IV

Ágil, solo, alegre,

sin perder la línea,

—sin más que la gracia

contra de la ira—

andando,

marcando,

ritmando

un viaje especial de esbeltez y osadía,

llega, cuadra, para,

—los brazos alzando—

y allá, por encima

de las astas, que buscan el pecho,

las dos banderillas,

milagrosamente

clavando... se esquiva,

ágil, solo, alegre,

¡sin perder la línea!

El conocedor verá en estos croquis rítmicos la exactitud. Después de que el toro ha sido fatigado por los caballos y por los banderilleros, viene la muerte, que es indudable es lo más emocionante de la corrida.