NO FIRMES CARTA QUE NO LEAS

Dijo un rey a un secretario

que escribiese a cierto reino

le hiciesen cien alabardas.

Los reyes nunca hablan recio,

y por no le preguntar,

escribió al reino que luego

le enviasen cien albardas.

Despacháronselas presto;

y estando el rey a un balcón

con el secretario mesmo,

vió venir las cien albardas;

y diciéndole: —¿Qué es esto?,

le respondió que traían

lo que él mandó; a quien discreto

replicó el Rey: —Repartamos

desta manera las ciento:

las cincuenta para mí,

que firmo lo que no leo,

y las otras para vos,

pues más ligero que cuerdo

hacéis lo que no entendéis.

[Aplicar podéis el cuento.]

(La llave de la honra, acto 1.º, escena XVI.)

EL LEÑADOR Y LA MUERTE[22]

Escucha el cuento: Un caduco

viejo, con años ochenta,

traía leña de un monte

hasta la ciudad de Atenas;

como era tanto el trabajo,

rogaba a la muerte fiera

que le llevase, diciendo:

—¡Ven, Muerte! Muerte, ¿no llegas?

Oyóle la Muerte un día

y con la armadura seca

se puso al viejo delante;

habló en los huesos sin lengua:

—Dime, ¿qué quieres? —le dijo—.

Y el viejo temblando en verla:

—Que me ayudes a cargar

este hacecillo de leña.

(Quien más no puede, acto 2.º)