ESCENA V.
TRISTÁN.—Dichos.
Tristán.
(Aparte.)
El cochero hizo su oficio.
Nuevas tengo de quién son.
García.
¿Qué hasta aquí de mi afición
nunca tuvisteis indicio?
Jacinta.
¿Cómo, si jamás os ví?
García.
¿Tan poco ha valido, ¡ay Dios!
más de un año, que por vos
he andado fuera de mí?
Tristán.
(Aparte.)
¡Un año! y ayer llegó
a la corte.
Jacinta.
¡Bueno, a fe!
¿Más de un año? Juraré
que no os ví en mi vida yo.
García.
Cuando del indiano suelo
por mi dicha llegué aquí,
la primer cosa que ví
fué la gloria de ese cielo;
y aunque os entregué al momento
el alma, habéislo ignorado,
porque ocasión me ha faltado
de deciros lo que siento.
Jacinta.
¿Sois indiano?
García.
Y tales son
mis riquezas, pues os ví,
que al minado Potosí
le quito la presunción.
Tristán.
(Aparte.)
¡Indiano!
Jacinta.
¿Y sois tan guardoso
como la fama los hace?
García.
Al que más avaro nace
hace el amor dadivoso.
Jacinta.
¿Luego, si decís verdad,
preciosas ferias espero?
García.
Si es que ha de dar el dinero
crédito a la voluntad,
serán pequeños empleos
para mostrar lo que adoro,
daros tantos mundos de oro
como vos me dais deseos.
Mas ya que ni al merecer
de esa divina beldad,
ni a mi inmensa voluntad
ha de igualar el poder,
por lo menos os servid
que esta tienda que os franqueo,
dé señal de mi deseo.
Jacinta.
(Aparte.)
(No ví tal hombre en Madrid.)
¿Lucrecia, qué te parece
(Aparte a ella.)
del indiano liberal?
Lucrecia.
Que no te parece mal,
Jacinta, y que lo merece.
García.
Las joyas que gusto os dan,
tomad deste aparador.
Tristán.
(Aparte a su amo.)
Mucho le arrojas, señor.
García.
Estoy perdido, Tristán.
Isabel.
(Aparte a las damas.)
Don Juan viene.
Jacinta.
Yo agradezco,
señor, lo que me ofreceis.
García.
Mirad que me agraviaréis
si no lográis lo que ofrezco.
Jacinta.
Yerran vuestros pensamientos,
caballero, en presumir
que puedo yo recibir
más que los ofrecimientos.
García.
Pues ¿qué ha alcanzado de vos
el corazón que os he dado?
Jacinta.
El haberos escuchado.
García.
Yo lo estimo.
Jacinta.
Adios.
García.
Adios.
Y para amaros, ¿me dad
licencia?
Jacinta.
Para querer,
no pienso que ha menester
licencia la voluntad.
(Vanse las mujeres.)