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En tiempo de Carlos III se estableció la poderosa Compañía de Filipinas, que sólo debido a la impericia de sus gestores tuvo lamentable fin en 1830, esto es, poco antes de la muerte de Fernando VII.
Creóse dicha Compañía de Filipinas, a costa de grandes trabajos y de vencer contrariedades, en particular de parte de Holanda, interesada en impedir la navegación directa de España por el Cabo de Buena Esperanza a las Indias Orientales y nuestro tráfico con ellas. Floridablanca escribió una Memoria combatiendo las ideas y las pretensiones de los holandeses. Foronda y otros hicieron lo mismo. El Rey, los príncipes e infantes, corporaciones y capitalistas particulares, se interesaron en ella, adquiriendo acciones. El Banco comprometió en sus operaciones más de veinte millones de reales.