FÁBULA VII.
LOS COMPAÑEROS DE DIOMEDES CONVERTIDOS EN AVES.
Con esto concluyó Macareo la referencia que hacia á Acheménides, despues de lo cual este, como ya asociado á los troyanos, asistió con ellos á la ceremonia fúnebre de colocar Eneas en una urna de mármol las cenizas de Cayeta, su ama de leche, que murió en aquellas regiones, en cuyo túmulo puso este breve epitafio: Aqui la notoria piedad de Eneas, mi alumno, me honró á mí, Cayeta, y á mi cadaver con el fuego de la pira, despues de haberme sacado del de Troya. Los troyanos soltaron luego los cables, y desenlazando sus naves de la herbosa playa en que las habian tenido amarradas, se alejaron de la peligrosa isla y palacio de la famosa encantadora Circe, y dirigieron su rumbo á saltar en tierra en los bosques en donde el sombrío y niebloso Tíber desemboca en el mar su corriente mezclada con roja arena.
(133) Venus, irritada, transforma á Acmon y á sus compañeros
en aves aquáticas semejantes á Cisnes.
Alli, de resultas de una batalla que tuvo que vencer, se apoderó Eneas del palacio del Rey Latino, hijo de Fauno, y recibió por esposa á su hija.[108] Esto dió causa á una cruel guerra con la nacion feroz de los rútulos, por estar aquella prometida por muger á su Rey Turno, que poseido del mayor furor intentaba recobrarla, y que se le cumpliese lo prometido. En esta guerra tomó parte toda la Toscana, aliándose á los latinos y troyanos, y en ella se peleó por largo tiempo con mucho empeño y con vario suceso, andando indecisa la victoria. Cada partido de los dos beligerantes procuraba reforzarse con alianzas y tropas auxiliares, y de los Príncipes y pueblos comarcanos unos seguian á los rútulos, y otros defendian á los troyanos; y Eneas no hizo en balde su viage á solicitar la alianza de Evandio,[109] de quien la consiguió. Vénulo fue enviado por Turno á la gran ciudad que habia edificado el prófugo griego Diomedes con la ayuda de Dauno, Rey de la Pulla, con cuya hija casó, y recibió en dote parte del reino. Luego que llegó Vénulo desempeñó el encargo de Turno, y pidió el auxilio; pero Diomedes se excusó diciendo que él no podia empeñar los pueblos y vasallos de su suegro en una guerra que no le interesaba, y que de sus propias tropas no tenia las suficientes para armar y enviar á Turno. „No son estas ficciones ni pretexto de excusa, dijo Diomedes á Vénulo, porque aunque la tristeza se renueve en traer á la memoria sucesos desagradables, será preciso el referirlos. Despues que la ciudad de Troya fue abrasada, y sus muros fueron despojos de las llamas de los griegos, y despues que Ayax, hijo de Oileo, cargó sobre todos nosotros la pena que él solo merecia por el rapto y estupro de Casandra en el templo de Minerva, se vengó esta Diosa en dispersar á todas nuestras naves, y arrebatados de una tempestad que envió contra nosotros, sufrimos todos los griegos rayos, oscuridad, lluvias, la ira del cielo y del mar, y por colmo de todas estas calamidades la de la pérdida que tuvimos, estrellándose la mayor parte de nuestras naves en las rocas de Cafareo.[110] Para no detenerme refiriendo por su órden estos tristes sucesos, basta decir que si Príamo los hubiese visto, se hubiera condolido de la Grecia. Á mí y á mi nave nos libertó de ser anegados el cuidado y favor de Minerva; pero de nada me sirvió; pues me fue imposible desembarcar en mi propio reino, alejándome de sus playas Venus en venganza y castigo de la herida que la hice en el sitio de Troya cuando defendia de mí á su hijo Eneas;[111] y son tantos los trabajos y peligros que padecí y en que me ví, tanto en los mares como en batallas terrestres, que muchas veces llamé dichosos y envidié la suerte de aquellos á quienes la tempestad y las rocas de Cafareo sumergieron en las aguas, y querria haber sido uno de ellos. Mis compañeros llegaron á desfallecer despues de haber padecido los últimos trabajos por mar y tierra, y me suplicaron que pusiese fin á mi errante viage. Pero Acmon, que era de ingenio vehemente, y estaba endurecido con las calamidades y trabajos, les dijo: „Esforzados varones, ¿qué es lo que ya puede sucedernos peor y mas grave que lo que nos ha acaecido hasta aqui, y que vuestra paciencia pueda rehusar el tolerarlo? ¿Le queda á Venus (aunque quiera) alguna cosa mas y peor que hacer contra nosotros? Cuando se temen cosas peores son del caso los ruegos para evitarlas; pero cuando los males han llegado al último estado, ya se les pierde el temor, y su misma gravedad influye ánimo y seguridad. Aunque la misma Venus nos esté oyendo; aunque, como lo hace, tenga un odio cruel á todos los que somos gobernados por Diomedes, debemos todos despreciar su odio, y no acobardarnos, sino luchar contra él con todas nuestras fuerzas.” Con este razonamiento provocó mas Acmon á Venus, y avivó en ella la antigua ira, que ya estaba algo apaciguada. Muchos aprobaron su discurso y resolucion; pero otros en mayor número, aunque amigos suyos, la desaprobamos, y le reprendimos por ella. Disponíase á responder y replicar á los que le reprendian; pero se le adelgazó y extenuó la voz, y se le contrajo y estrechó la garganta:[112] sus cabellos se convirtieron en plumas, y tambien se llenaron y cubrieron de ellas su nuevo y estrecho cuello, su pecho y espaldas. Sus brazos se encorvaron y se hicieron alas; una gran parte de los pies se distribuye en largos y delgados dedos, y el rostro se endurece en pico y finaliza en punta. Mientras Lico, Idas, Retenor, Abas y Nicteo se maravillan de una transformacion tan extraña, se convierten en aves semejantes, y la mayor parte del escuadron toma vuelo, y se pone á volar al rededor de nuestra nave. Si me preguntas ahora cuál sea la forma de estas dudosas aves, te diré que aunque no son cisnes, son muy parecidas á estos por su blancura. En fin despues de tantas desgracias llegué con mucho trabajo y con la mínima parte de los mios á los estados de Dauno, quien me recibió favorablemente, y me dio á su hija en casamiento.”
Con esto puso Diomedes fin á su razonamiento, y despidió á Vénulo, el cual al retirarse de los estados de aquel, pasando por los campos Mesapios y senos Peucesios, que están en la Pulla, vió en ellos unas cuevas entre una espesa y una oscura selva, y que en su interior destilaban menudas gotas de agua, las cuales eran habitacion del Dios Pan, y antes lo habian sido de algunas Ninfas. Un pastor de la Pulla las espantó é hizo huir de alli, llenándolas de un súbito terror; pero aunque al principio se dejaron poseer de él, despues se recuperaron poco á poco, hicieron burla y desprecio del pastor que las seguia, dejaron la fuga, y se pusieron á bailar. El pastor, viéndolo, las llenó de improperios, y remedándolas agrestemente en el baile, añadió á esto groseras injurias y palabras desvergonzadas y obscenas, y no dejó de insultarlas hasta que su garganta se endureció y escondió en el tronco de un árbol en que se iba transformando, que fue el olivo silvestre ó acebuche, cuyo jugo y el de sus amargas aceitunas dan indicio de la mordacidad del pastor, y son una nota de su atrevida lengua, porque la aspereza de sus palabras se traspasó al fruto del tal árbol.[113]
(134) Por haber insultado un pastor á unas ninfas
que danzaban es convertido en olivo.
(135) Los navíos de Eneas incendiados por Turno
son transformados por Cibeles en ninfas marinas.