Sir William Jones y Lorenzo Hervás y Panduro
Al rayar los primeros albores de la lingüística moderna, en la segunda mitad del siglo XVIII, una misma generación produjo en Inglaterra y España estos dos insignes varones, predestinados por el mismo sino á correr parecida fortuna y llegar á la misma meta. Los cuarenta y ocho años de la vida de Jones y los setenta y cuatro de la de Hervás forman dos círculos concéntricos, paralelos, con la distancia de una docena de años. Nació primero Hervás, el 1735 en Cuenca, y murió lejos de su patria, en Italia, el 1809: más joven de once años, Jones vió la luz en Londres el 1746, y falleció en la India el 1794, quince años antes que Hervás. Larga educación lingüística ocupó los primeros años de entrambos, á entrambos una fortuita casualidad los llevó á tierras lejanas y los puso en circunstancias las más propicias para que la misma afición al estudio de las lenguas que los alentaba diesen rico y sazonado fruto. Inclinado el inglés, como hijo de su raza, á estudiar el lenguaje en sus manifestaciones concretas, en los idiomas y literaturas orientales, el español, como hijo de la suya, se dió á filosofar sobre ellos con miras más generales y levantadas: así naciones de tan encontradas tendencias produjeron ingenios, desemejantes en los derroteros y maneras de mirar el mismo objeto, pero tan parecidos en las aficiones y en la vasta erudición, como en el término final adonde llegaron.
Á poco de emprender sus primeros estudios en Harrow, mal avenido Jones con las tradicionales rutinas de escuela, dedícase en particular al árabe y al hebreo, y aprovecha las vacaciones para aprender el francés y el italiano. Pasa en 1764 al University College de Oxford, y á la par de los estudios clásicos añade él por su cuenta los del árabe, del persa valiéndose del sirio Mirza, del italiano, del castellano, del portugués, y luego del alemán y del chino. Á los treinta y dos años de edad era un orientalista de general nombradía. En 1770 publica la traducción francesa en dos volúmenes (nuev. edic. 1790) de la vida de Nadir Chah, escrita en persano; luego un tratado en francés de poesía oriental y la versión en verso de las odas de Hafiz. Habiéndola emprendido contra la Universidad de Oxford Anquetil Du Perron en la Introducción de su traslado del Zend Avesta, salió en su defensa Jones con una carta anónima en tan elegante francés, que la atribuyeron á algún bel esprit de París. Publicó el mismo año la Gramática persa, en 1772 poesías vertidas de varias lenguas orientales, en 1774 los Poeseos Asiaticae commentariorum libri sex, y de 1780 á 1781, mientras ejercía la magistratura, tradujo el Moallakât. Obtenida la administración de Shelburne, llega á Calcuta, donde funda en 1784 la Asiatic Society, de la cual fué presidente hasta que murió. Celebérrima ha sido en los fastos de la filología y lingüística esta Sociedad, fecundo plantel de egregios indianistas, fuente de la cual se derivaron y llegaron á Europa los tesoros literarios del Oriente. Con el intento de consultar el texto original de las leyes de aquella tierra estudió Jones el sanskrit, lengua clásica y religiosa de los Brahmanes. En 1788 empezó la colección de leyes indianas y mahometanas, que Colebrooke terminó en 1800 con el título de Digest of Hindu Laws. En 1787 publicó el primer tomo de las Asiatic Researches, la versión del drama Sakuntalâ, la joya del dramaturgo Kâlidâsa, del Hitopadeça de Gitagovinda, del poema herótico de Jayadeva, de parte del Veda y del Ritusamhâra, poemita de Kâlidâsa; y en 1794 la versión de las Leyes ó Institutes of Manu. Las obras completas de Jones se publicaron en seis tomos en cuarto el 1799, y en 13 volúmenes en octavo el 1807.
La ciencia del lenguaje será deudora eterna al lingüista inglés por dos cosas de trascendencia suma: por haber sido el primero que de una manera manifiesta, competente y oficial declaró en 1786 el íntimo parentesco entre el sanskrit y las lenguas de Europa, dando á entender cuanto podía prometerse la lingüística del estudio comparativo de todas estas lenguas; en segundo lugar, por haber fundado la Sociedad Asiática de Calcuta, donde se formaron los grandes maestros de los estudios indianos, y de donde salieron los libros, ya originales, ya traducidos, que sirvieron de materiales para los estudios de la Gramática comparada indo-europea. Ésta segunda es la gran obra de Jones, puesto que el parentesco del sanskrit con nuestras lenguas era tan manifiesto que lo vieron ya los primeros europeos que llegaron á conocer la lengua de los brahmanes; Roberto de Nobili, que fué allá en 1606; Heinrich Roth, que volvió á Roma en 1666 y enseñó al P. Kircher el alfabeto sánskrito, incluído en su China Illustrata (1667); los misioneros enviados en 1697 por Luis XIV, sobre todo el P. Coeurdoux, como se ve por las respuestas que desde el 1767 daba á las preguntas que le hacían el Abbé Barthélemy y Anquetil Du Perron; en fin, Paulino á Santo Bartholomaeo, carmelita alemán, que imprimió en Roma el 1790 la primera Gramática sánsckrita. Más tarde, el 1808, en El lenguaje y sabiduría de los Indios, llamó Federico Schlegel lenguas Indo-germánicas á las de la India y Europa, y avivó más y más la afición por estos estudios. Finalmente Francisco Bopp, aprovechándose de las obras de Jones, Wilkins, Carey, Forster, Colebrooke, maestros todos de la Sociedad Asiática de Calcuta, compuso su famosa Gramática comparada desde el 1833 al 1852, con la cual quedó fundada la lingüística moderna.
Más escondida fué la vida de Hervás en la Compañía de Jesús, siguiendo los estudios de su Orden y trabajando como misionero en América, hasta que llegado á Italia con los demás jesuítas expulsados por Carlos III, logró la rara ocasión de verse entre compañeros, que se habían allí reunido de todas las partes del mundo, entre ellos misioneros que conocían toda suerte de lenguas, que habían compuesto Gramáticas y Diccionarios, que hablaban y se habían ejercitado por muchos años en los más peregrinos idiomas de América, África, Asia y Oceanía. Allí sus aficiones lingüísticas, sus ansias de allegar todo género de erudición, su ingenio investigador, comparador, sintetizador, hallaron largo pasto y satisfacción cumplida.
Desde 1784 á 1787 fué publicando en Cesena sus obras, que después tradujo, mejorándolas, al castellano. El Catálogo delle lingue conosciute e notizia della loro affinitá e diversitá en 1784, cuya edición castellana de 1800-1805 puede considerarse, por sus aumentos, como obra distinta; el Origine, formazione, mecanismo ed armonia degl’idiomi, 1785; el Vocabulario poliglotto con prolegomeni sopra più di 150 lingue, 1787; el Saggio prattico delle lingue, 1787. Pero todas estas obras son parte de una á manera de enciclopedia filosófica, intitulada Idea dell’Universo, en 22 tomos, entre los cuales están la Storia della vita dell’uomo, Elementi cosmografici, Viaggio statico al mondo planetario, Storia della terra. Desde el tomo XVIII comienzan las de filología, entre las cuales la Aritmetica delle nazioni e divisione del tempo fra gli Orientali. El Catálogo de las lenguas comprende en la edición castellana 6 volúmenes y quedó sin terminar.
Hervás tenía ingenio filosófico, y aunque sus particulares aficiones le llevasen al estudio de las razas y pueblos, es decir, de lo que se llamó filología, y en particular de sus lenguas, que es la lingüística propiamente dicha, abarcó campos tan inmensos y con ojeadas tan generales, que no pudo profundizar por el análisis, como después lo hizo Bopp, en las leyes fonéticas que rigen la evolución de los idiomas y es la única clave segura para ver sus derivaciones, afinidades y entronques. Con todo, su erudición inmensa, que abrazaba á más de 300 lenguas, su rara penetración, su mismo talento generalizador y filosófico le llevaron á descubrir el parentesco de la familia semítica, el de la turania, el de la malayo-polinesia y el de las indo-europeas. No menos que Jones, proclamó «la importancia de las lenguas y mitología del Indostán para entender la de los persas y griegos». Desterró para siempre la comparación léxica por la cual tanto se había desbarrado hasta entonces al emparentar las lenguas, é introdujo el principio de la comparación gramatical ó morfológica. No es necesario repetir los elogios que de él hacen Wiseman, Volney, Pott, Max Müller y otros; pero tampoco se le ha de llamar á boca llena el padre de la lingüística.
Ni Hervás ni Jones fueron unos genios. Ambos derramaron demasiado su atención y esfuerzos para poder penetrar un solo asunto y desentrañarlo, como sin duda lo hubieran hecho á limitar más el campo de sus observaciones. Hervás era demasiado filósofo, Jones demasiado filólogo: la pura lingüística hubo de resentirse. Jones conoció bien 30 lenguas, tuvo no vulgares nociones de otras 28, poseyó una erudición en las literaturas orientales asombrosa y una gran potencia para asimilarse y reproducir toda suerte de noticias; pero ninguna originalidad ni en descubrir verdades nuevas, ni en exponer mejor las ya sabidas. Observador positivista de los hechos, como buen inglés, aunque con la desventaja de no haber concentrado sus fuerzas y trabajos en un solo punto. Hervás los desparramó todavía más comparando infinidad de lenguas y filosofando sobre otros puntos de antropología, de etnografía y hasta de fisiología é historia natural. Como buen español, se levantó harto sobre los fenómenos, fué más filósofo que mero observador. Resumamos.
Franz Bopp es el verdadero padre de la ciencia del lenguaje, como inventor del severo análisis lingüístico y como fundador que aplicándolo echó los cimientos y levantó las paredes maestras del edificio: Sir William Jones y Lorenzo Hervás y Panduro podemos decir que fueron sus más inmediatos precursores. El lingüista inglés señaló el terreno y emplazamiento de la obra con el descubrimiento de lo que el estudio del sanskrit podía dar de sí, comparándolo con las lenguas europeas, y fundó la Asiatic Society de Calcuta, seminario de obreros aparejadores que suministraron á los lingüistas europeos y en particular al mismo Bopp los materiales brahmánicos de los cuales se habían de servir. El lingüista español levantó el andamiaje reuniendo las infinitas lenguas del globo, clasificándolas, distinguiendo sus familias y entronque, y orientó las obras de fábrica fijando de una vez para siempre la dirección del estudio comparativo de los idiomas en el elemento morfológico ó gramatical, en vez del lexicológico, en el cual se había estudiado hasta entonces.