ESCENA III.
DON GARCÍA, TRISTÁN.
Tristán.
Extraña
fué esta vez tu confusion.
García.
¿Has entendido la historia?
Tristán.
Y hubo bien en qué entender.
El que miente ha menester
gran ingenio y gran memoria.
García.
Perdido me ví.
Tristán.
Y en eso
pararás al fin; señor.
García.
Entretanto, de mi amor
veré el bueno o mal suceso.
¿Qué hay de Lucrecia?
Tristán.
Imagino,
aunque de dura se precia;
que has de vencer a Lucrecia
sin la fuerza de Tarquino.
García.
¿Recibió el billete?
Tristán.
Sí,
aunque a Camino mandó
que diga que lo rompió;
que él lo ha fiado de mí.
Y pues lo admitió, no mal
se negocia tu deseo,
si aquel epigrama creo
que a Nevia escribió Marcial.
«Escribí, no respondió
Nevia: luego dura está;
mas ella se ablandará,
pues lo que escribí leyó.»
García.
Que dice verdad sospecho.
Tristán.
Camino está de tu parte,
y promete revelarte
los secretos de su pecho;
y que ha de cumplillo espero,
si andas tú cumplido en dar;
que para hacer confesar
no hay cordel como el dinero.
Y aun fuera bueno, señor,
que conquistaras tu ingrata
con dádivas, pues que mata
con flechas de oro el amor.
García.
Nunca te he visto grosero
sino aquí en tus pareceres.
¿Es esta de las mujeres
que se rinden por dinero?
Tristán.
Virgilio dice que Dido
fué del troyano abrasada,
a sus dones obligada
tanto como de Cupido.
¡Y era reina! No te espantes
de mis pareceres rudos,
que escudos vencen escudos,
y amantes labran diamantes.
García.
¿No viste que la ofendió
mi oferta en la Platería?
Tristán.
Tu oferta la ofendería,
señor, que tus joyas no.
Por el uso te gobierna;
que a nadie en este lugar,
por desvergonzado en dar
le quebraron brazo o pierna.
García.
Dame tú que ella lo quiera.
Que darle un mundo imagino.
Tristán.
Camino dará camino,
que es el polo de esta esfera.
Y porque sepas que está
en buen estado tu amor,
ella le mandó, señor,
que te dijese que hoy va
Lucrecia a la Madalena
a la fiesta de la otava,
como que él te lo avisaba.
García.
¡Dulce alivio de mi pena!
¿Con ese espacio me das
nuevas que me vuelven loco?
Tristán.
Dóytelas tan poco a poco
porque dure el gusto más.
(Vanse.)
Claustro en el convento de la Magdalena con puerta a la iglesia.