FÁBULA IV.
PERDIX CONVERTIDO EN AVE.
Mientras Dédalo daba sepultura[21] á su desgraciado hijo le vió desde las ramas de una encina la parlera perdiz, única y no vista ave hasta aquel tiempo, y en la que poco antes habia sido convertido Perdix ó Acalo, sobrino de Dédalo: empezó á sacudir las alas, y á manifestar con su canto la alegría de que Dédalo pagase asi su delito, y la injuria que le habia hecho, porque Acalo, siendo de doce años y de una índole acomodada para aprender, su madre, hermana de Dédalo, se lo habia confiado para que le enseñase é instruyese en las artes, no sabiendo lo que de ello habia de resultar. Observando cierto dia con alguna atencion la espina que los peces tienen en medio, trabajó sobre este modelo un pedazo de hierro, y habiendo hecho una sierra, tuvo la gloria de haber sido el inventor de un instrumento utilísimo.
(85) Perdix es precipitado por su envidioso tio,
pero Minerva le transforma en Perdiz.
Él fue tambien el primero que unió dos hierros iguales, de modo que el uno quedase inmóvil en tanto que el otro daba vuelta á la redonda, y fue de este modo el inventor del compas. Dédalo, envidioso de los progresos que hacia el jóven, lo despeñó de lo alto de la torre de Minerva,[22] é hizo correr la voz que habia caido por acaso; pero felizmente no pereció,[23] porque Minerva, que siempre ha favorecido á los ingenios, lo cubrió de plumas, transformándole en ave. La eficacia antigua de su veloz ingenio se comunicó á sus pies y alas, y conservó su mismo nombre. No obstante, como se acuerda aun de su caida, no se atreve á remontar mucho el vuelo,[24] ni á hacer sus nidos en los árboles; vuela cerca de la tierra, y pone sus huevos en los vallados.
Ya Dédalo habia llegado á Sicilia, donde su benigno Rey Cócalo le defendió á fuerza de armas del poder y persecucion de Minos: y ya el reino de Atenas por la hazaña de Teseo[25] se habia libertado del vergonzoso tributo que hasta entonces habia pagado á Creta, y en reconocimiento de ello se ofrecian sacrificios á Minerva y á Júpiter:[26] los templos estaban magníficamente adornados; el incienso ardia en ellos, y corria la sangre de las víctimas.
(86) Meleagro presenta á Atalanta la cabeza
del Jabalí de Calidonia.