FÁBULA II.
MARTE Y VENUS.
Poco despues que Alcitoe acabó su historia, tomó Leuconoe la palabra, y escuchándola sus hermanas: sabed, las dixo, que el Sol, ese Dios que lo alumbra y gobierna todo con su luz, no estuvo exênto del amor. Voy á referiros su aventura. Como todo lo registra el primero, dicen que descubrió el adulterio de Venus con Marte; y envidioso ó zeloso del hecho, se lo contó al esposo de esta Diosa, mostrándole el parage y sitio de la traycion. Consternó tanto esta noticia á Vulcano que quedó sin seso, se le cayó de las manos la obra,[15] y hasta el martillo con que la trabajaba. Mas volviendo sobre sí se puso á hacer una red y lazos de alambre tan sutiles y delgados que apenas eran perceptibles; no excederian á su delicadeza ni el hilo mas delgado, ni las mas delicadas telas de araña que penden del techo. Hízola con tal artificio que el mas leve movimiento pudiera jugarla. Tendióla al rededor del lecho de Venus, de suerte que apenas entró en él con Marte, ambos se quedaron presos y abrazados. Contento Vulcano con tan buen suceso, abrió las puertas de su aposento, y convidó á los Dioses á ver el espectáculo; halláronlos feamente abrazados, cosa que excitó á los Dioses á risa,[16] sin embargo de que no faltó entre ellos alguno menos rígido que quisiera verse avergonzado á tal precio. El hecho fue contado y sirvió mucho tiempo de conversacion en el cielo.
Ofendida en extremo Venus, resolvió vengarse del que habia descubierto su delito, é hizo arder en un amor igual al suyo al que descubrió su oculta pasion. ¿De qué te sirven, hijo de Hiperion,[17] tu hermosura, tu color y tu brillante luz? Tú que esparces por todas partes el fuego, te dexas abrasar de una nueva llama; tú, que debes mirarlo todo, fixas solo tus ojos en Leucotoe. Sales antes y vuelves despues de lo ordinario á la mansion de Tetis:[18] por contemplar despacio su beldad, haces mas largos de lo ordinario los dias del invierno: deliras algunas veces,[19] y comunicando la ceguedad de tu entendimiento á los rayos que despides, pones en consternacion con su obscuridad á todos los mortales.[20] Quando te turbas, no es porque se ponga entre tí y la tierra la luna que está mas cerca de ella: el amor produce este color tétrico. Sola Leucotoe causa tus delicias; ya no te acuerdas de Climene, ni de Rodas,[21] ni de la hermosa madre de Circe, ni de Clicie, que sin embargo de haberla tú despreciado, deseaba colgarse de tu cuello en el mismo tiempo en que te habia el amor herido gravemente con otras flechas. Leucotoe te hace olvidar todos tus amores. Fue esta hija de Eurinome, la mas hermosa de toda la Arabia; pero despues que llegó á su juventud, la hija excedia tanto en hermosura á su madre, quanto esta habia excedido á todas las de su tiempo: su padre Orcamo fue el que gobernó la Persia, siendo el séptimo Rey despues de Belo.[22]
(51) Leucotoe, prendada de la hermosura de Apolo,
se dexa vencer sin resistencia.