VIII.

El jóven creyó morir; los labios de la jóven habian abrasado su sér y una nueva vida llena de ambiciones desconocidas y terribles hacia latir su corazon; creyó verse en la cumbre de una altísima montaña, y que á sus piés se extendian los continentes de la tierra ceñidos por los abismos del mar; á su lado Betsabé le estrechaba dulcemente entre sus brazos, y posaba en él la intensísima mirada de sus negros ojos, mientras en su pequeña y lindísima boca vagaba una sonrisa de amor. Parecióle que el mórbido brazo de la hermosa se tendia sobre el dilatado hemisferio, y que su voz dulce y tentadora le decia:

—«¿Qué quieres de cuanto el aire baña, la tierra ostenta ó azota el mar?»

Juzef sólo queria el amor de Betsabé, pero sin fin, como el inmenso espacio que se mostraba ante sus ojos.

La vision duró un momento; Juzef volvió á mirar en torno suyo el retrete de la casa de Absalon, con sus lámparas veladas por gasas, sus pájaros dormidos entre flores, y la hermosísima esclava recostada con indolencia en el divan.

—Mira, le dijo sonriendo Betsabé, la marca terrible de mi encanto ha caido de mi sér; y le mostró con las extremidades de sus bellísimos dedos las pequeñas alas de murciélago, que Juzef habia visto algunos momentos antes sobre sus espaldas.

—Quémalas en aquel braserillo, añadió Betsabé señalando uno de los perfumeros.

El jóven tomó con repugnancia aquel negro despojo y le arrojó al fuego; levantóse una llama azulada y quedó reducido á negra ceniza.

—¿Ves algo en el braserillo? continuó Betsabé.

El príncipe revolvió la ceniza, y entre ella encontró un anillo de esmeralda, al rededor del cual estaba grabada la cifra cabalística de Salomon.

—Dame esa sortija, dijo Betsabé.

El príncipe se la entregó.

Un color febril subió á las mejillas de la jóven, y una exclamacion de insensata alegría, rebosó de su corazon.

—¡Oh! gritó: ya eres mio, miserable Absalon; estaba escrito y se cumplió: ¿quién más poderoso que yo? apagaré mi sed de venganza y mi sed de amor. Venid, hermanas mias; venid y alegraos: el sol de nuestra vida vuelve á brillar más hermoso que nunca.