FÁBULA VI.

PICO ES AMADO DE CIRCE.

„Reinaba en el Lacio Pico, hijo de Saturno, muy inclinado á los caballos y á adiestrarlos para la guerra; su semblante, forma y disposicion eran conforme lo ves en esa estatua que te he manifestado, por la cual, que es un retrato ó fingida imagen, puedes conocer la gallardía del original. Su índole, su discrecion y las demas dotes del ánimo correspondian en todo á la belleza de su semblante, y su edad aun no llegaba á veinte años, ni habia llegado á ver cuatro veces los juegos atléticos, que segun el rito griego se hacen en la palestra cada cinco años. Llevábase la vista y atencion de las Dríades que habitaban en las montañas del Lacio, y le amaban y apetecian su enlace las Náyades de las fuentes, las de los rios Albula, Numico, Teveron, Almo, de corto y breve curso, el impetuoso Nero, y el Tarfa, de agua denegrida, y hasta las que residian en el bosque y estanque de la Diana, que fue traida de Escitia, y frecuentaban los lagos comarcanos; pero el gallardo jóven las despreciaba á todas, y solo amaba á una Ninfa, que se dice era hija de Jano el de dos caras,[102] y haberla dado á luz su muger Venilia, que tuvieron su habitacion en el monte y collado Palatino. Esta, luego que llegó á la edad proporcionada y á ser núbil, fue dada en casamiento á Pico, que reinaba en la ciudad de Laurento, prefiriéndole á todos los demas que la pretendian. Era de rara belleza; pero mas rara y singular en la habilidad de cantar, por lo cual fue llamada Canente, y con su voz conmovia las selvas y los peñascos, amansaba las fieras, detenia la corriente de los rios, y suspendia el vuelo de las aves. Mientras ella se quedaba entretenida en la melodía de su canto, y en egercitar en canciones su delicada voz, habia salido un dia Pico á los campos y bosques de la ciudad de Laurento en busca de jabalíes en que emplear sus dardos: oprimia la espalda de un veloz caballo, llevando en su diestra dos rejoncillos, y arregazada y recogida con presillas de oro la clámide que vestia de color de púrpura de Tiro. Por casualidad aquel dia Circe, dejando el monte que de su nombre se llamaba Circeo, habia venido á las mismas selvas de Laurento á buscar y coger yerbas para sus encantos en sus fecundos collados, y al punto que descubrió á Pico desde unas matas en que estaba escondida, se quedó pasmada de ver su gallardía; se le cayeron de las manos las yerbas que habia cogido, y de repente la llama del amor discurrió y le penetró todas sus medulas. Recobrada algo del enagenamiento que la causó la vehemente pasion del amor, iba á descubrírsele y confesársele; mas no pudo acercarse á él por la velocidad con que corria el caballo, y por ir en medio de los muchos que le rodeaban y acompañaban; pero viendo que no podia conseguirlo, dijo: „Si es que estoy engañada en el conocimiento de mí misma y del poder de mis encantos; si estos no me fallan, y si las yerbas de que me valgo no han perdido su eficacia, no te me huirás ni escaparás, aunque seas llevado en alas del mismo viento.” Apenas dijo esto formó la figura y cuerpo aereo de un jabalí, al que hizo atravesar corriendo el camino que llevaba el Rey, y que fuese á esconderse en lo mas espeso é intrincado del bosque, y en una maleza en que no pudiesen penetrar los caballos. Al momento Pico, ansioso por la presa que imaginaba real y verdadera, é ignoraba que era una sombra y apariencia, saltó ligero del caballo, y en seguida de una vana esperanza penetró hasta lo mas interior y enmarañado del bosque. Alli le salió al encuentro Circe, la que empezó á hacer súplicas y votos á deidades desconocidas, adorándolas con unas preces y versos oscuros[103] é intrincados, de que solia usar para sus encantos, y con los que hacia oscurecer la luna y el sol, enmarañando su luz y sus resplandecientes rayos. Tambien y con sus mágicos versos hizo encapotarse el cielo, y que el aire y toda su region se oscureciesen con las nieblas espesas que exhalaba la tierra; de modo que vagando y tropezando con la oscuridad los que acompañaban y seguian al Rey, perdieron el tino, no pudieron encontrarle, y le dejaron solo. Entonces aprovechándose Circe de esta ocasion, se descubrió, y le habló en la forma siguiente: „Gallardo y hermosísimo jóven, por esos tus graciosos ojos, que me han robado y hechizado los mios; por tu donaire y hermosura, que me arrastra hasta el extremo de que siendo muger y deidad no repare ni me detenga en manifestarte mi amor y suplicarte, corresponde, te ruego, al amoroso fuego en que por tí me abraso: mira que no soy una muger vulgar, y que no corresponda á tu elevada clase, pues casándote conmigo tendrás por suegro al sol, que todo lo ve é ilumina: no correspondas duro é insensible á mi amor, ni desprecies el que te tiene y manifiesta la Titánida Circe.” Feroz y enfurecido Pico al oirlo, la apartó de sí, y repelió sus requiebros diciéndola: „Quien quiera que tú seas, entiende que no soy libre, ni tuyo, ni puedo serlo, porque otra me tiene ligado, y deseo me tenga por todo un largo y dilatado siglo, y que mientras los hados guarden y conserven la vida de mi amada Canente, hija de Jano, no la haga yo agravio, ni la falte al debido amor y fe enlazándome con otra.[104]” Circe sin embargo reiteró sus esfuerzos y súplicas muchas veces; pero todas fueron en vano; y viéndose despreciada le dijo: „No pienses que tu desprecio ha de quedar sin castigo, pues te aseguro que no has de volver á la presencia de esa tu amada Canente, y por propia experiencia has de saber lo que es y puede una muger amante y ofendida, y que Circe es muger ofendida y amante.” Entonces volviéndose dos veces hácia el ocaso, y otras dos hácia el oriente, tocó tres veces al jóven Pico con su vara, y repitió otras tres veces los versos y fórmula solemne de sus encantos. Él echó á huir; y admirándose de que corria con mayor ligereza que lo que acostumbraba, se empezó á mirar á sí mismo, y vió tenia alas en su cuerpo, é impaciente por verse de repente convertido en una ave nueva, y destinado á habitar en aquellas selvas del Lacio, se enfurece contra los árboles, y con su duro pico hiere, traspasa y taladra sus troncos y ramos: las alas se vistieron del color purpúreo de la clámide que traia puesta: lo que antes habia sido presilla de oro para prenderse y recogerse el vestido se volvió plumas, y el cuello quedó ceñido con un collar, que hacia el color de oro de las plumas: en suma, del que antes era Pico no quedó otra cosa que el solo nombre.

(132) Pico, por ser fiel á su Esposa, es
transformado por Circe en Picoverde.

Los de su comitiva, despues de haberle andado buscando y llamando á voces por aquellos montes, repitiendo muchas veces en vano su nombre, sin haberle hallado en ninguna parte, llegaron buscándole donde estaba Circe (pues ya habia enrarecido las auras, y habia dejado que las espesas nieblas y la oscuridad se desvaneciesen y disipasen con la fuerza del sol y de los vientos), la arguyen y hacen cargo con verdaderas acusaciones sobre que les descubra su Rey y se le restituya, llegando el caso hasta el extremo de apelar á la fuerza, y prepararse á acometerla con sus fieros dardos. Ella arrojó y esparció sobre ellos una porcion de ponzoña y zumo de yerbas venenosas, invocando al mismo tiempo á la Noche, á las deidades nocturnas, al Erebo y al Caos, y suplicando con mágicos aullidos á la triforme Hécate.[105] Las selvas y los valles, cosa portentosa y maravillosa, se mudaron y pasaron á otro sitio; bramó la tierra; los árboles cercanos perdieron su verdor, y quedaron pálidos y marchitos; las yerbas de los prados se humedecieron, y salpicaron con rocío de color de sangre; parecia que las piedras y peñascos se rompian y daban unos roncos estallidos, que ladraban los perros, que la tierra brotaba por todas partes negras y venenosas serpientes, y que andaban volando por el aire una multitud de espectros, imágenes y visiones de los muertos. Atónitos con tales prodigios los que poco antes querian acometerla, empezaron á temblar: ella entonces les tocó los rostros con su vara envenenada y encantadora, cuyo contacto los fue despojando de su antigua figura, de la que nada quedó á ninguno de ellos, y todos fueron convertidos en varias y diferentes fieras.[106]

„Era ya puesto el sol de aquel dia, y Canente, como no volvia su esposo, y le esperaba con impaciencia, asomándose á mirar el camino por donde habia de venir, entró en una grande inquietud por su tardanza. Los criados y todo el pueblo salieron á buscarle llevando antorchas encendidas, y registraron en su busca todas las selvas, discurriendo por todos los montes y collados, sin haberle hallado en ninguno de ellos. Canente, aunque lloraba, se arrancaba los cabellos y daba grandes gritos, no se contentaba con esto, sino que salió como loca de su casa, y echó á andar y correr en su busca por los dilatados campos. Seis dias y seis noches anduvo corriendo por ellos y por los collados y valles, sin haber comido ni dormido en todo este tiempo. Cansada con el llanto y el camino, llegó á la ribera del Tíber, donde se reclinó á descansar en su frescura. Alli, como el cisne que estando para morir canta con mayor melodía sus exequias, acompañando con lágrimas y gemidos sus suspiros y dolores, llena de afliccion se quejaba con un sonido muy débil y desmayado. Por último extenuándosele y liquidándosele sus medulas con el llanto, llegó á desfallecer, y se desvaneció[107] y resolvió, convirtiéndose en ligeras y sutiles auras. La fama de este suceso aun permanece en aquel sitio, al que en señal de él los antiguos labradores llamaron Canente del mismo nombre de la Ninfa.” Estas y otras muchas cosas semejantes, añadió Macareo, me fueron contadas y ví por mis ojos en el largo tiempo de un año que nos detuvimos en el palacio de Circe, al cabo del cual, ya flojos y perezosos con el mucho descanso, se nos mandó por Ulises volver al mar, y hacernos otra vez á la vela. Como Circe habia dicho que teníamos que correr aun muchos mares, y muchos peligros que padecer, temí, confiésolo; y llegando á estas orillas, me detuve.”