Fauna.

Pocos son los estudios hechos hasta ahora en Mindanao de tan importante ramo de la ciencia; casi todo lo escrito sobre este particular se refiere á noticias inciertas, sin que pueda hacerse un estudio completo ínterin no se exploren los extensos valles que bañan los ríos Butuan y Grande de Mindanao y la abrupta cordillera de Rangaya, en cuyos territorios indudablemente habitan animales cuya existencia es hasta el día desconocida, ó al menos sólo se tiene como hipotética.

La fauna de estas islas, como en el resto del Archipiélago filipino, resulta pobre en parangón con las de otros países vecinos que, sin ser de mayor extensión ni de mejores condiciones climatológicas, cuentan con un infinito número de variedades desconocidas en este Archipiélago.

Mamíferos.

Monos (changos ó machines en Filipinas) muy numerosos y variados; los machines son muy corpulentos y fieros; en 1882 hemos visto en la isla de Bongao á varios marineros indios que salían por el bosque sin armamento, volver al destacamento huyendo de la acometida de una bandada de machines; se supone pertenecen á la familia del orangután.

Los hay más pequeños, de piel blanca y brillante, negros, de pelo muy lanudo y cara inteligente y otras variedades que se diferencian en muy poco de las ya mencionadas.

Estos animales se reunen en grandes bandadas, armando tales griterías que se hace insoportable su vecindad.

El indio los persigue con encarnizamiento por los grandes destrozos que hacen en los sembrados; cuando la hembra está criando, lleva siempre al hijuelo agarrado en forma de faja en la región abdominal; si se coge la madre, se aprieta el pequeñín de tal modo á ella que cuesta trabajo separarle.

El caguag.—Especie de mono alado, que puede considerarse como murciélago de gran tamaño; su vuelo es corto; es bastante apreciado por su piel, cubierta de pelo sedoso de muy variados colores.

Paniques.—Murciélagos de gran tamaño, muy abundante en las islas; hay una variedad que hace sus correrías durante el día; son de carne fina, apreciadísima por el indio.

Los carniceros carnívoros están poco representados en Mindanao, lo mismo que en el resto del Archipiélago. Sólo se encuentra el Miro (Paradoxius) y el Galoug, que causan mucho daño en las plantaciones de café; este último está dotado de una pequeña bolsa, de donde segrega una materia semejante al almizcle.

Los roedores son muy escasos, no tanto en variedades como en número, lo cual no ocurre en todo el Archipiélago, pues en las Calamianes hay años que destruyen las cosechas, pasando de unas á otras islas en grandes bandadas.

También existe una variedad de muy poco tamaño, y que al perseguirlo arroja un agudo chirrido: es común en todo el Archipiélago.

Tagua ó ardilla.—Existen varias especies: la más notable es la ardilla voladora, de cola parda y gris, con motas blancas; se sirve de la piel que le sobresale en los costados para dar su vuelo ó salto.

Tampoco son muchas las variedades de paquidermos. El caballo importado de España existe en gran número, pero de poca alzada; á pesar de ésto, es de excelentes cualidades por su fuerza y resistencia, y tan duro de casco que no necesita herradura.

El jabalí muy abundante.

El puerco-ciervo, que sólo existe en Mindanao, muy fácil de cazar por su poca resistencia en la carrera.

El cerdo común abundantísimo en todo Filipinas, donde presta un oficio á que debieran poner coto las autoridades.

En Zamboanga repugna verlos recorrer las calles cubiertos de inmundicias, haciendo las veces de vertederos cloacales.

Los rumiantes tienen mejor representación que los paquidermos, siendo mayores sus variedades y de más útil aplicación.

La raza vacuna se divide en dos ramas de muy distinta procedencia: la una, originaria de la Península, conserva sus caracteres distintivos, hasta la bravura, aunque en menos escala, como se ha probado en las numerosas corridas celebradas en Manila. La otra variedad es la indiana, con joroba y cuernos retorcidos. Todas son de mucha utilidad y de carnes muy sabrosas.

Los carneros y cabras existen, aunque en muy reducido número; donde hay mayor cantidad de estas últimas es en las rancherías de los moros, que crían la cabra como objeto de veneración.

El carabao (búfalo), animal muy corpulento y el que mayores servicios presta en el país, es de color negro parduzco con el pelo muy escaso, está armado de grandes astas en forma de media luna que siguen la dirección del frontal del animal. Su gran fuerza y resistencia le hace muy apreciable para las faenas agrícolas. Como anfibio que es, gusta en extremo revolcarse en el fango ó estar metido en el agua. Su único alimento es el pasto. Cuando son pequeños les taladran la ternilla de las fosas nasales, pasándoles un cordel que hace luego el oficio de riendas para guiar el animal.

Cuando se encuentra en estado salvaje en el monte es fiero y temible por su extremada ferocidad.

El carabao se emplea para vadear los ríos, y de este modo librarse de las asechanzas de los terribles saurios. Para efectuarlo, el indio monta sobre el lomo, y con una mano recoge la cola levantándola; con ésto evita que el animal se zambulla en el agua y consigue poderlo guiar mejor.

El ciervo abunda mucho en las islas; sirve de exquisito alimento á los naturales, que hacen de su carne una especie de conserva salada ó al humo, á la que dan el nombre de tapa.

En las aguas de Mindanao abunda el dugong, mamífero del orden de los cetáceos, cuya carne es muy apreciada por los indígenas.

Aves.

Como en los mamíferos, Filipinas presenta más escasas variedades ornitológicas que los países inmediatos; á pesar de ésto hay familias espléndidamente representadas, tanto por su variedad como por la hermosura de su brillante plumaje.

Las aves domésticas se encuentran en condiciones muy semejantes á las de Europa. Abundan las gallinas, patos y palomas, que, aunque de menor tamaño, son de carne muy exquisita.

El pavo se halla doméstico en Zamboanga, y se asegura que en Mindanao los hay en gran número en estado silvestre.

El pato se utiliza, no sólo por su carne, sino por los huevos que, cocidos, son uno de los manjares que mas agradan al indio; los vende en las galleras, pintados de colores, donde hacen gran consumo de ellos.

Las aves de rapiña son muy numerosas.

Aguilas.—Las hay de muy extraordinaria magnitud, de color grís, y las alas y cola muy obscuras.

El lauing, parecido al águila, de gran tamaño y fuerza.

El buho, de mucho tamaño y hermoso plumaje.

Las trepadoras están representadas por una numerosa variedad de papagayos, cotorras, carpinteros y otras; la más notable es el loro llamado de siete colores, en el que sobresale el encarnado; es pequeño, pero de hermoso aspecto por la firmeza y brillantez de su plumaje.

La catala, especie de guacamayo, de plumaje blanco y muy rara vez con pintas amarillas: las hay de dos clases, pequeñas como una paloma y de tamaño igual á una gallina; éstas suelen tener el penacho amarillo y encarnado; son muy fáciles de domesticar.

Tucán ó carpintero: tiene el pico muy agudo y resistente y de él se vale para abrir el nido en el tronco de los árboles, y por el ruido que produce semejante al martillo ha recibido el nombre de carpintero.

El barbudo, sabucot y otros, parecidos á los cuclillos, que nunca abandonan los bosques.

Las gallináceas son abundantísimas y están representadas por inmenso número de variedades.

La más notable es el tabon, que vive siempre próximo á las playas donde deposita sus huevos para la procreación; ésto lo ejecuta de un modo muy original. Empieza por escarvar en la arena un hoyo bastante profundo, donde va depositando los huevos; cuando tiene hecha la postura, valiéndose de las alas y andando para atrás, vuelve la arena á su posición primitiva, hasta formar un montón muy parecido á los que se encuentran en las carreteras para conservar la grava. Cuando el pollo sale del huevo, atraído por el canto de la madre, se vuelve con las patas hacia arriba y empieza a escarbar hasta salir de su encierro.

En estos animales todo es particular y raro; con ser su tamaño mucho menor que una gallina, los huevos, que son exquisitos, tienen más volumen que los de una pava.

Los labuyos ó gallos silvestres, de menor tamaño que los domésticos, son muy numerosos y abundan en los bosques.

Palomas.—La llamada curucuru, con la cabeza color púrpura.

El gura ó pichón coronado y el batobato dongon, de mucho tamaño y variado plumaje.

La de puñalada, que recibe este nombre por la mancha roja que ostenta en el pecho, y las de orejón y de anteojos.

El balor, muy semejante á la torcaz de España.

La tórtola, bato-bato munti y otras, todas de muy variados colores, desde el blanco ceniciento al negro; son de carne blanca, muy agradable al paladar.

El calao, del orden de los páseres, es uno de los animales más raros que se encuentran en Mindanao. De gran tamaño é inofensivo; tiene un canto muy monótono, y cuando se reunen varios arman un ruido infernal.

Están provistos de un enorme pico que les sube hasta el cráneo, afectando la forma de capacete, resultando desproporcionado con el cuerpo, que no será mucho mayor que una gallina. Su vuelo resulta corto y pesado, no obstante la abundancia de su hermoso plumaje rojo y gris.

Las ánades abundan de muy diferentes tamaños, encontrándose desde el pato real, negro y blanco con cabeza roja, hasta el pequeño y chillón, que habita en los manglares.

El martín pescador y martín cazador, que se alimentan de peces é insectos.

La garza vive siempre en los ríos, pantanos, y en la playa son muy numerosas y de largas patas y cuello prolongado: presentan el más raro aspecto cuando se las vé posadas tranquilamente sobre el lomo del carabao mientras éste está pastando.

Los palmípedos abundan extraordinariamente en Mindanao, donde la mucha humedad de su suelo se presta de modo admirable al sistema de vida de estas aves; entre sus numerosas especies citaremos el culisi, la aurega, el pato de monte y el pelícano, ave de gran tamaño y hermoso aspecto por su blanco plumaje y majestuosos movimientos: gusta de las orillas de los ríos, por más que lo mismo busca el alimento en agua dulce que en la salada.

En Zamboanga se ven muy hermosos ejemplares.

Existen otras muchas clases de aves que por su utilidad hemos de mencionar.

La golondrina (aleyon salangane), de muy poco tamaño y de cuyo nido gelatinoso extraen los chinos un delicioso manjar. El nido lo fabrican en cavernas ú otros sitios libres del paso del hombre; pero el indio, aguijoneado por el interés, lo busca en los sitios donde ya supone que existen, descolgándose á veces de grandes alturas en los acantilados de las costas, suspendidos de delgadas cuerdas de bejuco.

La codorniz, aunque algo más pequeña que la de España, abunda en los sitios donde hay sementeras de arroz.

La maya.—Especie de pequeño gorrión, que como el anterior, abunda de un modo fabuloso; se reunen en grandes bandadas, y vistas de lejos, por su pequeñez, más parecen insectos que aves.

Otros, sin ser de utilidad inmediata, podrían ser objeto de un activo comercio por la hermosura de su plumaje, que indududablemente tendría aceptación en el comercio para la aplicación del adorno de sombreros.

El chupaflor es sumamente pequeño, de variados colores y pico negro muy largo; se mantiene del jugo de las flores.

Pájaro mosca, pipis y motacillas, diminutos pajarillos de variados y brillantes colores; abundan mucho en todo el país.

Los azucareros, notables por la extraordinaria belleza de su plumaje que varía entre rojo, púrpura y los distintos matices del verde y azul sobre el fondo obscuro aterciopelado de la pluma pequeña que le cubre el cuerpo.

Reptiles

Especie numerosísima y prodigiosamente variada.

Entre éstas hay algunas que reportan al hombre gran utilidad.

El carey, del orden de los quelonios; tortuga de gran tamaño, apreciada por lo valioso del espaldar que lo cubre; éste es transparente, de color amarillo, jaspeado de otros más obscuros; su magnitud es grande, pues á veces tiene más de medio metro de largo. Hacen las posturas de sus huevos en la arena de la playa, ocasión que aprovechan los naturales para poderlos coger con suma facilidad, volcándolos con las patas hacia arriba. A la vez se aprovechan de los huevos, que son un rico manjar.

Los saurios son abundantísimos, tanto en el mar como en los ríos, esteros y lagunas.

El caimán, terrible animal que llega á alcanzar un tamaño gigantesco (5 á 6 metros de largo y hasta medio de ancho), causa infinidad de víctimas entre los indios.

Es de aspecto repugnante y de una ferocidad extremada, teniendo especial predilección por los perros, á los que acecha en el momento que los siente próximos.

Algunos indios cazan el caimán en su propio elemento: para ésto se arrojan al agua armados de un fuerte bolo y de un trozo de madera dura afilado por los dos extremos.

Cuando están cerca del caimán y abre éste la boca para engullirle, el cazador introduce el brazo armado con el palo, cuidando de que los extremos afilados se apoyen cada uno en una mandíbula, impidiendo de este modo que pueda cerrarla, y en esta forma le hacen morir ahogado.

Estos animales serían muy numerosos, á no ser porque el padre encuentra en los hijos un apetitoso manjar que consume con frecuencia, á pesar de los cuidados de la madre.

Chacón, pequeño lagarto inofensivo que sólo gusta de los lugares habitados: tienen un canto extraño, pues consiste en repetir su nombre de un modo monótono y acompasado; sus uñas son finas y agudas y de ellas se valen para andar por la pared, el techo y cualquier otro sitio por plano que sea.

Para desterrarlos de un punto donde se hagan molestos no hay cosa mejor que el humo del tabaco, con el que se asfixian y mueren.

Iguana, lagarto grande verdoso que abunda en los ríos: es inofensivo, excepto una variedad del río Grande, que es tan terrible como el caimán.

Dragón volador, lagarto pequeño que tiene adherida á la espalda dos alas membranosas, de las que se vale para dar cortos vuelos. Se dice ser venenosa su mordedura.

Sagita, muy parecido al anterior: hay quien cree que es una pequeña culebra que, provista también de alas, vuela cortos trechos. También se dice ser venenosa su mordedura.

Dahon-palay (hoja de arroz), nombre aplicado por el parecido que tiene con la hoja de esta planta, entre la cual se cría. Es de poco más de un palmo de longitud, de cabeza triangular achatada y cubierta toda ella de menudas escamas. La picadura, si no se acude á tiempo á cauterizarla, acarrea una fuerte calentura que termina con la muerte.

Alunolang y San Diego, muy parecidas á la serpiente negra del Indostán. Su veneno es tan activo que causa la muerte casi inmediata á la picadura.

El género Pithon es muy numeroso en Mindanao.

Laua (boas>.—Son de colosal tamaño, viven en terrenos pantanosos, en cavernas profundas y enroscadas á los árboles, desde donde acechan el paso de cualquier animal en el que puedan hacer presa. Algunas alcanzan 20 varas de longitud y hasta media de diámetro.

Naja ó serpiente de anteojos; pequeña é inofensiva, le viene este nombre porque su cuello está cubierto de un dibujo parecido á unos anteojos.

Bobas, completamente inofensivas, habitan en poblados y su longitud nunca excede de 3 á 4 varas.

Los bactracios están representados con profusión en todo el país; se multiplican de un modo prodigioso; así es que en el momento que las lluvias forman la más pequeña charca, surge un número infinito de ranas que ni de día ni de noche descansan en su monótono sonsonete, haciendo insoportable su vecindad.

Peces.

Numeroso es este grupo de los vertebrados en las aguas de Filipinas; la gran mayoría son de las mismas especies de los conocidos en el Atlántico, con las variaciones consiguientes al clima y constitución del fondo del mar en que viven, elementos que es indudable concurren de un modo directo á las variaciones que en ellos se observan.

El Holocentrum.—De hermosos colores, rojo, dorado y plateado.

Mesoprion.—Especie de besugo de gran tamaño.

Ambassis, parecido al boquerón; el indio lo sala y prepara como las anchoas.

Salmonete, es muy abundante y exquisito al paladar.

Cofre.—Su piel dura y huesosa opone una gran resistencia; es muy parecido al lenguado.

Rompe candados.—Muy semejante á la pescadilla, más alargado que ésta, pero su carne blanca y suave le dá una gran semejanza.

Taraquito, igual al bonito de España.

Atún, abunda en aquellos mares, por más que no sabemos el nombre con que lo distinguen en Filipinas.

Mugil, de regular tamaño y sabrosa carne. La propiedad que tienen estos animales de acudir al resplandor del fuego la aprovechan los filipinos para pescarlos sin gran trabajo: encienden hogueras en las vintas y en la playa, y cuando acuden los clavan con el arpón. Otras veces emplean una red con bolsas donde caen los peces al saltar.

En Mindanao encienden en la playa hogueras ó forman hachas con maderas resinosas, con lo que lo atraen á la orilla y entonces el pescador le clava el arpón y lo recoge.

El volador, pescado que no excede nunca de una tercia: debido al gran desarrollo de sus aletas se eleva sobre las aguas y vuela un largo trecho. Algunas aves aficionadas á su carne lo espían y lo cogen al dar el vuelo; otras veces se elevan tanto que vienen á caer en las cubiertas de los barcos. Nosotros hemos tenido ocasión de examinar algunos de éstos en el viaje á Filipinas, pues en los días de viento eran muchos los que caían á cubierta.

Tiburón.—Este sanguinario animal, que vive á costa de sus congéneres, es abundantísimo en los mares del Archipiélago. Los indios lo comen cuando es pequeño, y si es de gran tamaño aprovechan las aletas y cola que son objeto de comercio para exportarlo á China, donde sacan de ellas una gelatina muy apreciada como alimento.

Tintorera.—También abunda mucho; sacan de ella los mismos beneficios que del tiburón.

Pez sierra y Raya.—De gran tamaño, del que se sacan bastones muy apreciados, y á los que el indio atribuye extrañas virtudes.

Bogoon.—Pececito que no pasa de un decímetro de largo; se coge en cantidades fabulosas, y después de salado y envasado en tinajas es objeto de un importante tráfico.

Por último, mencionaremos el curioso dalag, con el cual acontecen fenómenos que demuestran la extraordinaria vitalidad de este animal.

Al secarse algunos pantanos y arroyos donde éstos habitan se quedan aletargados en el fondo, y cuando al cabo de algunos meses vuelven las aguas, el dalag recobra la vida, volviendo á su anterior estado.

Algunas veces el indio no tiene necesidad de pescarlo; como se produce abundantemente en las sementeras de arroz, donde hay una capa fangosa en vez de agua, en la que el pescado circula con dificultad, mata á palos los que necesita para sus comidas.

Su carne, aunque insípida, es blanca y constituye un manjar agradable y sano.

Cuando el indio quiere dotar á sus sementeras de este pescado, hecha la semilla, como ellos dicen, que consiste en soltar vivos en el fango unos cuantos de éstos, y desde entonces sabe que no le faltará dalag en el momento en que llueva.

Las sardinas abundan extraordinariamente en todo el S. del Archipiélago.

En resumen: es tal la abundancia de pescado en las aguas filipinas, que allí la industria de conserva, tan próspera en las costas gallegas, encontraría una segura prosperidad, dada la abundancia y baratura de la primera materia y su excelente calidad.

Anillados.

Este, que es uno de los cuatro grandes grupos ó tipos en que los zoólogos dividen al reino animal, vertebrados, anillados, moluscos y zoófitos, abunda mucho en las islas Filipinas.

Los anillados, asimismo denominados, articulados y entomozoarios, se subdividen en nueve clases: insectos, miriápodos, arácnidos, crustáceos, anílidos, helmintos, turbilarios, cestóides y rotalarios.

La fauna entomológica, ó sea la clase de los insectos, cuenta con una representación brillantísima en el Archipiélago, existiendo en él especies correspondientes á los diez órdenes en que se dividen: coleópteros, ortópteros, neurópteros, himenópteros, cepidópteros, hemípteros, dípteros, repípteros, parásitos y tesameros.

Entre los coleópteros, orden el más numeroso de la clase de los insectos, son dignos de mención como habitantes de las islas, las familias escaralecidos, malacodirindos y cerambicidos, cuyas especies más notables son los llamados escarabajos y los luciolos ó lampiridos, vulgarmente conocidos bajo el nombre de gusanos de luz, que con su vivísima fosforescencia convierten á los bosques durante la noche en fantásticas irradiaciones de luces esplendentes de colores caprichosísimos y diversos.

El orden de los ortópteros encierra terribles enemigos para el agricultor filipino, que, como los porfienlidos ó tijiritos, causan grandes daños en huertas y jardines; los blatidos, corredores ó cucarachas, por demás abundantes, hasta constituír una plaga verdadera que puebla de huéspedes incómodos las casas y los buques; los mántidos, fásnudos, locústidos ó saltamontes, grilidos y agrididos, voraces por demás, singularmente los últimos, una de cuyas más dañinas especies, la llamada langosta, ocasiona algunos estragos en los campos filipinos.

En la provincia de Manila existe un pájaro llamado Martín, propio de la región índica, el cual causa daños de consideración entre las langostas, toda vez que de ellas exclusivamente se alimenta. Por lo tanto conceptuamos importante que por el Ministerio de Ultramar se adoptasen aquellas medidas necesarias para que esta agridófaga avecilla se extendiese por la isla de Mindanao, donde el voraz agridido destruye instantáneamente leguas y leguas de frondosísimas plantaciones.

Al orden de los heurópteros pertenece el Termes Monocerus, denominado también Anay ú hormiga blanca, que es un insecto notable, en cuya parte alta lleva tres ojuelos, hallándose armado de durísimos dientes en forma de tenazas, con los cuales destruye en pocos instantes maderas, ropas, papeles, libros, etc. La única madera que no ataca es el molave por su amargor y dureza extremada.

Las costumbres del Anay, terrible insecto para el indio filipino, son en extremo curiosas y dignas de ser conocidas por el colono peninsular, contra cuyos horrorosos estragos ha de adoptar gran número de precauciones. El Anay habita en sitios húmedos, construyendo con arcilla viviendas del tamaño de un hombre, tan duras y tan fuertes que un carabao puede pasar por encima de ellas sin que sean destruídas. Interiormente se componen estas habitaciones de celdillas separadas por tabiques, donde las hembras, llamadas por los indios Reina de las hormigas, deposita los 80.000 huevecillos que como resultado de la cópula arroja al exterior. Aunque el Anay destruye todas las maderas, excepto unas cuantas por su amargor y dureza, la que con más placer destruye es la del pinabete.

De los Himmopleros, las familias más conocidas en Filipinas son los Heterogínidos ú hormigas y apidos ó abejas. Las hormigas constituyen huéspedes incómodos y molestos en las casas y dañinos para la agricultura, y las abejas proporcionan á los salvajes y á los indígenas grandes ganancias con la cera y la miel que producen en los bosques, en cuyos árboles viven.

Entre los lepidópteros ó mariposas notables por sus matizadísimos colores, se encuentra el gusano de la seda, que aunque podría ser susceptible de grande y provechosa explotación, no lo es á causa de que los vaguios y tormentas no lo dejan vivir.

De los Hemípteros se conocen en Filipinas sobre 550 especies, entre las cuales se encuentran las chinches y cigarras, así como los pulgóridos, notables por ostentar vivos colores, llevando sobre las alas manchas en forma de ojos como los que se ven en la cola del pavo real.

Los más numerosos de todos los insectos filipinos son los dípteros, ripípteros, parásitos y tisameros, los cuales constituyen enemigos temibles para el hombre, mamíferos y aves. Entre los dípteros, el género Lucilia, que es una especie de mosca, puede ocasionar la muerte de las personas que sorprenda durmiendo con sólo depositar en la boca y narices sus huevos, de los que se originan después larvas que engendran perturbaciones orgánicas en extremo peligrosísimas. Pero como la obra sublime de la naturaleza se halla basada en el equilibrio, existen en aquellas regiones insulares dos familias de insectos dípteros, los asilidos y los impidos, que vienen á ser para todos los insectos dañinos lo que los milanos y gavilanes entre las aves, puesto que con su punta-aguijón chupan la sangre de las mariposas y larvas de que se alimentan.

Los miriápodos ó mil piés, llamados así porque el cuerpo de estos animales es áptero, prolongado y dividido en considerable número de segmentos, en cada uno de las cuales llevan un par de patas cuando menos, viniendo á ser 24 ó más el total de estos miembros. Entre los miriápodos filipinos merecen mención los escolopendras ó cien pies, algunas de cuyas especies son eminentemente venenosas.

De los arsienidos encontramos en Filipinas gran variedad de escorpiones ó alacranes venenosos y de arañas tejedoras.

Los crustáceos cuentan en las islas infinitas especies, que como los cangrejos, las langostas, los langostinos y otras, viven en el mar, en los ríos y en las lagunas, y constituyen un riquísimo y abundante alimento para los indios, aficionados en extremo á todo género de mariscos.

De las demás clases del grupo de los anillados, sólo habitan en los mares y ríos filipinos la de los anilidos, cuyos órdenes, tubérculos, dorsifranquios y abranquios, encierran entre otras especies las lombrices de tierra y las sanguijuelas, que abundan en todos los lagos y riachuelos de tan riquísimo Archipiélago.

Moluscos.

Importantísimo es este grupo en Mindanao, no sólo por lo numeroso de sus especies, sino porque constituye la pesca de ellos una industria productiva y susceptible cada día de asombroso desarrollo.

Los moluscos ó malacozoarios se dividen en seis clases: afalópodos, pterópodos, gasterópodos, acífalos, tunicarios ó braquiópodos y carrópodos ó briozoarios.

Aunque todavía no se hallan por completo exploradas las islas Filipinas, su fauna malacológica cuenta en la actualidad con 2.500 especies de moluscos marinos y 586 terrestres y fluviátiles, motivando tal abundancia la célebre frase de Kiseluz, consignada en su Manual de Conchiología, de que las islas Filipinas son el paraíso de los moluscos.

Entre los cefalópodos hay especies de sus órdenes dibranquiales y tetrabranquiales, que como el pulpo, calamar, la jibia y el nautilus, viven en aquellos mares.

Los géneros más notables de los pterópodos son los llamados Clio, Puenmodermon, Hyaloca y Limacina, abundantes en el Archipiélago.

Pero los gosterópodos, con sus nueve órdenes, pulmonados, undibranquios, imfirobranquios, tectibranquios, pectinbranquios, tubulibranquios, gentibranquios, ciclobranquios y heterópodos, constituyen la clase de los moluscos más numerosa de Filipinas y un manantial inagotable de variada y suculenta alimentación, á la par que conchas caprichosísimas por sus colores matizados y originales formas.

Los lamelibranquios, braquiópodos, órdenes únicos de la clase de los acéfalos, también cuentan con numerosísimas especies en Filipinas.

Los lamelibranquios aparecen representados en los mares filipinos por multitud de especies, siendo entre éstas las más notables el tridacuagigas ó taclovo, cuyos valvus alcanzan hasta un metro de longitud, no bajando su peso de 100 kilogramos, y sirven, una vez extraída de ellos su exquisita y alimenticia carne, de pilas bautismales para las iglesias; la placuna, placenta, que vive en el cieno, á la entrada de los ríos, sin adherirse á parte alguna, y cuyas vulvos, reducidas á láminas de dos pulgadas en cuadro planas y transparentes, empléanse en las ventanas y miradores de Filipinas en vez de cristales, toda vez que ofrecen sobre éstos la ventaja de amortiguar la pureza del sol, consintiendo el paso de una luz bastante clara. Pero sobre todas las especies, la de nulibranquios y aun de acéfalos filipinos en general, hay que colocar la avicula Margaritifera ó madreperla, cuyo molusco está sujeto á una enfermedad especial que produce esas concreciones de tanto valor en joyería, conocidas bajo el nombre de perlas. La pesca de estas conchas reporta grandes beneficios en Joló y en la Paragua, pero sobre todo en Mindanao, donde los indios dedicados á la extracción de tales conchas obtienen de su trabajo sumas cuantiosas.

De los fumicarios y briozoarios, animales más comúnmente llamados moluscoides, conócense las especies del género ascidia, que para defenderse arrojan chorros de agua, y los del pirozoma, que á veces despiden una luz muy brillante, correspondiente á la primera clase, y las de los géneros flusta, retipora y milleposa, comprendidas entre los briozoarios.

Zoófitos.

Son llamados zoófitos ó animales plantas unos organismos sencillos que indudablemente constituyen el paso entre los reinos vegetal y animal, y que se hallan divididos en cinco clases: Equinodermos, Acalifos, Pólipos, Infusorios y Espongiarios.

Las estrellas y los erizos de mar y la holothuria ó balate, objeto esta última de considerable comercio en Mindanao, Joló, Visayas y en las islas Carolinas y Palaos, corresponden á la clase de los equinodermos, fraccionada en tres órdenes; los estelíridos, equinidos y holothuridos.

Los holothuridos, sumamente apreciados por los chinos, por suponer que es un poderoso afrodisiaco, constituyen para ellos un manjar exquisito, llegando á pagarse las especies stichopus y bodohschin, abundantes en Filipinas, á elevadísimo precio.

Los acalifos, llamados ortigas de mar, abundan mucho en aquellos mares, y entre los pólipos se cuentan los anémonas de mar, las madréporas y los corales, que llegan á constituír en los mares filipinos numerosos arrecifes sumamente peligrosos para la navegación, cuyos arrecifes dan lugar con el tiempo á nuevas islas, como son la mayor parte de las llamadas Carolinas y Palaos. Tanto las madréporas como los corales son habitaciones, viviendas, fabricadas con el misterioso esfuerzo de millares de millones de pequeños pólipos, que enseñan lo que pueden aunados esos dos elementos primordiales, base del soberbio edificio de la naturaleza, la asociación y el trabajo.

Los infusorios también abundan mucho en las aguas de Filipinas, y de los Espongiarios encontramos la esponja y la canastilla de Venus (Euplictilla espaciosa), únicamente propia de Filipinas, cuyo zoófito se coge mucho en Cebú y parece más bien un vegetal marítimo que una especie de espongiario, que un animal el que más se acerca á las plantas, la que ha debido segregarse de la escala filológica recientemente, como resultado de la admirable facultad transformatriz inherente á todas las formas organizadoras.