EL ASNO Y LA DIOSA
Mendo.
Pues ¿a quién llevan dinero
que reciba mal a quien
se lo lleva?
Tello el viejo.
Dices bien,
y agradecértelo quiero;
que en un librillo he leído
que en un jumento llevaban
una diosa, que adoraban
con el respeto debido
los que la vían pasar,
hincándose de rodillas,
cuyas altas maravillas
pudo el jumento pensar
(como en fin era jumento)
que eran por él, y paróse.
Viéndolo el dueño, enfadóse
del soberbio pensamiento,
y pegándole muy bien,
le dijo con voz furiosa:
—No es a ti, sino a la diosa.
Que es esto mismo también;
y así, pidiendo primero
del compararte perdón,
las honras del Rey no son,
Tello, a ti, sino al dinero.
(Los Tellos de Meneses, 1.ª parte, acto 3.º, escena I.)
EL PERRO Y EL ASNO[23]
Isopo cuenta que había
un hombre en cierta nación
que para su recreación
una perrilla tenía;
ésta, al entrar cada día
en su casa, si tardaba,
le halagaba y retozaba,
por cuya causa a la mesa
con la más segura presa
el señor la regalaba.
Atalayando un jumento
desde su caballeriza
que porque le solemniza
le daba siempre sustento,
con asnal atrevimiento
una mañana salió,
y en dos pies se levantó,
y puso en el pecho todo
las manos llenas de lodo,
y aun dicen que le besó.
Y al punto el señor mandó
que le diesen muchos palos,
en lugar de los regalos
que entre sus piensos pensó.
(El más galán portugués, acto 2.º)
EL CASCABEL AL GATO[24]
Juntáronse los ratones
para librarse del gato,
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él
guardarse mejor podían.
Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo,
y encrespando el grueso lomo
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
—¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?
(La esclava de su galán, acto 1.º, escena X.)
PERDER LO CIERTO POR LO DUDOSO[25]
Un perro una vez pasaba
otro río como el Duero,
y un pedazo de carnero
entre los dientes llevaba.
La sombra, que no era poca,
dentro de las aguas vió,
y por cogerla soltó
lo que llevaba en la boca.
Fué a asirla, y su desvarío
el perro al instante vió;
volvió a su carne, y halló
que se la llevó el tal río.
(El milagro por los celos, jornada 3.ª)