FÁBULA III.

ICARO CAE AL MAR.

Acomodó tambien otras alas á su hijo, diciéndole de esta manera: „Procura, Icaro mio, guardar un buen medio cuando vueles por los aires, porque si vas muy bajo se entorpecerán las plumas con los vapores del agua, y si muy alto el calor del sol puede abrasarlas. Camina entre estos dos extremos, y te mando que no mires á Bootes,[19] ni te acerques á la Osa helada ni al Orion:[20] sígueme siempre á mí como á tu guia.” Le instruye en las reglas del vuelo, y acaba de ajustar á sus hombros las alas: temblábanle las manos al viejo, y le caian las lágrimas por las mejillas al tiempo de acomodárselas y de darle sus consejos. Últimamente, despues de haberle besado por la última vez, emprendió su vuelo delante para mostrarle el camino, cuidadoso siempre del hijo, y con su egemplo le exhorta á que le siga, enseñándole el nuevo y dañoso arte: asi como el ave cuando saca á volar desde el alto nido sus tiernos hijuelos, ni mas ni menos Dédalo movia sus alas, é iba siempre mirando á las de su hijo. Se pasman viéndolos volar el pescador que tenia echada á los peces su trémula caña, el pastor que se apoyaba en su cayado, y el labrador en su esteva, creyendo y teniendo todos por Dioses á los que volaban por los aires. Ya Dédalo é Icaro habian dejado á su izquierda la isla de Samos, tan célebre por el culto de Juno, la de Delos y Paros, y miraban á su derecha las de Lebinto y Calimne, tan fecunda en miel, cuando el jóven Icaro empezó á alegrarse temerariamente con el vuelo, y abandonó á su guia por elevarse mas alto, arrebatado del deseo de volar hasta el cielo: en esta disposicion el calor del cercano sol ablandó la cera que sujetaba las plumas, y derritiéndose y deshaciéndose las alas, ya volaba con los desnudos brazos, careciendo de remos con que sostenerse sobre el aire; y llamando en vano á su padre, cayó en el mar, que se llamó Icaro de su nombre. „Icaro, Icaro, exclama su desgraciado padre (aunque habia dejado de serlo), ¿donde te hallas? ¿En qué pais te buscaré, hijo mio?” Cuando pronunciaba estas tristes palabras vió en las aguas las plumas. Despues que maldijo la destreza de su arte, hizo las exequias á Icaro, dándole sepultura en la isla cerca de la cual habia perdido la vida, y que se apellidó despues con su nombre.