DURANTE LA GUERRA CIVIL
En la época de la primera guerra civil, Laguardia era uno de los puntos avanzados del ejército liberal, en la línea del Ebro.
Los carlistas, que dominaban la zona Norte de esta línea, hacían constantes apariciones por las alturas de la cordillera de Cantabria y la sierra de Toloño, y en todos aquellos pueblos y aldeas de la Ribera luchaban casi constantemente, con alternativas de éxito y de fracaso, las fuerzas enemigas.
El ejército, que consideraba a Laguardia como plaza fuerte de importancia, había mejorado las antiguas y ruinosas fortificaciones de la ciudad, construyendo reductos y baterías, reparando la muralla, emplazando algunos cañones modernos.
Habían habilitado también los ingenieros el torreón de Sancho Abarca; alto, de cinco pisos, al que llamaban en el pueblo el Castillo Grande; magnífica atalaya, desde donde se dominaba toda la llanura próxima. Este Castillo Grande se hallaba en el centro de una plaza de armas, circunscrita por la muralla, que trazaba a su alrededor un arco de herradura, avanzando hacia el Norte. Cerca del torreón del rey Sancho se erguía otra atalaya, la torre de Santa María, antiguo castillo Abacial.
Estas tres torres del pueblo, la de San Juan, la de Santa María y la de Sancho Abarca servían para el telégrafo de señales con que el ejército se comunicaba con Viana y con otros pueblos de alrededor.
El Castillo Grande daba, por la parte de atrás, a un cobertizo largo, dirigido de Este a Oeste, donde había almacenes y depósitos de municiones, llamados los Generales.
El cobertizo cerraba la plaza de Armas. En ésta, por las fiestas y en período de paz, solían correrse toros.
Al Oeste del pueblo, por el lado de Paganos, el muro trazaba hacia el exterior una línea convexa, comenzando en las paredes de la torre de Santa María y terminando en una barbacana, que aun se conserva. Esta línea convexa se hallaba interrumpida por una serie de cubos con almenas, denominados los Siete por su número.
En aquella época, fuera del casco no había en Laguardia más que dos edificios: uno, el parador, a pocos pasos de la muralla y cerca de la puerta de Santa Engracia; el otro, el cuartelillo, entre esta puerta y la de San Juan, donde se alojaban los soldados de la guardia de extramuros, y donde hacían el rancho.