EN TENERIFE

Dos meses estuvimos en Santa Cruz viviendo miserablemente; no teníamos dinero ni medio alguno de existencia; no llevamos trajes ni ropa interior. La gente de la isla nos recibió muy bien. El comandante general y los militares nos trataron con atención. Llegamos a convencer a la mayoría de la gente que nosotros no éramos los asesinos que habían degollado a los prisioneros de la Ciudadela de Barcelona.

Escribimos varias exposiciones y manifiestos dirigidos al Gobierno. Cuando vimos que no tenían resultado alguno, y como no estábamos vigilados, Bertrán Soler y yo nos dispusimos a evadirnos, y nos arreglamos con un barco contrabandista que nos llevó a Argel.