CANTO DÉCIMO Y ÚLTIMO

Mas ya el claro amador de Larisea

adúltera los carros inclinaba

para el piélago largo que rodea

Temistitán, do el Occidente estaba:

Favonio el gran calor del Sol recrea

con soplo que en las aguas respiraba,

volviéndole el frescor la dulce vida

al lirio y al jazmín, del sol perdida.

Cuando se van las ninfas y amadores

por la mano conformes y obedientes

a los palacios ricos de labores

con pórfido y cristal resplandecientes;

las mesas tienen llenas, servidores,

de platos de manjares excelentes,

porque puedan allí con tal largueza

cada cual socorrer a su flaqueza.

Allí en las sillas ricas, cristalinas,

se asientan dos a dos amante y dama:

en dos que están primero, de oro finas,

con su diosa se puso el claro Gama:

de iguarias suaves y divinas,

a quien nunca llegó la egipcia fama,

se amontonan los llenos platos de oro,

traídos del atlántico tesoro.

Los vinos odoríferos, que encima

están, no son itálico Falerno,

mas ambrosía que Júpiter estima,

con todo su concilio sempiterno:

en vasos do no puede obrar la lima

blancas espumas alzan, y al interno

corazón mueven súbita alegría,

saltando con la mezcla de agua fría.

Mil pláticas alegres se hablaban,

risas, motes y dichos delicados,

que entre un manjar y el otro se tocaban

ya con los apetitos desbocados:

músicos instrumentos no faltaban

cuales en el Cocito a los penados

hicieron descansar de eterna pena

con una voz de angélica sirena.

Una ninfa cantaba, y sus acentos,

que por los altos aires van sonando,

en consonancia igual los instrumentos

a un mismo tiempo vienen conformando.

Un silencio refrena allí los vientos

y hace blandamente ir murmurando

las aguas: en sus casas naturales

adormece los brutos animales.

Con dulce voz está subiendo al cielo

los varones que aun no han venido al mundo,

cuyas ideas vió Próteo sin velo

en un globo diáfano y rotundo:

Júpiter se lo dió por su gran celo

en sueños, y él después en el profundo

lo dijo, do la ninfa en su memoria

recogió tan ilustre y clara historia.

Materia es de coturno, no de soco,

lo que aprendió la ninfa allá en su lago,

cual Yopas no supo, o Demodoco,

en los Feaces uno, otro en Cartago.

Aquí, sacra Calíope, te invoco

en el trabajo extremo, porque en pago

me des de lo que escribo, y yo pretendo,

el gusto de escribir que voy perdiendo.

Van los años bajando, y del estío

al otoño es el paso corto y breve:

la fortuna me ha hecho ya sin brío,

no se ensalza mi musa ni se atreve:

los disgustos me van llevando al río

do en olvido se queda el que lo bebe:

mas tú me da que cumpla, reina mía,

con lo que el amor quiere y yo quería.

Cantaba aquesta ninfa que vendrían

del Tajo, por el mar que Gama abriera,

gentes que las riberas vencerían

donde el Índico mar hace ribera;

y los gentiles reyes rendirían

al yugo de la luz de Dios sincera,

o por bien, o por mal, con brazo fuerte,

hasta rendirse a él, de él a la muerte.

De uno canta que allá en los Malabares

era de sacerdotes el primado,

y por guardar la fe a los singulares

Portugueses perdió todo su estado:

sus ciudades consiente y sus lugares

ser talados con fuego y hierro airado

por el gran Samorín que nuestra gente

quisiera aniquilar en el Oriente.

Y canta «cómo ve que se embarcaba

en Belén su remedio soberano,

sin saber lo que en sí la mar llevaba:

lleva a Pacheco, Aquiles Lusitano:

sienten su grave peso, cuando entraba

el corvo leño el férvido Oceano,

los troncos que en el agua ya gemían

y en ella sin quererlo se metían.

»Mas llegado a los fines orientales,

ayudándose queda con gran brío

al de Cochín, con pocos naturales,

en brazos del salado y ancho río:

desbarata los Naires infernales

al paso Cambalón, tornando frío

con espanto el ardor grande de Oriente

de lo mucho que hacía tan poca gente.

»Llamará el Samorín más gente nueva;

vendrán del Bipur reyes, del Tanor,

de sierras de Narsinga, que alta prueba

estarán prometiendo a su señor:

hará el Naire que todo al fin se mueva

de Calicut la tierra y Cananor:

vendrán diversas leyes a la guerra,

moros por mar, gentiles por la tierra.

»A todos otra vez desbaratando,

por tierra y mar, el gran Pacheco osado,

la grande multitud que irá matando

a todo el Malabar tendrá admirado:

Samorín, con la rabia, renegando,

al combate saldrá más denodado;

su gente con injuria, y los remotos

dioses, irá llamando con mil votos.

»Ya no defenderá solos los pasos,

mas quemarle ha lugares, templos, casas,

con furor Samorín, viendo ya lasos

a los que las ciudades hacen rasas;

los suyos, de la vida nada escasos,

te los echa Pacheco; mas tu pasas

sus vidas por el filo, y vas, volando,

de la una a la otra parte en todos dando.

»Vendrá allí el Samorín, porque en persona

los suyos a la guerra cruda anime;

mas un ligero tiro su corona

con sangre teñirá, y cetro sublime;

y viendo que a Pacheco le abandona

su fuerza, y que no hay fuerza que él estime,

inventará traiciones y venenos,

mas siempre (Dios queriendo) hará menos.

»Tornará la vez séptima, cantaba,

a pelear con el invicto Luso,

a quien trabajo alguno no espantaba,

y si lo esté, le tiene muy confuso.

Traerá para la guerra, horrenda y brava,

máquinas con maderos fuera de uso,

con que pueda anegar las carabelas,

sin serles de provecho mástil, velas.

»Por la mar llevará sierras de fuego

para abrasarle cuanta armada tiene;

mas la militar arte, e ingenio, luego

en humo volverá el fuego que viene:

ningún claro varón en marcio juego,

que en alas de la fama se sostiene,

llega a éste que la palma a todos toma:

perdónenme la ilustre Grecia y Roma.

»Porque tantas batallas sustentadas

con muy poquitos más de cien soldados,

y con artes de guerras señaladas

tener moros sin cuento ahuyentados,

o parecerán fábulas soñadas,

o que los altos coros invocados

bajaban en su ayuda y les traían

esfuerzo, fuerza, ardid, con que vencían.

»Ni el otro que en los campos Maratonios

el poder de Darío asuela y ofende;

ni el que con cuatro mil lacedemonios

el paso de Termópilas defiende;

ni Cocles el mancebo en los Ausonios

que con todo el poder tusco contiende

por defender la puente, oh Quinto Fabio,

no fué cual éste en guerra fuerte y sabio.»

La ninfa en este punto el son canoro

en ronco lo convierte entristecido,

cantando en baja voz envuelta en lloro

el gran esfuerzo mal agradecido.

«¡Oh Belisario, dice, que en el coro

de Musas serás siempre engrandecido!,

si en ti viste sin precio al bravo Marte,

ya tienes con quién puedas consolarte.

»Aquí habrá compañero, así en los hechos

como en el galardón injusto y duro:

en ti y en él veremos altos pechos

venir a bajo estado, humilde, obscuro:

morir en hospital en pobres lechos

los que a la ley y rey sirven de muro:

esto hacen los reyes cuyo imperio

puede más que justicia en su hemisferio.

»Esto hacen los reyes que, embebidos

en la blanda apariencia que contenta,

dan los premios de Ayace merecidos

a la lengua de Ulises fraudulenta:

vengarme he, que estos bienes mal partidos,

en el que dulces sombras representa,

si no los dan a sabios caballeros,

danlos a fementidos lisonjeros.

»Mas tú, de quien quedó tan mal pagado

un tal vasallo, rey no agradecido,

si no le diste tu sublime estado,

él te dió reino y mando esclarecido;

y en cuanto fuere el mundo rodeado

del Sol, será de todos conocido,

y vivirá entre gentes pobre y claro,

y tú en esto culpado por avaro.

»Otro vendrá, cantaba, intitulado

con el nombre real: traerá consigo

el hijo que en el mar será ilustrado,

siéndole de sus hechos buen testigo:

ambos darán con brazo fuerte, armado,

a la fértil Quiloa cruel castigo,

poniendo en ella un rey tal de su mano,

echando fuera el pérfido tirano.

»Dejarán a Mombaza, que se arrea

de casas suntuosas y edificios,

con hierro y fuego tan talada y fea,

que pague por cabal sus maleficios;

y en la costa, que toda se rodea

de leños enemigos y artificios,

contra los Lusos, a velas y remos,

el mancebo Lorenzo hará extremos.

»Dentro en las naos del Samorín potente,

que henchirán el mar, la gran pelota

que saldrá del cañón de cobre ardiente

dejará casco, mangle y vela rota;

y los garfios echando osadamente,

dará en la capitana, algo remota,

tan presto, que la deje con su espada

de cuatrocientos moros libertada.

»Mas de Dios la divina providencia,

que sabe bien de qué es mejor servida,

a do no vale esfuerzo ni prudencia

para guardar la vida ya perdida,

en Chaúl, donde en sangre y resistencia,

con hierro y fuego, el agua está teñida,

le harán que con vida no se vaya

las armadas de Egipto y de Cambaya.

»Allí el poder inmenso de esta gente,

que el grande esfuerzo con su fuerza apoca,

los vientos que le faltan y el ferviente

mar, que lo va arrojando a triste roca,

todo se conjuró contra el potente;

mas vaya el que de fuerte algo se toca

y a Esceva verá aquí despedazado,

sin saber ser rendido ni domado.

»Fáltale una rodilla, que en pedazos

la lleva un ciego tiro que pasara;

mas donde faltan piernas sobran brazos

y el fuerte corazón que le quedara;

hasta que otra pelota dió en los lazos

con que el alma en el cuerpo se enlazara:

de la prisión mortal voló a la hora

al cielo do se halla vencedora.

»Vete, alma, en paz, de guerra tan sangrienta,

en la cual mereciste paz serena;

que al cuerpo, que en pedazos se presenta

quien lo engendró venganza ya le ordena:

ya oigo resonar la gran tormenta

que viene a dar la cruda y triste pena

de esperas, basiliscos y trabucos

a los cambaicos y a los mamelucos.

»Viene el padre con ánimo estupendo,

con lástima y coraje por antojos,

con que el paterno amor le está trayendo

fuego en el corazón, agua en los ojos:

la ira le venía aprometiendo

que ha de ofrecer al hijo por despojos

tal multitud que el Nilo sea en sentirla,

el Indo pueda verla, el Gange oirla.

»Cual el toro celoso, que se ensaya

a la pelea, que sus cuernos tienta

al tronco de una encina o dura haya

y en la tierra su fuerza experimenta,

tal, antes que en el reino de Cambaya

entre Francisco airado, en la opulenta

Dabul su espada afila, y prueba el filo

cortando de los más el vital hilo.

»Y entrando por el puerto de la Dío,

ciudad ilustre en cercos y batallas,

destrozará la armada, con gran brío,

de Calicut, que remos trae por mallas;

la de Melique rendirá con frío

temor, pudiendo el fuego así espantadas,

que a las gentes dará en el hondo asiento

secreto lecho de húmedo elemento.

»Mas la de Mir-Hocén, que, blasonando,

la furia esperará de vengadores,

verá brazos y piernas ir nadando,

sin cuerpos, por el mar de sus señores:

rayos de fuego irán representando

con ciego ardor los bravos domadores:

cuanto allí sentirán ojos y oídos

llamas y humo será, con alaridos.

»Mas ¡ay!, que de esta próspera victoria,

cuando a su patrio Tajo dé la vuelta,

casi le robará toda su gloria

un suceso de suerte a su mal suelta.

El cabo Tormentorio su memoria

con huesos guardará, y allí resuelta

la vida, volverá a su Dios el alma

a quien le dió el Egipto e India palma.

»Tendrán allí los cafres más potencia

que los moros destrísimos tuvieron,

y con palos harán más resistencia

de la que flechas y arcos le hicieron:

juícios de divina Providencia,

a quien gentes que no los entendieron

les llaman hado malo, suerte obscura,

siendo de solo Dios voluntad pura.

»Ved con qué nueva luz el laberinto

del Globo se aclaró, la voz sonaba,

mostrando el mar Melinde en sangre tinto,

con la ciudad de Lamo, de Oja y Brava,

por Acuña feroz, que nunca extinto

será su nombre en todo el mar que lava

las islas de Austro y playas que se llaman

de San Lorenzo, que en el Sur se afaman.

»Esta luz es del fuego y relucientes

armas con que Alburquerque irá amansando

los Parseos de Ormuz, que por valientes

rehusarán el yugo honroso y blando:

las saetas verán allí las gentes

recíprocas volver al gentil bando

contra quien las tiró: que Dios guerrea

por quien por su fe santa entra en pelea.

»Allí de sal los montes no defienden

de corrupción los muertos en combate;

mas por la larga playa y mar se extienden

de Gerún, de Mazcate y Calayate,

hasta que a pura fuerza ya desprenden

a bajar la cerviz, donde se le ate

la obligación de dar el reino inico

de perlas de Barén tributo rico.

»¡Oh qué gloriosas palmas tejer veo

para la gloria de la gran Lisboa

cuando con fuerte brazo y gran deseo

a la isla ganó fuerte de Goa!

Después, obedeciendo al hado feo,

la deja, y de ella vuelve al mar la proa,

por tornarla a ganar: que esfuerzo y arte

vencen a la Fortuna y propio Marte.

»Ved que vuelve sobre ella y va rompiendo

por las pelotas, muros, fuego y lanzas,

abriendo el escuadrón espeso, horrendo,

doquiera que con golpe o espada alcanzas:

van los soldados ínclitos haciendo,

cual toros o leones, mil matanzas,

cuando se celebró la fiesta dina

de la gloriosa virgen Catalina.

»Ni es mucho si a tal hombre te rendiste,

puesto que rica en todo y asentada

al Oriente te veas, do naciste,

opulenta Malaca celebrada.

Las venenosas flechas que hiciste,

los crises con que estabas pertrechada,

amorosos malayos, jaos valientes,

al Luso serán todos obedientes.»

Más estancias cantara esta sirena

en loor del clarísimo Alburquerque,

mas una ira le ataja que a él condena,

aunque su ilustre fama el mundo cerque.

El grande capitán, que el hado ordena

que con trabajos gloria eterna merque,

más ha de ser un blando compañero

a los suyos, que juez cruel y entero.

Porque en tiempo de hambres y asperezas,

dolencias, flechas y rayos ardientes,

usar fieros castigos y bravezas

en los soldados fuertes y valientes,

parecen villanías y brutezas

de pechos inhumanos, insolentes,

dar extremo castigo por la culpa

que flaca humanidad y amor disculpa.

No fué la culpa, no, de grave incesto

ni de violento estupro en virgen pura,

ni menos adulterio deshonesto,

sino con una esclava vil y obscura:

si el pecho, o de celoso, o de modesto,

o de usado a crueldad terrible y dura,

con los suyos la ira no refrena,

a blanca fama negra mancha ordena.

A Apeles vió Alejandro enamorado

de su Campaspe, y dársela consiente,

no siendo su soldado exprimentado

en algún duro cerco, o guerra urgente.

Sintió Ciro que andaba ya abrasado

Araspas de Pantea en fuego ardiente,

que él en guarda tomó, con fe y promesa

de nunca en esta presa hacer presa.

Mas viendo el claro persa que, vencido

era de amor, que no tiene defensa,

la culpa le perdona, y fué servido

de él en un grave caso en recompensa.

Por fuerza de Judita fué marido

el fuerte Baldovino, mas dispensa

con él Carlos y dale empresas grandes,

que viva y poblador quede de Flandes.

Prosiguiendo la ninfa el dulce canto,

de Suárez canta «cómo las banderas

desplegaría con temor y espanto

por las rojas arábicas riberas:

Medina abominable teme tanto

cuanto Meca, y Gidá, con las postreras

playas de Abasia: Bárbora se exime

del mal, de que el imperio Zeila gime.

»La noble isla también de Taprobana,

por el antiguo nombre tan famosa,

cuanto ahora soberbia y soberana

por la corteza cálida olorosa,

tributo pagará a la Lusitana

bandera, cuando clara y gloriosa

venciendo se alzará en la torre fuerte

de Columbo, temida a par de muerte.

»Sequeira por las aguas eritreas

a tu imperio abrirá nuevo camino,

con que, reina Sabá, tanto te arreas

y Cándace lo tiene por divino:

a Mazuá descubre, y si rodeas,

verás el puerto Aquico allí vecino,

y hará descubrir remotas tierras,

cuáles con dulce paz, cuáles con guerras.

»Vendrá después Meneses, cuyo hierro

en Libia será más que acá probado:

de la soberbia Ormuz vengará el yerro

con que pague el tributo al tresdoblado:

también tú, Gama, en pago del destierro

en que estás, te verás acá tornado

con título de conde que escogiste:

la tierra mandarás que descubriste.

»Mas la necesidad fatal y urgente

de quien ningún humano es eximido,

con título real y preeminente

te quitará del mundo fementido.

Será el otro Meneses presidente,

mayor que no en la edad en el sentido:

gobernará y hará al dichoso Enrique

que en el mundo su fama se publique.

»No sólo vencerá los Malabares,

destruyendo a Panane con Coulete,

sin temer las bombardas que en lugares

peligrosos su fuego se entremete;

mas con virtudes claras, singulares,

los enemigos vence, y acomete

del alma la codicia, incontinencia

que en edad tan lozana es excelencia.

»Después que las estrellas lo llamaren,

tomarás, Mascareñas, el gobierno,

y si injustos el mando te quitaren,

no te podrán quitar el nombre eterno:

para que tus hazañas más se aclaren

el hado te ha traído más superno

a mandar, más de palmas coronado

que de justa fortuna acompañado.

»Del reino de Bintán, que tantos daños

tiene a Malaca mucho tiempo ha hechos,

en solo un día injurias de mil años

vengarás con favor de ilustres hechos:

los trabajos, peligros, los engaños,

de hierro abrojos mil, pasos estrechos,

trincheras, baluartes y saetas,

te quedan que las rompas y sometas.

»Mas la codicia y ambición que muestra

su rostro descubierto en el imperio

contra Dios y justicia, siendo diestra,

disgusto te hará, no vituperio.

El que injuria hiciere, con siniestra

fuerza y poder en que se ve, adulterio

acomete, y no vence, que victoria

es ganar de justicia eterna gloria.

»Mas con todo no niego que Sampayo

será en esfuerzo ilustre y señalado,

mostrándose en el mar un fiero rayo,

que de enemigos mil verá cuajado.

En Bacanor hará cruel ensayo,

y en Malabar, para que, amedrentado,

después de ser vencido de él se venga

Cutiale, con cuanta armada tenga.

»Y no menos de Dío la gran flota,

que Chaúl temerá por ser osada,

con la vista será perdida y rota,

por Héctor de Silveira destrozada;

por Héctor, portugués, de quien se nota

que en la costa Cambaica siempre armada

será a los Guzarates tan tirano

cuanto lo fué a los griegos el Troyano.

»A Sampayo sucede en fuerza y cargo

Cuña, que en Chale torres levantadas

tendrá, teniendo el mando tiempo largo

y a Dío con sus gentes refrenadas.

El fuerte Bazaín con trance amargo

de guerra ganará, con cuchilladas

de que gime Melique que la espada

a su trinchera tenga sujetada.

»Tras él vendrá Noroña, y con bullicio

de armas los fieros Rumes ahuyenta

de Dío, que el valor y el ejercicio

de Antonio de Silveira la sustenta:

en Noroña la muerte hace su oficio

cuando un tu ramo, oh Gama, se presenta

al gobierno indiano, cuyo celo

hará temblar la mar, el aire y suelo.

»De manos de tu Esteban tomaría

las riendas el que ya será ilustrado

en Brasil con dar muerte áspera y fría

al pirata francés, al mar usado;

y capitán mayor, escalaría

el muro de Damán, soberbio, armado,

entrando él el primero por la puerta

que fuego y flechas mil tienen cubierta.

»A éste el rey cambaico soberbísimo

fortaleza dará en la rica Dío,

porque contra el Mogor poderosísimo

le ayude a defender su señorío:

después irá con pecho esforzadísimo

a quitarles el paso por el río

al rey de Calicut, que en aquel seno

lo hará retirar de sangre lleno.

»La ciudad Repelín será talada,

puesto su rey con muchos en huída,

y al cabo Comorín desbaratada

con su valor y fuerza esclarecida.

De Samorín la grande y gruesa armada,

que a destruir el mundo se convida,

vencerla ha con furor de hierro y fuego

y así verá Beadala el marcio juego.

»Estando la India limpia de contrarios,

vendrá después con cetro a gobernalla

quien no halle resistencia ni adversarios,

mas toda la refrene con miralla.

Si los peligros quieres ordinarios

probar tú, Baticala, que Beadalla,

de sangre y cuerpos muertos serás llena

y con fuego arrojada por la arena.

»Éste será Martín, que trae de Marte

el nombre con las obras derivado:

tanto en armas se ilustra en toda parte,

cuanto en consejos sabio y bien mirado.

Castro sucederá, que el estandarte

portugués tendrá siempre levantado,

sucesor digno al que le ha precedido,

que a Dío levantada ha defendido.

»Los Persas, Abasís, Rumes feroces

que del nombre de Roma nombre tienen,

varios de gestos, de costumbre atroces,

mil naciones al cerco fieras vienen:

mil quejas dan al cielo, al mundo voces,

que unos pocos la tierra les detienen:

en sangre Portuguesa juran todos

de bañar los mostachos, rostros, codos.

»Basiliscos horribles y leones,

trabucos fieros, minas encubiertas,

sustenta Mascareñas con varones

que las muertes ya tienen por muy ciertas,

hasta que en las mayores opresiones

Castro libertador, haciendo ofertas,

de sus hijuelos, quiere que ilustrados

queden, siendo a su Dios sacrificados.

»Hernando, digno ramo de esta planta

donde el violento fuego con ruído

las torres hiende y muros que quebranta,

lo vuela, y de allí al cielo fué subido.

Álvaro, cuando el frío al mundo espanta,

y el camino con nieve está impedido,

vence la mar, las aguas, los contrarios

vientos, los enemigos adversarios.

»Veis acá el padre que las ondas corta

con el resto de gente Lusitana,

y con fuerza y saber, que más importa,

la batalla presenta soberana:

por las paredes el camino acorta

a la entrada, mas otros por la insana

escuadra. Hechos hacen, de memoria

dignos, que no cabrán en larga historia.

»Este después en campo se presenta

vencedor, fuerte, intrépido, al pujante

rey de Cambaya, a quien más desalienta

la fiera multitud cuadrupedante;

y no menos sus tierras no sustenta

Hidalcán, contra el brazo que triunfante

a Dabul da castigo por respuesta;

ni Pondá escapa, tierra adentro puesta.

»Estos y otros varones, por mil partes

dignos todos de fama y escritura,

haciéndose en la tierra bravos Martes,

gozarán de esta isla su frescura;

arrastrando en el mar los estandartes

vencedores con próspera ventura,

hallarán estas ninfas, estas mesas,

que glorias y honras son de altas empresas.»

Cantaba esto la ninfa, y todas ellas

con sonoroso aplauso voces daban,

con que de los donceles y doncellas

las bodas con placer se celebraban:

ya no podrá Fortuna, ni aun estrellas,

quitarles el valor que aquí alcanzaban,

ni os tiene de faltar, gente famosa,

honra, nombre ni fama glorïosa.

Después que aquí la corporal flaqueza

se satisfizo del mantenimiento,

y a la dulce armonía y gran destreza

el oído le dieron, pronto, atento,

Tetis, de gracia ornada y gentileza,

para darles mayor contentamiento

y las fiestas doblar de aqueste día,

al valeroso Gama así decía:

«Merced te hace, oh Gama, la sapiencia

suprema que con ojos corporales

veas lo que no puede ver la ciencia

de los bajos y míseros mortales:

mis pasos seguirás con gran prudencia

por este monte, tú con tus iguales.»

Y con esto se entró un bosque cerrado

do nunca humano pie fuera estampado.

No andan mucho, cuando en la alta cumbre

se hallan, donde un campo se esmaltaba

de esmeraldas, rubís, que a la vislumbre

ser el cielo estrellado figuraba:

un globo está en el aire, a quien la lumbre

clarísima con rayos penetraba,

de modo que su centro es evidente,

como la superficie, claramente.

Cuál sea su materia no está claro,

mas divísase bien que está compuesto

de varios orbes que el Maestro raro

compuso un solo centro a todos puesto:

en que se abaje o alce no reparo,

pues no se alza o abaja, mas un puesto

en toda parte tiene, en cualquier parte

está principio y fin por divina arte.

Uniforme, perfecto y sostenido

en sí (tal arquetipo lo criara),

viendo el Gama tal Globo, conmovido

de deseo y espanto se quedara:

«Aquí, dijo la diosa, reducido

en un pequeño espacio se te aclara

el mundo porque en él distinto veas

por dó vas, dónde irás, lo que deseas.

»Ves aquí la gran máquina del mundo,

etérea, elemental, que fabricada

así fué del saber alto y profundo

que es sin principio y meta limitada:

quien cerca alrededor este rotundo

Globo y su superficie tan limada,

es Dios; mas quién sea Dios nadie lo entiende,

que a tanto nuestro ingenio no se extiende.

»Este orbe que primero va cercando

los otros más pequeños que contiene,

que está con pura luz claro alumbrando

de modo que la vista no la atiene,

el Empíreo se llama, do gozando

puras almas están del bien que tiene,

tal que él solo se extiende y él se alcanza,

de quien no hay en el mundo semejanza.

»Aquí solos los santos glorïosos

están; que yo, Saturno, Marte o Jano,

Júpiter, Juno, somos fabulosos,

fingidos de un descuido ciego, insano:

sólo para los versos deleitosos

servimos, y si más el trato humano

nos puede dar, es que el ingenio vuestro

a las estrellas ponga el nombre nuestro.

»Y también que la santa providencia,

que en Júpiter aquí se representa,

por espíritus mil, con su prudencia,

gobierna el mundo todo que sustenta:

aquesto nos declara la alta ciencia

con los ejemplos grandes que presenta,

pues los buenos nos guían, favorecen,

los malos cuanto pueden nos empecen.

»Quiera aquí la pintura que varía,

ahora dando gusto, ahora enseñando,

darles nombres que ya la poesía

a sus dioses los diera fabulando:

los ángeles de la alta jerarquía

dioses el sacro verso está llamando,

ni niega que este nombre preeminente

a los malos se da, mas falsamente.

»En fin, que el sumo Dios, que por segundas

causas obra, este mundo todo manda;

y tornando a contarte las profundas

obras de aquesta mano veneranda,

debajo el orbe (ve, no te confundas)

donde gozan las almas, que no se anda,

otro corre tan presto y tan ligero

que no se ve, el cual es móvil primero.

»Con este rapto y grande movimiento

van todos los que están dentro en su seno:

por obra de este Sol andando atento,

el día y noche hace en curso ajeno:

debajo este veloz anda otro lento,

tan tardo y sojuzgado al duro freno,

que en cuanto Febo, de la luz no escaso,

doscientos cursos hace, da él un paso.

Por serviros a todo aparejados,

lejos de vos, a vos son obedientes:

en cumplir son, señor, vuestros mandados,

sobre cuantos se hallan diligentes;

[Canto X, Estr. 148].

»Mira esotro debajo que esmaltado

de cuerpos lisos anda, y radiantes,

que en él guardan su curso concertado

y en sus ejes se muestran las errantes;

bien ves cómo se viste y está ornado

de un largo cinto de oro que, estrellantes,

doce animales tiene figurados,

aposentos de Febo limitados.

»Mira por otras partes la pintura

que las estrellas claras van haciendo;

mira el Carro, la Barca y Cinosura,

Andrómeda, su padre, y el horrendo

Dragón, de Casiopea la hermosura,

de Orión el gesto tan tremendo,

mira el Cisne muriendo que suspira,

la Liebre, la Canícula, la Lira.

»Debajo de este grande firmamento

de Saturno es el orbe que prosigo:

Júpiter luego hace movimiento;

Marte debajo, bélico enemigo,

del ojo el cielo, tiene el cuarto asiento;

y Venus los amores trae consigo;

Mercurio, de elocuencia soberana;

con tres rostros abajo está Diana.

»En todos estos orbes diferente

curso verás: cuál grave, cuál más presto;

ora huyen del centro largamente,

ora hacen su curso cabe él puesto:

bien como quiso el Padre omnipotente

que el fuego, el aire y viento y nieve ha puesto,

a los cuales verás estar más dentro

y que tienen la tierra y mar por centro.

»Este centro es posada a los humanos,

que no sólo de osados se contentan

con sufrir de la tierra los insanos

peligros, mas la mar experimentan:

verás las varias partes que indianos

mares dividen, donde se aposentan

varias naciones, reinos eminentes,

en leyes y costumbres diferentes.

»Ve la Europa cristiana, muy más clara

que las demás en gracia y fortaleza;

África, de sus bienes tan avara,

inculta y toda llena de bruteza;

mira el cabo que siempre se os negara

que al Austro lo asentó naturaleza;

mira esa tierra toda, que se habita

de la gente sin ley casi infinita.

»Ve de Monomotapa el grande imperio,

de selvática gente negra y perra,

donde el santo Gonzalo vituperio

padecerá por Cristo y dura guerra:

nace por este incógnito hemisferio

el metal, por quien más la gente yerra:

mira del lago donde se derrama

el Nilo, cómo corre el río Guama.

»Ve las casas de negros siempre abiertas

y cómo viven todos confiados:

la justicia las guarda más que puertas,

y a ninguno sus bienes son robados:

mira las tierras de éstos ya cubiertas,

cual de tordos los árboles cuajados,

de Zofala cercar la fortaleza,

que defenderá Añaya con destreza.

»Ve las lagunas donde el Nilo nace,

que los antiguos nunca conocieron,

en cuya playa el cocodrilo pace

y gentes de Abasís en Dios creyeron;

a quien ni la muralla falta hace,

mas siempre a sus contrarios resistieron:

ve a Meroe, que isla fué de antigua fama

y ahora el natural Nobá la llama.

»Aquí en aquesta tierra un hijo tuyo

en armas contra el Turco será claro:

Don Cristóbal será el gran nombre suyo,

mas contra el fin fatal no habrá reparo:

ve la costa del mar, de do no huyo,

pues Melinde dió en ella hospicio caro:

el río, nota bien, que su romance

suele llamar Obi y entra en Quilmance.

»Ve el cabo que fué Arómata llamado,

y llaman Guardafú sus moradores;

de la boca comienza del nombrado

mar Rojo, que del fondo trae colores:

éste como mojón está arrojado

que Asia y África parte, y las mejores

poblaciones de Libia que aquí miro

Mazuá son, Zuarque, con Arquiro.

»Ve la extrema Suez, que antiguamente

de Héroas dicen ser ciudad nombrada:

otros dicen que Arsinoe, y al presente

con la flota de Egipto es afamada:

mira el agua do abrió por su corriente

camino el gran Moisés siendo tocada:

Asia comienza aquí, que se presenta

en tierras grande, en reinos opulenta.

»Mira el monte Sinaí, que se ennoblece

con el cuerpo de Santa Catalina:

mira Toro y Gidá, a quien enflaquece

la falta de agua clara cristalina:

las puertas del estrecho do fenece

el reino de la Adén, que allá confina

con la sierra de Arcira, piedra viva,

donde la lluvia nunca se deriva.

»Ve las Arabias tres, que tanta tierra

toman, todas de gente vaga y baza,

donde vienen caballos para guerra

ligeros y muy fuertes, de alta raza;

ve la costa que corre hasta que cierra

otro estrecho de Persia y hace traza

con el cabo que el nombre lo apellida

de Fartaque, ciudad allí subida.

»Mira a Dofar, insigne en oloroso

incienso, necesario al sacrificio;

y a Rozalgate, reino populoso,

cuyas playas desiertas hace el vicio;

mira el reino de Ormuz, que tan famoso

Castelblanco lo hizo con su oficio,

rindiendo a su valor la turca armada

por virtud de su brazo y de su espada.

»Mira el cabo Asaboro, que llamado

ahora es Mozandán de navegantes:

por aquí se entra el lago que es cerrado,

de Arabia y Persia tierras abundantes:

mira la isla Barén, que el fondo ornado

tiene de ricas perlas, rutilantes

más que la Aurora: ve en la agua salada

de Tigris y de Eufrates una entrada.

»Mira el persiano imperio memorable,

siempre puesto en el campo y en caballos,

a quien el cobre fué injuria notable

y no traer de las armas duros callos:

mas la isla Gerum, muy miserable,

que ve el tiempo sus muros derriballos,

muestra cómo de Armuza, que allí estuvo,

ella el nombre después y gloria tuvo.

»Aquí de don Felipe de Meneses

se muestra la virtud en armas clara,

cuando con muy poquitos portugueses

los muchos Párseos vencerá de Lara:

querrán probar los golpes y reveses

de don Pedro de Sosa, que probara

ya su brazo en Ampaza, sujetada

con valor de su capa y de su espada.

»Dejemos el estrecho y conocido

cabo de Iasque, Carpella llamado,

con todo su terreno mal querido,

de bienes de natura despoblado:

Carmania tuvo ya por apellido,

mas ves el Indo que del fresco lado

de aquella altura baja sonriendo,

y de otra igual el Gange está corriendo.

»Ve la tierra de Ulcinde fertilísima,

de Iaquete la íntima ensenada:

la henchiente de la mar mira grandísima,

la vaciante que huye apresurada:

la tierra de Cambaya ve riquísima,

donde del mar el seno hace entrada:

ciudades otras mil, que voy pasando,

a vosotros aquí se están guardando.

»La costa para el Sur corre indiana

y al cabo Comorí, Cori llamado,

que enfrente de sí tiene a Taprobana,

que de Ceilán el nombre haya tomado:

por este mar la gente Lusitana,

después de ti, vendrá con brazo armado:

tendrá victorias, tierras y ciudades,

y en ellas vivirá muchas edades.

»Las provincias que entre uno y otro río

ves, con varias naciones infinitas,

de varios reyes es su señorío

a quien el diablo dió leyes escritas.

Ve de Narsinga, que el terreno frío

las reliquias posee, santas, benditas,

del cuerpo de Tomé, varón sagrado

que la mano a Jesús metió en su lado.

»Aquí la ciudad fué que se llamaba

Meliapor, hermosa, grande, rica:

los ídolos antiguos adoraba

como lo hace aquesta gente inica:

lejos del mar en aquel tiempo estaba

cuando la fe de Dios Tomé predica,

que doctrinando al mundo ya pasara

provincias mil y a todas enseñara.

»Llegó aquí a predicar la salud, dando

a los enfermos y a los muertos vida:

acaso por la mar viene nadando

un leño de grandeza desmedida:

desea el rey, que andaba edificando,

llevarlo do la obra le convida,

y piensa de moverlo con pujantes

fuerzas de hombres, ingenios de elefantes.

»Era tan grande el peso del madero,

que para menearlo nada basta;

mas el nuncio de Cristo verdadero

menos trabajo en tal negocio gasta:

ata el cordón que trae por lo postrero

del leño y del gran peso lo desbasta:

tráelo donde se haga un sacro templo

que quede a los futuros por ejemplo.

»Sabía bien que si con fe formada

mandase a un hombre sordo que se mueva,

tiene de obedecer la voz sagrada,

que así lo enseñó Cristo y él lo prueba:

la gente queda de esto alborotada:

los bramines, que ven ser cosa nueva,

viendo aquestos milagros tan patentes,

han miedo de quedar menos potentes.

»Estaban ya con celos envidiosos,

temiendo que la gente en Dios no crea;

buscan maneras mil, casos astrosos

por do Tomé se vaya o muerto sea:

el principal de aquestos orgullosos

quiere que un caso horrendo el mundo vea,

que enemiga no hay tan dura y fiera

como la virtud falsa a la sincera.

»Un hijo propio mata, y luego acusa

de homicidio a Tomé, que era inocente:

con falsos testimonios, como se usa,

lo condenan a muerte brevemente:

el santo, que no ve mejor excusa

que apelar para el Padre omnipotente,

quiere delante el rey y los señores

un milagro hacer de los mayores.

»El cuerpo muerto manda ser traído,

que resucite y sea preguntado

quién fué su matador: será creído

por testigo fïel más aprobado:

el mozo se levanta con sentido

en nombre de Jesús crucificado:

da gracias a Tomé que le dió vida,

descubre ser su padre el homicida.

»Causó aqueste milagro tal espanto,

que el rey se baña luego en agua santa,

y con él muchos: uno besa el manto,

otro loor a Dios y a Tomé canta:

los bramines se hinchen de odio tanto,

púnzales con veneno envidia tanta,

que, persuadido el vulgo innoble, obscuro,

muerte le quiere dar sobre seguro.

»Un día que enseñando al pueblo estaba

fingieron en la gente un gran ruido:

ya Cristo en este tiempo le ordenaba

que con palma a los cielos sea subido:

la multitud de piedras que volaba,

al santo da, a la muerte ya ofrecido,

y un malo, por hartarse más de priesa,

por el pecho una lanza le atraviesa.

»Lloráronte, Tomé, el Gange famoso

y el Indo, con la tierra que pisaste:

más te lloran las almas que el lustroso

rayo de fe perdieron que enseñaste:

los ángeles con canto sonoroso

a la gloria te llevan que ganaste:

pedímoste, Tomé, que favorezcas

tus Lusos y que a Dios se los ofrezcas.

»Vosotros que usurpáis el nombre claro

de ser, como Tomé, de Dios enviados,

¿cómo os estáis de asiento, y sin reparo

dejáis a los infieles deslumbrados?

Sal sois, y si os podrís en vuestro caro

nido, donde profetas no hay nombrados,

¿con qué se salarán en nuestros días

(infieles dejo) tantas herejías?

»Mas paso esta materia peligrosa:

tornemos a la costa dibujada:

ya con esta ciudad tan populosa

se encorva la gangética ensenada:

corre Narsinga, rica y poderosa;

corre Orixa, de ropas abastada,

y al fin de aquesta entrada el dulce río

Ganges viene al salado señorío.

»Ganges, do es abusión de habitadores

que muriendo bañados, con certeza,

aunque hayan sido grandes pecadores,

recobran con esta agua gran pureza:

ve a Chatigán, ciudad de las mejores

de Bengala, que estima su realeza

y no ve que está puesta en tierra angosta

al Austro, ladeada a aquesta costa.

»Mira el reino Aracán, mira el asiento

de Pegú, que ya monstruos lo poblaron

monstruos hijos de feo ayuntamiento

de una mujer y can, que aquí se hallaron:

alambre usan aquí en el instrumento

de la generación, el cual usaron

por maña de la reina que, inventando

tal uso, fuera echó el error nefando.

»Mira Tauay, ciudad de do se sigue

de Sión el imperio tan crecido:

Tenasarí, Quedá, que dar prosigue

pimienta que su tierra ha producido:

mira cómo a estas todas las persigue

Malaca, con su imperio ennoblecido,

y cómo todas a ella por mil vías

procuran enviar mercaderías.

»Dicen que de esta tierra con pujantes

aguas el mar entrando dividiera

la noble isla Samatra, que ya de antes

juntas ambas la gente antigua viera:

Quersoneso fué dicha de abundantes

venas de oro que la isla produjera:

Áurea por epiteto le ayuntaron;

otros que fuese Ofir imaginaron.

»En punta de la tierra Singapura

verás donde el camino más se estrecha

a la flota; la costa a Cinosura

se encorva, y a la Aurora está derecha:

ve a Pan y Patane, reinos; la altura

de Sión a quien todo el lado pecha:

mira el río Menón, que se derrama

del grande lago que Chiamay se llama.

»Ve en este gran terreno diferentes

nombres de mil naciones no sabidas:

los Laos, en tierra y número potentes;

Anás, Bramás, por sierras tan cumplidas:

ve en los remotos montes otras gentes

que Geos se llaman, de silvestres vidas:

humana carne comen, y pintados

con husillos ardiendo son quemados.

»Ves pasa por Camboya Mecón río,

que capitán del agua se interpreta:

tantas recibe en sí por el estío

que los campos aniega e inquieta:

hinchentes tiene como el Nilo frío:

la gente de su orilla cree indiscreta

que los brutos tendrán de cualquier suerte

o gloria o pena eterna con la muerte.

»Este recibirá plácido y blando

en sí los tristes Cantos que mojados

vendrán, del gran naufragio miserando

de procelosos bajos escapados,

de hambres, de peligros grandes, cuando

serán con mando injusto ejecutados

en aquel cuya lira sonorosa

será más celebrada que dichosa.

»Mira la costa que Champá se llama,

con oloroso palo celebrada,

y a Cochinchina, sin su nombre y fama,

y de Ainán la incógnita ensenada:

aquí el soberbio imperio, que se afama

en tierras y riqueza no pensada,

de China corre, ocupa el señorío

desde el Trópico ardiente al Cinto frío.

»Mira el muro, edificio no creído,

que entre un imperio y otro se edifica,

indicio claro, cierto y conocido

de su grande potencia extraña y rica:

el rey que de ella es rey no es rey nacido,

ni la casta real se multiplica;

mas escogen por rey al más famoso

caballero, discreto y virtuoso.

»Aun otra mucha tierra se te esconde

hasta que venga tiempo de mostrarse;

mas las islas del mar no dejes, donde

quiso naturaleza señalarse:

esta medio escondida, que responde

a la China, por donde va a buscarse,

es Japón, donde nace plata fina

que ilustrada será con ley divina.

»Mira acá por los montes del Oriente

las infinitas islas derramadas:

ve a Tidore, a Ternate, y la ferviente

cumbre que de sí arroja llamaradas:

las árboles verás de clavo ardiente,

con Portuguesa sangre bien compradas,

y las doradas aves, que en el suelo

no se ven, sino muertas y sin vuelo.

»Ve de Banda las islas, que se esmaltan

de la color que pinta el rojo fruto;

las aves tan pintadas que allí saltan,

cogiendo de la nuez verde tributo:

ve también a Borneo, do no faltan

lágrimas, ni licor cuajado, enjuto,

del árbol que alcanfor blanco es llamado,

con que de la isla el nombre es celebrado.

»Ve a Tinor, que a tu reino llevar manda

sándalo salutífero oloroso:

ve la Sunda, tan larga, que una banda

esconde para el Sur dificultoso:

la gente del país, que tierras anda,

un río dice haber miraculoso

que por adonde corre no mezclado

convierte en piedra el palo que es echado.

»Mira la que por tiempo fué isla hecha,

que por la cumbre llamas evapora;

la fuente que olio da de su cosecha,

oloroso licor que el tronco llora,

más fragante que cuanto se aprovecha

de la hija de Ciniras, do mora:

de cuanto las más tienen es tesoro,

y más da blanda seda y muy fino oro.

»Mira el Ceilán, que monte se levanta

sobre las nubes con nueva grandeza:

por cosa los de allí la tienen santa,

porque hay señal de un pie en la suma alteza:

mira a Maldivia, do nace la planta

en el agua con tal naturaleza

que es su fruto al veneno más potente

antídoto escogido y excelente.

»Verás defrente estar del rojo estrecho

Socotorá, con áloe famosa:

otras islas también rendirá el pecho

del Luso en la africana costa astrosa,

que darán en olores gran provecho

la masa al mundo incógnita y preciosa:

de San Lorenzo ve la isla afamada,

de algunos Madagascar fué llamada.

»Aquestas son las partes del Oriente

que vosotros haréis claras al mundo,

abriendo al ancho mar puerta patente

con un pecho invencible, furibundo;

mas es también razón que en el Poniente

un hecho se celebre sin segundo

de un Portugués que, del rey agraviado,

camino ha de hacer nunca pensado.

»Mira la grande tierra que contina

va de Calisto a su contrario polo:

¡qué soberbia será con rica mina

de metal que color tiene de Apolo!

Castilla de tal presa será dina,

el poder castellano la habrá sólo,

suyas serán las tierras y las gentes

en ritos y costumbres diferentes.

»Mas donde más se alarga tendréis parte

que del palo bermejo quede nota:

el nombre es Santa Cruz, do cuando parte

primero la descubre vuestra flota:

a par de aquesta costa, con grande arte,

descubrirá la parte más remota

Magallanes, en hechos marinero,

mejor que Portugués ni caballero.

»Después que más que media la rodea,

por donde al polo antártico se inclina,

de una estatura casi gigantea

hombres verá en la tierra que es vecina;

y adelante el estrecho que se arrea

con nombre de él ahora, do camina

para otra tierra y mar que queda donde

Austro con alas frías nos la esconde.

»Hasta aquí, Portugueses, concedido

os ha sido saber los fuertes hechos

que por el mar que ya dejáis sabido

han de hacer varones de altos pechos:

ahora, pues habéis acometido

trabajos por quien gracias y provechos

os darán estas ninfas tan hermosas

que coronas os tejen tan gloriosas,

»podeisvos embarcar, que tenéis viento

y mar bonanza, a vuestra patria amada.»

Esto dicho, hicieron movimiento,

al punto, de la isla Enamorada:

llevan de ella refrescos y alimento,

llevan la compañía deseada

de ninfas, que tendrán eternamente,

por más tiempo que el Sol será luciente.

Así fueron cortando el mar sereno

con viento siempre manso, nunca airado,

hasta que hubieron vista del terreno

en que nacieron, tanto deseado.

Entraron por la hoz del Tajo ameno:

a su patria querida y rey amado

el premio y gloria dan porque enviara

y con títulos nuevos se ilustrara.

No más, oh Musa, que la lira tengo

destemplada y la voz enronquecida,

y no del canto, mas de ver que vengo

cantando a gente sorda, endurecida;

el favor con que el ánimo sostengo

no me lo da la patria, que metida

está en grande codicia y vil dureza

de una austera, mortal, zafia tristeza.

Y no sé por qué influjo o qué destino

no tienen un orgullo y gallardía

que los pechos levanta de contino

a buscar en trabajos alegría;

pues, rey que por consejo alto, divino

la gente gobernáis que el Luso cría,

mirad que sólo sois (ved otras gentes)

señor de unos vasallos excelentes.

Mirad qué alegres van por las tormentas,

cuales fieros leones, toros bravos,

pasando mil peligros, mil afrentas,

cual si os fueran, señor, presos esclavos:

a hierro, a fuego, a saetas turbulentas

ofrecen su vivir, por poner clavos

al eje de la rueda de Fortuna,

porque no os sea mudable, mas siempre una.

Por serviros a todo aparejados,

lejos de vos, a vos son obedientes:

en cumplir son, señor, vuestros mandados,

sobre cuantos se hallan, diligentes;

y con saber que son de vos mirados,

demonios infernales, brutas gentes,

rendirán con esfuerzo esclarecido,

que vencedor os deje, no vencido.

Favorézcalos luego vuestra alteza

mostrándoles humana esa presencia:

de leyes les mitigue la aspereza,

que es el cierto camino de excelencia:

a los dignos encumbre en la grandeza

(que tuvieren bondad con experiencia)

de vuestro gran consejo, pues que saben

el cómo y cuándo y dó las cosas caben.

A todos dad favor en sus oficios

según tienen de vidas el talento:

los religiosos sean sus ejercicios

orar por vuestra vida y vuestro aumento:

con disciplina, ayuno por los vicios

comunes, la ambición tendrán por viento,

que el religioso bueno y verdadero

no busca acá las honras ni el dinero.

Tened los caballeros en estima,

pues con su sangre intrépida, ferviente,

la ley no sólo aumentan que es de encima,

mas vuestro claro imperio, preeminente:

pues aquellos que a tan remoto clima

os fueron a servir con celo ardiente,

dos enemigos vencen, unos vivos,

y, lo que es más, trabajos excesivos.

Haced como no digan admirados

los de Alemania, Italia y los ingleses,

que son mucho mejor para mandados

que no para mandar los Portugueses.

Tomad consejo de experimentados

que vieron largos años, largos meses,

que puesto que en letrados mucho cabe,

el viejo mucho más por viejo sabe.

De Formión, filósofo escogido,

Aníbal, en batallas señalado,

habiéndole de guerra un poco oído,

con gallardo donaire se ha burlado:

«La milicia, le dijo, no he aprendido

y en ella me conozco más letrado:

más se aprende en la guerra con las manos

que en estudios con dichos sabios vanos.»

Mas ¿quién mete en aquesto a un ignorante,

de vos no conocido ni soñado?

Es porque de la boca del infante

suele ser el loor más estimado.

En las armas soldado, y estudiante,

a las letras he sido dedicado

con ingenio, que aquí veréis presente,

cosas que juntas hay muy raramente.

Brazo para os servir a guerras hecho,

Musa para os cantar a versos dada;

mas fáltame el no seros de provecho,

ni mi fuerza de vos ser estimada:

si esto me dais, y emprende vuestro pecho

digna empresa de ser por mí cantada,

como mi entendimiento lo adivina,

viendo la inclinación vuestra divina,

o haciendo que, más que de Medusa,

de vuestro mirar tiemble el monte Atlante,

o rompiendo en los campos de Ampelusa

de Marruecos el muro y Turudante,

en empresa tan alta mi alta musa,

por ser vuestra, haré que al mundo os cante,

siendo vos de Filipo el heredero

y yo a vos lo que a Aquiles le fué Homero.

FIN