POLÍTICOS BARCELONESES

Había por entonces en Barcelona muchos partidarios de Don Carlos, muchos reaccionarios y absolutistas de buena fe.

Entre los liberales la confusión era grande, y los diversos grupos se miraban, en su mayoría, con hostilidad. Primeramente había un grupo de moderados, partidarios del justo medio, ricos, que formaban una plutocracia conservadora que buscaba la manera de desarrollar grandes negocios. Parte de estos plutócratas eran masones, amigos del banquero Remisa, y estaban en muy buenas relaciones con el general Llauder, en quien tenían muchas esperanzas; en cambio, el pueblo miraba a Llauder como un traidor y le había dado el sobrenombre de «Meteoro».

Después venían los exaltados, entre los cuales los había de varias clases; unos eran localistas y no querían ocuparse mas que de lo que ocurría en Cataluña; otros, nacionales.

Los localistas rechazaban la colaboración de los liberales de Madrid y del resto de España, y llevaban una política suya exclusivamente catalana.

Llinás, Gironella, Madoz y otros habían formado una confederación liberal que abarcaba las cuatro provincias y que tenía un carácter marcadamente regionalista.

El gran defecto de esta confederación era el ser neutra y poco activa y el no llegar a tener fuerza mas que en algunos pueblos de la región próximos a Barcelona.

Entre los liberales nacionales había algunos de tendencias moderadas, y otros más progresistas; estos últimos se podían clasificar en dos grupos: los isabelinos, que defendían la idea liberal sin considerarla adscrita a un hombre, y los partidarios acérrimos de Mendizábal, que no querían ver nada posible en política sin su jefe.

Había también algunos republicanos y restos de la Sociedad Carbonaria, sociedad que había fundado en Barcelona un tal Horacio d'Atellis, en 1822, venido de Nápoles.

De estos carbonarios, la mayoría eran militares italianos y polacos, y en ellos se daba la tendencia de convertir los asuntos nacionales y locales en cuestiones de índole internacional.

A los pocos días de llegar a Barcelona conferencié con las personas importantes del partido liberal. Con quienes me vi con más frecuencia fué con Madoz, Bertrán Soler, Xaudaró, y algunos otros.

Don Pascual Madoz, a quien tú conoces, hacía entonces las veces de director en el periódico El Vapor Catalán. Madoz tenía relaciones con Mina, el cual le había empleado y dado varias comisiones lucrativas; era masón, y en esta época se sentía completamente catalán, y con Gironella, Llinás y otros había formado la confederación liberal de que te he hablado.

Gironella, el comandante de la Guardia nacional, era hombre rico, un tanto fatuo y adorador de cuanto diera popularidad. Tenía una casa importante y una hermosa quinta en Sarriá. Gironella era enemigo de Bertrán Soler, y me manifestó que con Bertrán él no colaboraba. Le pregunté si había alguna cosa seria entre ellos, pero no había mas que rencillas de pueblo.

Respecto a Tomás Bertrán Soler, era escritor y abogado, había publicado varios folletos y libros; ponía cuando firmaba debajo de su nombre, como un título, «Ciudadano español»; era un tanto pedante, aunque sincero y buena persona. Una de sus obras se titulaba España, libre por esencia, oprimida por los tiranos.