ESCENA X.
JACINTA, ISABEL.
Isabel.
Mucha priesa te da el viejo.
Jacinta.
Yo se la diera mayor,
pues también le está a mi honor,
si a diferente consejo
no me obligara el amor:
que aunque los impedimentos
del hábito de don Juan,
dueño de mis pensamientos,
forzosa causa me dan
de admitir otros intentos,
como su amor no despido,
por mucho que lo deseo,
que vive en el alma asido,
tiemblo, Isabel, cuando creo
que otro ha de ser mi marido.
Isabel.
Yo pensé que ya olvidabas
a don Juan, viendo que dabas
lugar a otras pretensiones.
Jacinta.
Cáusanlo estas ocasiones,
Isabel: no te engañabas;
que como há tanto que está
el hábito detenido,
y no ha de ser mi marido
si no sale, tengo ya
este intento por perdido.
Y así para no morirme,
quiero hablar y divertirme,
pues en vano me atormento;
que en un imposible intento
no apruebo el morir de firme.
Por ventura encontraré
alguno tal, que merezca
que mano y alma le dé.
Isabel.
No dudo que el tiempo ofrezca
sujeto digno a tu fe;
y si no me engaño yo,
hoy no te desagradó
el galán indiano.
Jacinta.
Amiga,
¿quieres que verdad te diga?
Pues muy bien me pareció,
y tanto, que te prometo
que si fuera tan discreto,
tan gentil hombre y galán
el hijo de don Beltrán,
tuviera la boda efeto.
Isabel.
Esta tarde le verás
con su padre por la calle.
Jacinta.
Veré solo el rostro y talle;
el alma, que importa más
quisiera ver con hablalle.
Isabel.
Háblale.
Jacinta.
Hase de ofender
Don Juan, si llega a sabello,
y no quiero, hasta saber
que de otro dueño he de ser,
determinarme a perdello.
Isabel.
Pues da algún medio, y advierte
que siglos pasas en vano,
y conviene resolverte;
que don Juan es desta suerte
el perro del hortelano.
Sin que lo sepa don Juan,
podrás hablar, si tú quieres,
al hijo de don Beltrán;
que, como en su centro, están
las trazas en las mujeres.
Jacinta.
Una pienso que podría
en este caso importar.
Lucrecia es amiga mía:
ella puede hacer llamar
de su parte a don García;
que como secreta esté
yo con ella en su ventana,
este fin conseguiré.
Isabel.
Industria tan soberana
solo de tu ingenio fué.
Jacinta.
Pues parte al punto, y mi intento
le dí a Lucrecia, Isabel.
Isabel.
Sus alas tomaré al viento.
Jacinta.
La dilación de un momento
le dí que es un siglo en él.