FÁBULA IV.
PROTEO PREDICE LAS BODAS DE TETIS Y PELEO.
Hablando cierto dia el anciano Proteo con Tetis, le dijo: „Diosa del mar, tú serás madre de un hijo de tan gran valor, que excederá á su padre en la valentía de sus hazañas, y tendrá mas fama que él.” Júpiter pues, aunque estaba penetrado de un amoroso fuego, rehusa las bodas de Tetis para evitar que naciese de ella un hijo que excediese á su mismo padre, y que hubiese en el universo cosa mas poderosa que él, y manda que su nieto Peleo suceda en sus deseos, y se case con la Diosa. Hay un seno en Tesalia de la figura de una hoz, formado por unas lenguas de tierra que entran en el mar. Seria muy buen puerto si tuviera mas profundidad; pero en él apenas cubre el agua la arena. La playa es tan maciza, que ni se estampan en ella las huellas, ni hay estorbo para andar, ni está cubierta de ovas. Cerca de alli hay una selva de mirtos cargados de arrayanes verdinegros; en medio de ella hay una gruta de tal modo fabricada, que se duda si es obra del arte ó de la naturaleza; no obstante hay indicios para creer que es mas bien obra del arte. Á esta gruta, ó Tetis, solias venir desnuda muchas veces, sentada sobre un enfrenado delfin, y en ella te acometió Peleo estando dormida; y porque no quisiste consentir á sus deseos se dispuso á la violencia, echándote los brazos al cuello; y hubiera conseguido lo que deseaba si no te hubieras valido de tus acostumbradas artes, transformándote en diferentes figuras. Primeramente te dejaste ver bajo la forma de una ave, y él no obstante te tenia agarrada bajo de esta figura: despues te transformaste en un gran árbol, y Peleo no se desasia de él; pero cuando te convertiste en una tigre manchada se amedrentó y te soltó. Entonces dirigiéndose á los Dioses del mar, les ofrece un sacrificio, derramando vino sobre el mar con las entrañas de la víctima, y hace humear el incienso en su honor, hasta que el adivino Proteo dijo desde en medio del piélago: „Ó hijo de Eaco,[207] tus deseos se cumplirán: serás dichoso; pero es necesario sorprender á Tetis cuando descansa dormida en su fresca cueva, y atarla con tales cordeles y prisiones que no pueda escaparse. Si cien figuras mudare por vencerte, aprisiónala sin intimidarte hasta que se vuelva á su primera forma.” Apenas Proteo pronunció estas últimas palabras cuando se ocultó en el mar. El sol estaba entonces al fin de su carrera, y su carro iba á entrar en el Océano, cuando la hermosa Tetis, dejando el mar, va á la cueva donde acostumbraba descansar. Apenas Peleo la habia atado cuando toma diferentes figuras, hasta que sintió que estaba aprisionada en todas ellas. Entonces en fin extendiendo sus brazos por todas partes, dió un gran gemido, y habló asi á su amante: „Peleo, solo con el socorro de algun Dios quedas victorioso.” Al decir esto volvió á su primera figura; consintió en casarse con él, y fue madre del gran Aquiles.
Dichoso Peleo con este himeneo y con el nacimiento de un hijo tan ilustre, hubiera gozado de una felicidad perfecta, á no haberla turbado el fratricidio de su hermano Foco, por cuyo delito fue desterrado de la casa de su padre, y se acogió á Trachinia, region de la Tesalia, donde pacíficamente reinaba Ceix, hijo de Lúcifer, que en su rostro ostentaba muy bien el resplandor de su padre; pero en aquel tiempo le tenia oscurecido por el dolor de la muerte de su hermano Dedalion. Luego que Peleo, fatigado del camino y de la pena de su destierro, llegó á Trachinia, y entró en la ciudad con poco acompañamiento, dejando antes en un sombrío valle no lejos de sus muros los rebaños y vacadas que traia consigo, se presentó al Rey, y haciéndole una grande reverencia con las manos tendidas, en las que llevaba una señal de paz,[208] le refirió quien era, quien era su padre, y la causa que pretextó de la fuga de su casa, callando y ocultando el fratricidio que habia cometido, pidiéndole que le acogiese en la ciudad ó en algun otro lugar de sus estados. Ceix le respondió con rostro apacible en estos términos: „Mis estados estan abiertos á cualquiera persona por humilde que sea, y mi reino hace gala de esmerarse en la hospitalidad; mi ánimo benigno se inflama mas á egercerla, y le son poderosos impulsos tu esclarecido nombre, y el ser descendiente de Júpiter. No pierdas el tiempo en plegarias: cuanto pidas te será concedido; elige lo que te acomode entre todo lo que ves, y ¡ojalá hubieras llegado y lo hubieras visto en mejor estado!” En este punto comenzó Ceix á llorar, y Peleo y sus compañeros le preguntaron cual era la causa de tanto sentimiento, á los cuales respondió asi: „Acaso creereis que la ave[209] que vive de rapiñas, y es el terror de las demas aves, lo fue siempre, y estuvo vestida de plumas como ahora; pues no es asi: hace poco tiempo que era hombre, y ha conservado despues de su transformacion el ánimo, ferocidad y violencia que tenia antes. Llamábase Dedalion, y tuvo por padre al astro precursor de la Aurora, y que desaparece el último.[210] Como yo siempre he amado la paz, he empleado todos mis cuidados por conservarla en mis estados y familia; mi hermano por el contrario tenia toda su complacencia en las sangrientas guerras. El valor con que desde su transformacion persigue á las palomas tisbeas, lo empleó antes en sujetar naciones enteras y Reyes poderosos. Tenia una hija dotada de gran belleza llamada Quione, que á la edad de catorce años era pretendida de muchos amantes. Volviendo un dia acaso Febo y Mercurio, aquel de Delfos, y este del monte Cileno, la vieron ambos, y ambos se enamoraron de ella. El primero quiso esperar la noche para declararla su pasion; pero Mercurio, sin diferir mas tiempo, tocó el rostro de la doncella con su caduceo, que tiene la virtud de infundir sueño: ella se duerme con el contacto poderoso, y en el sueño fue violentada por él. Luego que llegó la noche Apolo toma la figura de vieja, y bajo de esta apariencia tomó lo que ya otro habia disfrutado. Al cabo de nueve meses parió dos hijos: el uno fue Autólico, que parecido en todo á su padre Mercurio, y de su misma índole y astucia, era ingenioso, é inclinado á todo robo, y sabia hacer de lo negro blanco y de lo blanco negro. De Febo nació Filamon, hombre aventajado por su voz y lira. Pero ¿qué aprovecha á Quione haber agradado á dos Dioses, haber tenido dos hijos tan célebres, ser hija de un padre tan valiente, y nieta del dueño y Soberano de los Dioses? Hay muchos á quienes son dañosos la gloria y los honores, y esto le sucedió á Quione, pues se atrevió á preferirse á Diana y á llamarla fea,[211] poniendo faltas á su hermosura; de lo que ofendida la Diosa, se dejó arrebatar de la vehemente pasion de la ira contra ella, diciendo: „Ya que no le agrada mi rostro, tendrá que sufrir mis hechos;” y al momento encorvó el arco, y de un flechazo atravesó la lengua sacrílega. Herida Quione mortalmente, hace vanos esfuerzos por hablar; su voz la abandona, y pierde la vida envuelta en su misma sangre. Yo entonces abrazándola tiernamente, sufrí en obsequio de la piedad todo el dolor que cabe en el corazon de un tio, y procuré consolar á mi hermano; pero este, como padre, recibió el consuelo no de otro modo que los peñascos insensibles la agitacion estrepitosa de las olas del mar, y se abandonó á los lamentos por la pérdida de su hija. Pero luego que la vió en la pira, cuatro veces tuvo ímpetus de arrojarse á ella, é impedido otras tantas de que lo egecutase, echó á huir con precipitacion, y á la manera que lo hace un novillo, que estimulado del aguijon de los tábanos ó moscardones, se arroja por las asperezas y por donde no hay senda ni camino. En la precipitacion de su carrera me parecia que iba aumentándose su velocidad mas que la que puede tener un hombre: quien le viese juzgaria que tenia alas en los pies. Nos fue imposible alcanzarlo, y veloz con el deseo de perder la vida, llegó á la altura del Parnaso; y habiéndose precipitado de un alto peñasco, tuvo Apolo misericordia de él, convirtiéndole en ave, y sosteniéndolo en el aire con alas repentinas que le dió al tiempo de caer. Su boca fue mudada en un pico corvo, y sus uñas se encorvaron igualmente como lo estan los anzuelos. Conservó en su transformacion su antigua inclinacion, y unas fuerzas superiores al tamaño de su cuerpo. En fin vuelto gavilan, es enemigo de todas las aves, y les hace sentir una parte de los males que él mismo sufre.”
Ceix continuaba aun refiriendo las calamidades de su hermano, cuando Anetor, pastor de los ganados de Peleo, llegó apresurado con el aliento anhelante, y dijo: „¡Ay Peleo, Peleo, vengo á anunciarte una gran desgracia!” Peleo le manda se la diga, y el Rey de Trachinia queda suspenso y temblando del miedo. „Yo habia conducido, respondió Anetor, tus novillos á las playas cuando[212] el sol altísimo en medio de la esfera habia subido tanto cuanto le faltaba para descender á su ocaso: unos echados sobre la roja arena miraban desde alli las cristalinas llanuras del mar; otros con paso perezoso andaban errantes en aquellas cercanías, y otros en fin se habian metido en el agua para refrescarse, y solo se les veia el cuello. Cerca del mar hay un templo, en cuya construccion no se empleó oro ni mármol, sino unas toscas vigas, é inmediato á él un antiguo bosque sombrío con la espesura de sus árboles, dedicado todo á Nereo[213] y á las Nereidas. Un pescador que estaba en la playa enjugando sus redes me informó de que el templo estaba dedicado á aquellos Dioses. Inmediato á este templo hay una laguna cercada de espesos sauces, la que se formó con el agua que rebosa del mar. Del fondo de este pantano sale de repente un lobo fiero de un tamaño enorme, haciendo un estruendo tan espantoso, que amedrentó á todos los lugares comarcanos. Una espuma mezclada con sangre negra le salia de la boca, y sus ojos centelleaban llamas. Mas impelido de la rabia que de la hambre, no tanto por satisfacer á esta cuanto por saciar á aquella con la muerte de los bueyes, á unos hiere, y á otros derriba causándoles la muerte. Algunos de mis compañeros, heridos del lobo por querer defender al ganado, perdieron su vida. La playa y las primeras olas se tiñen de sangre, y en todas las lagunas comarcanas resuenan los bramidos de las reses heridas. No perdamos tiempo, continúa; la menor dilacion nos será perniciosa. Armémonos todos, que es el recurso único que nos queda para ir á salvar lo que se pueda escapar del furor de este monstruo.” Asi habló Anetor. Peleo, menos movido por esta pérdida que por la memoria de su delito, comprendió que la Nereida queria que estas calamidades fuesen venganza y sacrificio á un tiempo en alivio de Foco su hijo. Ceix manda que todos tomen sus armas, y él se disponia á ir con ellos; pero su muger Alcione, que lo entendió por el ruido que habia en palacio, salió precipitada de su cuarto á medio peinar, y abandonando al aire sus cabellos, se arrojó al cuello de su marido, y con persuasiones y lágrimas le rogaba que no fuese él á aquella empresa, y que procurase guardar su vida, en la que consistia la suya propia. „Deja, ó Reina, la dijo Peleo, tus honestos y piadosos temores. La oferta que Ceix me ha hecho prueba su bondad y generosidad; pero no es mi ánimo aprovecharme de ella, ni perseguir con las armas á tan nuevo monstruo, sino adorar y suplicar á la Deidad del mar que me ha afligido con tal desgracia.” Cerca de la playa habia una elevada torre, y un fanal en lo mas alto de ella para direccion y regocijo de los navegantes. Suben á ella, y miran con dolor á los toros muertos y tendidos en la playa, y al monstruo que habia causado tantos estragos con la piel toda teñida de sangre. Entonces Peleo, tendiendo las manos hácia la ribera del dilatado mar, ruega á la cerúlea Psamate[214] que deponiendo su saña, les sea propicia. La Nereida no se ablandó con las palabras y súplicas de Peleo. Tetis, su muger, la suplicó por su marido, y consiguió el perdon; pero el lobo, cebado en la dulzura de la sangre, perseveraba en la cruel matanza, hasta que en la accion de estar despedazando la cerviz de una novilla fue transformado en piedra por la Diosa: el color indicaba que ya no era lobo, ni habia ya para qué temerle, aunque el cuerpo conservaba la forma y figura de fiera. El destino no permitió á Peleo permanecer mas tiempo prófugo en los estados de Ceix: errante y fugitivo aportó á Tesalia, y alli tomó venganza de Acasto, dándole la muerte por la traicion[215] que en otro tiempo habia intentado contra él.