NANSEN

En estas columnas de La Nación, con su estilo brioso y nervioso, hace ya algunos años, narró José Martí la leyenda de los héroes del Polo, cuando Greely volvía de su odisea; la leyenda, real y vivida, que es hermosa y trágica, de la cual es hoy héroe nuevo y triunfante el escandinavo Nansen, al cual recibió con palmas y músicas y discursos y versos su buena tierra de Noruega, cuando volvió de la aventura de su Fram después de haber explorado el misterio del círculo polar.

Contadas por el mismo Nansen van a ver nuestros lectores la historia extractada de su empresa: la historia completa y detallada la compró una casa de Inglaterra en 25.000 libras esterlinas.

Ese compatriota de Ibsen, doctor y marinero, astrónomo y herbolario, dice con sencillez lo que le aconteció en las nieves, cómo la aurora boreal lucía, cómo la morsa atacó el Kayak, cómo vino el oso blanco hacia él. Y en él hay un soplo atávico de aquellos marinos que de su país se dice vinieron antes que nadie al mundo de América, y de los pescadores de ballenas y bacalaos que en las tempestades hallaran siempre su elemento, hechos al peligro y a la penuria, y de los seres cuasi fantásticos que se ven grandes y fuertes en las tradiciones populares, o pasan, extraños, bajo las arcadas de hielo de ciertos poemas bárbaros de Leconte de L'Isle.

Él partió con fe y valor, bien provisto y acompañado de gente escogida; y no falló su cálculo que lo llevara hasta donde ningún hombre ha llegado en los fríos del Norte. Él realiza Julio Verne; él hace sus cosas como para que se cuenten a los niños, y los poetas de más tarde hagan poemas con esas prodigiosas cosas. Las gentes le señalan cuando le ven: «Ese es el hombre que ha vuelto del infierno blanco». Y en verdad que es su viaje dantesco, de un dantesco real y terrible, que ejecuta la fábula. Sus narraciones tienen el llamativo de las novelas de la imaginación; Marco Polo del Polo, nos cuenta cosas naturales que nos parecen cuentos de Simbad, y nos imaginamos su existencia en el desierto blanquísimo, adonde va guiado por una ciencia que parece poesía.

Y por qué fué al viaje peligroso, a exponer la vida por su sueño, y comió galleta dura y carne del oso blanco y bebió café sin azúcar en una casa de nieve, y cuidó a sus buenos perros, y vió la noche larga, y la milagrosa luz magnética, anda ahora dando conferencias y haciendo libros que vende como diamantes, y come el faisán con el rey y recibe el cheque del yankee. Porque es persona de honra y provecho, y el viejo Ibsen dicen que estaba rezongando entre dientes, cuando la fiesta de Christianía.

¿Pues no habrá que honrar y celebrar a estos buscadores de desconocidos? Nansen realiza su poema; él es su personaje principal, con un decorado de Snow, el brillo pálido del sol de media noche.

Oigase su narración parca, de sujeto de obra y hecho; no todo es número y grados; de repente, el interés acrece de un modo vibrante, y en medio del silencio polar, fijáos cómo el doctor canta en cuatro líneas la llegada de la primavera.

26-4-1896.