V

The more I see of people

The better I like dogs.

Azor quedó cojo. Obligado de la necesidad, aprendió muy prestamente á andar en tres patas, y lo hacía con una buena gracia grotesca que era una delicia verlo.

No estaba muy clara la estirpe canina de Azor. Era un perro de abolengo muy complicado y oscuro, como el de algunas dinastías reinantes, y de rasgos harto móviles é indefinidos. Las más varias y aun antitéticas castas perrunas, reclamaban su porción congrua en la sangre de Azor. Entre su ascendencia había nombres respetables, uniones lícitas y aristocracia genuina junto con adulterios, bastardías y generaciones á salto de mata. En suma, que era un individuo muy complejo como se suele decir. Dentro de su personalidad psíquica y aptitudes de su actividad, estaban latentes todas las perrerías. En cuanto á la expresión de sus rasgos, era indiscernible y cambiante; tan pronto parecía un lobo, desconfiado, cruel, como se aborregaba, dulcificándose hasta un extremo ridículo. Zanquilargo y desgarbadote, rabicorto, hundido de hijares, no muy lanudo y de un color castaño claro con visos de alazán.

El infortunio le trajo á una domesticidad impropia de su historial guerrero; lo propio les suele acontecer á los hombres. Pero dió pruebas de alta magnanimidad. Nunca exteriorizó rencor contra el que le había hecho perder una pata. Entabló amiganza con Sultán. Se pasaba el día y la noche al lado de Alberto, y dió á entender, con noble estoicismo, que hacía abdicación de sus antiguas funciones de centinela nocturno.

—Azor, hijo mío —le dijo una mañana Alberto. El can le escuchaba, mirándole de hito en hito—. La fortuna es el peor enemigo de hombres y perros. Mientras todo va bien, no sabemos de lo que somos capaces. Ha sido menester que perdieras una pata para que aprendieras á andar en tres. Y yo te digo: ¿por qué no has de intentar hacerlo en dos, sin que la desgracia á ello te obligue?

Y desde aquel punto se aplicó á convertir á Azor en un perro sabio y acróbata. El animal se prestaba á todo de buen grado, si bien el aprendizaje era prolijo y penoso. Con lo cual perro y amo ganaban; Azor, en habilidad; Alberto, en instinto; á tal punto, que los sentidos llegaron á ejercer una especie de tiranía sobre él.