II

Su vida y su vigor recobró al punto

Libre de Aly-Mazer ya la presencia,

Y al misterioso escrito echó Zoraya

Una mirada de pavura llena.

Criada desde niña entre los Árabes,

De la superstición de su creencia

Es víctima su espíritu, y con miedo

De él contempló las misteriosas letras.

El escrito es su horóscopo: los datos

De la consultación que le encabeza,

De su país, su raza y nacimiento

Son los nombres exactos y las fechas.

Un confuso dibujo cabalístico

Marca la conjunción de los planetas

Que, desde el punto en que nació, su vida

Dominan con su mágica influencia;

Y bajo el doble nombre entrelazado

Que entre Cristianos y Árabes conserva,

Explicando sus cálculos y signos

Se leía en arábigo esta letra:

«Cinco años será Cristiana,

Veinticinco será Mora,

Diez esclava y diez Sultana:

Mas su estrella protectora

Va á apagar antes de un hora

Otra estrella soberana.—

Ni Española ni Africana,

Ni de raza engendradora,

Morirá en tierra cristiana

Ni cautiva ni señora;

Odiada como tirana,

Oculta como traidora.»

Fijos aún los espantados ojos

En el fatal pronóstico, y apenas

Con tiempo de ocultarle, en la otra cámara

Oyó los pasos del Wazir Ben-Egas.

Dominó su emoción, dió á su semblante

Su expresión ordinaria, y de la puerta

Al dintel el Wazir apareciendo,

Diálogo se entabló de esta manera:

ZORAYA

¡Por Aláh, que impaciente te aguardaba!

EL WAZIR

Detúvome Muley más que quisiera

Mi impaciencia también.

ZORAYA

¿Partió?

EL WAZIR

Va lejos,

Sultana.

ZORAYA

¿Y la ciudad?

EL WAZIR

Tranquila queda.

ZORAYA

Del callado Albaycín la misteriosa

Obscuridad algún secreto encierra.

EL WAZIR

El que todos los barrios: por Alhama

Lloran con profundísima tristeza,

Y la ciudad por la perdida villa

Yace de luto universal cubierta.

ZORAYA

¿Y la Sultana? ¿Y Abdilá? ¿Qué órdenes

Con respecto á los dos Muley te deja?

EL WAZIR

¡El infierno sin duda les protege!

ZORAYA

Acaba de una vez: habla.

EL WAZIR

Funestas

Nuevas de ellos te traigo. El Rey no quiso

Que por su propia boca lo supieras.

Abdilá, descolgado por su madre,

Por un balcón huyó.

ZORAYA

¡Maldita sea

Mi confianza en ti! Siempre he temido

Que te burlara su infernal destreza.

Pero explícame en fin.....

EL WAZIR

Es imposible:

Todo se ignora aún.

ZORAYA

Pero ¿y la fuerza

De tu ley? ¿No eres tú juez de la Alhambra?

EL WAZIR

Muley prohibe que se emplee en ella

Mi autoridad, y manda que en su alcázar

No obedecida pero libre sea.

ZORAYA

¿Aixa libre en la Alhambra?

EL WAZIR

Sí.

ZORAYA

¿Acotada

Tu autoridad?

EL WAZIR

Prohibe que la ejerza

Contra ella.

ZORAYA

Wazir, te estás mofando.

EL WAZIR

No lo permita Aláh. Del Rey la letra

Conoces: lee sus órdenes escritas

Por él: esta es su ley mientras su ausencia:

«Sin potestad, mas libre, viva Aixa

Mi esposa, Abú-l'Kasín: la más pequeña

Ofensa ó vejación que sufrir la hagas,

La consideraré contra mí hecha.

La razón yo la sé: de la Sultana

Me respondes, Wazir, con la cabeza.»

ZORAYA

¡Oh! la mía se pierde en tal misterio.

EL WAZIR

Pero tal vez la mía le penetra.

He interrogado á Zil, á los esclavos

Que le sirvieron, á su guardia negra,

Y á la torre maldita sé que ha ido,

Que en Comares furioso entró á su vuelta,

Que estuvo allí con la Sultana á solas,

Que ella salió después altiva y fiera,

Y que Muley, sombrío y aterrado,

Libre la dejó ir, cielos y tierra

Diciendo que contra él se conjuraban,

De una impresión supersticiosa presa.

Pues bien, Zoraya, en esa torre creo

Que encontraré la explicación entera

De su superstición y de sus órdenes

Incomprensibles de hoy.

ZORAYA

Bien dices: vuela,

Wazir Abú-l'Kasín, vuela á esa torre,

Demuele sus murallas, y sus piedras

Registra una por una, y aprisiona

Sin piedad, interroga y atormenta

Al sér aciago que en la torre encuentres,

Hasta que des con la verdad.

EL WAZIR

Modera

Tu cólera, Sultana: todavía

Algo que hacer en la ciudad me resta.

En sus barrios acaso entre las sombras

Ya criminal conspiración fermenta,

Y es mi primer obligación á salvo

Ponerte á ti de su furor. Te esperan

Al postigo del Agua tus esclavos

Y una guardia leal que te defienda.

Vas á habitar los Alijares: este,

Más que regio palacio, es fortaleza,

Y en ausencia del Rey todo lo temo

De la Sultana audaz.

ZORAYA

Me desesperas,

Abú-l'Kasín con tu prudencia imbécil.

Cuando torne Muley, que la baile muerta,

Y nos dará las gracias.

EL WAZIR

Tú deliras,

Zoraya: eso sería en ancha hoguera

Tornar el fuego que debajo duerme

De la ceniza aún: mientras alienta

El Príncipe Abdilá, siempre los suyos

Tienen un capitán y una bandera:

Y en tanto que la madre está segura,

Rehén tenemos para el hijo en ella.

Vamos, y fía en mí; partamos antes

Que la luna en los cielos aparezca,

Porque importa que nadie se aperciba

De que el palacio de la Alhambra dejas

La Zoraya, cediendo á las razones

Del prudente Wazir, aunque la pesa,

Dejó el mirab y, en el espeso velo

Embozada la faz, siguió sus huellas.

De la torre del Agua en el postigo

Una escolta leal halló dispuesta,

Y al fuerte de los regios Alixares

La condujo el Wazir en las tinieblas.

Mas en el punto de partir, del muro

Donde la torre apoya á las almenas.

Una mujer que se asomó espiaba

La ruta por do van. Era la Reina.