II

Mas la planta ¡oh Muriel! ten un momento

Antes que huelles su frondosa vega,

Porque traidor me asalta un pensamiento.

Mal retenida entre tus labios juega

La sonrisa del que oye y, caballero,

Aunque tenaz no cree, cortés no niega.

Que extrañas ¡ay de mí! por ella infiero,

Que con sincera convicción cristiana,

Hoy en són tan veraz como severo

Mi voz resuene, cuando ayer mundana

Y de la tierra escándalo profano

El vicio y el placer cantó liviana.

¿Quieres saber, Muriel, por qué el mundano

Laüd dejando, en harpa vibradora

Las glorias de la Cruz canto cristiano?

¿Quiéres saber por qué, bebiendo ahora

Mi inspiración en el venero vivo

De nuestra Fe, mi voz consoladora

Levanto en el tumulto revulsivo

De nuestro siglo turbulento, al duelo

Del corazón buscando lenitivo?

Pues voy audaz á descorrer el velo

Que tal misterio encubre, en una historia

Que con orgullo y sin temor revelo.

Reservada y recóndita memoria

Del libro inmaterial del alma mía:

Historia sólo para mí: ilusoria,

Poética y gentil alegoría

Nada más para el mundo, á cuyo oído

Jamás imaginé que llegaría.

Aparta, pues, del límite florido

De Granada, que estás casi pisando,

Tu pie, menos feraz y entretenido

Sendero agreste tras de mí tomando,

Y avancemos, Muriel..... pero medita

Que en la región del alma vas entrando.