FÁBULA VI.

JACINTO TRANSFORMADO EN FLOR.

„Á tí tambien, jóven Jacinto, te hubiera trasladado Apolo al cielo si se lo hubieran permitido los hados; sin embargo tienes el privilegio de la inmortalidad, que es cuanto pudo hacer en tu obsequio. Cuantas veces expele la primavera al invierno, y cuantas saliendo el sol del signo de Piscis entra en el de Aries, otras tantas te renuevas, brotando tus flores en la verde pradera. Mi padre Apolo te amó mas que á otro ninguno, y tanto que por tí abandonó el templo y oráculo de Delfos,[159] frecuentando solo las riberas del rio Eurotas y la ciudad de Esparta por visitarte: ni le gustaba la lira ni tampoco las flechas, sino que enagenado de sí no se avergonzaba ni rehusaba llevarte las redes, los perros, y acompañarte por los collados de los ásperos montes, fomentando de este modo su pasion, y convirtiéndola en costumbre.

(105) Jugando Jacinto con Apolo, le mata un tejo
que el viento desvió.

„Un dia cuando Titan se hallaba en medio de su carrera, queriendo Apolo y Jacinto jugar al disco, se despojan de las ropas, y se ungen con aceite segun costumbre; Apolo arrojó el primero el disco con tanta fuerza y destreza, que penetrando la region del aire, dividió con su violencia las nubes, y de alli á mucho tiempo empezó á bajar hácia la dura tierra. Viéndolo Jacinto, sin prever el riesgo á que se exponia, y embebido en el juego, echó á correr para coger el disco; pero al tiempo que dió en el suelo saltó de rebote, y dió á Jacinto en el rostro, haciéndole una mortal herida. Quedóse Apolo tan descolorido como el mismo Jacinto; y reuniendo la carne que el golpe habia despedazado, unas veces la unia á la restante, otras enjugaba la sangre que corria de la herida, y otras procuraba contener su ya fugitivo espíritu, aplicándole los remedios y yerbas mas medicinales.[160] Nada aprovechó el arte, porque la herida era incurable. Al modo que las adormideras, los lirios y violetas, quebrantados sus tallos, inclinan su cabeza hácia la tierra, y ya no pueden erguirse, asi se inclinó su rostro al tiempo de espirar, y el cuello y cabeza, faltos de vigor, se abatieron sobre los hombros. Entonces Apolo: „Desfalleces, le dijo, Jacinto, en tu primera edad, y veo que yo tengo la culpa de tu muerte. Tú eres causa de mi dolor, y en tí vino á descargar mi golpe. Mi diestra debe ser marcada con una señal que signifique tu muerte. Sí, yo soy la causa y el autor de ella. Pero ¿en qué está mi culpa? Como no se quiera dar este nombre al juego, y llamarse delito el haberte amado. ¡Ojalá pudiera dar mi vida por la tuya ó morir contigo! Pero puesto que el destino se opone á ello, reinarás siempre en mi memoria; mi canto y mi lira jamas dejarán de publicar tus alabanzas, y convertido en una nueva flor, estarán en tí escritos mis llantos y gemidos. Llegará tambien un tiempo en que el fortísimo Ayax[161] se añada á esta flor, y se lea en sus hojas su nombre.” Mientras Apolo decia estas cosas la sangre de Jacinto, que habia caido y manchado las yerbas, dejó su color, y convirtió en una flor mas resplandeciente que la púrpura de Tiro, y tomó la forma que tiene el lirio, si este no fuera blanco y el jacinto encarnado. No se contenta Apolo con esto; él es el primero que le tributa honores; esculpe en las hojas sus suspiros, conteniendo la triste inscripcion de ay ay con las mismas funestas letras. La ciudad de Esparta no tiene por afrenta el haber sido patria de Jacinto, antes sí por un honor que dura hasta el presente tiempo, en el que se repiten y celebran cada año con mucha pompa unas fiestas y juegos en su honor, siguiendo la costumbre de los mayores.”