de accion colectiva que engendra el catolicismo. Por último, en el canton de San-Gall, aunque los católicos están en mayoría, la minoría reformada es muy fuerte y respetable, en términos que ámbas comuniones están representadas en el gobierno casi con iguales fuerzas. Esa coexistencia política y social del catolicismo, que tiende hácia la democracia pero se ha complicado con jerarquías é instituciones viciosas, y del calvinismo, que no admite jerarquías y hace del pastor un ciudadano padre de familia y de libre eleccion y responsabilidad;—esa coexistencia, digo, ha debido equilibrar las fuerzas de las dos comuniones, depurarlas por la emulacion, armonizarlas por el contacto íntimo y necesario, y conducirlas á un régimen de conciliacion ó transaccion, cual es el de la república representativa.

Volviendo á los cantones primitivos diré, para terminar mis breves observaciones sobre organizacion social, que todo lo que llevo indicado acerca de Unterwalden es aplicable á Urí, Schwyz y Zug, con pocas diferencias secundarias. Por punto general son electores y ciudadanos gobernantes todos los varones mayores de 20 años. Allí no hay Asambleas legislativas, en la acepcion general del término. El pueblo se gobierna á sí mismo, ya en todo el canton, reuniéndose anualmente al aire libre para elegir sus mandatarios de toda clase, aprobar cuentas, votar presupuestos, sancionar leyes y nombrar los representantes para la Dieta federal; ya en los distritos, ejecutando las mismas operaciones en escala reducida. Los pueblos viven contentos con ese noble régimen de confraternidad política y social, de libertad, igualdad y autonomía; y cada uno de esos ciudadanos manifiesta en su porte y en los actos de su vida que tiene la conciencia de su derecho, el hábito de ejercerlo constantemente, y la altivez modesta y la fidelidad á las tradiciones de independencia y libertad que son necesarias á todo pueblo digno de vivir en la tierra bajo la proteccion de Dios.

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El valle que se extiende entre el Muotta y el lago de Zug, encerrado por los montes Mythen y los que corresponden al grupo del Rigi, es gracioso y apacible, levantado hácia la mitad por los derrumbes de Goldau y algunas lomas pedregosas. En su primera parte, la mas cercana á Schwyz, yace en el fondo de la hoya el pequeño y muy gracioso lago de Lowerz, rodeado de planos inclinados y ondulosas colinas. El solitario laguito, por cuyas orillas giran dos caminos carreteros, y en cuyas claras ondas reposan algunos barquichuelos perdidos entre juncos á la vera de puertecitos que no carecen de gracia, mide apénas 5 kilómetros de longitud, como 2 y 1/2 de anchura y unos 18 metros de profundidad. Es uno de tantos juguetes de la hidrografía de Suiza, propios mas bien para encantar al viajero que para servir al comercio y la navegacion.

En el punto en que la gran mole del Rigi presenta su flanco oriental, haciendo frente al Rossberg, que se alza del lado opuesto como un monstruo descarnado, el valle tiene un aspecto de desolacion que acongoja, sobre todo por los recuerdos que despiertan los enormes y desnudos pedrizcos dispersos en el sitio que en 1806 ocupaba el pueblo ó aldea de Goldau. Hoy no existen allí sino una capilla, un hotel para los viajeros y algunas casas formando una calle, construidas en época reciente. Miéntras nos preparaban los caballos que debíamos montar para subir el Rigi, quisimos recorrer á pié, por entre rudas malezas, peñascos destrozados y hacinamientos desordenados de los restos del espantoso derrumbe, el teatro de desolacion que atestigua la catástrofe. Todavía encontramos algunas charcas de lecho calcinado, restos de las aguas del lago de Lowerz, que llegaba hasta allí y que fué violentamente colmado en parte por la caida súbita de un cuarteron del Rossberg.

Arriba se ostenta la horrible faz de la montaña, cuyo flanco se desprendió en mil enormes moles de peñascos y polvo, cayendo sobre el valle y aplastando y triturando el antiguo pueblo de Goldau. El inmenso parche rojizo que quedó en la montaña le da un aspecto de muerte y horror que hace temblar, porque el viajero recuerda que muchas poblaciones de Suiza viven bajo la constante amenaza de semejantes derrumbes. La desolacion de Goldau y del flanco de la montaña hace el mas rudo contraste con el bello panorama de la hoya y el resto del valle, desde el lago de Zug hasta las márgenes del Muotta.

Eran las tres de la tarde cuando empezamos á subir el Rigi, en caravana con otros diez ó doce excursionistas. La montaña se ostentaba á nuestros ojos llena de hermosura y majestad en su conjunto y de gracias y sorpresas en sus relieves, sus hondas ramblas, sus magníficos bosques, sus solitarias praderas, sus dispersos chalets y sus mil rasgos interesantes. De repente, cuando el sol era mas punzante y el calor mas fuerte, apesar de la ascencion hácia cimas elevadas, el aire nos trajo ráfagas amenazantes, el cielo se anubló, y todo cambió de aspecto con la prontitud con que en un teatro se cambia una decoracion. La borrasca se desató con violencia, por fortuna cuando llegábamos a una casa de parada, pero al cabo de veinte minutos se disipó con la misma prontitud. Así son las borrascas en casi todos los lagos y las regiones montañosas de Suiza.

Confieso que el accidente, léjos de contrariarnos, nos causó vivo placer, ya porque nos ofreció la ocasion de ver una de esas violentas é interesantes transiciones meteorológicas de Suiza, ya porque nos presentó un espectáculo de imponderable hermosura, que jamas habíamos contemplado en condiciones análogas y que solo se puede hallar en valles estrechos formados por altas montañas y con lagos en el fondo. En el momento en que la lluvia caia con mas violencia y abundancia sobre la altura en que nos hallábamos, el valle era teatro de una admirable escena de luz, sombras y colores en soberbio contraste. El valle, verde, húmedo y reluciente, perfectamente iluminado por los rayos oblicuos del sol, parecia un inmenso tapiz de esmeralda salpicado de manchas de azabache y ópalo, y en el fondo se agitaban las ondas del lago de Lowerz con los últimos estremecimientos causados por el soplo de la borrasca. Las dos serranías abruptas de Rossberg y Rigi estaban aún perfectamente negras, encapotadas por falanges de nubes sombrías que parecian adheridas al oscuro crespon de los bosques de abetos, duplicando la majestad de los desnudos picos y los medrosos derrumbaderos. En fin, en la mitad del flanco de las dos montañas opuestas, descansaban los extremos de un inmenso arco íris, el mas perfecto y luminoso que yo haya visto, echado sobre el valle y el lago, de un lado al otro, como un puente aéreo levantado para darle paso por encima del luminoso abismo á una legion de hadas ó genios invisibles. No he visto jamas en tan pequeño espacio un espectáculo de las hechicerías de la naturaleza tan súbito, grandioso y variado como el que allí contemplamos durante diez minutos.

La pedregosa cuesta, poco ántes sedienta y asfixiada por el sol de agosto, se embriagó con el baño de la borrasca, y cuando seguímos la marcha apénas se veian las señales en la humedad del suelo, las perlas de las verdes praderitas, las trenzas luminosas de cabellos líquidos que caian de los follajes cónicos de los abetos, y el caudal duplicado de algunos arroyuelos que se perdian saltando en cascaditas escondidas en las profundidades de los bosques y de los abismos. El aire estaba impregnado de los mas ricos perfumes; los matorrales de helechos sacudian sus húmedas melenas sobre las alas de la brisa, y al concierto de rumores salvajes que se alzaba del seno de las profundas ramblas ó torrentes se juntaba el ruido de las campanillas que agitaban las vacas y las cabras, al vagar por las entrecortadas praderitas de la montaña, devorando con avidez y delicia la grama humedecida.

Desde el albergue donde nos habíamos defendido de la borrasca comienza una serie de capillitas ó nichos (12 ó 13) colocadas á ciertas distancias en sitios mas ó ménos pintorescos, á la vera del camino. Si en todos los cantones católicos abundan en los caminos esas señales de culto religioso, en las subidas del Rigi, y sobre todo en la de Goldau, hacen un papel importante. Por una parte marcan las estaciones de los peregrinos que van á visitar á Nuestra Señora de las Nieves; por otra sirven de apostaderos á infelices inválidos que piden limosna á los viajeros y hacen durante los meses de verano su provision para todo el año.

A poca distancia de la cumbre del Rigi demora en medio de bosques y praderitas muy accidentadas el famoso hospicio de Nuestra-Señora, muy venerado por los milagros que á la Vírgen de las Nieves se le atribuyen y habitado por tres ó cuatro frailes. Al derredor de la capilla y el hospicio se destacan numerosas hospederías, algunas considerables y de bonito aspecto, habitadas por toda una poblacion de señoras nerviosas y gentes enfermizas que van á curarse con sueros, ejercicios y aire puro. No habia ménos de doscientas personas alojadas allí cuando pasamos, y á juzgar por su cordial familiaridad la residencia debia de serles grata. Cuarenta minutos despues llegábamos á la eminencia de Staffel, especie de introduccion á la superior llamada Kulm. Allí se reunen las tres principales vias que de puntos opuestos conducen á la cumbre, y el viajero se siente repentinamente en presencia de un panorama soberbio, saliendo de la cuenca cerrada del camino á una pequeña planicie que permite registrar con la vista todo el canton de Lucerna y parte del de Unterwalden. Media hora mas tarde, caminando sobre el lomo desnudo de la montaña, fuímos á apearnos á la puerta del estupendo hotel de Rigi-Kulm, que es el punto mas elevado de la montaña y el término de la excursion.

Nada mas curioso que aquella Babel europea edificada sobre tan alta cumbre, en medio de un enjambre de lagos, valles y montañas, en el centro de la libre y pintoresca Suiza. Allí se reunen en una noche todas las razas europeas y aun algunas del Nuevo Mundo, se hablan todas las lenguas, y se ponen en contacto no solo las mas diversas fisonomías sino todas las vanidades, las extravagancias, las puerilidades, las candideces, las notabilidades en excursion y todos los géneros de fastidio y esplin que es fácil encontrar en una gran reunion de viajeros. Mas de trescientas personas nos hallábamos allí reunidas, la mayor parte en el hotel de Kulm, y era de ver el contraste de fisonomías y maneras que ofrecian las parejas de esposos en luna de miel (todavía novicios, candorosos en sus tiernas y sentimentales demostraciones); los literatos andariegos y desocupados, á caza de asuntos para fabricar cuentos y novelas; las mujeres fatigadas del mundo, de la raza de las mal comprendidas, arrastrando sus colas de tafetan ó linon sobre la alfombra de grama; los hombres serios, habilitados de personajes por sí y ante sí, con la seguridad de no ser desmentidos por sus interlocutores desconocidos; los ingleses extravagantes, ó taciturnos, ó aburridos, siempre en mayoría ó en número muy considerable; en fin, los negociantes retirados, empeñados en darse aires de condes viajando de incógnito, y revelando con sus modales que debajo de sus guantes resistian al tiempo las callosidades contraídas en los años de plebeya labor. Acaso en ninguna parte son mas ridículas y palpables las vanidades y tonterías de la flaca humanidad, que en esos sitios donde la naturaleza ostenta como soberana la casta desnudez de sus gracias ó la majestad de sus grandiosas formas.

El panorama que la vista abarca desde el Kulm es imponderablemente sublime, variado y sorprendente. La Suiza aparece en derredor con todos sus contrastes, sus formas colosales y horribles en unas partes, apacibles y pintorescas en otras, donde quiera bellas y seductoras, ó imponentes. Eran las seis de la tarde cuando contemplábamos á la tibia luz del sol poniente aquel mundo de montañas y lagos, valles y planicies, florestas y praderas, verjeles y ciudades y pueblos. La naturaleza tiene en cada hora sus encantos distintos, porque en cada una tiene sus misterios de vida y amor, según el modo como la acaricia esa maga divina que se llama la Luz. Así, nosotros teníamos avidez de admirar, tanto en las últimas horas de la tarde como en las primeras de la mañana. Si al dia siguiente debíamos ver, por una singular fortuna, los tres grandes fenómenos de óptica y meteorología á que se suele prestar el Rigi, en la tarde, que estaba despejada pero llena de poética melancolía, pudimos contemplar el inmenso panorama bajo su aspecto apacible.

Desde el alto mirador del Kulm registrábamos, á la simple vista ó por medio de un enorme anteojo, casi todo el territorio de la Suiza centro-oriental y una vasta region del sur, en direccion á las cadenas mas colosales de los Alpes. Teníamos á la vista, en todo ó en parte, las planicies, los valles y los altos relieves de trece ó catorce cantones de la Confederacion que corresponden á la grande hoya del Rin y sus afluentes; y veíamos abajo, ya á nuestros piés como abismos de ópalo y azul pálido, ya á distancias mas ó ménos considerables y con las mas diversas formas, doce lagos importantes: el de los Cuatro-Cantones, en partes, los de Sempach, Baldeg y Hallwyl, al O.; los de Zug, Zuric, Greiffertz, Egeri y Pfoeffikon, al N., y los de Lowerz y Wallenstatter (entre Glaris y San-Gall) al N.-E. Con el anteojo veíamos distintamente todas las casas, y aun objetos pequeños de Lucerna, Art, Zug, Zuric y muchas otras localidades; y en la circunferencia de cien leguas que se abarca, nos hallábamos perplejos para escoger lo mas bello entre tantas hermosuras. Al norte la mirada se pierde en direccion al Rin, deteniéndose en la lejana cadena de la Floresta-Negra, que forma el sistema orográfico del gran-ducado de Báden y de una parte del reino de Wurtemberg. Al sur, del lado de Unterwalden, se ve tambien el lago de Sarnen, y la mirada tropieza con la mole severa del Pilatos y las magníficas cimas de los Alpes. Al poniente se extienden las risueñas planicies del canton de Lucerna y las hoyas del Reuss y el Aar, cuyas ondulaciones les dan el aspecto de un mar de pálida ó amarillenta verdura. Por último, al oriente se desarrolla el cáos tumultuoso de los Alpes de Glaris, Appenzel y los Grisones, descollando hácia el S.-E. las mas gigantescas neveras. Aquello es inmenso en proporciones y prodigiosamente bello!

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Eran las cuatro de la mañana cuando el agudo son de la cornamusa alpestre nos despertó y puso en movimiento á todos. Ibamos á contemplar la salida del sol, que es uno de los mas sublimes espectáculos que se pueden observar desde una cumbre elevada de los Alpes. Nuestra fortuna fué tal que no solo tuvimos ese placer durante algunos minutos, sino que logramos ver el espectro solar en toda su aterradora magnificencia, y la formacion súbita de una borrasca del lago de Lucerna. El alba comenzaba apénas cuando mas de trescientas personas nos hallábamos en el punto culminante, acechando el momento en que el sol debia asomar por encima de los Alpes.

Todo el inmenso panorama que en la tarde anterior habíamos contemplado estaba en las tinieblas, pero no ya en una oscuridad profunda, sino cubierto de un crespon vago de tinta gris oscura, algo mas clara en los espacios de las lagos, de cuyos senos se levantaban nieblas y vapores fijos al parecer, al principio, y luego errantes y dispersos. Las estrellas brillaban aún con un fulgor pálido y moribundo, y un silencio sepulcral reinaba en el fondo de todos los abismos. Un lampo de claridad apareció en el oriente como una mota de indecisa blancura; despues se extendió al pié del horizonte en una inmensa cinta luminosa y rosada, y los astros apagaron su tembloroso brillo. Pocos minutos pararon y la luz apareció clara y purísima en las alturas del cielo; vímos que comenzaban á brillar las cúpulas de los mas altos y lejanos nevados, miéntras que la gran masa del panorama estaba cubierta de profundas sombras. En seguida el inmenso anfiteatro de los Alpes fué ofreciéndonos una sucesion de apariciones: la luz, cayendo sobre las alti-planicies y los valles en infinitas cataratas, se desplomaba de repente, de instante en instante, de una cima estupenda al escalon de otra mas baja, de esta á otra inferior, y así sucesivamente hasta inundar de claridad toda la gradería titánica de sierras y montañas.

Entónces una luz mas cercana, semejante al resplandor de una hoguera invisible, apareció sobre la primera cima del oriente, superior al Rigi; un minuto despues asomó el borde del disco solar, luego un cuarto, la mitad, en fin todo el astro soberano de la creacion física, inmenso, rojo como la enorme boca de un horno repleto de fuego, y tan cercano á virtud de la ilusion óptica, que parecia como adherido al lomo de la montaña y amenazando venir sobre nosotros. Todo entónces se inundó con aquel mar de luz que brotaba del océano celeste; todos los abismos se aclararon, los lagos reverberaron como espejos, y un grito acorde y unísono de trescientas gargantas saludó la aparicion del amante universal! Me sentí tentado á caer de rodillas ante aquella majestad cuya suprema hermosura me ofrecia la mejor imágen, la única bastante expresiva de la suprema prevision, sabiduría y bondad y el inagotable amor de Dios…. Me parecia sentir que en la delicia de mi sangre y en la muda adoracion de mi alma se resumian todos los estremecimientos de la vida orgánica de la Creacion al saludar la aparicion del astro portentoso….

Pero cuán poco debia durar aquel incomparable espectáculo! Al mismo tiempo que se acercaba la divina aparicion, se iba levantando del fondo del lago de Lucerna, desde el pié del Pilatos hasta el vértice de Küssnach, una borrasca espantosa, y los fenómenos se sucedieron en la cuarta parte del tiempo necesario para describirlos rápidamente. Toda la parte del lago al N.-O. del Kulm habia estado en la oscuridad cuando la luz reinaba en las alturas del Oriente; y miéntras que del lado de Alpnach venia alzándose un inmenso torbellino que hacia del horizonte inferior un horrible cáos, del fondo del golfo de Küssnach se levantaba un enorme muro de vapores negros y espesos, produciendo entre su línea y la mole del Rigi un valle imaginario del mas extraño aspecto. El muro habia llegado hasta la mitad de la altura del Rigi cuando el sol mostró todo su disco. Fué entónces que, durante un minuto, pudimos ver el fenómeno del espectro solar. La imágen de la cumbre del Rigi se reflejaba con todos los objetos que la coronaban en el muro vertical de nubes negras, y las figuras humanas aparecian en aquella fantasmagoría con las mas extravagantes formas y las tintas mas románticas.

Pero sol, espectro solar, cielo, lagos, paisajes y montañas, un momento visibles, desaparecieron luego como por encanto en pocos segundos. La borrasca de Alpnach, engendrada por el soplo traidor del Pilatos, subia, subia y subia, con una rapidez prodigiosa, escalando la montaña como una furia y revolcando en el abismo sus remolinos de ráfagas y lluvia con la violencia del mar irritado que sacude su melena sobre inmensos arrecifes. La tromba subió hasta la cumbre, envolvió completamente la montaña, oscureció cuanto habíamos visto, reproduciendo la noche con sus grandes horrores, y vomitó sus cataratas de granizo menudo y dardos de agua sobre la cima que el sol acababa de dorar con sus lenguas de fuego. Todos volvímos al hotel y solicitamos el sueño. Cuando á las diez de la mañana volvímos á salir, el tiempo se habia serenado, y cada lago y cada nevera lejana reverberaba con esplendor, reproduciendo la magnífica iluminacion del cielo….

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