FÁBULA VI.

HESPERIA HUYE DE ESACO.

Entre los que fueron testigos de aquel espectáculo habia un hombre anciano que alabó el amor y fidelidad de los dos esposos. Otro que estaba cercano á él, ó acaso el mismo, dijo: „Si lo permitió la suerte, este tambien que mirais surcar el mar, y traer las piernas encogidas (enseñándoles el mergo, cuyo cuello es espacioso, y que por alli pasó casualmente), es de familia Real; y si quereis subir hasta sus antepasados por su órden, hallareis que desciende de Ilo y de Asaraco, y de Ganimedes arrebatado por Júpiter, del viejo Laomedonte y de Príamo,[231] en cuyo tiempo fue destruida Troya, y que fue hermano[232] del famoso Hector; el cual, si no hubiera sido transformado en la flor de la juventud, acaso no hubiera sido inferior á Hector por sus famosas hazañas, aunque este era hijo de Hécuba, hija de Dimantes, y aquel, que se llamaba Esaco, de una Ninfa campestre llamada Alexirroe, que lo parió á escondidas en el monte Ida. Este tal Esaco no gustaba de las ciudades, y retirado del magnífico palacio, frecuentaba los secretos montes y los retirados campos, y no asistia sino alguna que otra vez á la corte de su padre: no obstante nada se le notaba de rusticidad en sus costumbres, ni su corazon era insensible al amor. Cierto dia, despues de haberla buscado por todas las selvas, halló y vió á la hermosa Hesperia, hija del rio Cebreno,[233] que en la ribera de él estaba enjugándose al sol los cabellos, que tenia tendidos sobre sus hombros. Luego que le vió echó á huir la Ninfa, como la espantada cierva huye de un lobo, ó como un ánade apartado del lago, que ve al gavilan que va á arrojarse sobre él. Esaco, á quien el amor dió alas (como el miedo parecia haberlas dado á la Ninfa), la persigue con ligereza; pero una víbora que se ocultaba en la yerba la pica en un pie,[234] y esparciéndose el veneno en su cuerpo, dejó á un tiempo de correr y vivir. Desesperado Esaco de un accidente tan funesto, abraza tiernamente á la Ninfa, que acababa de exhalar el último aliento, y exclama: „Pésame, pésame de haberte perseguido; pero yo no rezelaba esto, ni á tanta costa tuya pretendia la victoria. Querida Ninfa, nosotros dos te hemos quitado la vida. La víbora te hirió, y yo he sido la causa principal. Yo seria mas delincuente que ella si con mi muerte no vengara la tuya.” Despues que dijo estas palabras se arrojó al mar desde un alto peñasco. Tetis, apiadándose de él, lo recibió con suavidad y blandura; lo cubrió de plumas en tanto que fluctuaba sobre el mar, y de este modo le impidió morir, aunque él no deseaba sobrevivir á su amada Hesperia. Indignado contra la mano favorable que le protege, se queja de la crueldad del destino que le obliga á vivir. Con las nuevas alas se levanta en el aire, despues se arroja con impetuosidad para precipitarse; pero sus plumas interrumpen el ímpetu de la caida. Esaco se enfurece, se sumerge en lo profundo, buscando en vano medios con que darse la muerte que huye de él. El amor le pone flaco: las canillas y cuello se alargan: la cabeza la tiene distante del cuerpo: ama las aguas; y como se sumerge sin cesar, le ha quedado el nombre de mergo.[235]