ESCENA VIII.
DON GARCÍA, TRISTÁN.
Tristán.
No ví jamás despedida
tan conforme y tan resuelta.
García.
Aquel cielo, primer móvil
de mis acciones, me lleva
arrebatado tras sí.
Tristán.
Disimula y ten paciencia;
que el mostrarse muy amante
antes daña que aprovecha,
y siempre he visto que son
venturosas las tibiezas.
Las mujeres y los diablos
caminan por una senda:
que a las almas rematadas
ni las siguen ni las tientan;
que el tenellas ya seguras
les hace olvidarse dellas,
y sólo de las que pueden
escapárseles, se acuerdan.
García.
Es verdad; mas no soy dueño
de mí mismo.
Tristán.
Hasta que sepas
extensamente su estado,
no te entregues tan de veras;
que suele dar quien se arroja
creyendo las apariencias,
en un pantano cubierto
de verde, engañosa yerba.
García.
Pues hoy te informa de todo.
Tristán.
Eso queda por mi cuenta.
Y agora, antes que reviente,
dime por Dios, ¿qué fin llevas
en las ficciones que he oido?
siquiera para que pueda
ayudarte; que cogernos
en mentira será afrenta.
Perulero te fingiste
con las damas.
García.
Cosa es cierta,
Tristán, que los forasteros
tienen más dicha con ellas;
y más si son de las Indias,
información de riqueza.
Tristán.
Ese fin está entendido;
mas pienso que el medio yerras,
pues han de saber al fin
quién eres.
García.
Cuando lo sepan
habré ganado en su casa
o en su pecho ya las puertas
con este medio, y después
yo me entenderé con ellas.
Tristán.
Digo que me has convencido,
señor. Mas agora venga
lo de haber un mes que estás
en la corte. ¿Qué fin llevas,
habiendo llegado ayer?
García.
Ya sabes tú que es grandeza
esto de estar encubierto,
o retirado en su aldea,
o en su casa descansando.
Tristán.
Vaya muy enhorabuena.
Lo del convite entra agora.
García.
Fingílo, porque me pesa
que piense nadie que hay cosa
que mover mi pecho pueda
a envidia o admiración,
pasiones que al hombre afrentan;
que admirarse es ignorancia,
como envidiar es bajeza.
Tú no sabes a qué sabe,
cuando llega un portanuevas
muy orgulloso a contar
una hazaña o una fiesta,
taparle la boca yo
con otra tal, que se vuelva
con sus nuevas en el cuerpo.
Y que reviente con ellas.
Tristán.
¡Caprichosa prevención
si bien peligrosa treta!
La fábula de la corte
serás, si la flor te entrevan.
García.
Quien vive sin ser sentido,
quien sólo el número aumenta
y hace lo que todos hacen
¿en qué difiere de bestia?
Ser famosos es gran cosa:
el medio cual fuere sea.
Nómbrenme a mí en todas partes
y murmúrenme siquiera,
pues uno por ganar nombre
abrasó el templo de Efesia;
y al fin, es este mi gusto,
que es la razón de más fuerza.
Tristán.
Juveniles opiniones.
Sigue tu ambiciosa idea,
y cerrar has menester
en la corte la mollera.
(Vanse.)
Sala en casa de don Sancho.