FÁBULA X.
IFIS Y ANAXARETE.
„Para que temas con mas razon (pues por mi mucha edad sé y he conocido muchas cosas) te contaré un suceso muy notorio y sabido en toda la isla de Chipre, y su referencia podrá suavizar la resistencia y dureza de tu inclinacion, y hacerte mas fácil á los ruegos y al amor. Ifis, continuó la fingida vieja, nacido en dicha isla de padres humildes y plebeyos, vió á la noble y hermosa Anaxarete, que traia su antigua é ilustre descendencia de Teucro, hijo de Telamon. Su vista encendió en él un activo fuego de amor, que le penetró hasta los huesos y medulas. Sin atreverse á descubrirle le resistió bastante tiempo, hasta que llegó al extremo de que ya no bastaba la razon para reprimir y tener oculta la vehemencia de su pasion, la cual le dirigió y condujo hasta el atrio y primera entrada de su querida en busca de ocasion de suplicarla y manifestarle su amor. Alli unas veces viendo al ama ó camarera de Anaxarete, y manifestándole el extremo de su amor, la rogaba por la salud de su alumna le fuese para con ella buena intercesora, y la ablandase á su cariño. Otras veces se valia de los criados, á los que hablaba en un tono cariñoso y lisonjero, y les rogaba con mucho ahinco le proporcionasen algun favor de su señora: muchas veces les daba billetes para que se los entregasen, manifestándola en ellos lo fino y excesivo de su amor: otras veces se explicaba poniendo á las puertas y ventanas guirnaldas y ramos de flores humedecidas y regadas con el rocío de sus lágrimas: siempre estaba en el portal, reclinando su delicado cuerpo y cabeza en el duro umbral, y alli se quejaba y maldecia aquellas puertas, que para él siempre estaban cerradas. La esquiva Anaxarete se desentendia á todas estas demostraciones, y mas sorda que el mar cuando se embravece, y mas dura que el hierro Nórico[121] y que el peñasco vivo y aun no cortado y arrancado de la cantera, despreciaba las ansias de Ifis, y se burlaba de ellas con hechos de desprecios y burlas pesadas, y llegó hasta despedirle con palabras orgullosas, desesperanzando enteramente á su amante. No pudo Ifis sufrir con paciencia el tormento de tan durables y tan constantes desprecios, y la respondió y exclamó diciendo: „Has vencido, Anaxarete; tu dureza se ha resistido á mi amor; ya desengañado no volveré á importunarte ni á causarte mas molestia; prepara alegres y solemnes triunfos, entona himnos y cánticos triunfales, aclama á Apolo con el epíteto de Pean,[122] y ciñe tus sienes con laurel, pues me has vencido, y tu esquivez ha despreciado mi amor; yo muero de buena gana como víctima de tu desprecio. Ea, cruel y de empedernido corazon, gózate y recréate con la victoria; pero entiende que tendrás que alabarme en algo, y que aunque mas me desprecies, habrá en mí alguna cosa que te sea grata, y por ella tendrás que reconocer y confesar mi mérito; y entiende tambien que mi amor no cede por tus desprecios, y que no se acabará en mí antes que la vida; pues á un mismo tiempo habré de carecer de ella y del amor que te tengo. No pienses que la fama y la voz popular serán las que te hagan sabedora de mi muerte; yo mismo me presentaré á tí, y te daré noticia de ella, y deleitarás tu vista empleándola en mi cadaver, y en mirar un triste despojo de tu esquivez. Pero ¡ó Dioses! si es que teneis algun cuidado de los sucesos de los mortales, no os olvideis de los mios (ya no puede mi lengua proseguir suplicándoos); disponed de modo que llegue á los mas remotos siglos la fama y noticia de la dureza de Anaxarete y de la constancia de mi amor, y dad á la fama de entrambos la larga duracion que negasteis á la vida de sus cuerpos.” Esto dijo; y dirigiendo primero su vista, y en seguida sus desmayados brazos á los postes de la puerta, que tantas veces habia adornado con guirnaldas y festones de flores, ató y puso en ella unos lazos y cordeles, diciendo: „¿Es posible, cruel é impía Anaxarete, que son estos los ramos y guirnaldas que te agradan y deleitan?” y al acabar de decir esto metió la cabeza y cuello en el lazo; se arrojó al aire, pero siempre con la cara hácia la estancia de Anaxarete, y quedó colgado y hecho un desdichado cadaver á la violencia de la dislocacion de las vertebras del cuello. La puerta, impelida del movimiento de los pies, hizo un ruido que parecia gemido, y abriéndose de pronto, descubrió é hizo manifiesto el fracaso de la muerte de Ifis: acudieron los criados de Anaxarete dando gritos. Descolgaron el cadaver, al que sin efecto aplicaron algunos auxilios; y como no diese esperanza alguna de vida, le llevaron á la casa de su madre (porque su padre ya habia muerto). Esta le tomó en su regazo, y abrazando tiernamente los yertos miembros de su hijo, despues que desempeñó aquellos sentimientos y sollozos que suelen hacer las desdichadas madres, dispuso el entierro, al que ella misma asistió llorando por medio de la ciudad, acompañando al féretro que llevaba á arder en la pira el amoratado cadaver. Por casualidad estaba la casa de Anaxarete en la carrera que llevaba el entierro, cuyos clamores y triste ruido llegaron á los oidos de la cruel Anaxarete, la cual ya empezaba á agitarse por la conciencia de su dureza y por el temor de la deidad que castiga,[123] y aunque movida de curiosidad, dijo: „Vamos á ver el entierro de este desdichado,” y se subió al último cuarto de su casa para verlo desde las ventanas, que hizo abrir. Apenas vió desde alli á Ifis en el ataud cuando se le endurecieron los ojos, su sangre se heló, cubriéndose todo su cuerpo de amarillez. Intentó quitarse de la ventana; pero quedó fija en ella. Quiso apartar el semblante, y tampoco pudo. En fin la dureza de su corazon se comunicó á todas las partes del cuerpo, que fue convertido en piedra. No creas que lo que te cuento es una ficcion. Salamina conserva aun la estatua por imagen de su señora, y edificaron en esta ciudad un templo en honor de Venus, que favorece al que se inclina al amor.
„Haz reflexion sobre esta aventura, hermosa Ninfa; no seas ya tan orgullosa, y rinde las armas al amor. ¡Ojalá que seas siempre feliz! ¡Ojalá que de las heladas de la primavera se libren las flores de tus árboles, y que los vientos del otoño derriben sus frutos!” Luego que Vertumno acabó esta historia, que no movió á Pomona, deja los atavíos de vieja, se transforma en un gracioso jóven, y se presenta á los ojos de Pomona tan hermoso como cuando sale el sol de una nube que habia oscurecido su resplandor. Él se apercibia á la violencia; pero ya la fuerza no era necesaria, porque la Ninfa se habia cautivado de la hermosura del Dios, y se dejó penetrar de un mutuo y recíproco amor.
Despues de la muerte de Proca, el usurpador Amulio se apoderó á fuerza de armas del unido reino de los albanos y latinos, despojando de él á su mayor hermano Numitor, el que siendo ya anciano, fue restituido, y lanzado el usurpador por el valor de sus dos nietos Rómulo y Remo: sucedió aquel á su abuelo, y en el dia de las fiestas Palilias[124] demarcó y señaló los muros para la fundacion de Roma, en la que estableció su reino. Por el robo de los sabinos se movió guerra por estos y por Tacio su Rey contra los romanos; y como en esta guerra hubiese sido abierta y entregada á los sabinos, por traicion de Tarpeya, la avenida y el puesto fortificado que estaba al cargo de Tarpeyo su padre, se la dió el merecido castigo de quitarla la vida los mismos sabinos, que la pagaron, segun lo ofrecido, la traicion, tirando todos contra ella los escudos que llevaban en sus manos siniestras, y la dejaron oprimida y sepultada debajo de un gran monton de ellos. Despues los sabinos con mucho silencio y reprimiendo la voz, como lobos que acometen de callada, despues de haberse apoderado de las centinelas, á quienes habia rendido el sueño, dirigieron el ataque contra las puertas que Rómulo tenia cerradas y aseguradas con gruesos cerrojos y cerraduras. Juno, aun adversa y contraria á la descendencia de Eneas, abrió y franqueó una de dichas puertas, y la tenia de par en par para que por ella entrasen los sabinos, sin haber hecho ruido alguno al tiempo de volverla sobre su quicio. Sola Venus, que era protectora de Rómulo y del reino fundado por Eneas, advirtió la traicion, y sintió la caida de las aldabas, y la abertura de los cerrojos y de la puerta. Hubiera acudido al momento á cerrarla; pero no podia hacerlo, porque no era lícito ni permitido á ningun Dios el deshacer ni rescindir lo que hubiese hecho otro Dios. No obstante para socorrer á Rómulo é impedir la entrada de los sabinos fue á ver á las Ninfas de la fuente que está cerca del templo de Juno, y las pidió socorriesen á los romanos. Las Ninfas no se detuvieron en lo que pedia Venus, ni la hicieron esperar el cumplimiento de sus justos preceptos, y al punto abrieron y soltaron las venas y manantiales de la fuente. Antes de esta erupcion estaba fácil la entrada al templo abierto de Juno, al que las aguas no habian cerrado el camino. Pusieron pues las Ninfas azufre en los íntimos conductos de la fuente, y con el humo de los betunes encendieron toda la cóncava cañería, y con estos y otros medios hicieron que el vapor y el calor penetrasen hasta lo mas íntimo y profundo de los manantiales, y las aguas, que antes vencian en frialdad á la nieve de los Alpes, empezaron á salir tan ardientes como el fuego. Los dos postes humeaban, y se ennegrecieron con el vapor encendido, y la puerta, que inútilmente se habia abierto á los desaforados sabinos, quedó intransitable por las aguas, que detuvieron á los sabinos hasta que acudieron á impedirles y disputarles la entrada las tropas romanas que les opuso Rómulo; y despues que en aquella empeñada accion quedó el suelo cubierto de cadáveres sabinos, y algunos que tambien murieron de los romanos al furor de las espadas, que derramaron mucha sangre de una y otra parte, tanto de los de Rómulo como de los de Tacio su suegro, se acordó poner fin á la guerra, y no llevarla hasta lo último, haciendo reunion de los dos reinos, y admitiendo á Tacio á la parte del mando de entrambos juntamente con Rómulo. Despues de la muerte de Tacio quedó en Rómulo el gobierno, que antes era comun, y él solo daba y promulgaba leyes á entrambos reinos, consolidados en uno solo. En este estado de cosas el guerrero Dios Marte, depuesto su morrion y descubierta su cabeza, se presentó al padre de los Dioses y de los hombres Júpiter, y le habló en la forma siguiente: „Pues ha llegado el tiempo, padre mio, de que ya esté consolidado y afirmado el recien fundado imperio de Roma, el que ya está reunido en solo Rómulo, ha llegado tambien el de que me des y concedas á mí y á tu digno nieto Rómulo el premio que me prometiste de elevarle de la tierra, y colocarle en el cielo y en el número de las deidades. Tú en algun tiempo y en el concilio de todos los Dioses (bien me acuerdo, noté y tengo muy presentes tus cariñosas palabras) me dijiste que yo por mi arbitrio podria elevar al cielo y á la clase de inmortal á uno de mis hijos: ruégote que sea firme y se me cumpla tu promesa.” Condescendió Júpiter oscureciendo el aire con negras nubes, y aterrando al mundo con truenos y relámpagos, con los que manifestó su aprobacion y consentimiento; y comprendiendo Marte estas señales de anuencia á la elevacion de su hijo, y á quitarle de la tierra, se afirmó en su lanza, y saltó á su carro tirado de caballos uncidos al yugo, salpicado con la sangre de las batallas, y agitándolos con el látigo, atravesó en un instante la vasta extension de los aires, y paró en la cima del monte Palatino,[125] donde encontrando á Rómulo que hacia justicia á su pueblo, lo arrebató en su carro. El cuerpo de este Príncipe al subir al cielo se purificó, y todo lo que tenia de mortal se disipó como la bala de plomo que es arrojada con una honda. Su rostro se le trocó en muy hermoso, y con la magestad de deidad, y vestido con la trábea[126] en la forma en que se le ve en su estatua de Quirino. Hersilia su muger lo lloraba como perdido, cuando la Reina Juno manda á Iris que baje á la tierra á consolarla, hablándola asi de su parte: „Ó matrona singular, honor y decoro de los romanos y sabinos, dignísima de haber sido antes muger del gran Rómulo, y de serlo ahora de Quirino, deja ya de afligirte, enjuga tus lágrimas, y si tienes deseos de ver á tu marido, ven conmigo al bosque sagrado que está sobre el monte Quirinal,[127] y que hace sombra al templo del Rey de los romanos.[128]” Iris obedece; y habiendo bajado á la tierra en su arco pintado con mil colores, llamó á Hersilia, y la dijo lo que Juno la habia mandado. Ella llena de respeto, y sin osar levantar la vista, la dijo: „Guíame, ó Diosa, donde dices (porque bien conozco que lo eres, aunque de pronto no pueda decir cual seas), y muéstrame á mi marido, pues si los hados me conceden el verle, confesaré que veo al cielo.” Al momento, guiando Iris, subieron al monte Quirinal, donde vieron que una estrella caia á la tierra por los aires, la cual encendiendo con su resplandor el cabello de Hersilia, la arrebató y subió al cielo, donde recibiéndola en sus brazos Rómulo el fundador de Roma, la mudó el cuerpo y el nombre, llamándola la Diosa Ora, que junta con su marido se veneró por los romanos en el templo de Quirino.