CARO

En 1817 vino al mundo en Ocaña (Estado de Santander) el notable poeta José Eusebio Caro, uno de los más ilustres hijos de Colombia.

Se distinguió desde su juventud como periodista laborioso, como escritor correcto, como poeta inspirado.

Fué político serio y funcionario digno, amigo consecuente y rígido patriota. Sus mismos adversarios le han hecho cabal justicia.

La vicisitudes que sufrió Colombia le obligaron á emigrar, morando algún tiempo en Nueva York. La ausencia de su familia le atormentaba mucho en su destierro, la nostalgia le consumía, el afán de ver su cielo estrellado de Colombia amargaba sus noches y acibaraba sus días. En 1853 saludó por fin las playas colombianas; pero sucumbió al desembarcar en Santa Marta, ó pocos días después, víctima de una fiebre perniciosa.

Como filósofo no pasó de ser una medianía; refutó doctrinas que no había comprendido ni apenas estudiado, y mostró mejor deseo que sagacidad de juicio al tratar cuestiones sociológicas. Pero como poeta ocupa buen lugar en el notable Parnaso colombiano, dejando gallardas muestras de su ingenio poético y de su talento literario. En 1873 se publicó en Bogotá un volumen de versos con el título de Obras escogidas de José Eusebio Caro, libro que tuvo simpática aceptación.

Para que se juzgue del mérito poético de Caro insertamos á continuación una de sus poesías.

EL BAUTISMO

Á MI SEGUNDO HIJO RECIÉN NACIDO

I

Ven, y en las vivas fuentes del bautismo

Recibe, oh niño, de cristiano el nombre;

Nombre de amor, de ciencia, de heroísmo,

Que hace en la tierra un semidiós del hombre.

Los hombres que esas aguas recibieron

Con su espíritu y brazo subyugaron

La inmensa mar que audaces recorrieron,

Los mundos que tras ella adivinaron.

Potentes más que el genitor de Palas,

Al rayo señalaron su camino;

Y á los vientos alzándose sin alas,

Siguieron sin temblar su torbellino.

Ellos al Leviatán entre cadenas

Sacan de los abismos con su mano,

Y pisan con sus plantas las arenas

Del fondo de coral del Oceano.

Cristianos son los que esas formas bellas

Con que el Criador engalanó á Natura,

Obligan á vaciar sus blandas huellas

En instantánea nítida pintura.

De un hilo con la curva retorcida

Los cabos juntan de un inerte leño...

Y el secreto perturban de la vida,

¡Y agitan al cadáver en su sueño!

Y tú también, también eras cristiano,

Tú que dijiste contemplando el cielo:

«Ya mis ojos no alcanzan, pobre anciano;

Yo rasgaré del firmamento el velo».

Y en el aire elevando dos cristales,

Vuelta á Venus la faz, puesto de hinojos,

Los ojos que te hiciste fueron tales

Que envidiaron las águilas tus ojos.

Y era cristiano aquel que meditando

En el retiro de modesta estanza,

Sin afán, sin error, pesó jugando

Los planetas y el sol en su balanza.

II

Oh prenda de mi amor, dulce hijo mío

Cuando en edad y para el bien crecieres

(Y en el gran Padre Universal confío

Vivirás para el bien lo que vivieres:)

Serio entonces quizá, meditabundo,

De ardor de ciencia y juventud llevado,

Quieras curioso visitando el mundo

Juzgar lo que los hombres han fundado.

Conocerás entonces por ti mismo,

Verán tus ojos, palparán tus manos,

Lo que puede el milagro del bautismo

En los que el nombre llevan de cristianos.

¡Sí! do naciones prósperas hallares

Sujetas sólo á moderadas leyes

Que formaron senados populares

Y que obligan á súbditos y reyes:

Do al hombre vieres respetar al hombre

Y á la mujer como su igual tratada,

Modesta y libre, sin que al pueblo asombre

Viva fiel sin vivir esclavizada:

Do vieres generosos misioneros,

Sin temor de peligros ni de ultrajes,

Abandonar la patria placenteros

Para llevar la luz á los salvajes:

Do vislumbrares púdicas doncellas

De oscuro hospicio entre las sombras vagas,

Curando activas con sus manos bellas

De los leprosos las hediondas llagas:

Do puedas admirar instituciones

Que abrigan al inválido, al desnudo,

Que amansan al demente sin prisiones,

Que hacen al ciego ver, y hablar al mundo:

Do vieres protegido al inocente,

Castigado al perverso con cariño,

Respetado el anciano inteligente,

Asegurado el porvenir del niño:

Allí do hallares libertad y ciencia,

Misericordia, caridad, justicia,

Dominando del pueblo la conciencia,

De la industria calmando la codicia:

Allí do respetándose á si mismo

Vieres al hombre amar á sus hermanos

Podrás clamar: «¡Honor al Cristianismo,

Que éstos no pueden ser sino cristianos!»