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Carta de los indios gobernadores de varias provincias de Yucatán al Rey Don Felipe II, quejándose de los tormentos, muertes y robos que con ellos habían cometido los religiosos de la Orden de San Francisco. Yucatán, 12 de abril de 1567.

Sacra Catholica Magestad:

Despues que nos vino el bien, que fué conosçer á Dios Nuestro Señor por solo verdadero Dios, dexando nuestra ceguedad é ydolatrias, y á V. M. por señor temporal, antes que abriesemos bien los ojos al conocimiento de lo uno y de lo otro, nos vino una persecución, la mayor que se puede ymaginar, y fué, en el año de sesenta y dos, por parte de los religiosos de Sant Francisco, que aviamos traydo para que nos doctrinassen, que, en lugar de lo hazer, nos començaron á atormentar, colgandonos de las manos y açotandonos cruelmente, y colgandonos pesas de piedras á los pies, y atormentando á muchos de nosotros en burros, echandonos mucha cantidad de agua en el cuerpo, de los quales tormentos murieron y mancaron muchos de nosotros.

Estando en esta tribulaçion y trabaxos, confiando de la justiçia de V. M. que nos oyera y guardara justiçia, vino el doctor Diego Quixada, que á la sazon era, á ayudar á los atormentadores, diziendo que eramos ydolatras y sacrificadores de hombres y otras cosas agenas de toda verdad, que en nuestra ynfidelidad no las cometimos. Y como nos veyamos mancos, de los crueles tormentos, y muchos muertos en ellos y dellos, y robados de nuestras haziendas, y más, que veyamos desenterrar los huesos de los muertos baptizados, aviendo muerto como christianos, estabamos para desesperarnos. Y no contentos con esto, los religiosos y justiçia de V. M. hizieron un auto solenne de ynquisiçion en Mani, pueblo de V. M., en que sacaron muchas estatuas, y desenterraron muchos muertos, y quemaron allí públicamente, y condenaron á muchos á esclavos para servir á los españoles por ocho y diez años, y echaron sant benitos. Y lo uno y lo otro nos pusieron gran admiraçion y espanto, porque no sabiamos qué cosa era, por ser recien baptizados y no predicados; y porque bolviamos por nuestros vasallos, diziendo que los oyessen y les guardassen justiçia, nos prendieron y aprisionaron y llevaron en cadenas, como á esclavos, al monesterio de Merida, adonde murieron muchos de los nuestros, y allí nos dezian que nos avian de quemar, sin saber nosotros por qué.

Y a esta razon llegó el obispo, que V. M. nos embió, el qual, aunque nos sacó de la carçel y nos libró de la muerte y quitado los sant benitos, no nos a desgraviado en las ynfamias y testimonios que nos levantaron, diziendo que somos ydolatras, sacrificadores de hombres é que aviamos muerto muchos yndios; por que, al fin, es del hábito de Sant Françisco y haze por ellos: a nos consolado de palabra, diciendo que V. M. hará justiçia.

Vino un receptor de Mexico á ynquirir esto, y pensamos que lo hiciera la Audiençia, y no a hecho nada.

Vino despues Don Luys de Çespedes, governador, y en lugar de nos desagraviar, nos a augmentado tribulaciones, llevandonos á nuestras hijas y mugeres á servir á los españoles, contra su voluntad y la nuestra, que lo sentimos tanto, que vienen á dezir la gente simple que en nuestra ynfidelidad no eramos tan vexados ni acosados, por que nuestros antepasados no quitavan á nadie sus hijos, ni á los maridos sus mugeres, para servir dellos como lo haze agora la justiçia de V. M., aun para servir á los negros y mulatos.

Y con todas nuestras afliciones y trabaxos, amamos á los padres y les damos lo necessario, y les hemos hecho muchos monesterios y proveydo de hornamentos y campanas, todo á nuestra costa y de nuestros vasallos y naturales, aunque, en pago de estos servicios, nos traen tan avasallados, cosa que nunca lo padescimos en nuestra gentilidad. Y obedescemos á la justiçia de V. M. esperando que nos embiará remedio para todo.

Una cosa nos á desmayado mucho y nos a alborotado, que son cartas que Fray Diego de Landa, principal autor de todos estos males y trabaxos, escrive, diziendo que V. M. ha aprobado las muertes, robos, tormentos y esclavonias y otras crueldades que hicieron en nosotros: de lo qual, estamos admirados que tal cosa se diga de tan catholico y recto Rey, como es V. M. Si es que allá ha dicho que nosotros sacrificamos hombres despues de baptizados, es muy gran testimonio y maldad ynventada por ellos para dorar sus crueldades.

Y si ydolos se hallaron o hallamos nosotros, los sacamos de las sepulturas de nuestros antepasados, para dar á los religiosos, porque nos los mandavan traer, diziendo que haviamos dicho en los tormentos que los teniamos; y toda la tierra sabe cómo los yvamos á buscar veynte, treynta y cient leguas, adonde entendiamos que los tenian nuestros antepasados y nosotros haviamos dexado quando nos baptizamos, y con sana conçiençia, no nos podían castigar por ellos como nos castigaron.

Y si V. M. se quiere ynformar desto, embie persona tal que lo averigue, y verse á nuestra ynocençia y la gran crueldad de los padres, y si el obispo no viniera, todos fueramos acabados. Y porque, aunque queremos bien á Fray Diego de Landa y á los demas padres que nos atormentaron, solamente de oyrlos nombrar, se nos revuelven las entrañas. Por tanto, V. M. nos embie otros ministros que nos doctrinen y prediquen la ley de Dios, porque deseamos mucho nuestra salvaçion.

Los religiosos del señor Sant Françisco, desta provinçia, an escripto ciertas cartas á V. M. y al general de su orden, en abono de Fray Diego de Landa, y de otros, sus compañeros, que fueron los que atormentaron, mataron y escandalizaron y dieron ciertas cartas escriptas en la lengua de Castilla á ciertos yndios sus familiares, para que las firmassen, y asi las firmaron y enbiaron á V. M. Entienda V. M. no ser nuestras: los que somos señores de esta tierra, que no avemos de escribir mentiras, ni falsedades, ni contradiçiones. Hagan allá penitencia Fray Diego de Landa y sus compañeros, del mal que hizieron en nosotros, que hasta la quarta generaçion se acordarán nuestros descendientes de la gran persecucion que por ellos nos vino.

Nuestro Señor guarde á V. M. largos tiempos para su sancto serviçio y nuestro bien y amparo.—De Yucatán, doze de abril, 1567 años.

Humildes vasallos de V. M., que sus reales manos y pies besamos.

D. Francisco de Montejoxio,
Gobernador de la provincia de Mani.

Juan Pacab,
Gobernador de Mona.

Jorge Xin,
Gobernador de Panaborer.

Francisco Pacab,
Gobernador Texul.

Sobre.—A la Sacra Catholica Magestad el Rey (Don) Phelipe nuestro Señor. En su Real Consejo de Indias[911].