CAPITULO XV.
LA HOYA DEL RIN.
Las comunicaciones en Suiza.—De Zuric á Schaffhousen.—La catarata del
Rin.—La ciudad y el canton de Schaffhousen.—Navegacion del alto
Rin.—La ciudad de Constanza.—Los lagos internacionales.
El canton de Zuric contiene en su capital y en la pequeña ciudad de Winterthur dos centros importantes de ferrocarriles, los cuales procuran un gran movimiento de comunicaciones á toda la region de Suiza correspondiente á la vasta hoya del Rin. De Zuric parten dos líneas que se subdividen ó enganchan sucesivamente: la primera se dirige hácia el occidente, siguiendo el curso del rio Limmat, y se bifurca en el canton de Argovia, cerca de la confluencia de aquel rio y del Reus con el Aar; de allí una rama se aparta hácia el norte, orillando el Aar hasta el Rin, atraviesa este gran rio y sigue su márgen derecha por todo el territorio del gran-ducado de Báden, hasta ligarse á las numerosas y complicadas líneas de ferrocarriles alemanes y franceses; miéntras que la línea suiza, cortando el territorio de Argovia, por la via de Aarau, se liga en Olten con los ferrocarriles que en opuestas direcciones giran hácia Basilea, Solera, Berna y Lucerna.
La otra línea de Zuric salva el Limmat á corta distancia de la capital, y luego se bifurca en Walliselten. Allí, una rama va hácia el S. E., por en medio de los lagos de Greiffen y Pfaffikon, costea luego los de Zuric (en su extremo superior) y Wallenstatter, soltando un ramal sobre Glaris, y va á terminar en Coira, capital del canton de los Grisones, el mas montañoso y el segundo en extension de la Confederacion. La otra rama avanza hasta Winterthur y allí se divide en tres ramificaciones: la primera penetra á los cantones de Turgovia y San-Gall, pasa por la capital de este, toca en el lago de Constanza y remontando el valle del alto Rin llega hasta Coira; la segunda pasa por la capital de Turgovia (la ciudad de Frauenfeld) y termina en el puerto de Romishorn, en el mismo lago de Constanza; en fin, la tercera se dirige á Schaffhousen, pasando por encima de la famosa catarata. Esta última ramificacion era nuestra via al partir de Zuric.
No es sin objeto que hago esta ligera indicacion de las líneas de ferrocarriles que posee la Suiza en la hoya del Rin, aparte de las numerosas líneas que corresponden á la hoya del Ródano. He querido hacer notar con esa simple indicacion cuánta es la importancia que esos pueblos libres y progresistas de Suiza dan al desarrollo de las vias de comunicacion que, en el presente siglo, son la manifestacion mas característica y enérgica de la civilizacion. Comunicarse es vivir, progresar, multiplicar la luz, la fuerza y el tiempo; y los Suizos, acaso mejor que nadie, relativamente, han comprendido muy bien que el aislamiento es el estancamiento, la muerte,—porque en esta época el que se queda atras caduca y perece. No hay un rio ni un lago susceptible de navegacion que no esté surcado en Suiza por numerosos vapores, para cuyo servicio se aprovecha en caso necesario el inagotable combustible que ofrecen las florestas de los Alpes y el Jura. La red de caminos carreteros es extensa y complicadísima, y donde el terreno se presta poco á las carreteras se encuentran al ménos excelentes caminos de herradura muy bien conservados. En todas las vias importantes, aun por encima de los abismos de los lagos y al traves de las espesas selvas, hay líneas telegráficas, con un alambre por lo ménos. Los ferrocarriles se cruzan en todas direcciones, y no muy tarde la Europa occidental, así como los pueblos del Rin, tendrán sus comunicaciones directas con Italia y la hoya del Adriático por medio de los ferrocarriles suizos del Rin y el Ródano.
Todo eso es prodigioso, aun relativamente á los demas países europeos, y hace mucho honor al espíritu práctico y progresista de la Confederacion suiza; ademas, es un ejemplo muy digno de ser imitado, porque contiene una gran demostracion en favor de esa política moderna que tiende á suprimir las fronteras, y busca la fuerza de los pueblos no en el número de sus bayonetas y el poder de sus fortificaciones y precauciones egoistas y suspicaces, sino en la multiplicacion de los cambios, sean de ideas ó de valores económicos. Con un territorio asombrosamente sembrado de obstáculos y una poblacion reducida á ménos de dos y medio millones de individuos (pobres en gran parte, en las montañas y los valles alpinos) la Suiza ha podido sinembargo, á fuerza de voluntad y liberalismo, realizar prodigios en pocos años. Los Alpes han dejado de ser barreras divisorias de Europa; y en doce años, gracias al movimiento producido por el triunfo del radicalismo en 1848, la Confederacion ha hecho inmensos progresos que se manifiestan en todas partes con evidencia, particularmente en Ginebra, Zuric, San-Gall y Basilea.
La via que tomamos en Zuric gira por una comarca de alegres y pintorescas planicies hábilmente cultivadas, salpicadas de lindos bosques, pueblos y cortijos, y entrecortada por graciosas colinas que algunas veces ofrecen las proporciones de pequeñas montañas. Todo ese país, hasta las cercanías del Rin, seduce al viajero con sus mil rasgos que indican en la poblacion de las campañas y las localidades inteligencia, pulcritud, actividad y bienestar. Donde quiera los graciosos campanarios de bonitas iglesias, la estructura de las casas, las numerosas arboledas y la disposicion de los objetos ofrecen á la vista del viajero paisajes pintorescos, que contrastan con los severos de las montañas y los valles alpestres.
Winterthur, situada casi en la mitad del trayecto, es la única villa ó pequeña ciudad importante en que se toca. Y en realidad pocas localidades hay en Suiza, de proporciones análogas (5,600 habitantes reformados) que inspiren tanta simpatía como la bella y limpia Winterthur. Demora esta ciudad á orillas del riachuelo llamado Eulach, en el fondo de una bonita llanura rodeada de colinas, unas cubiertas de viñedos y otras de bosques de hayas y encinas, y todas salpicadas de alegres casas de campo ú labor. La regularidad de sus formas, compuesta como está de dos grandes calles rectas cortadas por siete ú ocho trasversales, le da un aspecto enteramente moderno, no obstante que data del siglo XII; y si sus numerosos edificios públicos, muy estimables y dignos de atencion, y sus elegantes casas modernas le dan un aire de bienestar y progreso muy simpático, su multitud de fábricas, su movimiento comercial y el de su gran estacion de ferrocarriles hacen comprender que allí reina la actividad de los negocios, aliándose muy bien con la pulcritud y la hermosura.
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Al llegar al valle mismo del Rin, orillando su márgen izquierda, el paisaje toma un aspecto magnífico y apacible. El rio desciende lento y silencioso por en medio de florestas y viñedos extensos, y donde quiera se comienzan á ver á lo léjos, sobre las colinas rocallosas, unos cuantos de esos castillos feudales tan prodigiosamente numerosos en el Rin, algunos de gracioso aspecto y muchos de ellos románticos por sus hermosas ruinas. Al cabo el ferrocarril se aproxima tanto á la catarata que se percibe el ruido de sus remolinos espumantes; el tren penetra en un pequeño túnel, pasando bajo las rocas que sostienen un antiguo castillo, y al salir de la caverna artificial el viajero se siente sorprendido, hallándose sobre el puente de hierro que atraviesa el Rin en el punto donde se pronuncia el raudal que determina la catarata. Esa impresion momentánea es una de las mas profundas y sorprendentes que se experimentan en Suiza, pues en ménos de un minuto se pasa de las tinieblas del túnel al magnífico espectáculo de la catarata, y de esta, perdiéndola de vista, al valle algo profundo del rio hasta la ciudad de Schaffhousen.
Teníamos priesa de dirigirnos al hermoso hotel establecido sobre la márgen derecha del rio, en frente de la caída ó catarata, para donde partímos al momento mismo en un coche, reservando para el dia siguiente la inspeccion de la ciudad.
El hotel Weber, cuyo nombre es una poética reminiscencia de las obras de uno de los mas simpáticos artistas alemanes, tiene una situacion muy feliz para el viajero que desea admirar ese magnífico rasgo de la poesía suprema de la naturaleza. Trepado sobre un collado á mayor altura que la catarata, en medio de jardines y bosquecillos, domina completamente el abismo azul y trasparente, redondeado en forma de lago, en cuyo fondo se precipita el rio en deslumbradores torbellinos, como una borrasca de perlas y chispas de diamante. Habiendo llegado á las cuatro de la tarde, tuvimos la triple delicia de contemplar ese tesoro á la luz de la tarde, desde la ribera, y á la de la luna y del alba desde los balcones del hotel.
Desde el pié del collado en que nos hallábamos, sobre la orilla misma del rio, teníamos al frente un soberbio cuadro formado por la catarata y las riberas que le sirven de marco. A nuestra izquierda, es decir sobre la márgen derecha del rio, se destacaba sobre un collado de base rocallosa la masa caprichosa y desordenada de la pequeña villa de Neuhausen, que vive ensordecida por el estruendo de las ondas irritadas, y cuyos edificios se avanzan en parte sobre las rocas del raudal, ó trepan hácia la colina, ó se pierden de vista en el fondo del valle superior, á la sombra de algunos grupos é hileras de álamos blancos. A nuestra derecha, del lado opuesto del rio, se levantaba un enorme peñasco abrupto, como una fortaleza, dominado por el castillo de Lauffen, que le da su nombre aleman á la caída: y al pié de ese romántico edificio, siguiendo el curso del rio, giraba un alto y verde collado que iba á perder su graciosa curba en un horizonte estrecho de bosques espesos que dominan el cauce.
Al frente, en medio de las dos vigorosas líneas del marco, se ve el puente del ferrocarril casi saliendo de la negra boca del túnel, y debajo un enjambre de rocas desiguales y revueltas que comienzan el raudal, dislocan el movimiento de las ondas, se estrechan en un espacio de 100 metros y terminan en tres grandes peñascos de formas destrozadas y salpicados de matorrales, que forman una barrera de 15 á 20 metros de altura. Por sus espacios ó boquerones se precipita la enorme mole líquida, espumante, frenética, en chorros desiguales que se multiplican en numerosas cascadas, llenando el aire de nubes de chispas luminosas, retorciéndose en el vacío como legiones de boas diamantinos, azotando las rocas con desesperacion y hundiéndose en el vasto recipiente en remolinos sorprendentes cuyo estridor aturde, impone y hace enmudecer de admiracion…. Tal parece como si el noble y viejo Rin, tan glorioso y fecundo en la historia de Alemania, animado por la conciencia de un genio misterioso, sintiese al mismo tiempo la desesperacion de perder su unidad y su calma generosa en ese abismo de rocas que lo despedazan, y el remordimiento de interrumpir la comunicacion, sobre sus azules ondas, de pueblos hermanos por la lengua, la raza, las tradiciones y los intereses. Se diría que los Alpes, orgullosos de los magníficos horrores que guardan en su seno, han querido perseguir al Rin, el fruto de sus admirables neveras, atravesando en su curso un cordon de peñascos que les hagan recordar á los pueblos de las llanuras alemanas que el imperio de los gigantes graníticos de la Suiza alcanza hasta muy léjos de sus altísimas cascadas, sus picos formidables, sus torrentes coléricos y sus lagos románticos!
Sinembargo de la profunda impresion que nos causó tan bello espectáculo, confieso que no sentímos ese horror que experimentan en su presencia los excursionistas europeos que no han viajado en América. Por grandioso que sea el espectáculo de Lauffen, á causa del volúmen de agua principalmente, no tiene la horrible majestad de las grandes cataratas del Nuevo Mundo, mucho mas imponentes que las de Europa. Esos sublimes desórdenes de la naturaleza parecen exigir siempre en derredor un marco salvaje en armonía con la cólera del torbellino y la grandiosidad del abismo. Así, la caída de Lauffen nos pareció mas hermosa y poética que sublime y aterradora, á la luz del sol de la tarde y bajo los resplandores del crepúsculo matinal.
Pero durante la noche, cuando la contemplamos desde los altos balcones de nuestro aposento, á la luz melancólica de la luna, nos pareció de una hermosura imponderable. Era un espectáculo tan romántico, tan soberanamente triste y elocuente, que sentímos nuestras almas conmovidas hasta lo mas hondo y soñamos despiertos durante horas enteras.! Qué de misterios penetra y analiza el alma, excitada por el sentimiento de admiracion, en aquellos momentos en que Dios se revela en sus sublimes obras y ningún rumor humano se interpone en medio del Creador y el hombre, del corazon y la naturaleza! Entónces, soñando sin sentirlo y perdiéndose en un mundo de cavilaciones luminosas, el alma descubre mil verdades que el bullicio del mundo le habia ocultado,—verdades que brillan, que palpitan por decirlo así, lo mismo en la onda suspendida en el abismo y preñada de la luz de la luna, que en los senos oscuros de la roca y el bosque, y tanto en los maravillas del cielo como en los rumores de la brisa, las ecos del torrente y el sueño tranquilo de la naturaleza orgánica.
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El canton de Schaffhousen se compone de tres porciones aisladas y desiguales de territorio, sobre la márgen derecha del Rin, enclavadas en medio del gran-ducado de Báden y los cantones de Zuric y Turgovia, y con un área total de 300 kilómetros cuadrados. La mas considerable de esas tres porciones es la que tiene por centro á la ciudad capital. Aunque el Canton no carece de industria y de alguna explotacion mineral (particularmente de hierro) la agricultura es su mas importante elemento de riqueza, consistente en la produccion de buenos vinos, crias de ganados y corte de maderas. Casi todo el territorio proviene de adquisiciones hechas por compras verificadas por la ciudad de Schaffhousen en otros tiempos. La poblacion, casi totalmente calvinista, no excede de unos 35,700 habitantes, de raza alemana.
Ciudad libre imperial desde fines del siglo XI y dominando el país anexo, despues de haber vivido bajo la soberanía de un abad, Schaffhousen mantuvo hasta 1798 la constitucion semi-aristócratica que se habia dado en 1411. Su primera liga con los Cantones suizos, que le aseguró la independencia, tuvo lugar á mediados del siglo XV, pero su entrada definitiva á la Confederacion no se efectuó sino al principio del XVI. Los sucesos de 1798 produjeron la reforma de las instituciones que les negaban derechos á los paisanos; y, á pesar de la reaccion de 1814, el Canton está regido desde 1834 por una constitucion liberal y democrática, análoga en lo sustancial á las de otros cantones de gobierno popular representativo.
La ciudad de Schaffhousen, si no es bella según el gusto moderno, es sumamente curiosa por sus formas singulares, enteramente fieles á las tradiciones de la edad média. Bajo este aspecto es la ciudad mas interesante de Suiza. Cuenta unos 7,800 habitantes y está situada en un suelo onduloso á la márgen derecha del Rin, á corta distancia de la caída, lo que unido á sus murallas que la cercan en parte y van desapareciendo, le da un aspecto que no carece de gracia. Sus calles angostas y tortuosas, sus edificios de formas extrañas, cubiertos de frescos históricos ó religiosos y dominados por torreones salientes que proyectan sobre las calles sus balcones cerrados de la edad média, y otros pormenores análogos, le dan un aire de vetustez que contrasta mucho con el de casi todas las ciudades suizas. Por lo demas, Schaffhousen manifiesta con sus establecimientos públicos (entre ellos una biblioteca con mas de 20,000 volúmenes, y colecciones estimables) que donde quiera el genio suizo y el espíritu de emulacion son favorables al servicio público.
Despues de una ligera inspeccion de la ciudad nos embarcamos á bordo de un vapor que debia remontar el Rin y conducirnos á Constanza para luego surcar el lago y dirigirnos á San-Gall. Salvo algunos graciosos paisajes que ofrecen los pueblos de las dos riberas, los castillos que las dominan, el movimiento de los vapores que se cruzan, etc., casi todo el trayecto carece de interes. El Rin no tiene allí contornos bien determinados; las orillas, cubiertas de viñedos literalmente y rara vez encerradas entre pequeñas montañas, son llanas y de triste aspecto; y el rio, dilatado á veces entre juncos espesos y desbordándose, ofrece considerables dificultades á la navegacion, que exigen muchas precauciones.
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Constanza, cuyo nombre y tradiciones político-religiosas predisponen al viajero á la curiosidad, la justifica apénas con algunos objetos. Apesar del valor de algunos templos regulares, su mérito principal consiste en los recuerdos que hace evocar. La ciudad, situada sobre la márgen izquierda del Rin y enclavada en el territorio del canton de Turgovia, pertenece al gran-ducado de Báden, y aunque comienza á renacer de su profunda decadencia, tiene muy poco movimiento industrial y apénas cuenta unos 5,700 habitantes. Su posicion es algo pintoresca, en el fondo de una vasta planicie y dominando la estrecha garganta del Rin que enlaza los dos lagos de Constanza llamados de arriba (Ubersee, el mas considerable) y de abajo (Untersee). El horizonte es vasto y generalmente desapacible, como el de todos los lagos que, siendo considerables, carecen del magnífico marco de altas montañas en todas direcciones.
Constanza es una plaza fortificada, si bien sus fortificaciones nada tienen hoy de formidables. Por una singular contradiccion es al mismo tiempo un puerto franco, y es á esta circunstancia que debe la mediana actividad comercial que en su seno se va desarrollando. Fundada por Constantino Cloro al fin del siglo III, adquirió, despues de hacer muchos progresos en la edad média, el rango de ciudad libre imperial, del cual la privó el emperador Cárlos V, en castigo de su rebeldía religiosa ó la adopcion del protestantismo. Los monumentos y las calles antiguas de la ciudad no carecen de interes por algunos pormenores curiosos. Sinembargo, lo que mas nos llamó la atencion durante las cuatro ó cinco horas que gastamos en visitar á Constanza, fueron las ruinas del convento de los Dominicanos (que yacen en una graciosa islita determinada por un canal y el Rin) y el extraño y tristísimo edificio, especie de museo del horror, donde tuvo sus sesiones el célebre concilio de odiosa memoria que funcionó de 1414 á 1418.
Los nombres de Juan Huss y su discípulo Jerónimo de Praga, esos heróicos precursores de la Reforma que preparó el triunfo de la libertad de la conciencia, parecen vagar aún por todo el ámbito de la ciudad y darle no sé qué de solemne y melancólico. En la islita que he mencionado se encuentra una admirable enseñanza que no impresiona al vulgo de los excursionistas. La iglesia del antiguo convento es una bella ruina cubierta de verdura; los claustros y salones de habitacion, que sirvieron de prision á Juan Huss, están hoy ocupados por una fábrica de tejidos de algodon; y á su lado subsisten aún, olvidados, los restos de una fortaleza romana. Como se ve, el cuadro es en apariencia muy sencillo; y sinembargo él resume la historia de la civilizacion durante la era cristiana. La fortaleza romana, casi borrada del suelo, es el símbolo de la conquista y la fuerza vencidas,—instrumentos de civilizacion en lejana época. Las ruinas del convento son las de un nuevo género de fortaleza y de conquista,—la fortaleza monástica y la conquista religiosa de la edad média,—recordando el martirio de un hombre de conciencia libre y sentimiento indomable. En fin, la manufactura de algodon, fortaleza pacífica del trabajo, es el símbolo del sistema moderno de conquista y civilizacion: el de las colonizaciones fecundas, el comercio libre, la emancipacion del hombre por el trabajo, y la potencia maravillosa de las máquinas que espiritualizan la materia y mejoran la condicion de la humanidad. La fortaleza romana ha desaparecido casi; la iglesia conventual es una ruina; la fábrica prospera, y el nombre de Juan Huss se ha salvado del olvido, porque simboliza la gloria de la conciencia libre, santifica el martirio y condena los crímenes y horrores del fanatismo religioso.
El edificio gótico, de interior casi escueto, donde tuvo sus deliberaciones el Concilio, nos inspiró disgusto. Así como es penosa la visita de una cárcel ó un lugar de suplicio, no se puede penetrar sin repugnancia á un recinto donde se ha perpetrado un gran crímen. El concilio de Constanza, no solo cruel sino pérfido, consumó allí dos, haciendo perecer en la hoguera á los dos heróicos sectarios; y si con eso acabó de justificar la futura Reforma, no comprometió ménos el porvenir del catolicismo con la eleccion de Martin V en reemplazo de dos papas depuestos. Hay actos de autoridad que son por sí solos la condenacion de la misma autoridad en que se fundan.
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Al embarcarnos en el muelle de la ciudad, á bordo de un bonito vapor, comenzamos á navegar el lago de Constanza propiamente dicho, que los alemanes llaman Boden-See. En breve tuvimos á la vista el angosto golfo que se prolonga hácia el N.-E., haciendo un abra en el territorio de Báden, con el nombre particular de Uberlinger-See. A la derecha teníamos, primero, el territorio del canton de Turgovia (ó Thurgovia) y luego el de San-Gall, que íbamos casi orillando; á la izquierda, en lejano horizonte, las costas ó riberas del gran-ducado de Báden, de los reinos de Wurtemberg y Baviera en el centro, y del Austria, en el extremo superior del lago. En todas direcciones veíamos riberas bajas y de tintas melancólicas, rara vez dominadas por colinas de alguna consideracion, literalmente cubiertas de viñedos, y salpicadas de una multitud de pequeñas ó regulares poblaciones. Muy frecuentemente íbamos encontrando ó divisando á lo léjos buques de vapor y barcas veleras considerables, cuyo activo movimiento alimenta un tráfico de grandes proporciones entre los pueblos de las cinco naciones riberanas.
El Boden-See, expuesto á frecuentes y terribles borrascas y muchas veces completamente oscurecido por nieblas espesas, es el lago mas importante de las regiones alpinas, por su carácter internacional, y sus proporciones son muy considerables. Su perímetro es de 194 kilómetros, conteniendo un área de 466 kilóm. cuadrados. Mide en su mayor longitud 64 kilóm., de S.-E. á N.-O., es decir desde Bregens, en la ribera austríaca del Vorarlberg, hasta el fondo del golfo de Uberlinger; y en su mayor anchura 14 kilóm., de Borschbach (en la ribera de San-Gall) á Wasserburg, en la de Baviera. Su profundidad alcanza hasta cerca de 300 metros, y ademas de las aguas del Rin, que forman su caudal principal, recibe las de algunos rios ó riachuelos procedentes de los cinco países riberanos.
Desembarcamos, sintiendo una grata impresion, en el hermoso puerto de Borschbach, pequeña villa de cerca de 2,800 habitantes, graciosa y muy notable por su movimiento comercial é industrial, como por sus grandes mercados de granos. Allí tomamos un tren del ferrocarril que conduce á San-Gall, y una hora despues llegábamos á la bellísima capital del Canton, al traves de risueños paisajes, huertos y jardines, por en medio de los cuales gira el ferrocarril en plano inclinado y ascendente, hasta cortar la ciudad misma bajo la sombra de graciosos collados y hermosas y alegres arboledas.
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