FÁBULA PRIMERA.

CADMO VA Á BUSCAR Á EUROPA.

Volvióse Júpiter á su antigua figura, deponiendo la forma de toro; y habiendo arribado á la isla de Creta, se habia dado á conocer á Europa. Á este tiempo Agenor, padre sensible é inhumano en un mismo hecho, manda, ignorante del hurto, buscarla á su hijo Cadmo, desterrándole para siempre del suelo patrio si no le devuelve la hija. Despues de haber discurrido Cadmo inútilmente por todo el mundo en busca de su perdida hermana (porque ¿quién será capaz de descubrir los hurtos de Júpiter?) evitó con un destierro voluntario los efectos de la cólera de su padre. Prófugo, y en tierra extraña, ruega al oráculo de Apolo le diga en qué pais podrá fixar su domicilio: „Hallarás, le responde Febo, en los solitarios campos una becerra, que nunca ha experimentado el yugo al cuello, ni tirado el arado; sigue sus pasos, y en el pasto que se pare funda una ciudad, á que llamarás Beocia.” Apénas Cadmo habia salido de la cueva de Apolo, quando vió una novilla, de nadie custodiada, y que caminaba á paso lento: ninguna señal de yugo tenia en su cerviz, y reconociendo á Febo por protector de su viage, la va siguiendo poco á poco. Habia ya atravesado el rio Céfiso y los campos de Panopea, quando se para de repente la becerra, y levantando la cabeza al cielo, llena el ayre de bramidos; pero despues que vió á Cadmo y sus compañeros venir tras sí, se echó en un prado muy hermoso. Cadmo da gracias á Apolo por tan feliz presagio, besa la tierra, saluda á los montes y campos, y queriendo hacer un sacrificio á Júpiter, envia á sus compañeros á buscar agua de fuente perennal para el efecto.

(40) Cadmo da muerte al Dragon que despedazó
á sus Compañeros cerca de la fuente.