La Prensa de París.
Leer la Prensa de París es un placer... Reposa, tranquiliza el espíritu, oh manes de Janin, de Scholl, de Villemesant, de Ignotus. Ved los asuntos de un número de diario: El crimen desbordado. El Tribunal correccional juzga cincuenta asuntos por día. Hay cerca de mil cuatrocientos procesos retardados. No se encuentran jueces de instrucción. Cada uno tiene que estudiar ciento veinte causas a la vez.—El cabo Deschamps cuenta cómo se hizo traidor, se robó una ametralladora con secreto especial y fué a venderla a los alemanes.—Llegan los ecos de los últimos disturbios del Mediodía.—Al asesino de las panaderías de Bar le Duc, se le prueba cómo también asesinó a su abuela.—El asunto de Duez, el ladrón de millones, continúa su curso.—El conde d'Aulby, que ha estafado a una sonsa yanqui, que quería a su vez estafarle comprándole cuadros de Velázquez, de Tenniers, y otras firmas así, por cuatro reales, confiesa que no es conde, ni gran Maestre de la Orden de Melusina, sino hijo de un sastre y una jardinera de Londres. Sin embargo tenía castillo, y frecuentaba, como otros rastacueros, el gran mundo del flirt del bridge y de las bodas fáciles, transatlánticas e intercontinentales.—El doctor Doyen, que iba a inaugurar un curso «libre» de anatomía, es gritado e insultado por una turba, y no puede dar su lección. El mismo lo explica:—«La cábala—dice—que se ha urdido contra mí, para impedirme hablar, es la obra de algunos galopines, empujados por los preceptores y jefes de trabajo de la Escuela práctica. Fueron reconocidos entre los alborotadores muchos preceptores, agrégé y otros interesados en la cosa. Incapaces de dictar un curso, con su anfiteatro vacío, tienen por objeto en la vida molestar a los verdaderos trabajadores que quieren hacer conocer los resultados de largas y laboriosas investigaciones. Mi intención, a pesar de todo, es continuar mi curso y mis lecciones en otro local, pues la Facultad está contra mí. Los apaches de ayer no recomenzarán pues yo tendré mi policía especial». Hay que agregar que durante el tumulto de ayer, fueron robados relojes y portamonedas. ¡Precioso cerebro del mundo! A otro caso.—Un sátiro, nuevo Soleilland, estrangula y viola a una niña.—Se detallan varios asesinatos y asaltos.—Hay una larga lista de aplastados por camiones y automóviles. Y dejo sin citar otras cuantas noticias encantadoras para los neurasténicos. Sin contar con Zigomar y otros folletines de robos, escenas macabras y las usuales prostituciones. Felizmente que existen el Temps y algún otro diario, en que se da también cuenta, aunque sea en cuatro líneas, de lo que hacen los hombres que conquistan el aire, de lo que hace Mme. Curie, d'Arsonval, los sabios de la orilla izquierda del Sena—mientras el bulevar hierve y echa su vaho.