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Sr. D. Juan Ortega Rubio.

Bilbao 29 de Julio de 1886.

Muy Sr. mío y de toda mi consideración y aprecio: He recorrido atentamente la obra de Canesi con el objeto de desempeñar cumplidamente el encargo que en su atenta carta me hizo V. hace días, sintiendo mucho no poder darle más noticias que las que van por separado sobre los puntos a que V. se refería. Muy poco es, como verá V., lo que dice de Colón Canesi; de Cervantes no hace mención siquiera; pero lo que más me extraña es que nada diga de los sucesos de los luteranos, movido, sin duda, a callarlos de algunos escrúpulos nacidos de temores o preocupaciones religiosas.

Deseando poder complacer a V. de nuevo en cualquier otra ocasión queda de V. affmo. s. s. q. b. s. m.,

Fidel de Sagarminaga.

Canesi.—Historia de Valladolid.—Libro V, cap. I.

Por horden de los Reyes se dió también principio aquel año al feliz descubrimiento de las Indias Occidentales por Christoval Colombo, que en lengua castellana decimos Colón, Cavallero genovés, ilustre progenitor de los Duques de Veragua, Marqueses de Jamaica; este, pues, argonauta insigne salió de Valladolid a esta conquista, y guiado de los papeles que le dexó en la isla de la Madera Rodrigo Faleyro, peritíssimo Marinero y gran cosmógrafo portugués, se dió a la vela viernes al amanecer tres de Agosto, acompañado de noventa compañeros (algunos dicen ciento y veinte) en tres Navíos del puerto de Palos de Moguer, junto a la costa del Algarve, aprestados con sólos diez y seis ó diez y siete mil ducados. (Aquí sigue una breve descripción del descubrimiento de América, que nada de particular ofrece, y luego refiriéndose a la residencia de Colón en Valladolid, que es lo que importa, dice lo siguiente): Diré algo de lo mucho que de él nos dexaron los Escriptores de aquellos tiempos, pues vivo y difunto honró esta Ciudad de Valladolid empeñado ya en sembrar al Cielo de almas, y con esta idea volvió a proseguir con infatigable celo el adelantamiento de su conquista, descubriendo tierras incógnitas, acompañado de su hermano D. Bartholomé y de mucha más gente que la primera vez, y lleno de triumphos se restituió a España, mereciendo que los Reyes le nombrasen por Almirante mayor, Virrey y Capitán general de las Indias por él descubiertas y por descubrir para él y los sucesores en su casa y Estado; y casó con D.ª Phelipa Muniz de Melo, Portuguesa de nación, y estando en Valladolid hizo Cobdicilo a diez y nueve de Mayo de mil quinientos seis, ante Pedro de Hinojedo, Escribano de Cámara de los Catholicos Reyes, que le dieron facultad para fundar el mayorazgo de su casa el año de mil quatrocientos y noventa y siete, y el título de Duque de Veraguas el de mil y quinientos seis, en que murió a veinte y seis de Mayo (algunos dicen a seis) en Valladolid, y sus huesos fueron trasladados a las Cuevas de Sevilla, donde se lee un Epitafio que traducido en el castellano idioma dice así en esta Octava.

Este poco compás que ves encierra

aquel varón que dió tan alto vuelo,

que no se contentó con nuestro suelo

y por darnos un nuevo se destierra;

dió riquezas inmensas a la tierra,

innumerables ánimas al Cielo,

halló donde plantar divinas leyes

y prósperas Provincias a sus Reyes.