V.
Es de noche.
Estamos en un baile de confianza de cualquier ciudad subalterna; en uno de esos bailes improvisados que empiezan los domingos por la tarde, después de tal ó cual procesión religiosa.
Un velón de cuatro mecheros, fabricado en Lucena, alumbra la sala principal de la casa del alcalde.—El barbero de éste toca la guitarra en un rincón, y diez ó doce señoritas, vestidas con trajes de lana, y sin guantes ni prendidos, forman la femenil constelación del sarao.—Son hijas de lo mejor, de lo principalito del pueblo.—Quince ó veinte jóvenes las están bailando hace dos horas. El júbilo es inmenso; la media luz favorable; el wals loco, rápido, juguetón...—Ya se atropellan, ya se caen...—Las esteras de esparto tienen esta ventaja.
Las madres, sentadas al brasero en un gabinete contiguo, velan por la inocencia de sus hijas.
Casi todas las muchachas allí reunidas son agradables: algunas... hasta bonitas.
Hay una de estas que sobresale entre las demás por su gracia y por su gallardía tanto como por su hermosura.—Todos desean bailar con ella.—Es una de esas beldades que donde quiera reinan, donde quiera dominan...
En cambio hay en un rincón cierta joven que todavía no ha bailado ni una sola vez.
¡Es la fea!
Desde allí acecha, mira, devora.
¿Por qué no la sacan á ella? ¿Por qué no le dicen aquellas tonterías tan deliciosas que alegran á las demás? ¿Por qué no se sientan los galanes á su lado?
¡Qué bello es aquel joven! ¡Qué grato será ir en sus brazos, empujada por la música!
¡Ah! Se acerca á ella... La mira con lástima...
¡Oh, nuevo puñal! ¡La compasión solamente lo impulsó hacia aquel sitio!...
Ya llega...
¡Qué milagro! ¡La ha sacado á bailar!
¡Pero cuán levemente coge su talle! ¡Su talle que tiembla de placer!—Apenas toca su mano...—¡Qué frialdad! ¡Está haciendo una obra de misericordia!
¡Y, sin embargo, ella tiene quince años y encierra más amor en su alma que olas amargas el Océano!
Y, á pesar de esto, ella agradece aquel nuevo insulto. ¡Ella ama á quien la ha compadecido!...
¡Si se atreviera á hablarle!
Pero él está distraido... tal vez fastidiado...
Se acaba el wals. ¡Todas se han reido de ella!
El que fué su pareja huyó sin saludarla.
Ahora todas tienen á su lado un galanteador... un enamorado...
Ella está sola y callada, crispada y lúgubre, como el reo en el banquillo después de la ejecución.
¡Y aquí terminan los placeres de su juventud!—Ya no volverá á bailar en toda su vida.—¡Esta vez... ha sido la primera y la última.