FÁBULA VIII.

IFIS TRANSFORMADA EN VARON.

La noticia de este nuevo prodigio hubiera acaso admirado á las cien ciudades de Creta, si en esta region no hubiera sucedido otro portento bien semejante con la transformacion de la doncella Ifis. En la ciudad de Festo, que está confinando con el reino de Creta, habia un hombre poco conocido que se llamaba Ligdo, el cual era de lo mejor de la plebe, y su hacienda no era mayor que su nobleza; pero era fiel y de una vida irreprensible. Estando su muger embarazada y ya cercana al parto, la habló de esta forma: „Dos cosas son las que deseo, y por las que dirijo mis votos á los Dioses; la una que tengas un parto feliz, y la otra que sea varon lo que des á luz; porque si es hembra, es mas gravosa para mí, y la naturaleza me negó riquezas para poder dotarla; y si esto sucediese, y parieses hembra, lo cual los Dioses no permitan, mando y dispongo, aunque con mucha repugnancia (perdóneme el paternal amor), el que se la dé la muerte.” Esto dijo, y ambos prorumpieron en lágrimas, que les corrian y lavaban el rostro, tanto del que lo mandaba como de la que recibia el precepto. Sin embargo Teletusa[131] importunaba á su marido con inútiles ruegos, suplicándole no pusiese su esperanza en tal apuro; pero Ligdo se mantuvo inflexible en su resolucion. Apenas ella podia ya sostener la gravedad de su vientre por estar muy adelantada, cuando á media noche Isis,[132] acompañada de su pompa ordinaria, en apariencia de sueño se pone ante su lecho, ó á lo menos asi le pareció que la veia. Tenia en su frente una media luna y una real diadema de espigas, semejantes en el color al oro refulgente, á la cual acompañaban el Dios Anubis[133] en figura de perro, la Diosa Diana, Apis,[134] vario en colores, y el Dios que tiene el dedo en la boca,[135] símbolo del silencio: habia tambien sistros;[136] y se hallaba alli Osiris,[137] nunca bastantemente buscado; y tambien un aspid, serpiente peregrina en la isla de Creta, llena de soporífero veneno. La Diosa, hablando con Teletusa como si estuviese despierta, la dijo: „Ó Teletusa, que eres una de las que me dan culto, depon tu cuidado y temor, y procura engañar á tu marido. Cuando se verifique tu parto no te detengas en criar lo que nazca, sea varon ó hembra. Yo te soy una deidad propicia, y movida de tus ruegos te dispenso mi socorro. No tendrás que quejarte de que diste culto á una Diosa desagradecida.” Despues que Isis le hubo aconsejado esto desapareció. La cretense Teletusa despertó con la alegría, se levantó de la cama, se arrodilló, y alzando sus manos al cielo, hizo una deprecacion para que se verificase su sueño. Llegó la hora de que le acometiesen los dolores y se verificase el parto, en el cual dió á luz una hembra, que la madre mandó criar ocultándolo al padre, al que persuadió ser varon: él lo creyó, y este secreto estuvo reservado entre la madre y el ama de leche. Ligdo cumplió las promesas que habia hecho á los Dioses por que fuese varon, y puso á la prole el nombre de Ifis, que era el de su abuelo: la madre se alegró del nombre, porque cuadraba bien á ambos sexos: el artificio proseguia disfrazado, y servia para ocultarlo piadosamente al marido: el vestido que le puso era de niño; y el rostro tan acomodado á varon y hembra, que parecia hermosamente ambas cosas. Habiendo cumplido la edad de trece años, su padre prometió á Ifis por esposo á Yanta, hija de Telesto, la mas hermosa de todas las doncellas de la ciudad: ambas eran de una edad é iguales en belleza, y habian recibido de unos mismos maestros las primeras instrucciones. De aqui resultó el apoderarse el amor del incauto corazon de entrambas, y la herida fue igual á una y á otra, pero desigual la esperanza. Yanta espera regocijada el tiempo de las bodas estipuladas, creyendo y teniendo por hombre á Ifis, y que habia de ser su marido. Ifis ama lo que no espera poder gozar, y esto mismo le aumenta su ternura, y arde una doncella en el fuego de otra; y deteniendo apenas las lágrimas, dice: „¿Qué fin es el que puedo prometerme en un amor tan prodigioso, tan nuevo, y que en el mundo no tendrá egemplar? Hubiera sido piedad el que los Dioses me hubieran privado de la vida, y si no querian quitármela ni destruirme, á lo menos debieron haberme dado un amor natural, y de la clase acostumbrada y correspondiente. No ama ardientemente una vaca á otra, ni una yegua á otra yegua: el carnero enamora á la oveja; la cierva sigue al ciervo; por este órden se aman las aves, y entre todos los animales ninguna hembra se inclina á otra hembra. Para verme en este apuro mas bien quisiera no haber nacido. Pero Creta parece el teatro de todas las monstruosidades: Pasifae se enamoró de un toro, es verdad; mas eran los dos de distintas especies; y si vale decir la verdad, mi amor es mas desatinado que el de aquella, pues en el de Pasifae hubo esperanza de verificarse y tener efecto, como le tuvo con el engaño de tomar la artificiosa figura de una vaca, y alli habia un amante que fuese engañado. Pero aqui y en mi amor, aunque se reunan á favorecerme las astucias de todos los hombres, aunque el mismo Dédalo vuelva volando con sus alas enceradas, ¿qué podrá adelantar? ¿Por ventura podrá transformarme en varon por medio de la destreza de sus artes? Ó cuando á mí no me vuelva, ¿podrá transformar á Yanta para que asi pueda verificarse nuestro enlace?” Despues, reconviniéndose á sí misma, decia: „Ifis, ¿por qué no entras en acuerdo contigo, y por qué no apartas de tí unos deseos tan necios y desnudos de consejo? Reflexiona que has nacido muger; y si no te engañas á tí misma, desea solo lo que te es lícito desear, y ama lo que debe amar una muger. La esperanza es el orígen y el alimento del amor, y esta me la quita y destruye la imposibilidad del caso. Para abrazar á mi amada Yanta no tengo el inconveniente de las centinelas, ni el rezelo de un sospechoso marido, ni la aspereza de un padre, ni ella se niega ni resiste á mis instancias. Mas con todo no puedo verificar mis deseos, ni puedo ser feliz, aunque todas las cosas se reunan en mi favor, ni aunque los hombres y los Dioses se desvelen en idear medios de proporcionarlo. Es cierto que ninguna cosa de cuanto puedo desear de las que conducen al complemento del amor me hace falta, y los Dioses propicios me concedieron y facilitaron cuanto pudieron para fomentarle. Lo mismo que yo quiero quiere ella, lo quiere su padre, y lo quiere tambien el mio; pero no lo quiere ni lo permite la naturaleza, que tiene mayor eficacia y poderío que todos ellos; y esta es sola la que tengo en contra mia. Ya se acerca el deseado tiempo y el dia de nuestras bodas, y en él será mia Yanta; pero de ningun modo será mia, y ambas nos abrasaremos de sed en medio de las aguas. Tú, Juno, y tú, Himeneo, ¿de qué aprovechará que asistais á unas bodas, en las cuales no habrá marido, y seremos ambas novias?” Calló con esto la desgraciada Ifis: Yanta por su lado no estaba menos enardecida y deseosa de que llegase con celeridad el dia del himeneo. Teletusa, temiendo que las bodas descubriesen el engaño, unas veces propone dilaciones, otras finge indisposicion, muchas recurre á los pretextos de suponer que habia tenido agüeros y sueños infaustos; pero ya llegaron á apurársele los pretextos y ficciones de que se valia, y se acercaba el tiempo, que hasta alli habia podido retardar, de celebrar las bodas, para las que solo faltaba un dia, y en este apuro y afliccion se quitó y quitó á su hija la cinta que recogia sus cabellos, y con ellos sueltos[138] se encaminaron al templo de Isis, y asida al ara pronunció con el mayor fervor esta deprecacion: „Divina Isis, que eres reverenciada en Paretonio,[139] en los campos Marcóticos, en la isla de Paros y en el Nilo dividido en siete bocas, suplícote que me favorezcas y proporciones remedio á nuestro temor. En otro tiempo te ví, ó Diosa, con las mismas insignias que te veo ahora; todas las conocí, como igualmente á tus compañeras, las antorchas y el sonido de los sistros. Yo cumplí la órden que me diste, y por haberla observado ve mi hija la luz;[140] y si yo no he sido castigada por no haber obedecido á mi marido, es un efecto de tu bondad y proteccion. Apiádate de estas dos infelices, y ayúdalas con tu auxilio.” Esta súplica fue acompañada de un torrente de lágrimas. Pareció que la Diosa habia movido su altar, y con efecto lo habia conmovido. Las puertas del templo empezaron á temblar. La media luna que la Diosa tiene en la cabeza se vió resplandecer, y se oyó la armonía del sonoro sistro. Teletusa, alegre con tan felices presagios, aunque no del todo segura, se echó fuera del templo. Ifis la seguia con mas acelerado paso que el que acostumbraba. Su rostro habia perdido algo de su blancura; se sentia con aumento de fuerzas; su semblante era menos afeminado; sus cabellos mas cortos y ensortijados; se siente mas vigoroso que cuando era muger: en una palabra, queda hecho varon la que antes fue hembra. Cumplid ¡ó agraciados! los votos que ofrecisteis[141] á estos templos, y en buena hora regocijaos ya sin sobresaltos. Efectivamente se desempeñan de la obligacion en que estaban, grabando alli esta breve inscripcion: Ifis, mudada en varon, cumplió exactamente las promesas que tenia hechas cuando era muger. Cuando los dorados rayos del sol alumbraban ya al mundo el dia siguiente, Venus, Juno é Himeneo se congregan á celebrar las bodas de los dos consortes, é Ifis transformada en hombre se desposa con su querida Yanta.