FÁBULA VIII.

LAS NAVES DE ENEAS CONVERTIDAS EN NINFAS.

Como Vénulo y los demas que le acompañaron se volvieron refiriendo que Diomedes les habia negado el auxilio que habian ido á pedirle, los rútulos tuvieron que continuar sin él la comenzada guerra, en la que de una y otra parte se derramó mucha sangre. Turno procuró incendiar las naves de Eneas, arrojando contra ellas teas encendidas. El fuego ya habia prendido en los buques, sirviendo á la llama de alimento la brea y demas combustibles, é iba ya subiendo el incendio á las velas y mástiles, y humeaban los bancos de los remeros. En este estado y conflicto la madre de los Dioses Cibeles, acordándose que estas naves se habian construido con madera del monte Ida,[114] se dejó ver en medio de los aires subida sobre su carro uncido de leones,[115] y despues que se llenó el aire con el sonido de los instrumentos de metal que la acompañaban, y que ella misma sonó su trompeta, dijo: „En vano, Turno, te aplaudes á la vista de la llama que tu mano sacrílega acaba de encender: yo la apagaré, y no permitiré que el voraz fuego abrase los trozos y miembros de mis bosques.” La Diosa hablaba aun cuando se oyó un fuerte trueno, al cual siguieron unos grandes aguaceros mezclados con granizo. Los vientos irritados turbaron los aires é hincharon el mar, levantando de repente furiosas olas, arremolinándose, y soplando con ferocidad de partes contrarias. Valiéndose Cibeles de la violencia de uno solo de ellos, le hizo soplar de modo que rompió los cables con que estaban amarradas las naves troyanas, y alejándolas con una violencia que las hacia caminar inclinadas y de costado, las sumergió en lo mas hondo del mar. Alli se ablandó la dureza de la madera; y convirtiéndose esta en flexibles cuerpos, las corvas popas tomaron figura de cabezas; los remos se volvieron piernas, pies y dedos; lo que antes era costado quedó por tal, y la quilla por espinazo; las cuerdas se hicieron suaves cabellos, y las antenas brazos, quedando solo el antiguo color; y de este modo fueron convertidas en Ninfas del mar que jugaban sobre las olas, que antes tanto temian; y las que habian tenido su nacimiento en los ásperos montes, ahora se regocijan en medio de los mares, sin acordarse de su antiguo orígen, pero sí de los muchos peligros que habian sufrido en el mar; y poniendo sus manos por la parte de abajo enderezaban las naves inclinadas, y que iban á peligrar, no siendo las que llevaban griegos á su bordo. Como las tales Ninfas se acordaban de las calamidades y ruina que padeció Troya cuando eran naves, despues de su transformacion conservaron el odio á los griegos, y vieron con gozo y alegría el naufragio de la nave de Ulises, y que la de Alcinóo cuando iba navegando se convirtiese en una roca, y se vistiese de dura piedra lo que antes era leño. Era de esperarse que el prodigio de la escuadra animada de las Ninfas en que habian sido convertidas las naves troyanas pusiese miedo á los rútulos, y les hiciese desistir de la guerra; pero en lugar de ello esta se enardeció y siguió, teniendo cada partido sus deidades en favor: cada uno de los dos héroes Turno y Eneas, con una animosidad como de Dioses, se empeñaban en la guerra, menos ya por defender los estados dotales y el reino del Rey Latino, suegro del segundo, y por retener por muger á su hija Lavinia, que por solo el vivo deseo de la victoria, el cual les habia enardecido hasta el grado de que tenian por cosa afrentosa y vergonzosa el darse á partido, y desistir sin haber vencido. El suceso que tuvo tan empeñada y porfiada guerra fue que Venus tuvo la complacencia de ver vencedor á su hijo Eneas, y que Turno fuese vencido y muerto á manos de aquel. La ciudad de Ardea, corte y cabeza del reino, y que mientras vivió Turno se tenia por inexpugnable, y estaba en el mayor auge de su poder, fue asaltada y tomada por las armas troyanas, que la incendiaron y abrasaron, dejando todas las casas y edificios reducidos á un gran monton de ardientes y humeantes cenizas, del cual se vió salir una ave hasta entonces nunca vista, la cual esparcia las cenizas con el movimiento de sus alas. El triste canto, la flaqueza y el color de esta ave eran á propósito para denotar la calamidad de una ciudad tomada y saqueada. Llamóse Ardea, conservando el nombre de la ciudad de cuyas cenizas se formó y salió, y ella misma en demostracion de dolor se hiere con sus propias alas.

Con esta victoria, y con las empresas que á tanta costa habia concluido el valor de Eneas, suspendió y detuvo la antigua ira de todos los Dioses, y hasta de la misma Juno, y les obligó á ponerla fin. Cuando ya Eneas, despues de fundado y establecido felizmente el reino para su hijo Ascanio, estaba en sazon de ser trasladado al cielo, Venus su madre visitó y suplicó por él á todos los Dioses, y asida al cuello de su padre Júpiter, despues de muchas caricias le dijo: „Padre mio, que nunca te has mostrado duro y negativo á mis súplicas, ruégote que ahora seas mas piadoso y condescendiente que nunca á la que te voy á hacer, y es que á mi hijo Eneas, que por mí desciende de tí, y eres su abuelo, le concedas algun rasgo de divinidad, aunque sea poco, pues me contentaré con tal que le concedas algo, y le eleves al número de los Dioses menores. Bastante mérito es el que haya una vez bajado á ver el desagradable reino de Pluton, y haber una vez atravesado la laguna Estigia.” Todos los Dioses manifestaron anuencia, y la misma Juno no solo no mostró indiferencia en su semblante, sino que explicó su consentimiento con palabras cariñosas, y que denotaban que ya se habia aplacado su ira. Entonces Júpiter dijo á Venus: „Tú y tu hijo sois dignos del don de la divinidad, y de que se te conceda lo que pides, y para quien lo pides. Ten, hija mia, por concedido lo que deseas.” Con esta respuesta que le dió Júpiter se llenó Venus de alegría, y dió gracias á su padre, y desde alli, conducida por los vientos en su carro tirado por palomas, se dirigió á las playas de los Laurentes, donde el rio Numico, que corre entre espesos cañaverales, desemboca en el vecino mar. Á la deidad de este rio encargó que lavase y purificase á su hijo Eneas de todo lo que tenia de mortal, y le entrase en el mar con mansa y suave corriente. El rio egecutó el encargo de Venus, y con sus aguas purificó y quitó á Eneas lo que tenia de mortal, dejándole solo la parte mas noble é inmortal.[116] Venus despues de este rito de lustracion ungió el cuerpo de su hijo con una celeste esencia, y le lavó el rostro con ambrosía mezclada con el dulce néctar, con lo cual le dejó hecho Dios. El pueblo romano le llama y tiene por uno de los Dioses Indígetes, y le recibió como tal en sus aras y en sus templos.

Despues de la deificacion de Eneas los dos reinos albano y latino quedaron bajo la dominacion de su hijo Ascanio, que tuvo dos nombres, siendo el primero Julio, al cual sucedió su hermano Silvio, y Latino, hijo de este, renovó el cetro, reino y nombre antiguo de Silvio su padre. Despues reinaron Alba y Epito su hijo, al que siguieron por su órden Capis y Capeto, del cual fue hijo Tiberino, que habiéndose ahogado en el rio Albula, le trocó el nombre en el de Tíber. De Tiberino fueron hijos Rémulo y Acrota. El primero, que era el mayor, murió á la violencia de un rayo en castigo de haber intentado aterrar á los hombres con fingidos y artificiales rayos como si fuera Júpiter. Acrota, mas modesto y moderado que su hermano, poseyó el reino, y por su muerte le dejó á Aventino, el que habiendo sido enterrado en el mismo monte en que habia tenido su palacio, le dió el nombre de monte Aventino. Sucedió Proca, que tuvo su aula y habitacion en el monte Palatino, y gobernó desde él.