V.

Victoria de los atenienses contra los corintios.

Pasadas estas cosas, y en el mismo verano[84], los atenienses fueron a hacer la guerra de Corinto con ochenta naves y dos mil hombres de a pie, todos atenienses, y en otros barcos bajos para llevar caballos fueron doscientos hombres de caballería; también iban en su compañía, para ayudarles en esta empresa, los milesios, los andrios y los caristios, y por general Nicias, hijo de Nicérato, con otros dos compañeros. Navegando a lo largo de la tierra entre Quersoneso y Rito, al alba del día se hallaron frente a un pequeño cerro llamado Soligeo, desde donde antiguamente los dorios guerrearon contra los etolios, que estaban dentro de la ciudad de Corinto, y hoy día hay en él un castillo que tiene el mismo nombre del cerro. Dista de la orilla del mar por donde pasan las naves, cerca de doce estadios[85], de la ciudad unos sesenta[86] y del estrecho llamado Istmo, veinte[87]. En este cerro los corintios, avisados de la llegada de los atenienses, reunieron todo su ejército, excepto los que habitan fuera del estrecho en la tierra firme, de los cuales quinientos habían ido a Ambracia y a Léucade para guardarlas. Pero como los atenienses pasasen de noche delante de ellos sin ser oídos ni vistos, cuando entendieron por la señal de los que estaban en las atalayas que habían pasado de Soligeo y saltado en tierra, distribuyeron su ejército en dos cuerpos: el uno se situó en Céncreas para socorrer la villa de Cromión si los atenienses la atacaban, y el otro fue a socorrer a los moradores de la costa donde los atenienses desembarcaron.

Habían los corintios nombrado para esta guerra dos capitanes, uno llamado Bato, el cual con una parte del ejército se metió dentro del castillo de Soligeo, que no era muy fuerte de muros para defenderle, y el otro, llamado Licofrón, salió a combatir a los atenienses que habían saltado en tierra, y encontró la extrema derecha de su ejército, en la cual iban los caristios a retaguardia, acometiéndoles valerosamente, y trabando una pelea muy ruda, donde todos venían a las manos, mas al fin los corintios fueron rechazados hasta la montaña donde había algunos parapetos de murallas derrocadas. Haciéndose fuertes en este lugar, que era muy ventajoso para ellos, hicieron retirarse a los enemigos a fuerza de pedradas.

Cuando vieron los corintios a los enemigos en retirada, cobraron ánimo, y salieron otra vez contra ellos, empeñándose de nuevo la batalla, más encarnizada que la primera vez. Estando en lo más recio de ella, vino en socorro de los corintios una compañía, y con su ayuda rechazaron a los atenienses hasta la mar, donde se juntaron todos los de Atenas y volvieron a rechazar a los corintios. Entretanto, la otra gente de guerra peleaba sin cesar unos contra otros. A saber, el ala derecha de los corintios, en la cual estaba Licofrón, contra la de los atenienses, temiendo que esta atacase el castillo de Soligeo, y así duró la batalla largo tiempo, sin que se conociese ventaja de una ni de otra parte; mas al fin los de a caballo que acudieron en ayuda de los atenienses, dieron sobre los corintios y los dispersaron, retirándose estos a un cerro, donde, no siendo perseguidos, se desarmaron, y reposaron. En este encuentro murieron muchos corintios, y entre otros Licofrón, su capitán; los otros todos se retiraron al cerro, y allí se hicieron fuertes, no cuidando los enemigos de seguirles, y retirándose a despojar los muertos. Después levantaron trofeo en señal de victoria.

Los corintios que se habían quedado en Céncreas no podían ver nada de esta batalla, porque el monte Oneo, que estaba en medio, lo impedía; mas viendo la polvareda muy espesa, y conociendo por esta señal que había batalla, vinieron con gran diligencia en socorro de los suyos, y juntamente con ellos los viejos que habían quedado en la ciudad. Advirtieron los atenienses que iban contra ellos, y creyendo que eran los vecinos y comarcanos de los corintios, de tierra de peloponesios, que acudían en su socorro, se acogieron a los barcos con los despojos de los enemigos y los cuerpos de los suyos que perecieron en la batalla, excepto dos que no pudieron hallar ni reconocer, los cuales recobraron después por convenio con los corintios. Embarcados, partieron hacia las islas más cercanas, y hallose que habían muerto en aquella jornada de los corintios doscientos veinte, y de los atenienses cerca de cincuenta.

Los atenienses fueron después a Cromión, que es de tierra de los corintios, y está apartada de Corinto ciento veinte estadios[88] y allí estuvieron una noche y un día saqueándola. Desde Cromión vinieron a Epidauro, y de allí tomaron su derrota para Metana, que está entre Epidauro y Trecén, ganando el estrecho de Quersoneso donde está situada Metana, que fortificaron y guarnecieron con su gente, la cual, después de algún tiempo, hizo muchos robos en tierra de Trecén y Epidauro, y también de Halias. Hecho esto, los atenienses volvieron a su tierra.