PABLO ORSINI

Uno de los que me dió datos acerca de las maquinaciones de sus paisanos absolutistas era un antiguo carbonario, Pablo Orsini, que por entonces pertenecía a la Joven Italia. Orsini había venido por encargo de su Sociedad a estudiar lo que pasaba en Barcelona, y estaba muy enterado de todas sus intrigas políticas. Orsini me advirtió que no hiciera gran caso de los delegados de las sociedades secretas de Barcelona, porque éstas no tenían realidad alguna.

A mí se me presentaron emisarios de los Leñadores Escoceses, de los Templarios Sublimes y de la Asociación de los Derechos del Hombre con proyectos irrealizables y ridículos.

Según decían, se iba a intentar con su concurso una revolución republicana; se quemaría la efigie del Papa y vendría a ponerse a la cabeza del movimiento Juan Van Halen, desde Bélgica.

Para todos estos ciudadanos, el restablecimiento de la Constitución era ya muy poca cosa.

La confusión en que se encontraba Barcelona, unida a la más absoluta mediocridad y a la mentalidad pequeña y provinciana, hacía que, a pesar del deseo de muchos, fuera imposible que de allí saliera algo claro y fuerte. Unos proyectos estorbaban a otros, e iban entrelazándose y confundiéndose los manejos de un complot local de venganza, con nuestras aspiraciones para la restauración de la Constitución y las vagas maniobras de los internacionalistas.