ESCENA IX.

JACINTA e ISABEL con mantos, DON BELTRÁN y DON SANCHO.

Jacinta.

¡Tan grande merced!

Beltrán.

No ha sido

amistad de sólo un día

la que esta casa y la mía,

si os acordais, se han tenido:

y así no es bien que extrañeis

mi visita.

Jacinta.

Si me espanto,

es, señor, por haber tanto

que merced no nos hacéis.

Perdonadme; que ignorando

el bien que en casa tenía,

me tardé en la Platería,

ciertas joyas concertando.

Beltrán.

Feliz pronóstico dais

al pensamiento que tengo,

pues cuando a casaros vengo,

comprando joyas estáis.

Con don Sancho vuestro tío

tengo tratado, señora,

hacer parentesco agora

nuestra amistad; y confío

(puesto que como discreto

dice don Sancho que es justo

remitirse a vuestro gusto)

que esto ha de tener efeto.

Que pues es la hacienda mía

y calidad tan patente,

sólo falta que os contente

la persona de García;

y aunque ayer a Madrid vino

de Salamanca el mancebo,

y de envidia el rubio Febo

le ha abrasado en el camino,

bien me atreveré a ponello

ante vuestros ojos claros,

fiando que ha de agradaros

desde la planta al cabello,

si licencia le otorgáis

para que os bese la mano.

Jacinta.

Encarecer lo que gano

en la mano que me dais,

si es notorio, es vano intento;

que estimo de tal manera

las prendas vuestras, que diera

luego mi consentimiento,

a no haber de parecer

(por mucho que en ello gano)

arrojamiento liviano

en una honrada mujer;

que el breve determinarse

en cosas de tanto peso,

o es tener muy poco seso

o gran gana de casarse.

Y en cuanto a que yo le vea,

me parece, si os agrada,

que para no arriesgar nada,

pasando la calle sea.

Que si como puede ser

y sucede a cada paso,

después de tratallo, acaso

se viniese a deshacer,

¿de qué me hubiera servido,

o qué opinión me darán

las visitas de un galán

con licencia de marido?

Beltrán.

Ya por vuestra gran cordura,

si es mi hijo vuestro esposo,

le tendré por tan dichoso

como por vuestra hermosura.

Sancho.

De prudencia puede ser

un espejo la que oís.

Beltrán.

No sin causa os remitís,

Don Sancho, a su parecer.

Esta tarde con García

a caballo pasaré

vuestra calle.

Jacinta.

Yo estaré

detrás desa celosía.

Beltrán.

Que le miréis bien os pido;

que esta noche he de volver,

Jacinta hermosa, a saber

cómo os haya parecido.

Jacinta.

¿Tan apriesa?

Beltrán.

Este cuidado

No admireis: que ya es forzoso;

pues si vine deseoso,

vuelvo agora enamorado.

Y adios.

Jacinta.

Adios.

Beltrán.

¿Dónde vais?

Sancho.

A serviros.

Beltrán.

No saldré.

Sancho.

Al corredor llegaré

con vos, si licencia dais.

(Vanse don Sancho y don Beltrán.)