FÁBULA V.
LOS COMPAÑEROS DE ULISES TRANSFORMADOS EN PUERCOS.
„Nosotros, habiendo aportado á ella, anclamos en su playa con las precauciones que nos hizo tomar la memoria de las pérdidas que nos hicieron Antifates y el fiero Ciclope Polifemo. Todos nos resistíamos á saltar en tierra, y á penetrar en una isla desconocida, y para ello hubo que echar suertes, que nos tocaron á mí, Polites, á Euriloco, á Elpenor, que era gran bebedor de vino, y á otros hasta en número de diez y ocho, todos los cuales marchamos á la ciudad y palacio en que habitaba Circe. Apenas llegamos nos paramos un poco á la entrada, y salieron á recibirnos una multitud de lobos, osos y leones,[96] todos mezclados entre sí, que nos causaron miedo y espanto; pero ninguna de estas fieras era de temerse, y ninguna hizo ademan de acometernos ni herirnos, antes bien nos halagaban y acariciaban con el movimiento de sus colas, y nos acompañaban y seguian nuestros pasos, hasta que en lo interior de la casa nos recibieron las criadas, y por salas de mármol y pórfido nos condujeron á un vistoso gabinete, donde estaba Circe sentada en su solio, vestida de una blanca palla,[97] y los cabos y tocado entretejidos de oro. Las doncellas que la acompañaban, y que tuvimos por Ninfas y Nereidas, no se ocupaban en preparar ni hilar estambre, ni en otra alguna labor, sino en apartar en canastillos las yerbas y flores[98] de varios colores, que sin órden estaban esparcidas en el suelo, y disponerlas en manojos, y ella reconocia y dirigia lo que todas hacian, porque sabia y conocia la virtud y eficacia de cada yerba, y la union y mixtura que la una planta tenia con la otra, separándolas con este conocimiento. Luego que nos vió y la saludamos nos correspondió con semblante afable y apacible, y nos habló con el agrado que podíamos apetecer y desear, y sin detencion mandó hacer una confeccion, compuesta del zumo exprimido de granos de cebada tostada, majados y disueltos en miel y vino, añadiendo á todo ello la porcion suficiente de ralladuras de queso. Dispuesta asi la confeccion de los dulces jugos de todo lo referido, nos la dió á beber, y la tomamos de su propia mano en unos grandes vasos; pero al punto que la bebimos y apuramos con la ardiente sed que llevábamos, y al momento que ella, apurada la confeccion, nos tocó las puntas del cabello con su vara encantadora (me avergüenzo de ello, pero habré de referirlo), se me llenó el cuerpo de duras y agudas cerdas: ya no podia hablar, y en lugar de voz hacia un ronco gruñido, y arrojándome hasta poner la cara en el suelo, advertí que mi boca se endurecia y convertia en un duro hocico, que se me entumecian los nervios del cuello, y que me servian para pisar y andar las manos con que poco antes habia tomado el vaso, y fuí encerrado en una zahurda con los demas mis compañeros, que habian sido convertidos en cerdos del mismo modo que yo (tanto es el poder de los encantos). Solo vimos que Euriloco se libertó de igual suerte, porque solo él rehusó y resistió beber la confeccion, pues si hubiera tomado el vaso y bebido de él, seria ahora uno de los de la manada de cerda, y Ulises no hubiera podido ser informado por él de nuestra calamidad, ni venir en busca de Circe para vengarnos y recobrarnos; para cuya empresa Mercurio, nuncio y autor de la paz, le habia dado una blanca flor, que crece sobre una negra raiz, y que entre las deidades se llama moly.[99] Prevenido y asegurado con ella, y con los consejos y prevenciones que le habia hecho Mercurio, se dirigió al palacio de Circe, donde le brindó con un vaso de la insidiosa confeccion; pero él resistió tomarle, y la hizo retirar cuando intentaba tocarle el cabello con la vara encantadora, y desenvainando su espada, la amenazó y atemorizó. Á esto se siguió el darse recíprocamente palabra y mano los dos, y admitido Ulises al tálamo nupcial, pidió por dote la restitucion de nuestros compañeros á su antigua figura. Circe nos roció con unos saludables jugos de inocentes plantas y de virtud contra los encantos: nos tocó la cabeza con su vara vuelta[100] al reves, y pronunció otros versos y de contrarias voces á los que antes habia dicho para encantarnos. Á medida que iba pronunciándolos nos íbamos levantando de la tierra y poniéndonos derechos: se nos iban cayendo las cerdas; y cerrándose la hendedura de nuestros pies y manos, volvieron á su antigua figura, como asimismo los hombros y los brazos. Llorando abrazamos á Ulises, que tambien lloraba por la misma causa, y las primeras palabras que hablamos fueron darle gracias, y manifestar nuestro agradecimiento por su amparo y proteccion. Un año entero se detuvo Ulises, y nos detuvimos todos en el palacio de Circe, y en este dilatado tiempo presencié, ví y oí muchas y maravillosas cosas. Entre ellas oí y oyeron tambien otros de mis compañeros lo que con reserva nos contó una de las cuatro criadas que la servian para los encantos. Esta, en ocasion que Ulises estaba retirado con Circe, me enseñó una estatua de un jóven hecha de mármol blanco, en cuya cabeza, adornada con corona, tenia el ave que se llama Pico,[101] y estaba colocada en la pieza que servia para los actos de religion. Preguntándola yo, y queriendo saber á quien representaba aquella estatua, por qué se le daba culto en aquel sitio, y por qué tenia aquella ave, me respondió: „Escucha, Macareo: estame atento á lo que voy á referirte, y de ello comprenderás cuál y cuánto sea el poder de mi señora.”
(131) Ulises obliga á Circe dé á sus compañeros
su primitiva figura.