FÁBULA III.

APOLO Y MIDAS.

El Tomolo es una montaña de dificil subida, que se extiende desde Sardes hasta la pequeña ciudad de Hipepa. Es muy elevada y escarpada, y de su cumbre se descubren los anchos mares. En esta montaña cantaba Pan sus versos á las jóvenes Ninfas al son de la encerada flauta, jactándose de que excedia al canto de Apolo. Desafióle, y se aplazó la competencia, haciendo juez de ella al Tomolo. El anciano juez toma asiento en lo mas elevado de su misma cumbre para que los árboles separados no le impidiesen oir; y ciñéndose una guirnalda de encina, de la cual pendian las bellotas hasta las sienes, dijo al Dios Pan: „Por el juez no hay detencion.” Pan empezó luego á cantar al son de su flauta agreste, y embelesó á Midas (que á la sazon se hallaba presente) con la inculta música. Despues que Pan acabó, Tomolo volvió su semblante á Febo, y todos los árboles del monte hicieron lo mismo, y se inclinaron á él.

(115) Apolo pone orejas de asno á Midas
en castigo de su mala sentencia.

Apolo, coronado de laurel cortado del Parnaso, y vestido de una ropa rozagante de color de púrpura que arrastraba hasta el suelo,[200] tomó en su mano izquierda su lira embutida de marfil y piedras preciosas, y en la derecha el plectro, y en esta actitud empezó á tocar con tanta delicadeza, que enagenado Tomolo con su dulzura, manda que la flauta de Pan ceda la victoria á la lira de Apolo. Agradó á todos el parecer y sentencia del monte: solo Midas dijo que era injusta. No queriendo Delio que unas orejas tan insensatas conservasen la figura humana, se las alargó, cubrió de pelo blanco, é hizo movibles; en una palabra, las orejas de hombre se trocaron en orejas de asno perezoso. Lo demas de su cuerpo le quedó como de antes, castigándole solo en la parte que habia pecado. Midas procuraba ocultar esta deformidad, y la tapaba con una tiara[201] purpúrea; pero el criado que solia cortarle el pelo cuando crecia le vió las largas orejas; mas no se atrevió á descubrir á nadie este defecto. Incomodado de guardar este secreto, que no podia retener en sí,[202] se fue á un lugar retirado, hizo un hoyo en la tierra, y en él con voz sumisa depositó el secreto que su señor tenia orejas de asno, y despues, tapando el hoyo, se retiró dejándolo escondido en él. Algun tiempo despues empezó á crecer alli un espeso cañaveral; y habiendo pasado un año, crecidas ya las cañas, descubrieron el secreto, pues agitadas por el viento de mediodia, articularon con el manso ruido las palabras que se habian escondido en el hoyo por el criado, y publicaron que su amo tenia orejas de asno.

Despues que Apolo se vengó de Midas se retiró del monte Tomolo; y conducido por la vaga region del aire, pasó el estrecho del Helesponto,[203] é hizo alto en los estados de Laomedonte. Á la derecha está el promontorio de Sigeo, á la izquierda el de Reteo,[204] y en medio de este espacio hay un antiguo altar dedicado á Júpiter. Desde alli vió Apolo á Laomedonte, que edificaba los muros de la nueva Troya, y que estos, como una obra tan grande, adelantaban poco, y por lo mismo requeria el edificio crecidas sumas. Sin detenerse toma figura humana, juntamente con el Dios que rige el golfo hinchado con el tridente, y presentándose entrambos al Príncipe, se ofrecen á construir los muros de la ciudad por cierta cantidad de dinero que estipulan. Acabada la obra, el Rey faltó á su palabra, negándose á pagar, y añadiendo por cúmulo de su perfidia juramentos falsos. „Tu delito, le dijo el Dios del mar, no quedará sin castigo.” La venganza siguió á la amenaza, y desde aquel momento suelta todas las aguas del mar á las playas de la avarienta Troya con tanta impetuosidad, que en poco tiempo se inundó todo el pais, los campos se anegaron, y las riquezas de los labradores quedaron sepultadas debajo de las olas. Poco satisfecho con un castigo tan terrible, exigió tambien que la hija de Laomedonte fuese acometida de un monstruo marino. Atan á Hesione á un peñasco, y Hércules la libra. Este héroe pide al padre de la Princesa el tiro de caballos que le habia prometido por un servicio tan importante. El Rey, siempre pérfido, le niega la paga de tan señalado servicio, y Hércules se apodera de los muros de Troya, que por dos veces habian sido perjuros.[205] Telamon recibe á Hesione por recompensa, porque el ilustre Peleo su hermano, que tambien habia acompañado á Hércules á esta expedicion, ya se habia casado con una Diosa.[206] Aunque este Príncipe era nieto de Júpiter, no obstante no se honraba tanto con su nacimiento como con este nuevo enlace, puesto que era el solo mortal que podia vanagloriarse de tener á una Diosa por muger, en vez de que muchas personas podian gloriarse de traer su orígen del Soberano de los Dioses.

(116) Tetis oye á Proteo que la pronostica tendrá
un hijo mas poderoso que su Padre.